Hay algo que puedes hacer

Excelente vídeo que refleja una realidad oculta en la vida de muchas personas con fobia social
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Desestigmatizar las fobias sociales

Por Refugio Martínez

Revista UNIVERSO N.º 99: 20 de septiembre de 2018 – 20 de octubre de 2018

Edita: FOAL, Fundación ONCE

A menudo, las personas, ante las adversidades ajenas, se crecen, y la facilidad con que se cuelgan cartelitos del tipo de “rarito” o “bicho raro” es un ejemplo de ello. Ante esta situación, se hace necesario despertar una conciencia empática en la sociedad que ayude a desestigmatizar las fobias sociales y a meter estos prejuicios en el cajón de nunca jamás. Aunque la autoría de superar la fobia social recae sobre el que la padece, la labor de acabar con su estigma es responsabilidad de todos. Para colaborar en esa labor, Universo ha entrevistado a varias expertas que, desde distintos puntos de vista, trabajan para eliminar complejos y fomentar la empatía con la que combatir los prejuicios.

Una fobia muy peculiar

¿Quién no ha pasado por momentos de timidez extrema? ¿Quién no ha padecido una desidia absoluta a la hora de tratar con los demás? ¿Existe alguien que no se preocupe de lo que digan o piensen de él o de ella? ¿Cuántas veces dudamos antes de opinar en público? ¿A quién no le han sudado las manos ante una situación socialmente controvertida? O, ¿quién no se ha lamentado porque en la última fiesta no estuvo muy acertado?

Que ocurra esto de vez en cuando es normal, porque la autocrítica, el arrepentimiento, las ganas de agradar o un bajón de autoestima son comportamientos normales asociados a la personalidad y a las conductas sociales. Otra cosa muy distinta es cuando “persiste en el tiempo”, matiza Tamara Binuesa, psicóloga clínica del Centro Psicológico Gran Vía, quien define las fobias en general como “un temor injustificado y desproporcionado ante la situación u objeto que lo desencadena y que persiste durante más de seis meses”. Dentro de esta definición, para la experta es muy importante destacar “la irracionalidad y la intensidad acusada de ese temor”. Porque mientras que el miedo es una emoción básica y funcional que nos protege ante situaciones de peligro, “la fobia es un temor que surge ante una situación que no supone un peligro real y que adquiere un nivel de intensidad patológico, es decir, que nos limita en el día a día”.

En este contexto, una fobia es social cuando el temor se siente ante cualquier situación que implique interacción social. Aunque este tipo de fobias se asocian con rasgos de la personalidad como inseguridad, perfeccionismo o baja autoestima, lo cierto es que su origen puede ser muy diverso, porque, según explica Binuesa, no existe “una relación causa-efecto”.

Pueden estar originadas por traumas de la infancia, porque no se han adquirido las habilidades sociales adecuadas o por factores genéticos, o pueden ser síntomas de otras patologías mentales. En cualquier caso, lo cierto es que, según la Sociedad Española de Psiquiatría, alrededor de un cinco por ciento de la población sufre algún tipo de fobia y, de estas, entre un dos y un cuatro por ciento son de carácter social.

Pero sea cual sea el origen, el género, la edad o la sociedad donde se desarrollen, en opinión de Pilar Hernández, psicóloga experta en trastornos de ansiedad, “el problema de base es el mismo, es decir, el miedo que tiene la persona a ser evaluada negativamente. Y como consecuencia de este miedo a la crítica, surgen las conductas de evitación que en los casos más extremos pueden terminar en aislamiento”.

Esa tendencia a escapar de situaciones sociales, aunque al principio puede suponer un alivio, no deja de agravar el problema, porque “esa persona no va a poder estar evitando continuamente y, si lo hace, su vida se ve condicionada en todos los aspectos, en su área laboral y familiar, con sus amistades y en el ocio”. Por eso, Hernández subraya que lo realmente grave no es la fobia en sí, sino “lo que puede llegar a incapacitar a la persona”.

