Y muero sin cesar, y aún tengo vida

De Concepción Estevarena

 

LUCHAS

 

En derredor del sol gira la tierra,
haciéndose, al girar, sombra a sí misma,
y en redor de mis propios sentimientos,
hallando sombra y luz, mi mente gira.

Yo no sé qué pensar; me alejo mucho
y otra vez vuelvo al punto de partida;
la luz de mi esperanza nunca muere,
y a impulsos del dolor siempre vacila.

Para soñar en mundos que no veo
me basta mi incansable fantasía,
y para comprender el que habitamos
no me bastan ni el alma ni la vista.

Sombras que ante la luz se desvanecen,
pasan mis ilusiones más queridas:
rocas fijas en medio de los mares,
duran mis penas grandes e infinitas.

Yo no sé qué pensar; mi pensamiento
tiene en mi corazón extraño guía;
batallo sin cesar, y amo la lucha,
y muero sin cesar, y aún tengo vida.

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Risa, tratamiento eficaz

Leo en un reportaje de María Pinar Merino publicado en al revista Discovery Salud

El estado de ánimo es determinante del estado de salud. Las personas alegres, risueñas, confiadas en la vida -y esa actitud no tiene nada que ver con la posición económica, social o laboral- son más felices. Igualmente sabemos que el estado de mayor sensación de felicidad lo provoca la risa. Y aún más la carcajada. Y que esa sensación de bienestar -siquiera sea momentáneo se multiplica enormemente si además sentimos amor. Porque el amor y la risa constituyen un binomio insuperable capaz incluso de hacernos sanar de cualquier enfermedad.

Dice la Psicobiología que la salud depende del equilibrio entre dos sistemas, el simpático -identificado con los sentimientos de guerra y huida- y el parasimpático -que se identifica con sentimientos de paz y armonía-, segregador éste de endorfinas, sustancias relacionadas con la alegría y la felicidad. Y asegura también que como en nuestra vida diaria son muchos los condicionantes que nos generan estrés, miedo e inseguridad, hay un claro predominio del sistema simpático sobre el parasimpático.

ACTIVANDO EL SISTEMA PARASIMPÁTICO

¿Qué hacer entonces para equilibrar ambos sistemas? Pues, por ejemplo, relajar de vez en cuando los ojos, mirar tranquilamente un paisaje, el mar o el cielo, reproducir mentalmente algún dibujo geométrico sencillo, pensar en alguien a quien queremos o recordar situaciones de felicidad. Así de sencillo.

Y es que hoy sabemos que el cerebro tiene un funcionamiento muy simple y no es capaz de distinguir entre realidad y fantasía. De hecho, la respuesta es la misma tanto si vemos un helado como si lo imaginamos: producimos saliva. «Donde quiera que va un pensamiento, un proceso químico le acompaña» nos dicen los descubrimientos sobre la relación entre mente y cuerpo. Como también nos dicen que los pensamientos y las actitudes, las emociones y los sentimientos que generamos suponen un auténtico alimento reparador tanto para la mente como para el cuerpo.

La práctica continuada de determinados pensamientos podemos simbolizarla con un camino que hay que recorrer. Las primeras veces el pensamiento tendrá que abrirse camino con dificultad desbrozando la jungla que se abre ante él, pero en las siguientes ocasiones el camino estará más «limpio» y será más fácil recorrerlo; poco a poco se convertirá en un camino de tierra, más tarde en una carretera y, finalmente, en una autopista tan sencilla de recorrer que podríamos hacerlo con los ojos cerrados.

Es por eso que las nuevas terapias basadas en la Neurolingüística, en el pensamiento positivo o en la visualización creativa intentan potenciar la energía del amor. El amor nos conduce a la vida y a disfrutar del placer, a la felicidad, en definitiva. El odio, en cambio, nos lleva a la desintegración, a la destrucción, a la privación y a la muerte puesto que atenta directamente contra la vida física y mental de quien lo padece.

