Situaciones que producen ansiedad

Esta es una lista de algunas situaciones comunes, que para quien padece fobia social le producen un alto grado de ansiedad y trata de evitar por todos los medios. No es necesario temer a todas estas situaciones para tener fobia social.

– Usar un teléfono en público o hablar por teléfono delante de otras personas.
– Participar en actividades en pequeños grupos.
– Comer o beber en público.
– Hablar o discutir con una autoridad o un superior.
– Hablar ante una audiencia.
– Ir a una fiesta.
– Trabajar mientras te observan.
– Escribir mientras te observan.
– Hablar por teléfono.
– Hablar cara a cara con un extraño.
– Conocer a otras personas.
– Usar un baño público.
– Entrar en un lugar donde hay gente reunida.
– Ser el centro de la atención.
– Hablar en una reunión sin preparación previa.
– Hacer un examen de capacidad o conocimientos.
– Exponer desacuerdo ante alguien a quien no se conoce bien.
– Mirar a los ojos a alguien que no se conoce bien.
– Dar un informe oral preparado previamente a un grupo.
– Tratar de conocer a alguien con objeto de conquista o noviazgo.
– Devolver a una tienda, por defectuoso, algo comprado.
– Dar una fiesta.
– Resistir a un vendedor insistente.

Seguro que hay más.

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Efectos indeseados de las fiestas

Carlos Romer escribe en un artículo publicado en la sección Sociedad del diario argentino Perfil:

Los médicos afirman que los fóbicos sociales sufren más en Navidad y Año Nuevo que durante el resto del año Los ataques de pánico y la fobia social se potencian durante los festejos de fin de año.

Las reuniones familiares, el peso de las ausencias y el estrés de las compras del mes de diciembre incrementan las consultas recibidas en los centros de salud mental. La mayoría de los trastornos de ansiedad se da entre los 20 y 40 años, y las más afectadas son las mujeres. Hablan pacientes ya recuperados y los especialistas analizan cuáles son los tratamientos más exitosos.

Sentarse a la gran mesa navideña, recordar a los que ya no están, reflotar viejas peleas familiares, el balance de logros y fracasos; situaciones que dan vida a una espiral de ansiedades que muchas veces se tornan insoportables.

“Esta es una época donde los ansiosos en sí la pasan muy mal. Pareciera que el país se termina en una semana y el nivel de tensión explota”, explica el psicólogo Gustavo Bustamante, de la Fundación Fobia Club, entidad en donde perciben un sensible incremento de las consultas pre y post fiestas. Entonces, el “espíritu navideño” potencia cuadros como los ataques de pánico, ciertas fobias específicas (por ejemplo, a la pirotecnia), la ansiedad generalizada (se cree que en pleno festejo pasará una desgracia) y, ante todo, la fobia social: el temor a exponerse en público.

“Los fóbicos sociales sufren mucho en estos meses –asegura el psiquiatra Enzo Cascardo, del Centro de Investigaciones Médicas en Ansiedad– porque hay más situaciones de interacción con desconocidos y con un grupo familiar ampliado. Puede que con gran dificultad el sujeto se exponga a las reuniones o que directamente las evite y se evada, frustrándose todavía más”.

Sea porque tienen que ir a la casa de gente que no les agrada, encontrarse con otros con quienes no se hablan o por la ausencia de un ser querido, las fiestas pueden ser un calvario para personas con predisposición a sufrir estas enfermedades, y lo que debería ser motivo de festejo familiar se transforma en una dínamo con capacidad suficiente para llevar la ansiedad a niveles patológicos.

La ansiedad es parte de un sistema de alarma biológico que prepara al cuerpo para la lucha o la huida, ayuda a identificar peligros y permite crear estrategias de enfrentamiento. El trastorno surge cuando ese sistema se apresta a recibir un peligro que no existe como tal. “Hay una teoría –relata Bustamante– según la cual el miedo fue necesario en una etapa del desarrollo humano, para alejarse del riesgo”. Superado ese estadío, las fobias serían un resabio, una desviación de ese mecanismo. Hoy se entiende que la raíz de la ansiedad patológica está en una predisposición genética, que se combina con cierta vulnerabilidad psicológica y un factor desencadenante.

Entre los cuadros de este tipo, la fobia social (también llamada trastorno de ansiedad social) es uno de los más difundidos y, al mismo tiempo, de los menos detectados, ya que para muchos pasa por un rasgo de la personalidad. Como si se tratase simplemente de una timidez exagerada.

“Es uno de los casos que más atendemos”, afirma Daniel Bogiaizian, director de la Asociación Ayuda. Empieza siendo una preocupación sobre cómo manejarse en eventos sociales y termina por conducir al aislamiento. “Y más en esta época. En la fiesta navideña está toda la familia y pensemos que a veces el fóbico social no puede siquiera comer en público”, señala el psicólogo. “Quién no recuerda a ese primo, al que todos llamábamos retraído, que salía de la pieza sólo para el brindis y porque lo llamaban, y que después volvía a la habitación”, dice Bustamante.

El enfermo acaba por recluirse, y muchos recurren al alcohol. Según la investigación, casi el 40 por ciento de los pacientes tuvo abuso de sustancias. Se estima que el alcoholismo es dos veces más frecuente en fóbicos sociales que en la población general.

Volver a vivir. Se estima que con el tratamiento adecuado, el 70 por ciento de los enfermos logra superar su trastorno, aunque existe la posibilidad de recaídas. Si bien al mes ya hay mejorías, todo el proceso dura en promedio un año y medio, y el paciente puede incluso dejar de usar la medicación (antidepresivos y ansiolíticos). Un estudio de la Asociación Ayuda mostró un 80 por ciento de efectividad en casos de pánico, con un 45 por ciento de algún tipo de recaída pasados dos años.

Cascardo señala que el trastorno obsesivo-compulsivo y la fobia social son los más difíciles de tratar, porque el sujeto se acostumbra a vivir con ellos. Así y todo, los cuadros suelen ser complejos, con más de una patología al mismo tiempo, como sucede en el pánico con agorafobia.

Como sea, especialistas y ex enfermos tienen un mismo mensaje para los miles que sufren estos males y que cuando se acerca esta época del año sienten que todo se les hace aún más difícil: eso que les pasa tiene un nombre, muchos otros lo padecen y, lo más importante, puede curarse.

