Dificultades en la relaciones interpersonales cercanas

Extracto de artículo publicado en la web de la Asociacion Ayuda

Autores: Dr. Daniel Bogiaizian – Lic. Laura Coccia

Ya desde las primeras conceptualizaciones de la Fobia Social (Marks y Gelder, 1966), la Fobia Social se circunscribió a situaciones de exposición del ámbito de lo público, por ejemplo ir a restaurantes o fiestas. El Manual Diagnóstico y Estadístico de Trastornos Mentales (DSM-III, 1980) consideraba que la fobia social era un caso especial de fobia simple que incluía miedos limitados a una o dos situaciones y, con excepción de casos extremos, era improbable que derivara en algo más y daba como ejemplos de fobias sociales “miedo a hablar o actuar en público, utilizar baños públicos, comer en público y escribir delante de otros”.Es muy probable que estos criterios de selección no representen de manera universal la forma en que se despliega el trastorno.

Si bien los criterios fueron evolucionando y en el DSM-IV-R, el Trastorno de Ansiedad Social generalizada abarca la mayoría de las situaciones sociales, todavía vemos que el acento está puesto en la preocupación para el juicio negativo, la irrupción de síntomas frente “a personas que no pertenecen al ámbito familiar” (Criterio A). De hecho, uno de los formularios más usados para evaluar la ansiedad social como el Liebowitz Social Anxiety Scale (LSAS, Liebowitz, 1987) no describe situaciones interpersonales con sujetos del ámbito íntimo del paciente. Esta tendencia se tradujo en una vasta literatura de investigación en relación a las dificultades en el desempeño académico, dificultades laborales y situaciones de exposición pública de los fóbicos sociales.

De alguna manera, la ansiedad social vinculada a las relaciones cercanas interpersonales no ha merecido la suficiente atención.

Aunque muchos investigadores han centrado su atención en la manera en que la depresión afecta las relaciones interpersonales, la fobia social es una de las patologías en donde se halla más afectada el área de las relaciones afectivas, ya que la naturaleza de éste trastorno incluye la dificultad en las habilidades sociales, el temor al ridículo, timidez, preocupación por el desempeño sexual, vergüenza, temor a expresar emociones o hablar de sí mismos.

Según Safran y Segal(1994), desde una perspectiva interpersonal, la autoestima de un individuo y su sentido básico de seguridad en el mundo son una función del sentido que tiene de su posibilidad de entablar relaciones. Este es el proceso que se halla entorpecido en las personas que padecen ansiedad social. La desconfianza, tanto en sí mismo como en las personas de su entorno, es la moneda corriente y se verifica en las restricciones en la vida cotidiana.

Es necesario analizar las dificultades inherentes a cada uno de los contextos en los que el fóbico social tiene que interactuar. Por ejemplo, una persona puede funcionar con sus compañeros dentro del ámbito del trabajo sin signos de ansiedad social. Pero si tiene que interactuar en el ámbito social con la misma gente, yendo a tomar algo y teniendo que hablar en un contexto de mayor intimidad, no puede.

Retomando el tema epidemiológico y en lo que respecta a la proporción por sexos de la fobia social, una de las constantes en los estudios sobre grandes poblaciones es que indican que es más común en mujeres que en hombres. Sin embargo, a pesar de la supremacía femenina en la población, pareciera ser que la prevalencia por sexos en la práctica clínica muestra resultados diferentes, tendientes a emparejar la proporción de hombres y mujeres que consultan por fobia social.

Turk y colab. (1998) coinciden con otros colegas en observar que en el momento de la consulta, los hombres tienden a equilibrar al número de mujeres. ¿Qué motivó más a las hombres que a las mujeres a buscar tratamiento? Estos autores plantean que sería conveniente investigar los factores que motivan a hombres y mujeres a buscar tratamiento, de ésta manera se podrían explicar la cantidad desproporcionada de hombres que buscan ayuda terapéutica. A la vez, señalan que en la población de su estudio, aunque el promedio de edad era de 35 años, más de la mayoría de los pacientes no estaban casados. También Scheneier (1992) examinó características demográficas de los que encuadraban en la fobia social y encontró más solteros, separados y divorciados que los sujetos que no padecen este trastorno.

Evidentemente la fobia social interfiere en el proceso de conseguir pareja y poder sostenerla. Dentro de las preocupaciones de los pacientes con fobia social, son frecuentes las cuestiones vinculadas al acercamiento con personas del otro sexo. En los varones se suma la complicación de tener que tomar la iniciativa. Este factor no tiene una incidencia menor en la fobia social y posiblemente se deba a que está fuertemente arraigado a nuestra cultura. Podríamos pensar que por lo menos en la cultura occidental, hay una expectativa general de que el hombre juegue un rol más activo en las situaciones de cortejo. Y éste precisamente no es el fuerte de las personas que padecen ansiedad social.

Utilizando los datos aportados por Heimberg y Juster (1995), seleccionamos 21 estudios que reportaban el porcentaje de casados en 1058 pacientes, el porcentaje promedio de casados fue de 43,5%; comparado con los datos del United States Bureau of the Census (1998), en el cual el porcentaje de casados es de 59,7%, indicando una diferencia de más del 16% entre los dos grupos.

Los temores relacionados con reuniones sociales o fiestas, hablar con desconocidos o tener una cita son manifestaciones corrientes en personas afectadas de fobia social generalizada. Son temores que generan efectos negativos en la aptitud de una persona soltera para participar con éxito en los procesos de cortejo y seducción, disminuyendo la posibilidad de conseguir una pareja. Debido a la excesiva ansiedad que les genera, dejan de concurrir a eventos sociales, rechazan invitaciones o encuentros que impliquen la posibilidad de quedar expuestos y sentirse rechazados. Como consecuencia de ello su círculo social se restringe cada vez más, su calidad de vida se empobrece significativamente y las posibilidades de conseguir pareja desciende a niveles que interfieren en sus proyectos personales. Las quejas más frecuentes de nuestros pacientes están relacionadas a las dificultades de relación con el sexo opuesto y la necesidad de conseguir pareja.

