Historia del trastorno de Fobia Social


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No se tienen noticias de la aparición de la Fobia Social en el ser humano, sin embargo es posible que muchos de nuestros antepasados la hayan sufrido aún sin saberlo, desde el mismisimo Adán hasta nuestros días.

Aunque la Fobia Social o Trastorno de Ansiedad Social fue incluida dentro de la nomenclatura diagnóstica a finales del siglo pasado, se conoce la existencia de textos antiguos en los que se recogen algunos casos de personas que parecen presentar este trastorno:

– Robert Burton (1845), en su obra “La Anatomía de la Melancolía”, recoge la descripción de un paciente de Hipócrates de cuyo trastorno se indica que “es más que una timidez, suspicacia o temerosidad. No se atreve a estar con otras personas por el miedo a que va a vocalizar mal o excederse en sus gestos mientras habla, y teme que va a ser deshonrado ante los demás. Piensa que cada persona le observa”.

– Se dice que Demóstenes, el gran orador griego, caminaba por la playa con pequeñas piedras en su boca para perfeccionar su dicción y así evitar equivocarse cuando tenía que hablar en público (c.f., Greist, 1995).

– Una de las pocas revisiones históricas publicadas sobre Fobia Social, la realizada por Pélissolo y Lépine (1995), recuerda como autores como Casper en 1846 (c.f. Pélissolo y Lépine, 1995) o Pitres y Regis (1897) habían descrito casos de angustia social en pacientes con “ereutofobia”.

– La evitación excesiva del contacto ocular, alteración que puede aparecer en sujetos con Fobia Social, fue descrita por Beard en 1879, citado por Marks (1987), como una forma de temor mórbido que se acompaña de la desviación de los ojos e inclinación de la cabeza hacia abajo. Beard añadía que cuando en algunos casos sostenía entre sus manos la cabeza del paciente para enfrentar sus caras, incluso entonces involuntariamente desviaba sus ojos.

Sin embargo, no es hasta principios del siglo XX, en Europa, cuando Janet (1903) acuñó el término phobie des situations sociales con el objeto de describir a los sujetos que temían hablar en público, tocar el piano o escribir mientras les observaban.

Hartemberg en 1910 ( reeditado en 1921) describió diversas formas de ansiedad social bajo el término genérico de “timidez”.

Posteriormente, según Pélissolo y Lépine (1995), tras un período de relativo silencio sobre el tema, aparecen descripciones puntuales en la literatura alemana (Kontaktneurosen) e inglesa (social neurosis), así como algunas aportaciones del japonés Morita en los años 30.

La distinción y descripción de la Fobia Social como forma diferenciada de otros trastornos de ansiedad fue propuesta por primera vez, también en Europa, por Marks y Gelder (1966). Estos autores diferenciaron cuatro tipos de fobias: fobia a los animales, fobia específica, agorafobia y Fobia Social , entendida esta última como “un miedo ante situaciones sociales, expresado por timidez, miedo a ruborizarse en público, a comer en restaurantes, a encontrarse con hombres o mujeres, a ir a fiestas o bailes, o bien a temblar cuando se es el centro de atención”.

Pese a que se conocían datos que sugerían la existencia de este trastorno a principios de siglo pasado y posteriormente se argumentó su diferenciación con respecto a otros tipos de fobias, las primeras ediciones del Manual Diagnóstico y Estadístico de Trastornos Mentales (DSM-I y DSM-II; American Psychiatric Association, 1952, 1968) agrupaban todas las fobias en una sola categoría, siguiendo los postulados psicoanalistas.

Posteriormente, Nichols (1974) concretó todavía más la delimitación de la Fobia Social indicando que lo que la caracterizaba era la excesiva sensibilidad a la desaprobación, la crítica, una baja auto-evaluación, unas reglas rígidas acerca de cómo comportarse, ansiedad anticipatoria, una sensibilidad elevada ante el hecho de ser observado o evaluado por parte de los demás así como una interpretación desmesurada hacia el feedback sensorial relacionado con situaciones que pueden resultar embarazosas (es decir, prestar especial atención a los estímulos sociales potencialmente amenazantes).

A pesar de esto, la Fobia Social no se reconoce oficialmente como una entidad diagnóstica hasta la tercera edición del DSM (DSM-III; APA, 1980). En esta edición la Fobia Social era considerada como un miedo excesivo e irracional a la observación o al escrutinio por parte de los demás en situaciones sociales específicas tales como hablar en público, escribir o usar aseos públicos.

