Ejercicio con imágenes mentales

Leo en la página del psicólogo clínico Ricardo Ros un extracto del contenido del libro «Stop a la ansiedad». Transcribo aquí el siguiente ejercicio mental que puede ayudar en la lucha contra la fobia social:

¿Cómo haces para pensar? Nos ponemos en comunicación con el mundo a través de nuestros sentidos. Los estímulos exteriores llegan hasta nuestro cerebro a través de las distintas terminaciones nerviosas que se encuentran en los ojos, oído, piel, lengua, nariz. Si te fijas, también pensamos a través de los sentidos. Ves imágenes mentales en tu cabeza, oyes mentalmente conversaciones o tu propio pensamiento, sientes sensaciones internas… Así lo hacemos todos, tu también, a no ser que vengas de Marte. Pero si no vienes de Marte, esto que te voy a decir está dirigido directamente para ti.

Piensa en lo que te ocurre. No te preocupes, estas en buenas manos, no te va a pasar nada. Pensar en eso, ¿te produce un cierto malestar ahora mismo? ¿Es algo que ves? ¿Es una imagen tuya o de otras personas? ¿O es algo que escuchas dentro de tu cabeza? Quizás sea tu propia voz diciéndote algo, como cuando reflexionas. O quizás sea la voz de otra u otras personas. También puede haber algún ruido o música. ¿O es algo que sientes en alguna parte de tu cuerpo? Eso que te ocurre, ¿tiene sabor o un olor determinado? ¿O es una mezcla de todos esos componentes? Ves una imagen que tiene sonido y también sientes algo, como, por ejemplo, una bola en la boca del estómago?

En esta página te voy a explicar un ejercicio para eliminar la ansiedad si lo que haces al pensar en la ansiedad es una imagen mental. Si piensas con palabras o a través de sensaciones, encontrarás ejercicios en otro sitio.

Me has dicho que cuando piensas en lo que te produce malestar haces imágenes. Son imágenes mentales, en tu cabeza. Si yo te digo «piensa en la Torre Eiffel», en tu cabeza se forma una imagen de esa torre. Cuando piensas en lo que te ocurre haces una imagen también en tu cabeza, ¿no es eso?

Fíjate ahora si tú estas en esa imagen, si te ves a ti mismo, o si no te ves a ti mismo, sino a los demás, sin verte a ti mismo. Te lo explico mejor. Puedes ver tu imagen, tu cara, tu cuerpo o puedes ver a través de tus ojos todo lo que hay en el exterior. Cuando tú miras a través de tus ojos, no te ves a ti mismo, sino sólo lo que hay fuera de ti (puedes ver tus manos, pero no tus ojos).

Existen, por lo tanto, dos posibilidades. Que la imagen que haces de lo que te ocurre sea una imagen en la que aparece una imagen tuya, o bien que sea tal como lo ves cuando miras a través de tus ojos.

Cuando piensas en una imagen en la que ves a través de tus ojos, pero no te ves a ti mismo, hablamos de imagen asociada. Una imagen disociada es cuando te ves a ti mismo en esa imagen como si fuera otra persona la que está viendo esa imagen.

Para poder ayudarte es muy importante que distingas entre estos dos tipos de imágenes. Fíjate bien en esta imagen. Imaginemos que tú eres la persona rubia que está a la izquierda. Estás hablando con la otra persona morena que está a la derecha de la imagen. En este caso, tú que eres la persona rubia estás viendo la imagen desde fuera de tus ojos, puesto que ves a la persona morena pero también te ves a ti mismo desde fuera.

Y observa la diferencia con esta otra imagen que viene a continuación. Tú sigues siendo la persona rubia, pero como estás viendo a través de tus ojos, no te ves a ti mismo, sino que ves únicamente a la otra persona.

Primero te voy a dar instrucciones para el segundo caso, si lo que estas haciendo es una imagen asociada en la que fuera como si vieras a través de tus ojos, sin verte a ti mismo.

Presta atención. Lo primero que quiero pedirte es que imagines otra imagen en la que estas bien, con tranquilidad. Puede ser una imagen hace mucho o poco tiempo, cuando tú quieras. Pero necesito que esa imagen sea disociada. O sea, una imagen en la que te ves a ti mismo y en la que te encuentras bien, a gusto, con tranquilidad, paseando, un día de excursión, una fiesta de cumpleaños, lo que quieras, con tal de que te veas a ti mismo disfrutando de ese acontecimiento.