Deberíamos ser conscientes de que nuestro cuerpo actúa como un auténtico filtro de los pensamientos, emociones y sentimientos que generamos y deja traducir al exterior lo que sucede en nuestro interior. De hecho, el buen funcionamiento y el equilibrio de nuestros órganos está relacionado con lo que piensa nuestra mente y cuando ese equilibrio se rompe aparece la enfermedad como consecuencia directa de la falta de armonía entre lo que genera nuestro interior y lo que vivimos en el mundo exterior.

¿QUÉ RELACIÓN HAY ENTRE RISA Y SALUD?

Ya Francis Bacon decía que «la risa produce una dilatación en la boca y labios; una expulsión continua de respiración con un ruido estentóreo que produce la interjección de la risa y la agitación de los pechos y laterales; si es violenta y continuada, los ojos se llenan de agua».

Y, ciertamente, según las últimas investigaciones la risa tiene unos poderes medicinales que muchas civilizaciones antiguas conocían y que se mencionan incluso en la Biblia: «Un corazón alegre es como una buena medicina pero un espíritu deprimido seca los huesos». Hoy se sabe que la risa es capaz nada menos que de cambiar la química del cuerpo y la frecuencia de las ondas cerebrales.

Sin duda, el sentido del humor de los pacientes es algo que los médicos valoran aunque sea a nivel inconsciente. Sin embargo, debido a que resulta algo obvio el papel que juega el humor en la salud, no se suele discutir de forma explícita en ninguna Facultad de Medicina y no existe ningún tipo de registro sanitario acerca de si el sentido del humor de los pacientes es normal o no. Como si existiese un cierto rechazo a aceptar aquello que no es medible con los sofisticados aparatos de que disponen los hospitales.

Pero lo cierto es que cuando alguien nos sonríe -incluso si es un desconocido- y le devolvemos la sonrisa nos sentimos mejor, cambia nuestra actitud y nos invade la sensación de que todo va bien. En los seres humanos sonreír está íntimamente ligado a la capacidad de dar y recibir. Eso produce un trasvase de energías muy saludable que se traduce en una vida más feliz. Los taoístas de la antigua China, por ejemplo, hacían ejercicios de meditación para practicar la sonrisa interior; con ello conseguían aumentar su salud física y mental. El asunto consistía en ir sonriendo a sus órganos internos y lo hacían en cuatro tiempos: inspirar (relajarse), espirar, (sonreír), inspirar (sentirse vivo), espirar (disfrutar del momento: la vida es maravillosa). Y es que consideraban que la sonrisa que estaba dirigida a uno mismo garantizaba la salud, la felicidad, la longevidad y, en definitiva, se traducía en vivir en armonía consigo mismo y con el entorno.

LA RISA Y LA COMUNICACIÓN

A lo largo de nuestra vida nos vamos conformando una personalidad externa que es la que nos sirve para relacionarnos con el exterior aunque eso en muchas ocasiones tenga poco que ver con lo que realmente somos. Sin embargo, los convencionalismos, el miedo al dolor, la necesidad de adaptarnos a un determinado ambiente, la falta de libertad, la necesidad de mostrar una imagen que sea aceptada por los demás, etc., nos ha hecho adquirir una serie de escudos que aparentemente nos protegen pero que, al mismo tiempo, nos alejan de los demás.

Así, en muchos momentos del día en realidad estamos representando un papel como si la vida se tratara de una obra de teatro. Sin darnos cuenta, tendemos cada vez más a dramatizar cosas insignificantes que se convierten en problemas insolubles que nos mantienen prisioneros de una realidad «objetiva» que sólo lo es para nosotros.

No obstante, cuando miramos hacia atrás vemos que nuestro pasado está salpicado de problemas que, actuando como acicate, nos han hecho crecer y recordamos que quizá en esos momentos alguien a nuestro lado nos dijo sin que le escucháramos: «Esto también pasará».