La Navidad era una época angustiante. Durante 23 años, Alicia Sodor (40) no podía tomar un autobus, caminar sola por la calle, o compartir la mesa navideña sin que todo eso fuera una tortura. Sus ataques de pánico convertían cuestiones cotidianas en misiones imposibles. “La Navidad era un momento muy angustiante. El tema de dónde pasarla, tener que salir de casa, era terrible. En todos esos años nunca tuve una feliz Navidad ni un feliz Año Nuevo”, recuerda.

Su primer ataque fue en la secundaria. “Fue como si a partir de ese día se cortase la luz. Pasé años intentando encenderla de nuevo.” Paseó por un sinfín de especialistas que le decían que estaba perfecta. También hizo terapia, pero al final estaba tan mal que no podía siquiera ir al consultorio. Hace un año que dejó atrás el pánico y la agorafobia (el temor a los espacios públicos) y es coordinadora en el Fobia Club.

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Mira siempre el lado bueno de la vida

La vida de Brian levantó ampollas en el Vaticano, muchas más que la posterior Última tentación de Cristo de Scorsese, a pesar de que Jesús tiene una breve pero digna aparición en el monte de los olivos. La trama, aunque está confeccionada con multitud de gags, se sostiene linealmente, hecho éste de agradecer a los Monty Python que han convertido con el paso del tiempo a La vida de Brian en la mejor sátira de la Historia del Cine y, por descontado, en una de las diez mejores comedias de todos los tiempos.

La historia termina con Brian en la cruz junto a otros también crucificados. Y mientras esperan su fatal destino cantan una de las canciones más optimistas jamás compuestas, titulada algo así como: «Mira siempre el lado bueno de la vida».

Aquí os dejo la letra de la canción en la versión original y una traducción al español

Always look on the bright side of life…
If life seems jolly rotten,
There’s something you’ve forgotten!
And that’s to laugh and smile and dance and sing,

When you’re feeling in the dumps,
Don’t be silly chumps,
Just purse your lips and whistle — that’s the thing!
And… always look on the bright side of life…

For life is quite absurd,
And death’s the final word.
You must always face the curtain with a bow!
Forget about your sin — give the audience a grin,
Enjoy it — it’s the last chance anyhow!

So always look on the bright side of death!
Just before you draw your terminal breath.
Life’s a piece of shit,
When you look at it.

Life’s a laugh and death’s a joke, it’s true,
You’ll see it’s all a show,
Keep ‘em laughing as you go.
Just remember that the last laugh is on you!

_____________________________

Mira siempre el lado bueno de la vida!
si la vida parece de verdad podrida
hay algo que has olvidado
y es la risa, sonreír, bailar, cantar…

Cuando te sientas hundido,
no seas idiota,
frunce los labios y silba, eso es todo!
y mira siempre el lado bueno de la vida…

Porque la vida es bastante absurda
y la muerte la última palabra.
Siempre debes mirar el telón con una reverencia
Olvida tu pecado y ofrece una sonrisa al público
Disfruta! De todas formas es la última oportunidad!

Así que mira siempre el lado bueno de la muerte.
Justo antes de exhalar tu último aliento.
La vida es una mierda
cuando la miras bien.

La vida es una coña y la muerte es un chiste, es cierto
Verás que es todo un show,
mantenlos riendo cuando te vayas…
Recuerda que la última risa es tuya!

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Los pensamientos de anticipación

Un nuevo capítulo del programa Redes de TVE2 del 8 de Noviembre de 2006 titulado: «La imaginación»

Lo que sigue es un texto de la entrevista de Eduard Punset a Robert M. Sapolsky, profesor de Neurología en la Universidad de Stanford. Sus investigaciones se centran en el estudio del estrés y la degeneración neuronal. El objetivo de su laboratorio es conseguir desarrollar una terapia génica que pueda proteger las neuronas de distintas enfermedades. Ha recibido numerosos premios por sus investigaciones y es autor de innumerables artículos y algunos libros sobre las relaciones entre biología, individuo y sociedad entre los que destacan “Porqué las cebras no tienen úlceras: una guía al estrés” y “Monkey Luv”.

Eduard Punset:
Robert, tengo un perro, bueno, una perra: se llama Pastora. Y el verano pasado, mientras escribía un libro sobre la felicidad, sobre lo que la ciencia puede aportar sobre la felicidad, ¿sabes? Me percaté de que Pastora, mi perra, era peculiar en un aspecto… su plato está fuera, en una pequeña terraza. Y cada vez que voy a buscar su plato a la terraza, empieza a saltar por todas partes, ¡yo casi no puedo caminar! Hasta que yo recojo el plato, y voy a la cocina con él, y Pastora empieza a corretear como loca y tengo que decirle: «vamos, Pastora, cálmate, ¡que ni siquiera puedo llegar a la cocina!» Bueno, una vez en la cocina, le lleno el plato con cereales o un poco de jamón, y ella se queda esperándome, ¿sabes? Si tardo un poco más de lo habitual empieza a ladrar, y luego vuelta a empezar mientras saco el plato a la terraza donde come…. Durante años me he preguntado: ¿pero qué pasa? Porque cuando le doy el plato, ¡a veces ni siquiera se lo come! Pero antes el animal cambia totalmente, es decir, rebosa felicidad. Así que me dije: «¡Caramba!» estaba escribiendo el libro Viaje a la Felicidad, Las últimas claves de la ciencia y me dije: «¡oye! ¡La mayor felicidad parece estar en la sala de espera de la felicidad!» Todo es cuestión de expectativas… es decir, cuando la perra obtiene la comida, se ha acabado ya el momento en el que la he visto realmente feliz. Y en tus libros, he encontrado el mismo tipo de razonamiento… también dices que es justamente en la anticipación del placer donde reside el placer. Así que lo que segregas qué es, ¿dopamina?

Robert Sapolsky:
Sí

Eduard Punset:
Dopamina… creo que algunos investigadores habéis descubierto que segregas dopamina, o el perro, mi Pastora, segrega dopamina, antes de comer, no mientras come. ¿Es así?

Robert Sapolsky:
Un ejemplo perfecto; explica, estoy convencido, tantísimo del mundo…

Eduard Punset:
Es increíble, ¿no?