Te dejo tiempo para que busques esa imagen. Si miras hacia arriba te será mucho más fácil encontrarla.

¿La tienes? Muy bien. Se trata de una imagen en la que te sientes bien. Y notas que te sientes bien al recordarla. Voy a darte instrucciones para descodificar el pensamiento que te produce ansiedad.

Piensa primero en la imagen mala. Recuerda que todo lo estamos haciendo con la imaginación. Y con la imaginación podemos hacer cualquier cosa. No existen fronteras para nuestra imaginación. Y tu tienes mucha.

Ponle brillo a la imagen mala y trata de sentir en toda su intensidad esa mala sensación. En la televisión, a veces, acercan o alejan una imagen o dividen la pantalla en pantallitas más pequeñas, ¿lo recuerdas?. Bien, pues una vez tengas la imagen mala con todo su malestar, abre una pantallita más pequeña en la que quiero que proyectes la otra imagen buena, esa en la que te sientes especialmente bien. Esa imagen posiblemente este más borrosa o desenfocada. Es lógico, es pequeña. Pero quiero pedirte que rápidamente, en menos de un segundo, amplíes esa imagen buena hasta tapar a la otra, a la mala. Y mantén así, la imagen buena, durante cinco o seis segundos. 

Te lo voy a repetir. Imagina la imagen mala y trata de sentir lo máximo posible ese malestar. Cuando lo tengas, abre una pantallita en una esquina y proyecta la imagen buena. Y entonces, rápidamente, en menos de un segundo, amplía esa imagen buena hasta ocupar toda la pantalla y tapar, por lo tanto a la mala. Puedes ocupar todo el tiempo que quieras en tratar de sentir la sensación mala, pero lo más importante es que en cuanto tengas la imagen buena en una esquina, rápidamente la hagas grande. Hazlo, por favor una sola vez.

Muy bien. Ya lo has hecho una sola vez. ¿Ha sido difícil? Si ha sido difícil también puedes hacerlo de otras maneras. Por ejemplo, a veces, en la televisión, una pantalla gira sobre sí misma, como sobre un eje vertical, y cuando aparece el otro lado de la pantalla, la imagen ha cambiado. Otras veces, toda la imagen se concentra rápidamente en un punto central y después, también rápidamente, ese punto se convierte en otra imagen. Cualquier fórmula nos sirve.

De acuerdo, vuelve a hacerlo. Pero hazlo, por favor, una sola vez. Te pido que lo hagas una sola vez, porque quiero que el cambio en las imágenes sea siempre en una sola dirección. ¿Recuerdas la película «Regreso al futuro», en la que las escenas se repetían una y otra vez? Eso es lo que quiero pedirte, que repitas lo mismo, en una sola dirección, una tercera vez.

Hazlo, te dejo tiempo.

Estupendo. Supongo que esta tercera vez ya ha sido más fácil. Esto es como un viaje. ¿Dónde es el sitio al que has viajado más alejado de tu domicilio? ¿Lo recuerdas? Muy bien. Haz lo mismo por cuarta vez. Pero recuerda, una sola vez, en una sola dirección. Cada vez es más fácil, ¿verdad?.

Ese sitio alejado de tu domicilio en el que estuviste una vez, ¿era bonito? ¿Qué es lo que más te gustó?.

Ahora quiero pedirte que lo hagas por quinta y última vez. Muy bien.

¿Qué ha pasado con la sensación que te producía malestar a medida que lo has ido haciendo? ¿Ha cambiado? ¿Ha dejado de molestarte? ¿Quizás deberías hacerlo alguna vez más? Pero recuerda que no quiero que lo hagas más que en una sola dirección. Hazlo una vez, piensa en otra cosa y vuelve a hacerlo.

Publicado en Fobia Social, Terapia | 6 comentarios

Terapia para creyentes

Aunque no creo en Dios, no tengo inconveniente en aportar este texto extraído de la página Renacer en Jesús «Cómo conseguir la salud mental y emocional a través de la medicina y la fe en Jesús»:
religiones
Si padeces de fobia social, queremos que sepas que no estás solo. Dios está contigo en todo momento y no te va a abandonar en estos tiempos de enfermedad. Tu eres de mucho valor y estima para Él. No dudes de su poder y de lo que Él puede hacer por tu salud.