Lo vemos a diario, cómo en forma inexplicable las personas afectadas van pasando los años con el anhelo de estar con alguien en pareja, formar una familia y no lo logran. Los retrasos para formalizar una pareja pueden estar reflejando las dificultades inherentes a los vínculos interpersonales cercanos que se van a evidenciar en los distintos momentos del proceso de una relación, desde el inicial acercamiento en la etapa del cortejo y la decisión de invitar a salir a una posible pareja hasta la concreción de la misma.


Referencias:

American Psychiatric Association (APA) (1980), Diagnostic and statistical manual of mental disorders (3º ed.) (DSM-III), Washington, DC, APA (trad. cast.: Manual Diagnóstico y estadístico de los trastornos mentales, Barcelona, Masson, 1981).
American Psychiatric Association (APA) (1987), Diagnostic and statistical manual of mental disorders (3º ed. Rev.) (DSM-III-R), Washington, DC, APA (trad. cast.: Manual Diagnóstico y estadístico de los trastornos mentales, Barcelona, Masson, 1988).
American Psychiatric Association (APA) (1994), Diagnostic and statistical manual of mental disorders (4º ed.) (DSM-IV), Washington, DC, APA (trad. cast.: Manual Diagnóstico y estadístico de los trastornos mentales, Barcelona, Masson, 1995).
Amies, P.L., Gelder, M.G. y Shaw, P.M. (1983). Social Phobia: A comparative clinical study. British Journal of Psychiatry, nº 142, p.p.174-179.
Bogiaizian, D., Soukoyan, G., Liceaga, R. (2001). Combatiendo el miedo al miedo. Manual de Autoayuda para combatir el pánico y la agorafobia. Buenos Aires: Lugar Editorial
Buss, D.M. Human Nature and Culture: An Evolutionary Psychological Perspective. Journal of Personality 69.6, 955-978. Blackwell Publishers
Cooper, M.L. (2002). Personality and Close Relationships: Embedding People in important social contexts. Journal of Personality, 70:6
Heimberg, R., Eng, W., Hart, T., Schneier, F., Liebowitz, M. (2001). Attachment in Individuals with Social Anxiety Disorder: The Relationship among Adult Attachment Styles, Social Anxiety, and Depression Vol. 1, No. 4, 365-380
Heimberg, R.G., Juster, H.R. (1995). Cognitive Behavioral Treatments: Literature Review. En Heimberg, R. Liebowitz, M., Hope, D. Schneier, F. Social Phobia: Diagnosis, Assessment and Treatment, . Capítulo 12, 261-309.
Kessler, R.C., McGonagle, K.A., Zhao, S., Nelson, C.B., Hughes, M., Eshleman, S., Wittchen, H.U. & Kendler, K.S. (1994). Lifetime and 12-month prevalence of DSM-III-R psychiatric disorders in the National Comorbidity Survey. Archives of General Psychiatry, 54, 313-321. En Westenberg, H.G.M.; den Boer (1999), J.A , Social Anxiety Disorder, Syn-Thesis Publishers: Ámsterdam. Capítulo 2, p. 29-43.
Lépine, A., Pélissolo, A. ( 1999). En Westenberg, H.G.M.; den Boer, J.A., Social Anxiety Disorder (1999), Syn-Thesis Publishers: Ámsterdam. Capítulo 2, Epidemiology and comorbidity of social anxiety disorder. p. 29-43
Robins, L.N., Helzer, J.E., Croughan, J. & Ratcliff, K.S. (1981). National Institute of Mental Health
Liebowtiz, M. (1987). Social Phobia. En Anxiety: Klein D.F. Karger, New York, p. 141-173
Schneier, F.R., Jonson, J., Horning, C.D., Liebowitz, M.R. & Weissman, M.M. (1992). Social phobia. Comorbidity and morbidity in an epidemiological sample. Archives of General Psychiatry, 49, 282-288.
Safran y Segal (1994). El proceso interpersonal en la terapia cognitiva, p.p. 96-99. Paidós: Barcelona
Solyom, L., Ledwidge, B. y Solyom, C. (1986). “Delineating social phobia”, Briish Journal of Psychiatry, nº 149, pp. 464-470.
Turk, C:L:, Heimberg, R.G., Orsillo, S.M., Holt, C.S., Gitow, A., Street, L., Schneier, F.R., Liewbowitz, M.R. (1998). An Investigation of Gender Differences in Social Phobia. Journal of Anxiety Disorders, Vol. 12 Nº 3, p. 209-223. Elsevier Science Ltd.: USA
Wenzel, A., Harvey, J.H. (2002). A Clinician’s Guide to Maintaining and Enhancing Close Relationships. Lawrence Erlbaum Associates, Inc.: New Jersey

Publicado en Fobia Social | 2 comentarios

Epidemia silenciosa del siglo XXI

De un artículo de David Puchol Esparza, Psicólogo de la Universidad de Valencia (España), publicado en Psicología Científica

La Ansiedad es una experiencia prácticamente universal. Una cita importante, una entrevista de trabajo, la percepción de una situación como potencialmente peligrosa,un examen crucial…, son experiencias a las que las mayoría de la personas se enfrentan en alguna ocasión y dónde experimentan los síntomas característicos de la respuesta de ansiedad; taquicardia, palmas de las manos sudorosas, preocupación, aceleración de la respiración, temor, aprensión, rigidez muscular, etc.

Los Trastornos de Ansiedad, en cambio, son trastornos psicológicos que difieren cuantitativa y cualitativamente de las sensaciones relacionadas con los nervios o la agitación que surgen espontáneamente cuando debemos hacer frente a una situación desafiante, intimidante o potencialmente peligrosa para nuestra propia integridad. Los Trastornos de Ansiedad tienen la capacidad potencial de llegar a interferir negativa y significativamente con la habilidad de un individuo para desenvolverse y adaptarse con éxito a su entorno habitual.