En este sentido, cada vez que se activa un comportamiento antisocial, de alguna manera se retroalimenta la patología, porque “estas conductas de evitación a la vez hacen que pueda haber una crítica social real hacia la persona que sufre la fobia, con lo que se está reforzando su creencia de que no es socialmente válida”. Nadie niega que detrás de esa angustia que provoca la fobia no haya una base real y objetiva como causa o desencadenante, o una situación realmente ofensiva, o que exista cierta hostilidad, porque nadie puede “controlar la conducta y la actividad de los otros”. El quid de la cuestión, explica la experta en trastornos de ansiedad, reside en trabajar la angustia o el impacto emocional que provoca el posible rechazo para que no se termine desencadenando la fobia social.

En primera persona

A pesar de todo, el lado positivo de este tipo de fobias es que, con trabajo y una psicoterapia adecuada y personalizada, se pueden combatir. Y precisamente de combatir fobias, Pilar Cadenato, socia y miembro de la Comisión de Asuntos Externos de la Asociación Española de Ayuda Mutua contra Fobia Social y Trastornos de Ansiedad (AMTAES), tiene mucho que decir.

Lleva 14 años con un trastorno de ansiedad que ha desembocado en una agorafobia que le produce ataques de pánico, mareos y vértigos. “Mi sintomatología es toda en una. Es una rueda o una pescadilla que se muerde la cola. Me contracturo las cervicales, y esto me afecta a la cabeza y sufro horribles migrañas e insomnios”, explica.

“En mi caso”, continúa, “cuando empezó la agorafobia yo no podía salir de casa, con solo estar en el rellano me mareaba. Tenía que pedir un taxi para ir de aquí a la esquina”. Cosas tan insignificantes como pasear por la calle, escuchar un concierto en directo o hacer cola en el supermercado son para Pilar “un auténtico reto”. Por eso, para ir al cine o a la playa va siempre acompañada. “Todo esto discapacita bastante. De hecho, perdí mi trabajo porque como no podía salir de casa, tuve que pedir la baja”, recuerda. Ahora, con casi 15 años de experiencia, ya sabe a qué trabajos ni se plantea acceder.

Sin embargo, a pesar de que en muchos campos está “muy condicionada”, es una patología con la que ha aprendido a vivir porque la ha integrado en su vida, y, con todo, se siente privilegiada porque en estos momentos está preparada para planificar actividades con amigos de confianza. “¿Que te limita? ¡Por supuesto! Pero he luchado por tener una vida lo más normalizada posible”, asegura.

En su dilatada experiencia con la enfermedad, ha aprendido que la lucha no puede ser individual y que también el sistema tiene que poner su granito de arena para ofrecer el mejor tratamiento posible. En este sentido, Pilar se lamenta de que en la sanidad pública no exista un servicio de psicología clínica en Atención Primaria, porque un diagnóstico temprano es muy útil para que el paciente tenga el mejor tratamiento lo antes posible y se evite, desde el principio, la ingesta innecesaria de fármacos. “Es importantísimo que el especialista te atienda desde el primer momento para que esto no se agudice más, que fue lo que me ocurrió a mí, y para que no tengamos que medicarnos, porque, con el tiempo, se aumentan las dosis más y más y es muy difícil dejarlas”, advierte.

Mucho sufrimiento y poca empatía

Como miembro de AMTAES, una asociación cuya finalidad es la de dar apoyo a las personas con fobia social y trastornos de ansiedad, Pilar es consciente de que los integrantes de esta entidad sufren por el rechazo y la incomprensión que genera su trastorno. “Nadie les entiende y encima les cuelgan el cartel de ‘rarito’ o ‘bicho raro’”, dice. A menudo, un comportamiento injustificado y desproporcionado como el suyo, desde fuera se juzga a la ligera, y a la sensación de angustia y de incomprensión que eso les genera se suma la paradoja de esta enfermedad, que consiste en provocar justamente lo que se pretende evitar.

Dicho de otra manera: si lo que más se teme es la evaluación negativa y el rechazo, con la actitud de evitación es precisamente lo que se consigue. Y si lo que se quiere es pasar desapercibido, al final lo que se logra no es solo llamar la atención, sino crear prejuicios sobre ese comportamiento antisocial.

Ante un panorama semejante, AMTAES considera que ha llegado el momento de contrarrestar, de fomentar la empatía, la comprensión y la tolerancia. Por eso, para Pilar es la hora de “no esconderse más. De no tener miedo a hablarlo. De quitarnos los estigmas nosotros mismos. De decir: ‘aquí estoy yo, tengo un trastorno y soy igual que tú’”.