Robert Sapolsky:
¡Lo es! Antes hablábamos de la dopamina. La dopamina tiene que ver con el placer, se creía que, cuando consigues una recompensa, esta parte del cerebro segregaba dopamina… resulta que esto es un error. No se trata de la recompensa, sino de la anticipación de la recompensa. Puedes entrenar a una rata de laboratorio para que, cuando se encienda una luz en la jaula, deba presionar cinco veces la palanca para conseguir comida. La primera vez que la rata obtiene la comida, sube la dopamina. Pero al cabo de un tiempo, ¿cuándo sube la dopamina? No cuando la rata consigue la comida sino cuando se enciende la luz.

Eduard Punset:
¡Como Pastora!

Robert Sapolsky:
¡Exactamente como Pastora! Porque la rata está ahí pensando: «¡Esto es genial! ¡Genial! Conozco esa luz, sé dónde está la palanca, puedo alzarla, esto será fabuloso, puedo hacerlo, ¡todo está controlado!» Todo reside en la capacidad de anticipación, ahí es cuando sube la dopamina. Mira, recuerdo un amigo mío de la universidad que tenía una de las visiones más cínicas del mundo, pero que encaja con esto hasta cierto punto, solía decir: «una relación es el precio que hay que pagar por haberlo deseado tanto».

Eduard Punset:
Una relación estable

Robert Sapolsky:
Sí. Es como… si ya supiera lo que hacía la dopamina. Pero hay algo incluso más interesante que se descubrió en un estudio fantástico hace un par de años. Muy bien, la rata presiona la palanca y ahora obtiene la recompensa, todo igual, sólo que ahora hacemos algo diferente. En lugar de facilitar la recompensa una vez se ha hecho la tarea, ahora hace la tarea y consigue la recompensa sólo un 50% de las veces.

Eduard Punset:
Ya veo…

Robert Sapolsky:
Se introduce cierta incertidumbre. Y lo que se observa es que, ¡justo después de presionar la palanca, hay un aumento de dopamina como nunca antes se había visto, en la química cerebral, justo hasta el momento en el que la rata descubre si consigue o no la comida! Es decir: cuando se incorpora la dosis justa de «quizás», es incluso mejor que cuando se trata de «¡ahí viene sin duda!»

Eduard Punset:
¡Dios mío!

Robert Sapolsky:
Lo que hay que hacer, según demuestran estos estudios, es mantenerlo justo sobre el 50%. Con un 25% ó 75% no se consigue un aumento tan grande de dopamina. Si se llega justo a este punto de incertidumbre, el cerebro dice: «¡esto será genial! ¡Ahí viene! No, ¡tal vez no venga! No lo sé; ¡pero hoy me siento afortunado…!» Es mera anticipación. La gente que estudia el estrés, la psicología del estrés, siempre recalca que si sientes que no tienes control, te sientes muy estresado. ¡Pero hay un contexto, sin embargo, en el que tener poco control, las máximas leyes de la imprevisibilidad, sienta genial! ¿Cuál es la diferencia? ¡Porque en este contexto te sientes optimista! Lo percibes como un entorno benévolo. «Posiblemente todo saldrá bien, y si no es esta vez será la próxima…» y ese «quizá» es tal vez lo más increíble que te puedas imaginar. Cuando salió este estudio, se comentó cuánto nos ayuda esto a entender la adicción y el juego…

Eduard Punset:
¡Claro!

Robert Sapolsky:
Porque si te fijas en un casino, lo que los diseñadores y dueños del lugar logran de un modo fantástico es partir de una circunstancia en la que hay alrededor de un 1% de posibilidades de obtener una recompensa, manipular el entorno magníficamente, psicológicamente, para que en cambio sientas que tienes un 99% o quizá incluso un 51%; tergiversar lo que es básicamente un entorno malévolo y convencerte de que es un entorno benévolo y que «quizá, quizá, quizá esta vez…» es como… ¡si tu cerebro nadara en dopamina! Y de eso trata la adicción de la anticipación…

Y finalmente la segunda parte del programa en 2 clips.

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Aprendiendo a ser felices

¿Qué podemos hacer para ser más felices?

Algunas respuestas a esta pregunta y otros temas relacionados con la felicidad la podemos encontrar en el programa Redes emitido el 15 Junio de 2005 por TVE2.

A continucación podéis ver 5 fragmentos del programa y leer la entrevista de Eduardo Punset a un Psicólogo especializado.

VIDEO 1

VIDEO 2

VIDEO 3

VIDEO 4

VIDEO 5


Entrevista a Martin Seligman, profesor de psicología en la Universidad de Pennsylvania en Estados Unidos. Con sus innovadores trabajos, Seligman ha contribuido a esclarecer las causas de la depresión. En la actualidad es mundialmente famoso por ser el mayor impulsor de la denominada psicología positiva.

Eduard Punset:
Martin, una cosa ¿la ciencia, en realidad, tiene algo que ver con la felicidad?

Martin Seligman:
Pues yo creía que no, pero tras 30 años tratando el tema de la felicidad, me percaté de que era algo confuso: todo lo relacionado con el sufrimiento boicotea la felicidad. Y lo que yo quería era aliviar del sufrimiento en el mundo, de manera que tuve una conversión en la que empecé a preguntarme si no sería posible que hubiera una ciencia del aspecto positivo de la vida. Yo creo que la clave está en darse cuenta de que la noción de felicidad es científicamente imposible de concretar, significa demasiadas cosas para la gente. Pero creo que se puede descomponer la noción de la felicidad en, digamos, tres elementos que sí son científicamente medibles y en cuya construcción uno puede intervenir. Los tres elementos son: la vida de placer –emociones positivas: risas, sonrisas, estar de buen humor – esta es la versión americana, de Hollywood, de la felicidad: Goldie Hawn, Debbie Renolds, etc. La segunda, y es muy distinta de la primera, es la vida comprometida: ser UNO con las cosas; absorto, inmerso, en el amor, el trabajo, con los hijos, con el ocio, con las amistades.

Eduard Punset:
Y dices que es lo contrario.

Martin Seligman:
Es lo contrario y es muy interesante: si estás completamente comprometido en todo lo que te he dicho, y te pregunto ¿qué tienes en la cabeza?, la respuesta es: nada. Después de la conversación es posible que digas que era divertido, pero lo que quieres decir es que el tiempo se ha parado, que has perdido la conciencia. Y lo que en realidad creemos es que el motivo por el que esto ocurre cuando la gente está fluyendo, cuando están inmersos, es porque se necesita tal cantidad de atención, tal cantidad de recursos mentales, que todos los recursos se extraen de los sentimientos y el pensamiento y pasan a la atención.