Los síntomas característicos de los Trastornos de Ansiedad difieren de los sentimientos habituales de nerviosismo e inquietud en que se manifiestan externamente como reacciones desproporcionadas y/o injustificadas ante estímulos o situaciones ambientales cotidianas,reacciones que escapan del control voluntario de la persona,tienen un carácter intenso y recurrente,generan incomodidad y malestar e interfieren significativa y negativamente en la vida de la persona en múltiples niveles.

En lugar de cumplir su función natural y primigenia, es decir, actuar como mecanismos de preparación, atención, protección y alerta frente al peligro, estos signos de activación emocional pierden su valor adaptativo y convierten a algunas situaciones o eventos cotidianos en fuentes potenciales de terror y pánico. Cuando este tipo de trastornos no son adecuadamente diagnosticados y tratados con el paso del tiempo y de la progresión de la enfermedad pueden impulsar a la persona a adoptar toda una serie de medidas extremas de evitación y/o huída que le mantengan ‘seguro’ de las fuentes de peligro percibido,desde evitar salir de casa hasta esquivar cualquier tipo de contacto social. Este tipo de medidas afectan intensamente a la calidad de vida de la persona afectada por este tipo de trastornos,tanto a nivel personal como familiar,social o laboral.

Ansiedad adaptativa frente a ansiedad patológica

Es importante destacar que la ansiedad, por sí misma, no es una reacción negativa o necesariamente patológica, sino más bien todo lo contrario, cumple una función esencial para la supervivencia del individuo, como mecanismo clave de activación y alerta ante posibles peligros, amenazas o exigencias ambientales, facilitando el afrontamiento rápido, ajustado y eficaz ante este tipo de situaciones.

Cuando percibimos una situación o acontecimiento como potencialmente peligroso o desafiante, toda una serie de mecanismos internos se ponen en funcionamiento para permitirnos ‘reaccionar’ con éxito y rapidez. De hecho los rasgos asociados a la ansiedad no son más que el reflejo externo de la intensa actividad interna por el que nuestro propio cuerpo atraviesa para hacer frente a la situación percibida como potencialmente amenazante. Detengámonos en esta idea a través del análisis de algunos ‘síntomas’ típicos asociados a una respuesta de ansiedad:

1. Aumento de la Tensión Muscular…

– Preparación para actuar con rapidez y agilidad.

2. Incremento del Pulso y la Tensión…

– Más sangre llega a los músculos,el cerebro y los pulmones.

3. Aceleración del Ritmo Respiratorio…

– Más oxígeno se encuentra disponible para afrontar el esfuerzo.

4. Incremento de la Transpiración…

– Permite aliviar el exceso de temperatura producido por la acción.

5. Ralentización de otras Funciones Corporales Secundarias…

– La función digestiva pasa a segundo plano en el consumo de recursos.

Como se puede observar, se trata de mecanismos fundamentales para asegurar nuestra supervivencia ante situaciones límite y su importancia es fundamental e indiscutible. Los problemas hacen su aparición cuando estas mismas ‘respuestas de emergencia’ se producen fuera de su contexto, alejadas de su función primitiva, ante estímulos no justificados y presentan un carácter intenso,recurrente e incapacitante para el propio individuo. Muchas personas acaban percibiendo (o anticipando cognitivamente) algunas situaciones concretas y actividades cotidianas como fuentes de auténtico pánico o terror y las respuestas de ansiedad,en un principio adaptativas,acaban convirtiéndose en profundamente patológicas.

Por lo tanto,y a partir de lo expuesto hasta ahora ¿Cuáles serían las dimensiones básicas que nos permitirían distinguir la Ansiedad Adaptativa de la Ansiedad Patológica?

1. Rasgos Generales de la Respuesta de Ansiedad

– Ansiedad Adaptativa: Frecuencia ocasional. Intensidad leve/media. Duración limitada.

– Ansiedad Patológica: Frecuencia recurrente. Intensidad Elevada. Duración prolongada

2. Origen de la Respuesta de Ansiedad

-Ansiedad Adaptativa: Situaciones objetivas de amenaza,desafío o peligro potencial.

– Ansiedad Patológica: Situaciones o estímulos desproporcionados o no justificados.

3. Consecuencias de la Respuesta de Ansiedad

– Ansiedad Adaptativa: Interferencia leve o moderada en las actividades cotidianas.

– Ansiedad Patológica: Intereferencia grave y significativa en las actividades cotidianas.

El impacto que la Ansiedad Patológica es capaz de ejercer sobre el individuo que la padece puede ser devastador y en la mayoría de ocasiones no está lo suficientemente reconocido. Las consecuencias del progresivo deterioro se extienden, no sólo al área personal, sino que afecta a las relaciones familiares y sociales e incluso a las posibilidades reales de desarrollo profesional. El impacto, tanto directo como indirecto, sobre la propia comunidad es difícilmente cuantificable.

El impacto real de los trastornos de ansiedad

Algunos datos básicos y una selección de estadísticas extraídas de diversas investigaciones recientes nos permitarán entender, con mayor precisión y en su verdadera dimensión, el impacto real que sobre la población ejerce este tipo de trastornos, así como constatar la aparente contradicción que se puede observar al comparar la prevalencia e impacto de este tipo de trastornos y los recursos que desde las administraciones públicas se ponen a disposición de los profesionales especializados para combatir eficazmente este tipo de enfermedades mentales, lo que ha llevado a numerosos expertos a considerar a los Trastornos de Ansiedad como la verdadera epidemia silenciosa del siglo XXI.

1. Datos de la Organización Mundial de la Salud del año 2001 situaban en aproximadamente 450 millones el número de personas aquejadas de algún tipo de trastorno mental en todo el mundo.

2. Los Trastornos de Ansiedad son considerados en la actualidad como el trastorno mental más común en los Estados Unidos. En algún momento de sus vidas se prevee que cerca del 25% de la población experimentará algún tipo de Trastorno de Ansiedad.

3. Uno de cada ocho Norteamericanos entre los 18-54 años padece algún tipo de Trastorno de Ansiedad. Este porcentaje de la población representa a más de 19 millones de personas.