De acuerdo con los criterios del DSM-III, los sujetos que cumplían los criterios requeridos para el diagnóstico de la FS no podían presentar además un diagnóstico de trastorno de personalidad por evitación (TPE), el cual era descrito como hipersensibilidad ante un posible rechazo, retraimiento social a pesar de existir un deseo de ser aceptado, reticencia a iniciar relaciones sociales a menos que se tengan garantías de ser aceptado y baja autoestima. Así, el aspecto característico del TPE en el DSM-III era más el miedo a las relaciones interpersonales que el miedo a la humillación o a sentirse avergonzado en situaciones sociales específicas. En el DSM-III, para el diagnóstico de la Fobia Social no se contemplaba el deterioro en el funcionamiento sociolaboral, mientras que el TPE debía causar “incapacitación significativa en el funcionamiento social o laboral”. Además, se indicaba que no se debía establecer el diagnóstico de Fobia Social si la ansiedad se podía explicar mejor por la presencia de un TPE. Sin embargo, en una aparente contradicción, en el apartado de TPE se mencionaba que la FS podía ser diagnosticada como una complicación del TPE si los miedos a situaciones sociales específicas estaban presentes en el contexto de una ansiedad interpersonal más general o extendida.

A pesar de lo establecido por el DSM-III, Falloon, Lloyd y Harpin (1981) propusieron distinguir entre Fobia Social específica (ante una situación concreta- por ejemplo, comer en público-) y generalizada, cuando los miedos se presentaban en una gama amplia de situaciones sociales. Yendo también más allá del concepto de Fobia Social circunscrito a situaciones específicas de actuación social (hablar, comer, escribir en público), Amies, Gelder y Shaw (1983) definieron la Fobia Social como una ansiedad incontrolable que es experimentada por una persona cuando se encuentra en compañía de otras, la cual se incrementa en situaciones formales y está acompañada por el deseo de evitar la situación social.

Pese al interés por investigar estas y otras cuestiones, una revisión de la literatura existente sobre el tema llevada a cabo por Liebowitz, Gorman, Fyer y Klein (1985), hace llegar a estos autores a la conclusión de que la Fobia Social era “el trastorno de ansiedad olvidado”. De hecho el interés no empieza a ser mayoritario hasta la publicación de la tercera edición revisada del DSM-III (DSM-III-R; APA, 1987), la cual marca un punto de inflexión a partir del que se desarrolla exponencialmente el número de trabajos que han investigado sobre este tema (Norton, Cox, Asmundson y Maser, 1995).

Dado que la evidencia científica puso de manifiesto que una alta proporción de sujetos con Fobia Social temían más de una situación social (Hazen y Stein, 1995), en el DSM-III-R (APA, 1987) se introdujo el subtipo generalizado, que hacía referencia a los sujetos que mostraban ansiedad ante la mayoría de situaciones sociales, y el criterio de interferencia sociolaboral. Asimismo no sólo se permitió el diagnóstico conjunto de la Fobia Social y el TPE, sino que además se sugería. Los sujetos que no presentaban el subtipo generalizado eran incluidos dentro de la categoría Fobia Social “no generalizada”, “específica” o “discreta”.

Mientras que las anteriores versiones del DSM estaban basadas principalmente en el juicio de investigadores y de psicólogos o psiquiatras que trabajaban en el marco clínico y que habían demostrado una avalada experiencia, el equipo que se ocupó de la redacción del DSM-IV ( Task Force’s o grupo de consenso), también tuvo en cuenta los datos generados por los estudios experimentales. Sin embargo, respecto a la Fobia Social el grupo de consenso señaló varios aspectos que permanecían sin aclarar: (a) la ambigua definición de la frase “la mayoría de situaciones sociales” para describir el subtipo generalizado, (b) la validez del sistema de clasificación de los subtipos, el cual se basa en la existencia de diferencias cuantitativas (número de situaciones sociales) en vez de diferencias cualitativas (ansiedad ante situaciones de interacción social vs. ansiedad ante situaciones de actuación social), y (c) la ausencia de un subtipo intermedio (entre generalizado y específico) que pudiera ser empleado para describir a los sujetos que presentan miedo ante varias (pero no todas) las situaciones sociales.

Puesto que el grupo de consenso no logró unificar criterios respecto a tales cuestiones, se optó por mantener en el DSM-IV (APA, 1994) los criterios del DSM-III-R (APA, 1987). Con respecto al DSM-III-R, el DSM-IV prácticamente no realiza cambios. Y por último, el Texto Revisado del DSM-IV (DSM-IV-TR; APA, 2000) no ha introducido ninguna modificación.