Si conoces a alguien que sufre de esta condición, te exhortamos a que apoyes a esa persona especial en tu vida a través de la oración, del amor, la comprensión y de la Palabra de Dios, la cual siempre nos da una respuesta a nuestras situaciones e inquietudes en nuestras vidas.

Orar es hablar con Dios. Conversa con él como si fuera tu mejor amigo, exprésale tus sentimientos, frustraciones y preocupaciones, y te garantizo, que Él, en su infinita misericordia y amor por ti, te sanará de tu condición y te devolverá la salud perfecta y completa que tanto anhelas.

Te presento algunos textos bíblicos que pueden ayudarte a comenzar tu proceso de sanidad interior, y tu recuperación total. No olvides, que es necesario también complementarlo con tu visita a un psiquiatra de confianza y seguir su tratamiento. Recuerda, que la medicina y la ciencia también fueron creadas por Dios para nuestra salud.

Pedid, y se os dará; buscad, y hallaréis; llamad, y se os abrirá. Porque todo aquel que pide, recibe; y el que busca, halla; y al que llama, se le abrirá. (Mateo 7:7-8).

Quise comenzar con este texto para que empieces a pedir por tu sanidad; a recuperarte de tu condición. Pídele a Dios que comience a llenarte de confianza en ti mismo al momento de socializar. Dios te ama incondicionalmente, Él no te va a rechazar, y mucho menos te va a hacer caer en vergüenza. Dios quiere que seas una persona libre, que puedas compartir con otras personas, porque recuerda, que JESÚS está en el prójimo.

Por tanto, recibíos los unos a los otros, como también Cristo nos recibió, para la gloria de Dios. (Romanos 15:7)

Este texto nos confirma una vez más que el ser humano fue creado, y tiene la capacidad para relacionarse con otros. Fuimos diseñados para vivir interdependientemente. Comienza a creer en ti mismo; en que puedes relacionarte con los demás. No olvides ser siempre TU MISMO, ya que Dios te creó tal y como eres, y Él te encuentra como su más grande y valiosa obra maestra.

Si por alguna razón, te resulta difícil relacionarte con otros pensando en lo que fuiste o lo que hiciste, quiero darte la buena noticia de que, no importa lo que hayas sido o hecho, eres valioso e importante para Dios. Pídele perdón a Dios, a través de la oración por medio de Jesús, y comienza a creer que eres una persona digna, como los demás.

Cuando comiences a relacionarte con otros mostrándote confiado, sintiéndote perdonado por Dios, vas a comenzar a actuar libre y espontáneamente, y la gente te va a aceptar tal y como eres. No tienes que pensar que serás humillado o rechazado. Recuerda que JESÚS ya pagó tu humillación y rechazo por ti en la Cruz del Calvario.

…el cual transformará el cuerpo de la humillación nuestra, para que sea semejante al cuerpo de la gloria Suya…(Filipenses 3:21)

Toda situación embarazosa, vergonzosa y humillante que hayas pasado JESÚS la tomó por ti. Tú no tienes que llevarla. Comienza a sentirte valioso, agradable ante los demás. Vence tu miedo de conocer gente nueva y de compartir. Muy pronto comenzarás a ver los resultados.

Porque a mis ojos fuiste de gran estima, fuiste honorable, y yo te amé… (Isaías 43:4)

JESÚS es tu mejor amigo. El desea lo mejor para ti. Él quiere que seas feliz, que puedas llevarte bien con todo el mundo y que puedas vivir una vida plena y abundante. No olvides, que Él te ve con buenos ojos, por lo tanto, eres digno. Valórate mucho a ti mismo, y cuando comiences a proyectar eso en ti, los demás lo percibirán y se acercarán a ti. Tampoco puedes olvidarte de pedirle a Dios en oración, que te libere de tus temores y ansiedades al momento de socializar.