4. Se calcalcula que cerca de 2.4 millones de Norteamericanos entre los 18-54 años, aproximadamente el 1.7% de la población, padecen Trastorno de Pánico.Este tipo de Trastorno de Ansiedad,por lo general,se desarrolla al final de la adolescencia o principio de la edad adulta.

5. Aproximadamente 3.3 millones de Norteamericanos entre los 18-54 años,el 2.3% de la población,sufren el Trastorno Obsesivo-Compulsivo cada año. Los primeros síntomas de la enfermedad se manifiestan durante la niñez o el inicio de la adolescencia.

6. Cerca de 5.2 milllones de Norteamericanos entre los 18-54 años, el 3.6% de la población padecen cada año el Trastorno por Estrés Postraumático. Este trastorno puede originarse a cualquier edad, incluso en la infancia, como respuesta a cualquier evento traumático.

7. La Agorafobia es sufrida por 3.2 millones de Norteamericanos entre los 18-54 años,lo que representa un 2.2% de la población dentro de ese grupo de edad. Por lo general, la Agorafobia tiende a aparecer al final de la adolescencia o principio de la edad adulta.

8. Aproximadamente 4 millones de Norteamericanos entre los 18-54 años, cerca del 2.8% de la población,sufren cada año el Trastorno por Ansiedad Generalizada. Si bien puede aparecer en cualquier momento del ciclo vital,las mayores probabilidades se concentran entre el final de la infancia y mediados de la edad adulta.

9. Cerca de 5.3 millones de Norteamericanos entre los 18-54 años, sobre el 3.7% de la población sufren Fobia Social. La edad de comienzo habitual se situa en el final de la niñez y el principio de la adolescencia.

10. La Fobia Específica es experimentada por 6.3 millones de Norteamericanos entre los 18-54 años,cerca del 4.4% de la población. La aparición es especialmente común durante la infancia.

11. Las personas afectadas por los diferentes Trastornos de Ansiedad experimentan, entre otros síntomas, ataques de pánico y crisis de angustia recurrentes, dificultades de concentración, pensamientos y creencias irracionales, miedos desproporcionados y paralizantes, adhesión involuntaria a rituales y comportamientos compulsivos, flashbacks patológicos e incontrolables, pesadillas frecuentes, distorsiones cognitivas, dificultades para conciliar el sueño o inumerables procesos psicosomáticos de intensidad y gravedad variables.

12. Es relativamente frecuente que los Trastornos de Ansiedad se presenten junto a otro tipo de trastornos psicológicos, como los trastornos del estado de ánimo, el abuso de sustancias o los trastornos del comportamiento alimentario.

13. Las mujeres presentan un riesgo dos veces superior al de los hombres de padecer este tipo de trastornos psicológicos.

14. Se calcula que el costo económico, tanto directo como indirecto, asociado a los Trastornos de Ansiedad, sólo en Estados Unidos, alcanzan los 46.6 billones de dólares anuales.

15. Debido a la falta de información generalizada, tanto entre la población general como entre los propios profesionales médicos, así como a la supervivencia del estigma asociado a los trastornos mentales, menos del 30% del total de los pacientes afectados buscan tratamiento por parte de profesionales cualificados y especializados. Las personas que sufren Trastornos de Ansiedad deben recorrer una media de cinco especialistas médicos antes de lograr que su trastorno real sea diagnosticado de forma precisa.

En la actualidad, el conocimiento y la investigación científica aplicada relacionada con los Trastornos de Ansiedad se ha incrementado considerablemente. Sabemos que en la mayoría de los Trastornos de Ansiedad se produce una compleja interacción entre factores de naturaleza tanto psicosocial como biológica responsables de su aparición y su desarrollo y que,en la mayoría de ocasiones, la mejor forma de tratamiento implica una estratégica combinación (según la gravedad de los síntomas) de técnicas de intervención de carácter tanto farmacológico como psicosocial, ejecutadas por profesionales especializados, tanto psiquiatras como psicólogos, bien de forma independiente o a través de procesos de colaboración interdisciplinar.

Afortundamente este tipo de trastornos, cuando son correctamente diagnosticados y su tratamiento es llevado a cabo por profesionales cualificados, se encuentran entre los trastornos mentales que mejor y más rápidamente responden al tratamiento. Por desgracia,a pesar de la constatación de este hecho, muchas personas afectadas por este tipo de trastornos no buscan el tratamiento adecuado, bien porque no reconocen sus síntomas como una ‘enfermedad real’ o bien porque temen ‘la reacción’ de su círculo social si son conscientes o se enteran de alguna forma de que se encuentran bajo tratamiento psiquiátrico y/o psicológico.

El desconocimiento y el estigma social vinculado a los trastornos mentales continúa lejos de ser erradicado. Sólo cuando ambos factores sean corregidos y el tratamiento adecuado de los Trastornos de Ansiedad se convierta en una norma y no en la excepción, podremos plantearnos la posibilidad de dejar de considerar a los Trastornos de Ansiedad como la verdadera Epidemia Silenciosa del siglo XXI.

Ir a texto íntegro

Publicado en Ansiedad, Fobia Social | 2 comentarios

Trabajo de la Escuela de Periodismo

Texto de Ignacio Díaz: Trabajo de Alumnos de la Escuela de Periodismo dedicado a las Fobias

La fobia social es una de las fobias más comunes, en un entorno cada vez más competitivo y menos tolerante con la debilidad. Los datos epidemiológicos reflejan un aumento de los trastornos de ansiedad (incluida la fobia social) y la depresión. La explicación podría estar en la filosofía prepoderante en nuestra sociedad: se evita el sufrimiento a toda costa para escapar de las situaciones que tememos.

La fobia social es un trastorno psicológico que podría definirse como una timidez exagerada que se convierte en patológica. Es la huida de un determinado estímulo que nos provoca ansiedad, una reacción en el cuerpo de rechazo y malestar. En el caso de la fobia social se huye de las relaciones sociales.

Miedo a enfrentarse al resto de la gente. Se teme hablar en público, las reuniones de trabajo o las cenas con amigos hasta límites insospechados, hasta el punto de no salir de casa y no hablar con nadie. Esto conlleva la pérdida del trabajo o los estudios, y la ausencia de relaciones personales y sentimentales.