Eduard Punset:
Pero Martín, no es extraño o paradójico que digamos que los humanos somos diferentes del resto de los animales, en el sentido de que somos conscientes de nosotros mismos, y luego cuando intentamos ser felices lo único que perseguimos es quitarnos de encima esta conciencia, y olvidarnos.

Martin Seligman:
Sí, creo que parte de la teoría de la ciencia de la felicidad, o de la teoría de que la única forma de felicidad es sonreír y reír y estar de buen humor, es que este tipo de felicidad a menudo tiene al “yo” involucrado. Pero hemos evolucionado para ser animales que fluimos, y este estar inmersos es algo que tiene una gran importancia evolutiva. Creo que es el estado que realmente construye un capital psicológico que luego durante la vida se puede ir gastando. Es decir que cuando se fluye es una garantía de que se está creciendo, y ésta es la segunda forma de felicidad que se puede investigar científicamente.

Eduard Punset:
¿Y la tercera?

Martin Seligman:
La tercera es la vida significativa, y es la que tiene el mejor componente de inteligencia. Todo lo de las caras sonrientes y tal no tiene ningún contenido intelectual, Aristóteles y Séneca ya pensaban que era una vulgaridad, y yo también lo pienso. Esta tercera está basada en el significado, y creo que se trata de saber cuáles son los puntos fuertes y utilizarlos para pertenecer y servir para algo que crees que es mayor que tu. Es decir que tenemos la vida agradable, la vida comprometida y la vida con significado: creo que son tres nociones que científicamente se pueden contrastar y en las que el término difuso de la felicidad se puede descomponer.

Eduard Punset:
Pero si pensamos en una ecuación, en la receta para alcanzar la felicidad, y ya sé que esto puede sonar muy paternalista para algunos de los lectores, la primera parte de la ecuación está biológicamente fijada…

Martin Seligman:
Tomemos las tres clases diferentes de vida. La vida de placer, cuando se sonríe: este tipo de vida tiene un componente biológico, es decir que si eres una persona negativa que todo lo ve negro, y que nosotros clasificamos como en el extremo opuesto de la actividad positiva, te puedo enseñar a disfrutar, y sobre el optimismo, y quizá te puedo ayudar en un 10%. Es decir que la vida de placer, estar de buen humor, está relativamente fijada, no se puede cambiar mucho. La vida de compromiso y la de significado está en todos por derecho de nacimiento y se pueden hacer cambios inmensos, y hay un mensaje que es muy liberador de la psicología positiva al mundo: y es que este mensaje de Hollywood de sonreír y estar siempre de buen humor como Goldie Hawn no existe, esta es sólo una forma de ser feliz; pero existen otras dos formas que son mucho más fáciles de obtener, que son comprometerse en lo que se hace y encontrar significado en lo que se hace.

Eduard Punset:
Vamos a intentar dar algunos ejemplos a la audiencia. Por ejemplo, podemos imaginar que cuando la gente busca satisfacción en la vida creen que si se tiene una buena educación, si se vive en un buen clima y ¿qué más? Digamos que …

Martin Seligman:
…se tiene mucho dinero….

Eduard Punset:
… tienes un buen sueldo, entonces sucede que …

Martin Seligman:
Lo que sucede es que todas estas cosas tienen una relación increíblemente vaga con la satisfacción. Vamos a analizarlas una por una: el clima no tiene nada que ver. La gente que vive en California no es más feliz que la que vive en Groenlandia.

Eduard Punset:
Pero se lo creen… es increíble.

Martin Seligman:
No, el clima no está muy relacionado. La riqueza es muy interesante: por debajo de los mínimos necesarios, la riqueza es muy importante; es decir que si se es extremadamente pobre afecta mucho de forma negativa el nivel de felicidad…

Eduard Punset:
O sea que el dinero da la felicidad…

Martin Seligman:
Sí, el dinero puede comprar la felicidad si se es extremadamente pobre, pero una vez que se está por encima de los mínimos, y casi seguro que toda tu audiencia lo está, sucede que el aumento de riqueza tiene muy poca relación con el aumento de satisfacción con la vida. Para tu audiencia: si piensas que se pueden perder 3 fines de semana al año de estar con la familia por ganar 8.000 euros no vale la pena. Se obtiene más satisfacción en la vida pasando los tres fines de semana en casa tranquilamente. O sea que sorprendentemente el dinero es un sistema muy débil. La salud también está considerada como muy importante. Pero resulta que no parece que importe mucho en la satisfacción en la vida. Incluso gente con problemas serios de salud, como problemas de ataques al corazón o cáncer, tienen por lo general tanta satisfacción en la vida como la gente con buena salud.

¿Qué es lo que sí importa? La clave de lo que estoy diciendo es que estos factores externos – políticos y económicos – no ayudan mucho. De hecho un buen ejemplo es que nuestro lavavajillas se estropeó hace algunos meses y compramos uno muy bueno y carísimo. Los dos primeros lavados me hicieron muy feliz, porque podía ver los platos muy limpios, pero luego dejé de apreciarlo hasta que se estropeó. Y entonces la única emoción que tuve era la de estar muy poco contento. Es decir que muchas cosas en las que gastamos dinero no aportan la felicidad. ¿Qué tipo de cosas del mundo externo lo hacen? Vivir en una democracia está relacionado con la satisfacción de la vida…

Eduard Punset:
¿Sabes que esto es nuevo en el debate mundial y lo encuentro muy interesante? ¿En qué sentido el vivir en una democracia aporta satisfacción en la vida?

Martin Seligman:
Con los indicadores habituales la satisfacción en la vida en una escala de uno a diez, estudiado en grandes poblaciones que viven en democracias y no democracias, por lo general este es uno de los elementos externos que tiene una gran incidencia. Una pregunta importante es por qué, pero en esta era en que los dictadores empiezan a extinguirse, es posiblemente una buena idea para que haya un buen tono de felicidad en todo el planeta. Otra buena cosa es el matrimonio, los casados – por lo general – son por lo general más felices que cualquier otra unión de personas. Pero incluso si se suman todos los factores externos: el clima, la democracia o el matrimonio, sorprendentemente solo se alcanza un 15% de variable; pero esto no quiere decir que si no se está satisfecho con la vida ahora no haya cosas para hacer, de hecho hay mucho que se puede hacer y es la clave, ya que la felicidad no está relacionada con factores externos sino con cosas como el compromiso o la vida con significado y esto son cosas que se pueden cambiar.