Número completo Revista UNIVERSO 

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Todos tenemos que colaborar para llevar la esperanza a las personas con fobia social

Traigo aquí el texto de un artículo publicado en 20minutos hace ya más de un año, que según mi opinión es esclarecedor y está muy bien documentado.

Al comenzar el Bachillerato Max (nombre ficticio) pensó que ya no podía más. Se puso enfermo y alargó su dolencia para evitar así tener que ir a clase. “Había una barrera que me lo impedía”, admite este madrileño que ahora tiene 20 años y que hace tres fue diagnosticado con fobia social.

“Me daba miedo el simple hecho de coger el tren o el metro por las aglomeraciones; pensaba que todo el mundo me miraba, lo cual me ponía nervioso y me daba dolor de tripa”, recuerda ahora sobre esta experiencia típica de un trastorno de ansiedad que afecta a medio millón de personas en España, el 1% de la población, según el estudio de prevalencia de trastornos mentales y factores asociados ESEMeD-España, un proyecto Europeo coordinado con la iniciativa de la OMS.

“Cuando tenía que relacionarme no sabía qué hacer o qué pensarían de mí. Tenía miedo al rechazo”, cuenta. Este pensamiento le ponía aún más nervioso, eso le generaba ansiedad y terminaba en un círculo vicioso de miedo e inseguridad.

Max llegó a enclaustrarse en casa casi un año. Y después necesitó tiempo para volver a relacionarse. De ahí que el primer año de su Bachillerato fuera tan duro. Prácticamente no salía de casa y se pasaba el día dándole vueltas a lo que le pasaba. “Evitaba cosas cotidianas como ir al peluquero“, explica. Pero había algo aún más doloroso. “Lo peor es cuando te acostumbras a la soledad. Pasaba los días en casa y sin relacionarme, así que me volvía más huraño e irritable”, afirma este joven.

Max acudió a un psiquiatra y le diagnosticaron depresión. Pero una psicóloga puso otro nombre a su padecimiento: tenía fobia social. “Este trastorno llega a ser muy limitante”, explica a 20minutos César González-Blanch, psicólogo clínico del Hospital Universitario Marqués de Valdecilla, en Santander. Lo normal, dice, no es llegar a encerrarse completamente en casa –como le pasó a Max– pero afecta al “desarrollo personal, familiar, social o laboral”.

Porque no es simple timidez. Es ansiedad social. Max pensaba que su ansiedad “era evidente”. Pero no siempre es así. Hay evitaciones más sutiles y encubiertas, como evitar comer o beber en público para que nadie vea que tiemblas. Los trastornos de ansiedad muestran además “altas tasas de comorbilidad psíquica”, dice González- Blanch; es decir, se cumplen criterios para más de un trastorno mental. Las limitaciones autoimpuestas y la sensación de inadecuación aumenta el riesgo de depresión.

Algo parecido le sucedía a Miguel, el nombre ficticio de un barcelonés de 59 años que también empezó a padecer fobia social de adolescente. “Unos compañeros se metían conmigo y empecé a aislarme con 14 años porque no era como los demás y pensaba que me rechazarían si se daban cuenta”, recuerda.

Miguel lleva en psicoterapia “muchos años”, se medica desde hace seis y acude a grupos de apoyo. Gracias a eso, ya entabla conversaciones profesionales y con los miembros de la asociación Amtaes que le ayuda. “Aún no puedo con una persona desconocida en el tren”; matiza.

Al madrileño Max, por su parte, la psicóloga le recomendó salir de la zona de confort, romper la barrera y perder el miedo a la gente. Le puso retos como parar a alguien por la calle y preguntar la hora. “Estoy bien, pero todavía me cuestan las aglomeraciones o relacionarme con mucha gente a la vez”, admite; “y todavía me pongo nervioso si tengo que hablar con alguien, pero ya no me da pánico“.

Cómo saber si padeces fobia social

¿En qué consiste?
“Es un trastorno de ansiedad caracterizado por el miedo a comportarse de modo embarazoso o ridículo, lo que lleva a evitar situaciones o conductas”, explica César González-Blanch, psicólogo clínico del Hospital Universitario Marqués de Valdecilla, en la ciudad de Santander.