Pues bien, si se aplica la risa a esas situaciones, exagerando el problema hasta el límite, desmenuzándolo y dramatizándolo con sentido del humor hasta convertirlo en algo ridículo que provoque la risa, se consiguen eliminar los miedos y encontrar la actitud correcta para hallar la solución más idónea.

En este sentido, existen grupos de terapia de la risa que intentan, en un ambiente de respeto y confianza, ayudar a esa «teatralización» de los conflictos con técnicas de psicodrama. Los componentes del grupo utilizan el juego, las bromas, las cosquillas o cualquier cosa que active el sentido del humor para que la persona se distancie del problema, supere el miedo a enfrentarse a él, aprenda a reírse de sí misma, a juzgarse con cariño… y, en definitiva, a soltar tensiones en lugar de reprimirlas.

Pero es que, además, la risa es un maravilloso mecanismo de comunicación entre los seres humanos. Las personas que han compartido situaciones de humor, que se han reído juntas, se sienten más cercanas, más libres, capaces de saltar los límites de los convencionalismos sociales, creándose unos canales de comunicación difíciles de conseguir de otro modo. Según se desprende de las mediciones realizadas por medio de los electroencefalogramas, las ondas cerebrales del grupo se sincronizan y se produce una armonización natural en los procesos mentales. No hay barreras o límites que la risa no sea capaz de traspasar.

RISA Y SALUD

Desde hace unos años se habla mucho del poder curativo de la risa. Especialmente, desde que se comprobó en experimentos realizados en hospitales que la risa ayuda a recuperar antes la salud de los enfermos, que produce cambios en la química del cuerpo, que modifica la frecuencia de las ondas cerebrales, que activa áreas dormidas del cerebro y que produce conexiones entre éste y el corazón creando estados de armonía interior.

En la filosofía Zen también consideran la risa como «una de las medicinas más penetrantes con que la naturaleza ha provisto al hombre» en tanto «es capaz de hacer surgir del interior energías curativas muy potentes». Por otra parte, ayuda a conectar con uno de los objetivos de la meditación zen: parar el pensamiento. De hecho, es imposible reír y pensar a la vez: si la risa es auténtica, la mente desaparece.

APRENDIENDO A REÍR

Dicen que el mundo se está olvidando de reir y tal vez por eso surgen cursillos intensivos, se editan libros para enseñar a reír a la gente, se ponen en marcha seminarios en las escuelas, entre el personal sanitario de los hospitales, en algunos organismos públicos e, incluso, en empresas privadas. Todos ellos han descubierto que la risa es un mecanismo de equilibrio que intentan poner en marcha, unas veces por cuestiones de salud y otras con fines puramente económicos buscando una mayor rentabilidad.

Y bien está que la ciencia recurra a estos métodos naturales para favorecer y despertar el potencial de la persona pero, ¿tendrá los mismos efectos una carcajada producto del «adiestramiento» que una que surge del interior?

Bien está también, por tanto, que algunos hospitales se hayan decidido a promocionar la existencia de una sala especial donde el humor sea el protagonista principal y los pacientes compartan anécdotas, se cuenten chistes y vayan a ellas a reírse pero, ¿esta «planificación» no disminuirá el potencial transformador de la risa natural? ¿No estaremos a punto de «prescribir» unas cuantas carcajadas en lugar de un analgésico? Qué duda cabe de que es un paso adelante y de que no existirán los efectos secundarios que producen los medicamentos pero, ¿no correremos el riesgo de que en poco tiempo provocar la risa se convierta en algo tan poco natural que pierda todo su efecto de expansión, de conmoción del ser humano integral (cuerpo físico, energías, emociones y mente)?