…porque estimado seré en los ojos de Jehová, y el Dios mío será mi fuerza. (Isaías 49:5)

Piensa que Dios te dará las fuerzas para poder socializar saludablemente con otras personas. Empieza con un grupo pequeño, en el cual te puedas comenzar a sentir cómodo. Recuerda analizar los gustos, intereses de las demás personas y trata, en lo más posible, de comenzar a hacer un círculo de amistades que vayan de acuerdo con tus gustos, intereses y forma de pensar. No es tan importante la cantidad, sino la calidad de tus amistades. Que sobre todas las cosas, te aprecien y acepten tal cual eres. Esos son los verdaderos amigos.

Publicado en Fobia Social, Terapia | 3 comentarios

No somos robots, podemos cambiar

Sólo los robots no dejarán nunca de interpretar la misma música, aquélla para la que fueron programados. Pero los humanos somos mucho más complejos que los robots, aunque a veces actuemos como verdaderos autómatas.

Publicado en Fobia Social, Videos | Deja un comentario

Timidez, fobia social, inhibición y trastorno por evitación

Lo que sigue es un extracto del artículo titulado ¿Hacia un espectro de la timidez? de José Guimón (Catedrático de Psiquiatría de la EHU-UPV, Universidad del País Vasco), publicado en la revista internacional Avances en Salud Mental Relacional /Advances in relational mental health, Vol.3, núm. 3 – Noviembre 2004.

La timidez y la inhibición como rasgos

La timidez (como la inhibición conductual y la fobia social), tienen un claro componente genético. Jung propuso ya la existencia de una hipersensibilidad innata (que se ha comprobado posteriormente que existe en el 20% de los seres humanos) que predispone a algunos niños a sufrir más por algunas experiencias infantiles y ser luego tímidos y ansiosos. Estos niños tienen tendencia a procesar primero completamente la información antes de actuar, mientras que la mayoría de las personas actúa rápidamente “motrizmente”. Se ha visto que estas personas hipersensibles desarrollan más depresión ansiedad y timidez, si hay más estrés de lo deseable, aunque, si el ambiente es muy protector, pueden, paradójicamente, presentar menos patología, de hecho, que la media. Se advierte en esta diferencia ya la importancia de lo social, del ambiente, en la variación del síntoma que nos ocupa que puede aparecer en distintos momentos con distintas características, es decir, como “estado”.

La timidez no siempre precede a la fobia social. Aunque la prevalencia de ésta es mayor en tímidos (18%) que en no tímidos (3%), la mayoría de los tímidos (82%) no son fóbicos socialmente. En efecto, la timidez y la fobia social (sobre todo la variedad denominada por Gelder “generalizada”) son parecidas pero no idénticas porque un individuo puede ser extremadamente tímido pero no tener una fobia social.

Por otra parte, la inhibición conductual y el aislamiento social aunque frecuentemente van de la mano, difieren en varios aspectos. La inhibición conductual ante lo desconocido se refiere a la inhibición ante situaciones sociales y no sociales mientras que la timidez se presenta sólo en relaciones sociales y no en las no sociales. Ambas se asocian a la ansiedad tanto en niños como en adultos. La timidez empeora los rendimientos escolares de los niños cuando se realizan pruebas cara a cara pero no si se realizan en grupo. Se ha relacionado la timidez infantil con la existencia de fobia social materna y la propensión a la inhibición conductual con la presencia en los padres de trastornos de pánico. Sin embargo, no está claro el papel jugado por la herencia y por el aprendizaje.

La fobia social como síndrome

La fobia social se define como “un temor intenso y persistente hacia situaciones sociales o en las que hay que actuar ante un público. Se da en el frecuentemente (10% de prevalencia vida), coexistiendo a veces con depresión o distimia. No es una mera timidez grave sino uno de los trastornos psiquiátricos más frecuentes e invalidantes. Sólo en un tercio de los casos la sintomatología remite en el curso de ocho años, comparado con dos tercios en el trastorno de pánico.

La fobia social encaja bien en un modelo de espectros porque tiene cualidades de inicio precoz, cronicidad e inexistencia de un umbral claro de diferencia entre normal y patológico. Por ello se le ha pretendido situar (con otros trastornos poco frecuentes como el mutismo selectivo) en una tipología de inhibicióndesinhibición de la que un extremo sería la manía y el otro el trastorno evitativo.