El origen de la fobia social puede estar en una predisposición genética, pero en la mayoría de los casos se produce por evitar enfrentarse a las situaciones que se temen. El problema comienza en la adolescencia, una época de transición en la que se toman las decisiones para convertirte en un ser social y adulto. El comportamiento evitativo puede convertirse en una bola de nieve que requiere ayuda de un especialista.

Los criterios que establecen los especialistas para determinar si una persona sufre fobia social son:

  • Temor acusado y persistente por una o más situaciones sociales o actuaciones en público en las que el sujeto se expone a personas que no pertenecen al ámbito familiar o a la posible evaluación de los demás.
  • El individuo teme actuar de un modo que sea humillante o embarazoso.
  • La exposición a las situaciones sociales temidas provoca casi invariablemente una respuesta inmediata de ansiedad, que puede tomar la forma de una crisis de angustia relacionada con la situación.
  • El individuo reconoce que el temor es excesivo o irracional.
  • Las actuaciones en público temidas se evitan o bien se experimentan con ansiedad o malestar intensos.

A QUIÉN AFECTA

No existe un perfil de fóbico social. Cualquier persona, independientemente de su edad, sexo, nivel económico o sociocultural puede padecer este trastorno.

TRATAMIENTOS

  • Para empezar se definen las situaciones temidas y evitadas, la denominada desesperanza creativa. «¿Qué has intentado hacer para solucionar esto? ¿Qué haces cuando experimentas el temor? ¿Todo eso que has hecho te ha dado resultado? No. Entonces hay que dejar de hacerlo. Son conductas de evitación muy difíciles de controlar. No tragar, no mirar a los ojos, etc. Ésta es una de las complejidades de la fobia social«, explica Higuera.
  • La detección de las conductas evitativas es muy difícil, pero en cuanto se localizan y se corrigen comienza la curación. Hay que aplicar la ley de habituación: acostumbrarse a las nuevas conductas.
  • La terapia conductual se debe complementar con socioterapia, que puede consistir en apuntarse a alguna actividad, salir con un grupo de afectados a tomar algo, etc.

1.- El farmacológico, administrado por un psiquiatra, que consiste en tomar pastillas como la famosa ‘píldora de la timidez’ (el fármaco Escitalopram, que libera serotonina, la hormona del placer y el bienestar). Ayuda a solventar algunas situaciones, pero tomar tranquilizantes impide que el cuerpo ‘aprenda’. Por ejemplo, un paciente con claustrofobia consigue subir en un ascensor si toma un tranquilizante, pero cuando deje de tomarlo no podrá volver a subir.

2.- El psicológico es el tratamiento más efectivo. La terapia cognitivo-conductual, de la que el Doctor García Higuera es experto, tiene como objetivo eliminar poco a poco la conducta evitativa para curar la fobia social.

3.- Los tratamientos naturales y alternativos. Según el doctor Higuera, pueden ayudar, pero sólo curan si se deja la conducta de evitación. «Si no, no lograrán nada. Pueden llegar a empeorar las cosas. A veces funcionan por sí mismos porque generan un efecto placebo. La gente se autosugestiona y usa esa terapia como un amuleto. En general van en dirección contraria a dónde hay que ir, mantienen la evitación, y lo que hay que hacer es acabar con ella, enfrentarse a la situación fóbica».

Alicia superó su trastorno con la ayuda de las flores de Bach. No fue tratada con fármacos ni terapia psicológica, pero eliminó su conducta de evitación con la ayuda de productos naturales y fuerza de voluntad.
PORCENTAJE Y TIEMPO DE CURACIÓN

El doctor García Higuera explica que «la terapia no la hace el terapeuta, la hace el paciente. Hay personas que en tres meses superan una fobia impresionante y otras que con una fobia pequeña se pasan muchísimo tiempo en tratamiento. Cada vez se acude más a tratamientos estandarizados y eso reduce la eficacia».

El porcentaje de mejora en fobia social es altísimo, y cuando se hace de forma personalizada, puede llegar al 90%. El de curación es algo menor: oscila entre el 70% y el 80%.

El avance es paulatino y la exposición al miedo va poco a poco. Si se consiguen avances, no se debe pensar que el problema ha desaparecido. Hay que continuar, porque si no la posibilidad de retroceder puede ser muy alta.

Publicado en Fobia Social | 6 comentarios

El alma y el cerebro

A lo largo del tiempo se ha creído que el alma residía en el corazón, el motor de la vida. Durante millones de civilizaciones cuando se enterraban los muertos, se dejaba el corazón intacto. No se pensaba en el cerebro como el órgano en el que se ubica nuestro sentido del yo, nuestra personalidad, nuestros recuerdos,… Fue a partir del siglo XVII que Thomas Willis y sus colaboradores afirmaron que la memoria, la capacidad de aprendizaje y las emociones eran en realidad producto de los átomos del cerebro, de la química.

Esta que sigue es la entrevista que mantuvo Eduard Punset, escritor, divulgador científico y presentador del programa Redes (TVE), con Carl Zimmer colaborador científico del New York Times, quien está comenzando a destacar como uno de los mejores ensayistas especializados. Fuente: www.rtve.es

Eduard Punset:
¿No es increíble? Increíble, pero qué persistente… me refiero a la idea del alma. ¿Sabes? Algunos amigos paleontólogos me dicen que, aunque se trate de algo persistente y muy importante, de hecho nuestros antepasados empezaron a fabricar herramientas hace unos 2 millones de años, y la noción del alma vino después. ¿Es verdad? ¿De dónde salió esta idea?