Hace ya varios años surgió en Estados Unidos un médico sorprendente -el doctor Patch Adams– que revolucionó los conceptos establecidos en lo concerniente a la relación médico-paciente creando un hospital donde el sentido del humor y la risa eran las principales medicinas. No algo tan artificial y puntual como esa «sala de humor» de algunos hospitales, que no deja de ser una especie de guetto aislado de la gigantesca maquinaria que es un hospital. No. El doctor Adams puso en marcha unos nuevos canales de comunicación -todos los médicos y asistentes van vestidos de payasos- basados en el amor porque descubrió que cuando éste y la risa van juntos se convierten en la medicina por excelencia. Asimismo, descubrió que cuando al médico le interesa el ser humano que tiene delante como una persona global -y no como alguien que, por ejemplo, tiene el hígado enfermo- se acortan las distancias y se activan las capacidades curativas del paciente. El médico se convierte así en un facilitador, en un acompañante -terapeuta- que ayuda no sólo con sus conocimientos técnicos sino con su comprensión y cercanía. La experiencia de Patch Adams y su proyecto -sobre el que se hizo una película que se estrenó en todo el mundo el pasado año- es por ello un punto de referencia. Y no sólo para los médicos de cualquier especialidad sino para los psicólogos y terapeutas que participan de esa misma filosofía.

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Ejercicio con imágenes mentales

Leo en la página del psicólogo clínico Ricardo Ros un extracto del contenido del libro «Stop a la ansiedad». Transcribo aquí el siguiente ejercicio mental que puede ayudar en la lucha contra la fobia social:

¿Cómo haces para pensar? Nos ponemos en comunicación con el mundo a través de nuestros sentidos. Los estímulos exteriores llegan hasta nuestro cerebro a través de las distintas terminaciones nerviosas que se encuentran en los ojos, oído, piel, lengua, nariz. Si te fijas, también pensamos a través de los sentidos. Ves imágenes mentales en tu cabeza, oyes mentalmente conversaciones o tu propio pensamiento, sientes sensaciones internas… Así lo hacemos todos, tu también, a no ser que vengas de Marte. Pero si no vienes de Marte, esto que te voy a decir está dirigido directamente para ti.

Piensa en lo que te ocurre. No te preocupes, estas en buenas manos, no te va a pasar nada. Pensar en eso, ¿te produce un cierto malestar ahora mismo? ¿Es algo que ves? ¿Es una imagen tuya o de otras personas? ¿O es algo que escuchas dentro de tu cabeza? Quizás sea tu propia voz diciéndote algo, como cuando reflexionas. O quizás sea la voz de otra u otras personas. También puede haber algún ruido o música. ¿O es algo que sientes en alguna parte de tu cuerpo? Eso que te ocurre, ¿tiene sabor o un olor determinado? ¿O es una mezcla de todos esos componentes? Ves una imagen que tiene sonido y también sientes algo, como, por ejemplo, una bola en la boca del estómago?

En esta página te voy a explicar un ejercicio para eliminar la ansiedad si lo que haces al pensar en la ansiedad es una imagen mental. Si piensas con palabras o a través de sensaciones, encontrarás ejercicios en otro sitio.

Me has dicho que cuando piensas en lo que te produce malestar haces imágenes. Son imágenes mentales, en tu cabeza. Si yo te digo «piensa en la Torre Eiffel», en tu cabeza se forma una imagen de esa torre. Cuando piensas en lo que te ocurre haces una imagen también en tu cabeza, ¿no es eso?

Fíjate ahora si tú estas en esa imagen, si te ves a ti mismo, o si no te ves a ti mismo, sino a los demás, sin verte a ti mismo. Te lo explico mejor. Puedes ver tu imagen, tu cara, tu cuerpo o puedes ver a través de tus ojos todo lo que hay en el exterior. Cuando tú miras a través de tus ojos, no te ves a ti mismo, sino sólo lo que hay fuera de ti (puedes ver tus manos, pero no tus ojos).

Existen, por lo tanto, dos posibilidades. Que la imagen que haces de lo que te ocurre sea una imagen en la que aparece una imagen tuya, o bien que sea tal como lo ves cuando miras a través de tus ojos.

Cuando piensas en una imagen en la que ves a través de tus ojos, pero no te ves a ti mismo, hablamos de imagen asociada. Una imagen disociada es cuando te ves a ti mismo en esa imagen como si fuera otra persona la que está viendo esa imagen.