La fobia social responde a fármacos y terapias cognitivas relativamente específicas que pueden tener relevancia para otros trastornos del espectro como inhibición conductual y desapego, trastorno evitativo y mutismo selectivo. Otros trastornos cursan también con ansiedad social como depresión mayor, trastorno dismórfico corporal, trastornos de la alimentación, uso de substancias, trastorno paranoide, trastorno bipolar y autismo de Asperger.

La especificidad del concepto de fobia social ha sido puesta en cuestión por trabajos que muestran una clara asociación de la fobia social con el trastorno por evitación y otros trastornos por ansiedad, como el trastorno obsesivo-compulsivo. Sin embargo son varios los trabajos que aportan una validación biológica a la fobia social y tanto estudios familiares como genéticos apoyan una vulnerabilidad hereditaria a la fobia social . El mapping electroencefalográfico EEG en pacientes con fobia social revela diferencias significativas respecto a controles y, en el mismo sentido, se ha sugerido que la fobia social tiene una base neuroanatómica.

La dudosa entidad del trastorno por evitación

El extremo de la dificultad de relación lo constituyen los sujetos con Trastorno por evitación, que fue eliminado del DSMIV por una decisión del comité que sugiere que no es más que una parte del espectro de la fobia social, lo que confirma el estudio clínico de varios autores. En ese sentido se ha visto que aunque la evitación social es una característica del trastorno por evitación también se encuentra evitación a las novedades y a situaciones no sociales.

Los pacientes dan prueba de una extrema sensibilidad ante el rechazo y tienen un gran deseo de establecer relaciones sociales. Sin embargo, no pueden lograrlo, ya que su miedo a no ser aceptados y a ser criticados es tal, que para evitar la angustia que estos temores hacen surgir, acaban aislándose. Interpretan todo contacto interpersonal como un riesgo de ridículo, y presentan un grado muy bajo de confianza en sí mismos. Tienen en general pocos amigos o confidentes y sólo si estos últimos los aceptan de forma incondicional. Todo esto puede provocar estados de ansiedad y depresión.

Aunque la evitación social es una característica del trastorno por evitación, también se encuentran en él evitación a las novedades y a situaciones no sociales. Shea y colaboradores muestran una clara asociación del trastorno por evitación con trastornos por ansiedad, específicamente fobia social y trastorno obsesivo-compulsivo.

Publicado en Fobia Social, psicologia | 79 comentarios

¿Por qué los lotófagos no sufrían ansiedad?

He leído un trabajo del Médico Psiquiatra Sergio Aníbal Haslband sobre «Consideraciones acerca de la neurobiología de la ansiedad», de donde extraigo algunos párrafos que creo pueden interesar.

Corre la pluma de Homero. Se detiene en el canto IX de la Odisea. Allí Ulises relata lo que le sucedió en el País de los Lotófagos. Como su nombre indica, los lotófagos son hombres que se alimentaban de «loto», un fruto «dulce como la miel».

Menos cautos que su jefe, algunos de los marinos los probaron y después «ya no querían llevar noticias ni volverse, antes deseaban permanecer con los lotófagos, comiendo loto, sin acordarse de volver a la patria». Aparentemente eran pacíficos, afables y felices, libres de ansiedad.

Pero Ulises obliga a sus compañeros a abandonar el lugar y proseguir el viaje. Habrá de hacer un azaroso periplo hasta regresar a Itaca, donde aún tendrá que matar a los pretendientes que acosan a Penélope. En caso de existir una remota base real del episodio, no sabemos que puede ser el «loto». Parece que la flora de esa comarca era algo diferente a la del Jardín del Edén. El fruto que nutría a los lotófagos les otorgaba un paraíso. El que comieron Adán y Eva les ocasionó su pérdida.

¿Por qué el prudente Ulises rechazó oferta tan tentadora a cambio de un proyecto lleno de peligros y zozobras?

Porque el «loto» da la serenidad pero también da el olvido. Los que comen el fruto del poema homérico olvidan su patria, es decir el lugar donde están sus conflictos. Y los conflictos se enfrentan con ansiedad y con miedo, con un estado de alerta para el que contamos con estructuras previas; pero mucho más con las ansiedades y los miedos aprendidos a través de la experiencia y las huellas que deja en la memoria. Quizás por eso las estructuras cerebrales implicadas en los circuitos de la ansiedad también están relacionadas con la memoria.