Carl Zimmer:
Bueno, la idea del alma, o de algo parecido al alma, probablemente surgió hace mucho tiempo, tal vez hace un millón de años, o unos cuantos cientos de miles de años. Podemos obtener pruebas de esta evolución realizando estudios psicológicos en la gente. Tendemos a ver un agente en las cosas. Nuestros cerebros están programados para entender las intenciones de los otros, pero también podemos llegar a ver una intencionalidad en un círculo que se mueve por la pantalla: si se desplaza de un modo concreto, quizá digamos: «¡Mira, el círculo está persiguiendo al cuadrado!». Así que imponemos un alma incluso en las formas abstractas. Se trata de un instinto muy nuestro. Me parece que es bastante fácil que ese instinto de entender a la gente diera lugar al concepto de alma, y no solamente en la gente; en la Edad Media se creía que incluso los árboles, o las rocas, tenían alma.

Eduard Punset:
Claro, es verdad.

Carl Zimmer:
Así que, en la naturaleza, había almas por doquier. Siempre que percibíamos algo parecido a una acción o cambio, creíamos ver un alma.

Eduard Punset:
¿Y dónde se situaba el alma? Con los seres humanos, por ejemplo, lo primero que hacían los sacerdotes con un cadáver, con alguien muerto, era extraer el cerebro. Pero al preparar el viaje al más allá, dejaban intacto el corazón, por ejemplo; porque creían que era el motor de la vida. ¿Hasta cuándo fue esto así, más o menos?

Carl Zimmer:
Pues sin duda en el antiguo Egipto creían que el corazón era el centro de la vida, que el alma residía en el corazón. Aristóteles también pensaba que el corazón constituía el centro de la vida. Muy poca gente pensaba en el cerebro como lo hacemos ahora, como el lugar en el que se ubica nuestro sentido del yo, nuestra personalidad, nuestros recuerdos, etcétera. El corazón fue un concepto muy poderoso que estuvo vinculado al alma durante siglos. En la Edad Media se creía que cada persona tenía tres almas: una en el hígado, otra en el corazón y luego estaba el alma racional, el alma del cristianismo, que no se ubicaba en ningún lugar concreto porque se trataba de un alma inmaterial. Así que el corazón siguió considerándose como un órgano central en lo relativo al alma, y por eso tenemos imágenes de Jesús abriendo su…

Eduard Punset:
…corazón, es verdad.

Carl Zimmer:
¡Abriendo su corazón! De este modo se nos muestra su verdadero yo, porque todos pensaban que allí residía el alma, que lo más recóndito de cada ser estaba en el corazón. Jesús no abre su cráneo y nos muestra su cerebro. ¡Nunca he visto una imagen de este tipo!

Eduard Punset:
No. Y entonces llega este médico británico, inglés, Thomas Willis, sobre el que versa tu fantástico libro… él es el primero que dice: «¡todo está en el cerebro!». Y en cierto modo, como veremos, se refería al hecho de que el alma se transforma en carne en el cerebro. Esto es de lo más revolucionario, ¿no? Para la época…

Carl Zimmer:
¡Desde luego! ¡Se trataba de un modo totalmente nuevo de reflexionar sobre la naturaleza humana! Afirmaba que la memoria, la capacidad de aprendizaje y las emociones eran en realidad producto de los átomos del cerebro, de la química. Nadie había pensado eso antes. Claro, hoy en día todos pensamos así, lo damos por sentado; pero en el siglo XVII fueron Thomas Willis y sus colegas los que llegaron a esta idea por primera vez. Se trataba de una idea bastante revolucionaria por aquel entonces.

Eduard Punset:
Así que realmente, tal vez fue el primero que afirmó que el alma es carne, y está en el cerebro. Si esto es así, ¿por qué no lo persiguieron por sus ideas?

Carl Zimmer:
¡Qué buena pregunta! Es cierto que hubo una gran persecución de gente que profesaba ideas parecidas a ésta. Descartes tuvo problemas por sus ideas; Thomas Hobbes afirmó que la mente no es más que materia en movimiento y los obispos de Inglaterra lo persiguieron, o por lo menos lo intentaron. Thomas Willis es un caso aparte, porque procuraba dejar espacio para la noción cristiana del alma. Él mismo era un cristiano tremendamente devoto, así que no se cuestionaba los conceptos básicos del cristianismo. Simplemente quería analizar el cuerpo humano y aprender cosas sobre él y, por el camino, aprender cosas sobre el alma. Por lo que a él no le parecía que hubiera ningún conflicto, ni tampoco a los líderes de Inglaterra. Además, ¡era un científico con muy buenos contactos! Uno de sus amigos era el arzobispo de Canterbury, la principal personalidad religiosa de Inglaterra, así que obtuvo protección.

Eduard Punset:
Willis también fue un pionero en otras cosas, como demuestras en tu libro. Una de ellas es este tema tan difícil de entender a veces: el hecho de que tenemos un cerebro integrado, que hemos heredado el cerebro de los reptiles y que, al volvernos mamíferos, no descartamos el cerebro de los reptiles, sino que lo mantuvimos perfectamente integrado. Él ya era consciente de esto, ¿verdad? ¡Sabía que el cerebro podía hacer muchas funciones muy distintas!

Carl Zimmer:
Así es. Él observaba el cerebro de los peces, de los monos, de las vacas; analizaba estos cerebros y veía semejanzas y diferencias. El cerebro humano se parecía mucho al cerebro de otros animales, y Thomas Willis creía por tanto que, si un animal tenía las mismas partes que un humano, estas partes podrían hacer las mismas cosas que en los humanos. Creía de veras que un caballo recordaría dónde había buena comida en el prado, utilizando las mismas partes cerebrales que nosotros. Sólo que nosotros teníamos un cerebro mayor capaz de más pensamientos, por así decirlo. Esto realmente prefigura un tipo de pensamiento evolucionista, aunque Thomas Willis jamás lo hubiera expresado así. Para él era una prueba más del ingenio de Dios como creador, como diseñador.

Eduard Punset:
No obstante, él fue evolucionista, en cierto modo, antes que Darwin, ¿no? Casi 200 años antes…

Carl Zimmer:
Sin duda, él es una de las personas que brindó las pruebas que, 200 años más tarde, Darwin utilizaría con tanta elegancia para forjar la teoría de la evolución.