Para poder ayudarte es muy importante que distingas entre estos dos tipos de imágenes. Fíjate bien en esta imagen. Imaginemos que tú eres la persona rubia que está a la izquierda. Estás hablando con la otra persona morena que está a la derecha de la imagen. En este caso, tú que eres la persona rubia estás viendo la imagen desde fuera de tus ojos, puesto que ves a la persona morena pero también te ves a ti mismo desde fuera.

Y observa la diferencia con esta otra imagen que viene a continuación. Tú sigues siendo la persona rubia, pero como estás viendo a través de tus ojos, no te ves a ti mismo, sino que ves únicamente a la otra persona.

Primero te voy a dar instrucciones para el segundo caso, si lo que estas haciendo es una imagen asociada en la que fuera como si vieras a través de tus ojos, sin verte a ti mismo.

Presta atención. Lo primero que quiero pedirte es que imagines otra imagen en la que estas bien, con tranquilidad. Puede ser una imagen hace mucho o poco tiempo, cuando tú quieras. Pero necesito que esa imagen sea disociada. O sea, una imagen en la que te ves a ti mismo y en la que te encuentras bien, a gusto, con tranquilidad, paseando, un día de excursión, una fiesta de cumpleaños, lo que quieras, con tal de que te veas a ti mismo disfrutando de ese acontecimiento.

Te dejo tiempo para que busques esa imagen. Si miras hacia arriba te será mucho más fácil encontrarla.

¿La tienes? Muy bien. Se trata de una imagen en la que te sientes bien. Y notas que te sientes bien al recordarla. Voy a darte instrucciones para descodificar el pensamiento que te produce ansiedad.

Piensa primero en la imagen mala. Recuerda que todo lo estamos haciendo con la imaginación. Y con la imaginación podemos hacer cualquier cosa. No existen fronteras para nuestra imaginación. Y tu tienes mucha.

Ponle brillo a la imagen mala y trata de sentir en toda su intensidad esa mala sensación. En la televisión, a veces, acercan o alejan una imagen o dividen la pantalla en pantallitas más pequeñas, ¿lo recuerdas?. Bien, pues una vez tengas la imagen mala con todo su malestar, abre una pantallita más pequeña en la que quiero que proyectes la otra imagen buena, esa en la que te sientes especialmente bien. Esa imagen posiblemente este más borrosa o desenfocada. Es lógico, es pequeña. Pero quiero pedirte que rápidamente, en menos de un segundo, amplíes esa imagen buena hasta tapar a la otra, a la mala. Y mantén así, la imagen buena, durante cinco o seis segundos. 

Te lo voy a repetir. Imagina la imagen mala y trata de sentir lo máximo posible ese malestar. Cuando lo tengas, abre una pantallita en una esquina y proyecta la imagen buena. Y entonces, rápidamente, en menos de un segundo, amplía esa imagen buena hasta ocupar toda la pantalla y tapar, por lo tanto a la mala. Puedes ocupar todo el tiempo que quieras en tratar de sentir la sensación mala, pero lo más importante es que en cuanto tengas la imagen buena en una esquina, rápidamente la hagas grande. Hazlo, por favor una sola vez.

Muy bien. Ya lo has hecho una sola vez. ¿Ha sido difícil? Si ha sido difícil también puedes hacerlo de otras maneras. Por ejemplo, a veces, en la televisión, una pantalla gira sobre sí misma, como sobre un eje vertical, y cuando aparece el otro lado de la pantalla, la imagen ha cambiado. Otras veces, toda la imagen se concentra rápidamente en un punto central y después, también rápidamente, ese punto se convierte en otra imagen. Cualquier fórmula nos sirve.

De acuerdo, vuelve a hacerlo. Pero hazlo, por favor, una sola vez. Te pido que lo hagas una sola vez, porque quiero que el cambio en las imágenes sea siempre en una sola dirección. ¿Recuerdas la película «Regreso al futuro», en la que las escenas se repetían una y otra vez? Eso es lo que quiero pedirte, que repitas lo mismo, en una sola dirección, una tercera vez.