En el paraíso no hay ansiedad, pero tampoco hay memoria.

La ansiedad puede tornarse patológica en algún momento de la vida. Esto sucede cuando el individuo responde de una manera exagerada o inadecuada a un estímulo, o cuando la ansiedad persiste en el tiempo aunque el estímulo se haya extinguido. La ansiedad patológica puede manifestarse de diversas formas. La ansiedad crónica en estado más o menos puro constituirá el llamado Trastorno de ansiedad generalizada (TAG). Cuando aparece bajo la forma de reacciones desmedidas de miedo a distintos estímulos la llamamos fobias, que son fobias sociales si estas circunstancias se relacionan con el sentirse observado en situaciones generales o específicas de las interacciones humanas.

La ansiedad ha sido siempre uno de los temas centrales de la psiquiatría tanto desde el punto de vista de las vertientes biologistas como de las psicologistas. Con la visión integradora y no reduccionista que tiende a prevalecer actualmente, el estudio de la ansiedad es un punto privilegiado para aproximarse a vislumbrar la interfase mente-cerebro y aún mente-cerebro-cuerpo.

Estímulos eléctricos, quirúrgicos o químicos (drogas) inducen en los seres vivos las expresiones típicas de ansiedad y miedo. Y también como otras sustancias, que llamamos ansiolíticos, las mitigan. También las experiencias de la vida son estímulos o estresores que producen una acción semejante por el efecto traumático que dejan en la memoria, instaurando las diferentes ansiedades y miedos condicionados por el fenómeno de potenciación a largo plazo. La memoria asociativa activa la reacción de ansiedad o miedo ante distintas representaciones.

Pero así como existen experiencias ansiógenas, también hay experiencias ansiolíticas, que sustituyen las asociaciones que evocan el trauma por otras asociaciones más benignas (efecto de extinción). Estas experiencias pueden ser el apoyo de figuras cercanas positivas y los vínculos enriquecedores. Estos vínculos pueden darse en el modo de la buena psicoterapia, sea ésta de inspiración cognitiva, conductual o psicoanalítica.

¿Qué diferencias habrá entre los ansiolíticos del futuro y el fruto que comían los Lotófagos?

Publicado en Fobia Social, Terapia | 2 comentarios

Vergüenza a flor de piel

Leo en la sección Vivir del Ideal digital

El rubor es una reacción natural ante estímulos físicos o psicológicos, pero el miedo a sonrojarse, sobre todo en situaciones sociales, puede derivar en un trastorno mental.

INÉS GALLASTEGUI

Como un tomate. La cara de algunas personas se vuelve literalmente roja cuando pasan vergüenza. El rubor es una reacción fisiológica natural ante estímulos físicos -cambios de temperatura, esfuerzo, consumo de alcohol…- o psicológicos -ansiedad, nervios, vergüenza…- y hay individuos más propensos porque tienen la piel más clara, más fina o con mayor densidad de pequeños vasos sanguíneos. Ciertos sujetos atraviesan un verdadero tormento cuando les salen los colores, hasta el punto de que evitan las situaciones que asocian al enrojecimiento facial. Cuando ese temor a sonrojarse adquiere la categoría de una fobia, algunas personas se plantean someterse a tratamiento psicológico. Otras prefieren un método más expeditivo y optan por la cirugía: la simpatectomía torácica consiste en la extirpación de unos ganglios del sistema nervioso simpático que controlan la circulación de la sangre en la parte superior del cuerpo y está indicado en algunos casos extremos de enrojecimiento facial.

El psicólogo Antonio Luis Maldonado, del Centro Psicológico Alborán de Granada, explica que el rubor forma parte de la reacción de los seres humanos frente a una situación peligrosa, que implica cambios como el aumento del ritmo cardiaco, la tasa respiratoria y la tensión arterial o la dilatación de las pupilas. Esta respuesta inmediata prepara al sujeto «para luchar o huir»: con esos cambios mejora su visión periférica, activa su musculatura y, a causa de la «vasoconstricción periférica», previene un desangramiento en caso de resultar herido. A diferencia de los animales, recuerda, los humanos somos capaces de ejercitar esta respuesta ante una situación peligrosa no real, sino imaginaria.