Eduard Punset:
Martin, ¿y todo esto se puede medir?

Martin Seligman:
Sí, se preparan unos cuestionarios para cada uno de ellos y todo está validado y psicométricamente es serio. Y por separado se pregunta cuáles son los componentes, y los resultados son sorprendentes. La búsqueda de placer no tiene casi ninguna relación con la cantidad de satisfacción en la vida; y sin embargo la búsqueda de compromiso y significado en la vida tiene una gran relación. Existe un papel para el placer, pero es si se tiene: el significado, el compromiso y el placer, y es entonces cuando el conjunto hace que se sienta satisfacción en la vida, y que ésta sea mayor que la suma de las partes; y a esto es a lo que llamo “la vida llena/completa”.

Eduard Punset:
En tus escritos hay una paradoja. Por una parte dices que hay algo que se puede hacer para mejorar la satisfacción en la vida, y por la otra dices que lo sientes mucho pero que no existe una fórmula.

Martin Seligman:
Ahora todo mi trabajo lo centro en la cuestión de si existen posibles intervenciones duraderas que puedan hacer a la gente más feliz. Antes se creía que no las había, que no se podía, que sucede como con la cintura, que hay un condicionante biológico que te hace ser como eres, así es como se pensaba. Pero he pasado una gran parte de mis primeros 30 años de académico probando fármacos y psicoterapias y tests aleatorios para ver si hay intervenciones que reduzcan la depresión de las personas, y ahora he pasado los últimos siete años preguntándome si hay algo que pueda hacer que las personas sean de forma duradera más felices. Y la respuesta es sí, y te daré algunos ejemplos.

Eduard Punset:
Vamos a ver algunos de estos ejemplos.

Martin Seligman:
Vamos a verlos una por una. Recuerdas que he dicho que teníamos: la vida agradable – que es tener más emociones positivas -, la vida comprometida – que es tener más flujo en la vida -, y la vida significativa. Vamos a verlas de una en una. Para la emoción positiva el ejercicio para esta noche es que antes de irse a la cama hoy, y durante los próximos siete días, tienes que escribir tres cosas que han ido bien durante el día y el por qué han ido bien. Eso es todo.

Y el resultado es que es algo contagioso, y una vez que se ha acabado el ejercicio se sigue haciendo, y a los seis meses la gente que hace esto está mucho menos deprimida y mucho más feliz. Esta es una intervención muy simple que funciona; según nuestros datos se ha demostrado que tiene para la depresión un efecto mayor que la terapia cognitiva y que la medicación. El segundo ejercicio: éste está relacionado con las fuerzas, y con la fuerza del agradecimiento. En nuestros datos, de todas las fuerzas que hemos analizado ha aparecido el agradecimiento como el correlativo más fuerte de la satisfacción en la vida.

Eduard Punset:
El estar agradecido.

Martin Seligman:
Y Eduardo, aquí tenemos el ejercicio para esta noche y quizá para las dos semanas próximas. Quiero que pienses en alguien que está vivo que ha hecho algo por ti que es increíblemente importante y nunca se lo has agradecido lo suficiente ¿Ya has pensado en alguien?

Eduard Punset:
Sí, ya lo tengo.

Martin Seligman:
Vale, pues lo que quiero que hagas durante la semana que viene es redactar un escrito de unas 300 palabras en que aparezcan palabras concretas que la persona dijo, y cómo te afectó, en qué situación estabas y la influencia que tuvo en tu vida, y en qué situación estás ahora. Esa es la primera parte, la segunda parte es llamarla por teléfono en Barcelona y decirle que quieres ir a visitarla, pero sin decirle el motivo. Finalmente hay que ir a su casa y leer en voz alta el escrito.

Eduard Punset:
Díos mío eso es muy difícil.

Martin Seligman:
Una vez más se ha demostrado por estudios de placebo controlados en ejercicios aleatorios que esto hace a la gente mucho más feliz y mucho menos deprimida. Y esto dura por lo menos un mes después del ejercicio.

Hay ejercicios que pueden aumentar la vida placentera y la vida comprometida. También hay ejercicios que pueden aumentar la cantidad de significado que tiene la vida – que es el tercer tipo de vida. Aquí tenemos uno muy simple que a menudo hago con mis estudiantes: la semana que viene haz algo que sea divertido, pero también algo que sea altruista, filantrópico. Cuando hacemos esto se produce una regularidad muy interesante. Al hacer algo divertido, como masturbarse, o mirar la TV, o ir de tiendas, cuando se ha terminado es el final. Pero cuando se hace algo filantrópico, sucede algo muy diferente. Con uno de mis estudiantes sucedió que su sobrino necesitaba unas clases particulares de aritmética, y le llamó por teléfono. Es decir que se pasó 2 horas explicándole algo de aritmética por teléfono. Y dijo que después de esto se sintió mejor durante el resto del día, decía que “podía escuchar mejor a la gente, estaba más dulce” y que la gente lo quería más. Y otro de mis estudiantes de empresariales me dijo: “Dr. Seligman, estudio empresariales porque quiero hacer mucho dinero, y el motivo para esto es porque el dinero aporta la libertad y la felicidad. Y me quedé muy sorprendido porque yo mismo me sentía bien al poder ayudar a una persona en lugar de ir de compras”.