Hazlo, te dejo tiempo.

Estupendo. Supongo que esta tercera vez ya ha sido más fácil. Esto es como un viaje. ¿Dónde es el sitio al que has viajado más alejado de tu domicilio? ¿Lo recuerdas? Muy bien. Haz lo mismo por cuarta vez. Pero recuerda, una sola vez, en una sola dirección. Cada vez es más fácil, ¿verdad?.

Ese sitio alejado de tu domicilio en el que estuviste una vez, ¿era bonito? ¿Qué es lo que más te gustó?.

Ahora quiero pedirte que lo hagas por quinta y última vez. Muy bien.

¿Qué ha pasado con la sensación que te producía malestar a medida que lo has ido haciendo? ¿Ha cambiado? ¿Ha dejado de molestarte? ¿Quizás deberías hacerlo alguna vez más? Pero recuerda que no quiero que lo hagas más que en una sola dirección. Hazlo una vez, piensa en otra cosa y vuelve a hacerlo.

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Terapia para creyentes

Aunque no creo en Dios, no tengo inconveniente en aportar este texto extraído de la página Renacer en Jesús «Cómo conseguir la salud mental y emocional a través de la medicina y la fe en Jesús»:
religiones
Si padeces de fobia social, queremos que sepas que no estás solo. Dios está contigo en todo momento y no te va a abandonar en estos tiempos de enfermedad. Tu eres de mucho valor y estima para Él. No dudes de su poder y de lo que Él puede hacer por tu salud.

Si conoces a alguien que sufre de esta condición, te exhortamos a que apoyes a esa persona especial en tu vida a través de la oración, del amor, la comprensión y de la Palabra de Dios, la cual siempre nos da una respuesta a nuestras situaciones e inquietudes en nuestras vidas.

Orar es hablar con Dios. Conversa con él como si fuera tu mejor amigo, exprésale tus sentimientos, frustraciones y preocupaciones, y te garantizo, que Él, en su infinita misericordia y amor por ti, te sanará de tu condición y te devolverá la salud perfecta y completa que tanto anhelas.

Te presento algunos textos bíblicos que pueden ayudarte a comenzar tu proceso de sanidad interior, y tu recuperación total. No olvides, que es necesario también complementarlo con tu visita a un psiquiatra de confianza y seguir su tratamiento. Recuerda, que la medicina y la ciencia también fueron creadas por Dios para nuestra salud.

Pedid, y se os dará; buscad, y hallaréis; llamad, y se os abrirá. Porque todo aquel que pide, recibe; y el que busca, halla; y al que llama, se le abrirá. (Mateo 7:7-8).

Quise comenzar con este texto para que empieces a pedir por tu sanidad; a recuperarte de tu condición. Pídele a Dios que comience a llenarte de confianza en ti mismo al momento de socializar. Dios te ama incondicionalmente, Él no te va a rechazar, y mucho menos te va a hacer caer en vergüenza. Dios quiere que seas una persona libre, que puedas compartir con otras personas, porque recuerda, que JESÚS está en el prójimo.

Por tanto, recibíos los unos a los otros, como también Cristo nos recibió, para la gloria de Dios. (Romanos 15:7)

Este texto nos confirma una vez más que el ser humano fue creado, y tiene la capacidad para relacionarse con otros. Fuimos diseñados para vivir interdependientemente. Comienza a creer en ti mismo; en que puedes relacionarte con los demás. No olvides ser siempre TU MISMO, ya que Dios te creó tal y como eres, y Él te encuentra como su más grande y valiosa obra maestra.

Si por alguna razón, te resulta difícil relacionarte con otros pensando en lo que fuiste o lo que hiciste, quiero darte la buena noticia de que, no importa lo que hayas sido o hecho, eres valioso e importante para Dios. Pídele perdón a Dios, a través de la oración por medio de Jesús, y comienza a creer que eres una persona digna, como los demás.