En Europa también se emplea el sistema de Clasificación Internacional de Enfermedades (CIE) de la Organización Mundial de la Salud (OMS). Mientras que la Fobia Social fue incluida dentro de la nomenclatura diagnóstica del DSM en 1980, no es hasta 1992 cuando la C IE-10 recoge la Fobia Social como categoría diagnóstica independiente. Hasta entonces, en la CIE-9, sólo se hablaba de trastornos fóbicos.

Extraido de la Tesis Doctoral del Dr. D. José Olivares Rodríguez, titulada “Análisis de la eficacia de la Intervención en Adolescentes con Fobia Social en función de una nueva propuesta de subdivisión y operacionalización del subtipo generalizado” Departamento de Personalidad, Evaluación y Tratamientos Psicológicos, Facultad de Psicología, Universidad de Murcia (2005).

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15 respuestas a Historia del trastorno de Fobia Social

  1. Ester dijo:

    No lo entiende el q no lo sufre…y se llega a un punto en el cual te cansas de luchar y tu vida se vuelve gris y sin ganas de seguir…buscas maneras de salir adelante… Pero te das cuenta q tu vida está a medias y no la disfrutas como realmente quisieras porque el miedo es más fuerte q tu…triste…muy triste

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  2. Fiorela Mamani Sucari dijo:

    El caso de la fobia social sigue siendo un tema desconocido para muchos…lamentablemente los psicologos y psiquiatras le dan poca importancia o no quieren ver el verdadero problema, ya no sé que pensar.
    Sólo se que las veces que he ido con un profesional salgo del consultorio sin nada que no sepa, siempre me dicen que solo es timidez y que con un poco de voluntad se supera fácilmente…al oir eso me siento tan decepcionada y sin esperanza para superar esto.
    No es suficiente solo oir palabras de aliento, se supone que estamos acudiendo a ellos para que nos den respuestas y posibles soluciones que nos ayuden a superar este problema.
    Exponerme cada dia a las situaciones mencionadas me agota fisica y mentalmente…es muy desesperante.
    I don’t know u.u

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  3. agustin dijo:

    pues ha mi todavia sigo sin saber despues de muchas visitas a psquiatras y pscologos si lo mio es fs o tpe y asi llevo desde los 27 años y tengo 64 tambien se me a etiquetado un toc y depresion y al dia de hoy con multitud de farmacos y terapias sigo igual o peor y viendo como se nos ignora por la sanidad publica y yo en particular me he arruinado economicamente asistiendo a medicos pribados que tan poco me ha servido para nada,desesperante,

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  4. Tras leer el artículo, se me han saltado las lágrimas. ¿Por qué se ha tardado tanto en introducir la Fobia Social en el DSM? ¿No toman en serio esta enfermedad incapacitante laboralmente? He apreciado en el relato y en los comentarios el sufrimiento que he arrastrado desde mis veinte años (tengo ahora 67) en soledad e incomprensión. Excepto mis hijos y mi marido (¡¡¡muy recientemente!!!), nadie quería verlo. Y mi marido incluso me reñía, se enfadaba cuando dejaba un trabajo en la enselanza porque no podía llevarlo a cabo. Ni tampoco me ayudó facilitándome las cosas. Al contrario, en Cáceres, en la Laboral, me movía en un ambiente de profesores amigos, sin petulancias como después en Madrid, sin la soberbia de los catedráticos antiguos, que se atrevían a preguntar a nuestros alumnos cómo eran nuestras clases. Mi marido me arrebató aquel entorno favorable y me impuso la dureza de un instituto de prestigio de Madrid, unido al propio traslado y a su escasísima presencia y colaboración en casa. Lo pienso ahora, con los tres niños de corta edad y yo tan estresada: no me extraña que intentara suicidarme. Ahí empezaron las fobias, la social y la agorafobia, y mi depresión que aún hoy arrastro.
    Hay que luchar, no sé cómo, para que los que todavía tienen que trabajar para ganarse la vida y ejercer en su caso de madres puedan recibir ayuda psicológica e incluso facilidades conciliatorias y bajas laborales. Se habla mucho del cáncer, porque mata. Se ha hecho visible en la sociedad. Pero nosotros seguimos en el sótano social, inadvertido y huérfanos de toda ayuda, cuando esta enfermedad también mata.

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