Eduard Punset:
Hay otra peculiaridad de Thomas Willis que también es fascinante. No sé cómo llegó a esto. Él decía que había algún tipo especial de espíritu que iba del cerebro a los testículos. Y a menudo… bueno, no puede hablar de genética, pero sugiere que pasamos a través de… que estos espíritus van del cerebro a los testículos para transmitir cierta información. ¿A qué se refería exactamente? ¿Y en qué punto estamos en cuanto a la información para crear a otro ser humano?

Carl Zimmer:
Bueno, lo fascinante de Thomas Willis y de su época es que sencillamente desconocían conceptos que ahora damos por sentado.

Eduard Punset:
…por sentado.

Carl Zimmer:
Por ejemplo, no sabían nada del ADN. De nuevo, él sólo hacía observaciones y buscaba explicaciones para las observaciones. Veía que los niños nacen y se parecen a sus padres, y crecen para convertirse en adultos que se parecen a otros humanos adultos. Así que tenía que haber alguna idea ahí, tenía que existir…. lo que llamaríamos información, algo que se transmite para crear a otra persona. Y el único lugar que se le ocurrió en el que había ideas en el mundo fue el cerebro.

Eduard Punset:
…el cerebro

Carl Zimmer:
Así que dijo que tenía que haber una conexión. Y se dedicó a buscarla. Él buscaba algo físico… algún tipo de vaso conductor o algo que fuera directamente del cerebro a los testículos. Nunca lo encontró, de manera que… ¿sabes? esto debería haberle dado una pista de que tal vez había otro tipo de información en el mundo, información genética.

Eduard Punset:
Eso es. Instrucciones.

Carl Zimmer:
Exacto.

Eduard Punset:
Sobre cómo actuar…

Carl Zimmer:
Pero fueron necesarios siglos de investigación para llegar a ese planteamiento tan distinto.

Eduard Punset:
Otra idea fantástica, y pionera, de Willis, es que estaba totalmente convencido de que mediante fármacos y manipulación física podían curarse todas las enfermedades. No tenía ninguna duda al respecto. Así que en cierto modo, de nuevo, estaba avanzando la farmacogenómica actual, ¿no? ¿Y en qué posición estamos ahora?

Carl Zimmer:
Sí, creo que en este sentido Thomas Willis jugó un papel realmente decisivo, y se trata de algo de lo que la mayoría de la gente no se da cuenta, porque su idea era que, mediante la alteración química de la actividad cerebral, se podían curar todas esas enfermedades. Así que él explicaba que un ataque epiléptico podía estar causado por un descontrol químico, como la pólvora que explota. Se trataba de una manera de razonar muy distinta a la que imperaba entonces, cuando la gente decía que los epilépticos estaban poseídos por el demonio… En el caso de la melancolía, Thomas Willis recetaba una fórmula secreta compuesta de algún tipo de jarabe de acero, de hecho nadie sabía en qué consistía, y se hizo muy rico con eso. Se lo administraba a la gente diciendo: «esto te curará porque modificará la química de tu cerebro». ¿Sabes? Éste es el paradigma en el que todavía trabajamos…

Eduard Punset:
¡Claro!

Carl Zimmer:
…cuando alguien toma Prozac o algo así… lo hace con la convicción de que, tomando esa substancia química, podrá modificar este aspecto de su persona.

Eduard Punset:
¿Y se puede?

Carl Zimmer:
Hasta cierto punto sí… es decir…

Eduard Punset:
Sí…

Carl Zimmer:
¿Sabes? Puedes modificar tu cerebro tomando una copa de vino… es decir, no es tan difícil modificar el cerebro. La pregunta es: ¿cambiará del modo que realmente quieres? ¿Y es la mejor manera de cambiarlo?

Eduard Punset:
Carl, hay una idea que se acerca mucho a este tema del alma, y en la que la gente piensa constantemente: la idea de uno mismo, del yo. A veces, cuando hablas con la gente, lo que les preocupa de la muerte, del carácter inevitable de la muerte, no es tanto que sus átomos se desvanezcan, sino que la idea del yo vaya a desaparecer, si esta idea del yo también es cerebral, también es carne. ¿Lo es? ¿Cómo es eso?

Carl Zimmer:
Sí, es una idea muy inquietante, y creo que es uno de los motivos por los que enfermedades como el Alzheimer resultan tan devastadoras. Porque mirando a alguien que padece la enfermedad de Alzheimer u otro tipo de daño cerebral, realmente puede verse como el yo de otra persona desaparece, se destruye paulatinamente a medida que el cerebro se va destruyendo. Esto puede observarse. Y en ese caso… no puedes forjarte la ilusión de una muerta súbita, en la que parece que, bueno, el yo se vaya a otro lugar, ¿sabes? Como a través de una puerta… cuando alguien tiene Alzheimer lo que ves es que…

Eduard Punset:
Su yo…

Carl Zimmer:
…se desintegra.

Eduard Punset:
…muere

Carl Zimmer:
Sí, o se transforma en otra persona. Es otra cosa extraña que sucede con algunas de estas demencias, alguien puede pasar de ser muy conservador políticamente a ser muy liberal; o de repente se viste de un modo totalmente distinto, y decide hacerse pintor… ya no parece la misma persona, apenas puede recordar su propio yo. De hecho pueden estudiarse los cerebros de esta gente y ver que se producen cambios físicos en el cerebro que cambian a la persona. Es difícil pensarlo, ¿sabes? El yo es un concepto muy importante para nosotros, por lo menos en Occidente…

Eduard Punset:
Es cierto, es cierto… Que esta idea desaparezca causa estragos. Si pensamos en lo que nos diferencia de los chimpancés, por ejemplo… los chimpancés son conscientes, se reconocen en el espejo, y nosotros también, por supuesto… pero además de esto, además de reconocernos, somos capaces de imaginar cosas y generar convicciones, algo que el chimpancé no puede hacer. Algunas de estas convicciones pueden demostrarse, otras no pueden demostrarse en absoluto… pero la idea del yo, de uno mismo… ¿es simplemente una convicción que hemos generado, de que hay algo más? ¿O cómo surgió esta idea?