Cuando comiences a relacionarte con otros mostrándote confiado, sintiéndote perdonado por Dios, vas a comenzar a actuar libre y espontáneamente, y la gente te va a aceptar tal y como eres. No tienes que pensar que serás humillado o rechazado. Recuerda que JESÚS ya pagó tu humillación y rechazo por ti en la Cruz del Calvario.

…el cual transformará el cuerpo de la humillación nuestra, para que sea semejante al cuerpo de la gloria Suya…(Filipenses 3:21)

Toda situación embarazosa, vergonzosa y humillante que hayas pasado JESÚS la tomó por ti. Tú no tienes que llevarla. Comienza a sentirte valioso, agradable ante los demás. Vence tu miedo de conocer gente nueva y de compartir. Muy pronto comenzarás a ver los resultados.

Porque a mis ojos fuiste de gran estima, fuiste honorable, y yo te amé… (Isaías 43:4)

JESÚS es tu mejor amigo. El desea lo mejor para ti. Él quiere que seas feliz, que puedas llevarte bien con todo el mundo y que puedas vivir una vida plena y abundante. No olvides, que Él te ve con buenos ojos, por lo tanto, eres digno. Valórate mucho a ti mismo, y cuando comiences a proyectar eso en ti, los demás lo percibirán y se acercarán a ti. Tampoco puedes olvidarte de pedirle a Dios en oración, que te libere de tus temores y ansiedades al momento de socializar.

…porque estimado seré en los ojos de Jehová, y el Dios mío será mi fuerza. (Isaías 49:5)

Piensa que Dios te dará las fuerzas para poder socializar saludablemente con otras personas. Empieza con un grupo pequeño, en el cual te puedas comenzar a sentir cómodo. Recuerda analizar los gustos, intereses de las demás personas y trata, en lo más posible, de comenzar a hacer un círculo de amistades que vayan de acuerdo con tus gustos, intereses y forma de pensar. No es tan importante la cantidad, sino la calidad de tus amistades. Que sobre todas las cosas, te aprecien y acepten tal cual eres. Esos son los verdaderos amigos.

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No somos robots, podemos cambiar

Sólo los robots no dejarán nunca de interpretar la misma música, aquélla para la que fueron programados. Pero los humanos somos mucho más complejos que los robots, aunque a veces actuemos como verdaderos autómatas.

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Timidez, fobia social, inhibición y trastorno por evitación

Lo que sigue es un extracto del artículo titulado ¿Hacia un espectro de la timidez? de José Guimón (Catedrático de Psiquiatría de la EHU-UPV, Universidad del País Vasco), publicado en la revista internacional Avances en Salud Mental Relacional /Advances in relational mental health, Vol.3, núm. 3 – Noviembre 2004.

La timidez y la inhibición como rasgos

La timidez (como la inhibición conductual y la fobia social), tienen un claro componente genético. Jung propuso ya la existencia de una hipersensibilidad innata (que se ha comprobado posteriormente que existe en el 20% de los seres humanos) que predispone a algunos niños a sufrir más por algunas experiencias infantiles y ser luego tímidos y ansiosos. Estos niños tienen tendencia a procesar primero completamente la información antes de actuar, mientras que la mayoría de las personas actúa rápidamente “motrizmente”. Se ha visto que estas personas hipersensibles desarrollan más depresión ansiedad y timidez, si hay más estrés de lo deseable, aunque, si el ambiente es muy protector, pueden, paradójicamente, presentar menos patología, de hecho, que la media. Se advierte en esta diferencia ya la importancia de lo social, del ambiente, en la variación del síntoma que nos ocupa que puede aparecer en distintos momentos con distintas características, es decir, como “estado”.

La timidez no siempre precede a la fobia social. Aunque la prevalencia de ésta es mayor en tímidos (18%) que en no tímidos (3%), la mayoría de los tímidos (82%) no son fóbicos socialmente. En efecto, la timidez y la fobia social (sobre todo la variedad denominada por Gelder “generalizada”) son parecidas pero no idénticas porque un individuo puede ser extremadamente tímido pero no tener una fobia social.