Eduard Punset:
Parece ser que sólo existe un caso en el que los pesimistas tienen una mejor actuación que el resto, y es con los abogados. Los abogados…

Martin Seligman:
He estudiado unas 30 profesiones diferentes para ver la relación entre el optimismo y el éxito, y sólo hay una en la que los pesimistas tienen más éxito, y son los abogados. Lo que hicimos es tomar a toda una clase de primero de la facultad de derecho de una de las universidades más importantes de EEUU. Les hicimos pruebas de optimismo y pesimismo, y les preguntamos 3 años más tarde quienes habían aprobado, quienes eran los mejores, y quiénes habían conseguido el mejor trabajo, y es la única profesión que hemos encontrado en la que los pesimistas tienen una actuación mejor que los optimistas. Y creo que el motivo está muy claro: en los EEUU para ejercer como abogado hay que imaginarse la peor catástrofe que le podía haber sucedido a tu cliente…

Eduard Punset:
Es lo mismo en todos los sitios…

Martin Seligman:
… para ser capaces de encontrar los monstruos debajo de la alfombra; y la elección de los abogados es por su pesimismo. Esto está muy bien para ver la parte de la vida que es menos probable, y para imaginarse las catástrofes, pero desgraciadamente todo el mundo se lleva el pesimismo a casa, de manera que el mismo abogado que puede pensar en una catástrofe que podría haber ocurrido y que hace ganar el caso, piensa que la mujer es infiel, o que la vida no es justa…

Eduard Punset:
O que la vida no tiene sentido…

Martin Seligman:
…o sea que el índice de depresiones, suicidio y divorcios entre los abogados es el más alto de los EEUU, pese a que es la profesión mejor pagada. En la actualidad las empresas tienen un presupuesto más elevado para mantener a los abogados en la empresa que para contratarlos… mi secretaria trabajaba como abogada.

Eduard Punset:
Eres uno de los primeros psicólogos que habla de la importancia del carácter, la forma básica de ver las cosas. ¿De qué manera? ¿Exactamente: qué es lo que quieres decir?

Martin Seligman:
Cuando estudié la vida de placer, la hedonista, estaba claro que había atajos para alcanzarla, por ejemplo se puede tener más placer en la vida tomando drogas, o ir de compras, o ver la TV. Pero cuando pensé con la vida comprometida, el estar completamente absorto, como lo estamos ahora nosotros en esta conversación, estaba claro que no había atajos para poder alcanzarla: no existe ninguna droga que pueda inyectarte para hacer que estés más comprometido conmigo. Es entonces cuando empecé a pensar en la noción del carácter como algo positivo. Y lo que se convirtió en mi teoría es que cuando se saben cuáles son los puntos fuertes y se aplican al trabajo, con la gente que quieres, con el amor, con el ocio, con los hijos, con la amistad… lo que se obtiene es más compromiso. Déjame que te dé un par de ejemplos. Es muy interesante en personas a las que no les gusta su trabajo, que lo encuentran tedioso y aburrido, justo lo contrario que nosotros a quienes nos encanta nuestro trabajo. La diferencia es que tú y yo fluimos cuando trabajamos, pero ¿qué se puede hacer cuando se tiene un trabajo tedioso para conseguir más compromiso? Bueno voy a darte uno de los cientos de ejemplos que existen. Una señora trabajaba poniendo las compras de un supermercado en bolsas, y no le gustaba. Trabajamos juntos sus puntos fuertes y se dio cuenta de que su punto fuerte era la inteligencia social, y decidió que además de poner las compras en bolsas haría que el intercambio que tenía el cliente con ella sería el momento social más especial del día de cada cliente con el que trataba. Es decir que aprovechó su punto fuerte y lo utilizó constantemente en su trabajo, y transformó su trabajo, de ser físicamente laborioso y aburrido, en un trabajo que le encantaba. El algoritmo general aquí es que si se pueden encontrar cuáles son los puntos fuertes y se utilizan de una forma nueva con la gente que quieres, con el trabajo, con las amistades, con los hijos, etc. lo que se obtiene es una vida más comprometida.

Eduard Punset:
Hace un momento estábamos hablando de la diferencia entre la vida de placer y la vida de gratificación, y hay una anécdota fantástica que me fascina, sobre un lagarto que alguien encontró y se lo llevó a casa como mascota…

Martin Seligman:
Al profesor de la universidad Dr. Julian James le habían regalado un lagarto mexicano como mascota de laboratorio y el lagarto se estaba muriendo porque no podíamos entender qué alimentación darle: matamos moscas, pero no le gustaban, hicimos una mezcla de mangos y papayas, pero tampoco se lo comía, le ofrecimos una comida china y tampoco, el lagarto estaba atontado. Un día Julian entró y le ofreció al lagarto su comida, que era un sándwich de jamón, y el lagarto siguió como estaba. Julian continuó su trabajo y a la hora de la comida abrió el New York Times, y cuando había acabado la primera parte la dejó encima del sándwich de jamón, y fue entonces cuando el lagarto, que estaba al otro lado de la habitación, vio esto, se levantó, caminó hasta la mesa, saltó e hizo pedazos el New York Times y se comió el sándwich de jamón. En esta anécdota hay un mensaje importantísimo: y es sobre los atajos. Los lagartos – este tipo de lagarto – ni comen ni copulan a menos que hayan usado los puntos fuertes más importantes que les ha dado la evolución. Y nosotros también somos así: no creo que podamos tener gratificación por atajos.

Eduard Punset:
¿Así que no existen los atajos? ¿Se trata de un largo proceso y debe haber una motivación?

Martin Seligman:
Creo que todo el mundo tiene un tipo de fortaleza, un conjunto de puntos fuertes personales, y una vez sabemos cuáles son es muy fácil ponerlos en uso. De manera que por ejemplo, Eduardo, yo soy malísimo con la conversación tonta, y uno de mis puntos fuertes es que me encanta aprender cosas, y cuando tengo que ir a una fiesta y alguien quiere hablar del tiempo… si puedo de alguna manera cambiar la conversación hacia la enseñanza y lo que me gusta enseñar, entonces me lo paso de maravilla, y de la misma manera creo que todo el mundo tiene puntos fuertes personales característicos y la forma de tener una vida más comprometida y con más significado es cambiar, rediseñar lo que hacemos para poder utilizar esos puntos fuertes en la vida todo lo que se pueda.

Eduard Punset:
Mientras estás hablando estoy pensando que esto está lejísimos de toda la psicología freudiana, que todo lo basa en la infancia. La forma en que nos comportamos es porque odiábamos al padre o la madre, pero tú prácticamente estás en el otro extremo.