¿Quién la padece?
Cualquier persona puede sufrir fobia social, pero el experto González-Blanch apunta a 20minutos que “suele comenzar durante la pubertad”.

¿Es lo mismo que la timidez?
No, son dos cosas distintas, según los expertos. “Hay personas tímidas que tienen algunas evitaciones y miedos, pero no debemos considerarlo un trastorno”, matiza González-Blanch.

¿A cuántas personas afecta en España?
Se estima que la padecen medio millón de personas en nuestro país; es decir, el 1% del total de la población española.

¿Qué síntomas indican que alguien padece esta fobia?
Las llamadas ‘evitaciones’ de las personas con ansiedad social pueden ser muy evidentes; por ejemplo, evitar participar en clase. Pero hay otros síntomas de poder padecer miedo social. “Además del miedo al ridículo o a resultar inadecuado y las evitaciones, se pueden apreciar otros síntomas como ponerse rojo, tener temblores, el sudor, la sequedad bucal, o padecer tensión muscular o palpitaciones”, dice el psicólogo César González-Blanch.

¿Puede desembocar en un enclaustramiento total?
No es la situación más común, pero los expertos en fobia social apuntan que es posible que quienes sufren este trastorno lleguen a encerrarse en casa: “Este trastorno puede llegar a ser muy limitante”, explica González-Blanch, que señala que lo normal, más que el “enclaustramiento total”, es que afecte al “desarrollo personal, familiar, social o laboral”.

¿Cómo ayudar a la gente que padece fobia social?
La Asociación Española de Ayuda Mutua contra la Fobia Social y los Trastornos de Ansiedad (Amtaes) cuenta con grupos de ayuda para personas con este trastorno. “Aquí se da apoyo y consejos a la gente que lo necesita y se contacta con personas con el mismo problema”, dice Miguel, un afectado.

Fuente original: “Acostumbrarte a la soledad es lo peor de padecer fobia social” 

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El miedo escondido

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Quiero animar a otros a hablar de ello y a buscar ayuda (la actriz Amanda Syfried)

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En 2005, la carrera como actriz de Amanda Syfried despega gracias a su papel de adolescente sexy en ‘Chias malas’, junto a Rachel McAdams y Lindsay Lohan. Paralelamente, aparece como episódica en series de televisión como ‘Ley y orden: Unidad de víctimas especiales’, ‘House’ y ‘C.S.I’. Pero comenzará a ser popular por su aparición en la ficción televisiva ‘Veronica Mars’, en la que interpreta a Lilly Kane, la mejor amiga de la protagonista Kristen Bell.

Su consagración en el mundo del cine llega en 2008 con la comedia musical ‘Mamma Mia!’, en la que encarna a la hija de Meryl Streep. Un año después protagoniza ‘Chloe’, donde comparte cartel con Julianne Moore y Liam Neeson. En la cinta interpreta a una chica de compañía contratada por una mujer que sospecha que su marido le es infiel.

En 2010, protagoniza el drama romántico ‘Querido John’ y la comedia romántica ‘Cartas a Julieta’. Un año más tarde encabeza el reparto de ‘Caperucita Roja: ¿A quién tienes miedo?’, una nueva versión del clásico cuento dirigida por la realizadora de ‘Crepúsculo’, Catherine Hardwicke.

Recientemente, Amanda Syfried (según publica El País)  utilizando como plataforma su cuenta de Instagram, en la que tiene 2,8 millones de seguidores, y con el objetivo de ayudar a desestigmatizar los trastornos mentales, la actriz ha compartido que padece TOC (trastorno obsesivo-compulsivo), ataques de ansiedad, pánico y miedo escénico. Hubo quien le desaconsejó que lo contara, pero nunca se ha arrepentido de rechazar la sugerencia. “Si hubiera sabido todo lo que sé ahora, me habría ahorrado 10 años de estar tensa y asustada. Quiero animar a otros a hablar de ello y a buscar ayuda. Y si eso llega a arruinar mi carrera, entonces es que no estaba destinada a ser actriz”.

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Tu mirada puede transformar a las personas

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