Por otra parte, la inhibición conductual y el aislamiento social aunque frecuentemente van de la mano, difieren en varios aspectos. La inhibición conductual ante lo desconocido se refiere a la inhibición ante situaciones sociales y no sociales mientras que la timidez se presenta sólo en relaciones sociales y no en las no sociales. Ambas se asocian a la ansiedad tanto en niños como en adultos. La timidez empeora los rendimientos escolares de los niños cuando se realizan pruebas cara a cara pero no si se realizan en grupo. Se ha relacionado la timidez infantil con la existencia de fobia social materna y la propensión a la inhibición conductual con la presencia en los padres de trastornos de pánico. Sin embargo, no está claro el papel jugado por la herencia y por el aprendizaje.

La fobia social como síndrome

La fobia social se define como “un temor intenso y persistente hacia situaciones sociales o en las que hay que actuar ante un público. Se da en el frecuentemente (10% de prevalencia vida), coexistiendo a veces con depresión o distimia. No es una mera timidez grave sino uno de los trastornos psiquiátricos más frecuentes e invalidantes. Sólo en un tercio de los casos la sintomatología remite en el curso de ocho años, comparado con dos tercios en el trastorno de pánico.

La fobia social encaja bien en un modelo de espectros porque tiene cualidades de inicio precoz, cronicidad e inexistencia de un umbral claro de diferencia entre normal y patológico. Por ello se le ha pretendido situar (con otros trastornos poco frecuentes como el mutismo selectivo) en una tipología de inhibicióndesinhibición de la que un extremo sería la manía y el otro el trastorno evitativo.

La fobia social responde a fármacos y terapias cognitivas relativamente específicas que pueden tener relevancia para otros trastornos del espectro como inhibición conductual y desapego, trastorno evitativo y mutismo selectivo. Otros trastornos cursan también con ansiedad social como depresión mayor, trastorno dismórfico corporal, trastornos de la alimentación, uso de substancias, trastorno paranoide, trastorno bipolar y autismo de Asperger.

La especificidad del concepto de fobia social ha sido puesta en cuestión por trabajos que muestran una clara asociación de la fobia social con el trastorno por evitación y otros trastornos por ansiedad, como el trastorno obsesivo-compulsivo. Sin embargo son varios los trabajos que aportan una validación biológica a la fobia social y tanto estudios familiares como genéticos apoyan una vulnerabilidad hereditaria a la fobia social . El mapping electroencefalográfico EEG en pacientes con fobia social revela diferencias significativas respecto a controles y, en el mismo sentido, se ha sugerido que la fobia social tiene una base neuroanatómica.

La dudosa entidad del trastorno por evitación

El extremo de la dificultad de relación lo constituyen los sujetos con Trastorno por evitación, que fue eliminado del DSMIV por una decisión del comité que sugiere que no es más que una parte del espectro de la fobia social, lo que confirma el estudio clínico de varios autores. En ese sentido se ha visto que aunque la evitación social es una característica del trastorno por evitación también se encuentra evitación a las novedades y a situaciones no sociales.

Los pacientes dan prueba de una extrema sensibilidad ante el rechazo y tienen un gran deseo de establecer relaciones sociales. Sin embargo, no pueden lograrlo, ya que su miedo a no ser aceptados y a ser criticados es tal, que para evitar la angustia que estos temores hacen surgir, acaban aislándose. Interpretan todo contacto interpersonal como un riesgo de ridículo, y presentan un grado muy bajo de confianza en sí mismos. Tienen en general pocos amigos o confidentes y sólo si estos últimos los aceptan de forma incondicional. Todo esto puede provocar estados de ansiedad y depresión.

Aunque la evitación social es una característica del trastorno por evitación, también se encuentran en él evitación a las novedades y a situaciones no sociales. Shea y colaboradores muestran una clara asociación del trastorno por evitación con trastornos por ansiedad, específicamente fobia social y trastorno obsesivo-compulsivo.

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