Martin Seligman:
Casi: hay cosas de Freud que tomo muy seriamente pero lo de la niñez creo que está sobreestimado. Hace 40 años pensaba de forma diferente pero…

Eduard Punset:
De manera que estoy equivocado cuando les digo a mis hijas, hablando de mis nietas, que tienen que cuidarlas hasta que tengan siete años porque lo que sucede después en la vida…

Martin Seligman:
Hay muchas cosas que son importantes en la infancia, como el sentir una seguridad hacia los padres, pero en general creo que un ejemplo perfectamente compatible que creo que se puede comparar con lo que sabemos sobre el desarrollo, es que “nacimos ayer”, es decir se pueden cambiar muchas cosas de forma radical cuando somos adultos. Y si por ejemplo tomamos el ejemplo de la señora del supermercado que ponía las compras en bolsas, se puede cambiar el trabajo de algo que uno odia – ella no podía aguantar hasta las 5 de la tarde para irse – y a los 35 años, gracias a una pequeñísima receta, eres una persona con una gran inteligencia social. ¿Cómo se puede cambiar el trabajo para utilizar más la inteligencia social? Se puede hacer, no importa si en la niñez uno ha sido maltratado, o privilegiado o lo que sea, sólo hay que descubrir que se puede pasar mucho mejor ayudando a otra persona que si se va de compras, se puede cambiar la vida a los 50 años ayudando a otras personas.

Eduard Punset:
Martín, esta es la última pregunta: no sólo reflexionas, experimentas, investigas y escribes, sino que además estás en contacto con las personas en las clínicas y en los negocios. ¿Has notado algún cambio? Ya se que es muy difícil generalizar, pero ¿crees que la gente de la calle siente una mayor satisfacción con la vida que hace 20 años?

Martin Seligman:
No, pero me gustaría decir dos cosas: una del presente y otra del futuro. Es interesante que si estudiamos a España, Japón o los EEUU durante los últimos 50 años, podemos observar como cada índice económico serio se ha disparado. De hecho en los EEUU el poder de adquisición es tres veces mayor que hace 50 años, el de Japón es seis veces mayor. Es increíble, pero hemos ido obteniendo datos de los índices de depresión y de felicidad durante esos años, y es interesante, porque la felicidad es la misma, y sin embargo la depresión es 10 veces mayor de lo que era. De hecho el hombre de la calle no es más feliz de lo que lo era hace 50 años. ¿Podemos cambiarlo? ¿Cómo podemos cambiar el futuro? Eduardo, creo que el futuro está relacionado con eso de lo que estábamos hablando hace un momento: con la educación. Parte de los motivos por los que no somos más felices cuando nos hemos hecho más ricos es que hemos gastado la riqueza en objetos materiales que pensábamos que nos harían felices, como son el lavavajillas o los helados de vainilla, pero no proporcionan una felicidad duradera. Sin embargo, lo que la ciencia nos está diciendo durante los últimos 10 años es que se puede cambiar el compromiso y el significado de la vida.

Eduard Punset:
Y esto significa las relaciones con la gente…

Martin Seligman:
La relación con las personas compartiendo algo que es mayor de lo que cada uno es. Pero si invertimos nuestra riqueza y nuestro tiempo en algo que tenga más significado y compromiso, creo que todo el tono de la felicidad en el planeta puede cambiar.

En 1480, durante el gobierno de los Medici, Florencia se hizo inmensamente rica, y se preguntaron ¿cómo podemos gastar toda esta fortuna? Y pensaron que podían crear un gran potencia militar, la mayor de la península, y quizá si hubieran querido podían haber sido la potencia militar más importante de toda Europa, más que España. Pero decidieron no gastarse la riqueza en armas sino en edificaciones, y creo que ahora estamos en un momento histórico muy similar. Sabemos que en lo que nos hemos gastado la riqueza en los últimos 60 años, que son objetos materiales – coches, TVs, etc. – no funciona, la gente se ha deprimido todavía más. Pero creo que podemos comprar el compromiso y el significado y podemos utilizar el excedente que tenemos para construir una vida más feliz, no en el sentido de la emoción positiva, sino con más compromiso con otras personas, y con el trabajo, y con el significado en la vida.

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Obsesiones cerebrales

¿Nos engaña el cerebro? ¿Somos conscientes de las percepciones de nuestro cerebro?

Este es el texto íntegro de la entrevista emitida en el programa REDES del 29 de septiembre de 2004.

Eduardo Punset entrevista a un de los más reputados psicólogos del panorama actual, Stephen Kosslyn. Kosslyn es catedrático en la Universidad de Harvard y autor de numerosas obras de divulgación. Además, es una figura muy reconocida en el campo de la neurociencia, especializado en los procesos que el cerebro emplea para visualizar el mundo que nos rodea.

Punset:
Creo que fue Newton, que parece ser que lo sabía todo, quien dijo: “me encantaría saber los mecanismos por los cuales la percepción visual del universo se transforma en la gloria de colores”. Y tu, después de muchos años de investigación, dices (y te cito): “los mecanismos que subyacen a la formación de las imágenes no parecen ser mucho más misteriosos que los que hay en la base de la percepción visual”. Lo que sugiere que hemos avanzado un poco desde Newton. ¿Es así?

Kosslyn:
El cerebro no es una sola cosa, sino un conjunto de partes que trabajan juntas. Y por ejemplo en la visión de los colores ahora sabemos muchísimo sobre lo que sucede en el ojo, en la parte posterior del ojo, y lo que sucede después, hasta llegar al cerebro. Lo que ahora también sabemos es que el color se procesa en un área cerebral diferente de donde se procesan la forma y la localización. No sólo observamos que hay áreas específicas que se activan cuando las personas ven colores, o ven formas….

Punset:
Que por cierto no están allí fuera en el universo, me has dicho.

Kosslyn:
Así es, están separados. El cerebro no sólo es una cámara que registra con precisión lo que hay en el exterior, sino que el cerebro es el que lo organiza y el que lo distribuye de maneras que no necesariamente aparecen en el universo, que sean evidentes en el mundo. Somos nosotros los que nos abrimos al mundo, y lo que percibimos en él es en parte un reflejo de cómo estamos construidos nosotros.

Punset:
Steven, lo que me dices es que nada de esto sucede en el universo, que este rojo o este azul no está ahí, sino que se fabrica en el cerebro.

Kosslyn:
¿Te has preguntado alguna vez por qué no se puede mezclar el verde y el rojo y obtener otro color? Ya sabes que se puede mezclar el azul con el amarillo y obtener verde. Si se mezcla amarillo y azul se obtiene verde, pero si se mezcla verde y rojo se obtiene un color como barro. Esto sucede porque la forma en que funcionan el cerebro y los ojos no permite que se cree un tercer color.