Hay que dejar totalmente claro que el rubor ni es una enfermedad ni es un trastorno psicológico, sino que es una reacción fisiológica totalmente normal -insiste Maldonado-. Lo que es un trastorno psicológico es la fobia o el miedo al rubor, también llamada ereutofobia» (del griego ‘ereutos’, ‘rojo’, descrita por primera vez en el siglo XIX).

Calor en la cara

El psicólogo explica que el rubor facial llega a producir miedo por dos vías distintas. Por un lado, por «experiencias aversivas directas», es decir, porque la persona ha sido objeto de burlas o risas por ponerse colorada delante de otros, por lo que una sensación que antes era neutra (notar calor en la cara, puesto que uno no suele verse a sí mismo sofocado) empieza a ser temida. El segundo mecanismo es el «condicionamiento clásico» que estudió Pavlov en su famoso perro: «Como ese rubor aparece en situaciones que producen ansiedad, por ejemplo hablar en público o cometer un error social, adquiere la capacidad de producir ansiedad». En cualquiera de los dos casos, el sonrojo acaba convirtiéndose en una obsesión y, cuanto más se le teme, más fácil es ‘encenderse’.

Quien padece esta fobia, destaca el psicólogo, evita las situaciones que le sacan los colores, que generalmente son sociales. Es raro que alguien esté preocupado por ponerse rojo cuando está solo en su casa; lo que le agobia es que alguien lo vea y se ría.

«Como en otras fobias, hay también ansiedad anticipatoria» , describe el especialista. El afectado se tortura de antemano: «Cuando hable en clase me voy a poner colorado, se reirán de mí, pensarán que estoy nervioso, que soy raro, todos lo van a notar…».

Maldonado asegura que raramente se presenta la fobia al rubor en solitario; es más frecuente que ese miedo sea un síntoma más dentro de una fobia social. Así, la mayoría de los afectados experimentan también otras sensaciones desagradables en su relación con las demás personas -temblor, taquicardia, sudor…- y es frecuente que padezcan «cierto déficit en habilidades sociales», o sea, problemas para comunicarse con los demás en escenarios cotidianos y tendencia al aislamiento.

Tratamiento

El psicólogo, que aplica en su consulta el modelo conductual, destaca que el tratamiento más adecuado para la ereutofobia es «la exposición gradual en vivo con prevención de respuesta». En resumen, se trata de que el paciente se someta a las situaciones que le producen fobia, pero gradualmente: comenzará entrenando una situación social poco agobiante para él (por ejemplo, esperar en la cola del banco), cuando la tenga superada pasará a una que le produzca más bochorno (podría ser entablar una conversación casual con un desconocido) y terminará con lo que considere el colmo de lo sonrojante (una opción es intervenir en un coloquio público).

Si el temor a ruborizarse forma parte de una fobia social, agrega, habrá que aplicar también otros tratamientos, como el entrenamiento de habilidades sociales -aprender a iniciar y mantener conversaciones con conocidos y con desconocidos, decir no, pedir cosas, expresar emociones positivas y negativas, recibir críticas…-, programas de mejora de autoestima y modificación de pensamientos negativos. Algunos ejercicios se hacen en la consulta -mediante un juego de rol con el psicólogo o en grupo con otros pacientes- y otros en la vida real.

Antonio Luis Maldonado es contrario a ‘operar’ este problema sin probar antes soluciones menos radicales, ya que la eficacia del tratamiento psicológico de las fobias es «cercana al 100%». A su juicio, las técnicas quirúrgicas no tendrían que considerarse como primera opción; antes, los afectados deberían saber que hay alternativas para curar la fobia al rubor o la fobia social.

Extirpar el miedo

«Me parece una barbaridad que a una persona, no porque tiene rubor, sino porque tiene miedo al rubor, se le haga una intervención quirúrgica -indica-. En la fobia social también hay miedo a que otros te vean el temblor o el sudor. ¿Qué le extirpamos para que no tiemble? Y si tiene miedo a los ascensores, ¿qué hay que hacer, extirpar todos los ascensores de España…?». Lo correcto, afirma, es lo contrario: «En las fobias no hay que eliminar el estímulo fóbico, sino enfrentarse a él y darse cuenta de que no es peligroso, de que no pasa nada».

Publicado en Fobia Social, psicologia | 577 comentarios