Carl Zimmer:
Mucha gente ha estudiado el yo desde una perspectiva neurológica, a través de gammagrafías cerebrales, y se ha descubierto que nuestro cerebro actúa de un modo distinto cuando pensamos en nosotros mismos. Hay ciertas regiones cerebrales que parecen coordinar un tipo especial de pensamiento al pensar en nosotros mismos.

Eduard Punset:
Ya veo…

Carl Zimmer:
Así que en realidad, el yo… no sólo puede considerarse como la manera especial que tiene el cerebro de identificar todo lo que tiene que ver con nosotros mismos, sino que es más bien una cuestión de… no es una cosa; es un proceso, o una organización. Por lo menos así es como los científicos empiezan a considerarlo. Y, cuando se altera esta red, empiezan los problemas del yo. Es entonces cuando la persona ya no se parece a lo que era, porque no puede retomar su memoria autobiográfica. Esto es algo que pasa. ¡Simplemente no recuerdas quién eres! O tal vez la manera de regular las emociones al pensar en uno mismo cambia también; por lo que, emocionalmente, pareces otra persona.

Me parece que los científicos realmente piensan así sobre el yo ahora. Pero todavía quedan muchas cosas por entender. La conciencia sigue siendo un auténtico misterio

Eduard Punset:
Así es…

Carl Zimmer:
Pero se está empezando.

Publicado en Fobia Social, psicologia | 2 comentarios

Pensadores

JOSÉ LUIS LÓPEZ ARANGUREN, filósofo y ensayista

Fragmento de «El don de la felicidad»

En todos los tiempos, en todas las culturas ha sido constante el anhelo del ser humano por alcanzar la felicidad. Todos aspiramos a la felicidad y la buscamos de mil maneras. ¿Lograremos encontrarla?

Buscamos la felicidad en los bienes externos, en las riquezas, y el consumismo es la forma actual del bien máximo. Pero la figura del «consumidor satisfecho» es ilusoria: el consumidor nunca está satisfecho, es insaciable y, por tanto, no feliz. Podemos buscar la felicidad en el triunfo, en la fama, en los honores. Pero ¿no es todo eso sino pura vanidad, en definitiva nada o casi nada? Otro modo de búsqueda de la felicidad es la autocomplacencia: así, el goce del propio placer, el deseo de perfección o la práctica de la virtud. Aspiramos a la felicidad, pero aspirar no es lo mismo que «buscar» y, todavía menos, que «conquistar», ni fuera ni dentro de nosotros mismos. La felicidad es un don, el don de la paz interior, espiritual, de la conciliación o reconciliación con todo y con todos y, para empezar y terminar, con nosotros mismos.

Para recibir el don de la felicidad el talante más adecuado es, pues, el desprendimiento: no estar prendido a nada, desprenderse de todo. La felicidad, como el pájaro libre, no está nunca en mano, sino siempre volando. Pero tal vez, con suerte y quietud por nuestra parte, se pose, por unos instantes, sobre nuestra cabeza. »

CARLOS CASTILLA DEL PINO, neurólogo, psiquiatra y ensayista

Fragmento del discurso de entrada en el Real Academia Española de la Lengua, Madrid, 7 de marzo de 2004

Los seres humanos disponemos de dos biografías, dispares entre sí, pero dependientes una de otra. A lo largo de nuestra existencia biológica construimos ambas alternativamente. La primera de ellas es la biografía pública, la que se escenifica ante los demás, pocos, varios o muchos. La compone el conjunto de nuestras actuaciones observables y observadas. Es la que erróneamente consideramos la única vida real.

La segunda la constituye nuestra biografía íntima: la fantaseada, la de nuestros deseos aún o quizá por siempre insatisfechos, la de los sueños y ensueños, la de nuestros sentimientos ocultos hacia personas que nos rodean: una vida secreta (¡y qué bien que lo sea!, como viene a decir Jonathan Franzen). Secreta porque es inobservable. De vez en cuando, sacamos al exterior, aunque, eso sí, convenientemente acicalado, un segmento de esa vida oculta y lo convertimos en público. Ahora bien, esta vida íntima no es menos real que la otra, la vida empírica, aunque es puramente mental. Pero la mente forma parte de la Naturaleza, como las demás funciones de nuestro organismo (la circulación, la respiración, el metabolismo de los hidratos de carbono, la síntesis de la dopamina, etcétera), como también los otros que con nosotros están, o el paisaje que contemplamos, o las palabras que escuchamos… Anton Chéjov hace decir a un personaje —una vez leído, me pareció una obviedad— en respuesta a otro que alucinaba: «Es una alucinación, pero la alucinación es real porque forma parte del ser humano y, por tanto, de la Naturaleza».

Esta vida de la fantasía, la vida íntima a la que me estoy refiriendo, tiene una propiedad formidable: hace al sujeto omnipotente en esa realidad. Ya lo señaló Sigmund Freud, y muchos otros antes que él, aunque no, desde luego, en el corpus de una teoría 4 . A diferencia de lo que ocurre en la vida exterior, en la íntima los deseos se satisfacen de manera inmediata; y esa y no otra es su función, esencial, por cierto, para la economía del sujeto —como lo es el dormir y el soñar—: la sustitución pasajera de la vida empírica. ¿Cómo sobrevivir años y años en prisiones horribles —esa es o ha sido la vida empírica de muchos— sin la vida fantaseada, por fortuna inaccesible e inexpugnable para el verdugo de turno? Gracias a la vida de la fantasía, forma figurada del deseo, podemos soportar esa otra vida a la que habitualmente reservamos el calificativo de real, la externa a nosotros, la vida social, preñada de frustraciones, errores, desengaños y sufrimientos, aunque a veces, entreverada de éxitos, depare pasajero júbilo. La fantasía, que nadie lo dude, es la ortopedia del sujeto.

Publicado en Fobia Social, psicologia | 1 comentario

Los felices años 60

Tu eres lo mas lindo de mi vida aunque yo no te lo diga, aunque yo no te lo diga.

Publicado en Fobia Social, Videos | 1 comentario