Punset:
O sea que el pobre Newton ahora sabría cómo surge esa gloria de los colores.

Kosslyn:
No del todo, porque entendemos muy bien el mecanismo, pero todavía falta mucho por saber sobre la conciencia. Cómo surge la experiencia perceptiva del color a partir de la acción de la red que existe entre las diferentes áreas.

Punset:
Hablemos ahora de algo que fascina a la gente: el efecto placebo. No sé si está relacionado con la conciencia, pero en este caso tenemos una conciencia de algún tipo que influye en el metabolismo, de manera que unas pastillas que se habían diseñado para nada, en realidad tienen un efecto en las personas. Tú has trabajado mucho sobre las formas en que esto es posible que funcione. ¿Cómo es posible?

Kosslyn:
El cerebro afecta sin ninguna duda al cuerpo, todo el tiempo, y también afecta a nuestro sistema inmunológico. Si estamos muy cansados, o con jet lag como tengo yo ahora, el sistema inmunológico se ve involucrado y enfermamos más fácilmente. ¿Qué es estar cansado? No sólo es el cuerpo, también es el cerebro: el cerebro afecta al sistema inmunológico. Creo que tenemos algunas fuerzas en un cierto tipo de reserva de cómo el cerebro puede afectar al sistema inmunológico…

Punset:
Nunca se gasta toda la potencia…

Kosslyn:
Siempre se guarda algo. Y el placebo lo que hace es dar permiso para poder acceder a las reservas, y por lo tanto afectar al cuerpo de una manera más fuerte de lo que se hace normalmente. Es decir, se cree que es una medicina, y se responde de la forma en que normalmente se responde cuando se toma una medicina, aunque en realidad no lo es. Pero no sólo se trata del sistema inmunológico, sino también del dolor, y de cosas como la fuerza de la histeria. Hay anécdotas como la de mujeres cuyos hijos estaban atrapados debajo de un coche y podían levantarlo: esta es una fuerza histérica, ya que daña los músculos, y no debe hacerse normalmente, no se tiene una constitución para hacer esto, pero ante una urgencia se obtiene el permiso.

Punset:
Y existe la reserva…

Kosslyn:
Y se usa la reserva. Esa es mi teoría.

Punset:
Steven, algo que me sorprende, o me fascina, es esto del “no placebo”, de que aparentemente no deberíamos estar tan seguros cuando le decimos a un paciente: “tengo que decirle la verdad, no hay nada que hacer, se acabó”. Porque parece que puede darse también una alteración del cerebro.

Kosslyn:
Un amigo mío, tres semanas antes de que se publicara el artículo sobre el “nocebo”, me dijo que su hermana tenía cáncer desde hacía dos años, y que después de la quimioterapia los médicos le habían dicho que no había nada que hacer y que le quedaban seis semanas de vida. ¿Y a qué no sabes lo que pasó?

Punset:
Que al cabo de las seis semanas se murió.

Kosslyn:
Eso es, y en mi opinión el médico hizo una estupidez, porque es evidente que ella cooperará si cree en la figura de la autoridad. Si ésta le dice que no hay nada que hacer y que se morirá, el cerebro puede regular lo que hace el cuerpo, de forma contraria a como lo hace el placebo. El placebo lo que hace es agradar, hace sentir mejor. El “nocebo” lo que hace es empeorar, de manera que lo peor que pueden hacer los médicos es quitar la esperanza…

Punset:
Es una especie de apoptosis, ya que se favorece de alguna manera el propio suicidio.

Kosslyn:
Es peor que eso, porque no sólo es un suicidio, alguien te ha asistido. En mi opinión, el eliminar la posibilidad de mejorar y el ofrecer la posibilidad de empeorar es algo terrible.

Punset:
En algún sitio, no se en dónde, citas el siguiente ejemplo. Dices: si se toma un ladrillo…” –imaginemos que tu libro es un ladrillo, lo siento– …si hago esto [lo mantiene sobre su mano con el brazo extendido] normalmente podré aguantarlo durante unos cinco minutos pero tú dices que si se me hipnotiza podría aguantarlo durante veinte minutos. Entonces la gente que no lo cree dice, que si se le explica a un hombre que una mujer es capaz de aguantar así el libro durante veinte minutos, él se autoconvencerá y también lo podrá hacer. O sea que es una cuestión de superstición, no es ciencia. ¿Qué experimentos has hecho para llegar a la conclusión de que no es una cuestión que se pueda tratar a la ligera, sino que tiene un fundamento científico?

Kosslyn:
Esto guarda relación con el tema del efecto placebo: cuando se te dice que una mujer puede sostener el ladrillo, te das a ti mismo permiso de forma consciente para aguantarlo aunque los músculos estén al límite. La diferencia reside en el mecanismo por el que se actúa, pero en el caso de la hipnosis también se acude a las reservas, el concepto es el mismo.

Punset:
Cuando imaginas algo, cuando cierras los ojos e imaginas un cierto objeto – por ejemplo ahora estoy viendo a una persona en particular – tu dices, tú has descubierto, que se activa es el mismo substrato neuronal que cuando la ves físicamente. En cierta manera es como si al cerebro le importase un cuerno el que tú estés mirando realmente una cosa o sólo imaginándola.

Kosslyn:
Cuando conocí al Dalai Lama, le hice tres preguntas: ¿Sabes que forma tienen las orejas de los gatos?

Punset:
Y el respondió a su vez: ¿qué tipo de gato?

Kosslyn:
Es verdad, me sentí fatal. Pero ¿ tú sabes la respuesta?

Punset:
No, no.

Kosslyn:
Bueno pues pensemos en Micky Mouse: ¿de qué forma tiene las orejas?

Punset:
Sí … son redondas.

Kosslyn:
Sí, sí, perfecto. Sigamos. ¿Y en qué mano sostiene su antorcha la Estatua de la Libertad?

Punset:
¿En la izquierda?

Kosslyn:
En la derecha, y el Dalai Lama lo contestó bien. Esto me sorprendió porque muchos americanos no lo saben. Y la última ¿Qué verde es más oscuro, un árbol de navidad o un guisante congelado?

Punset:
Un árbol de navidad.

Kosslyn:
Muy bien, gracias. Lo interesante de estas preguntas es que en todas se necesita la imaginación para poder contestarlas. O sea que si te miro a los ojos, se mueven lateralmente cuando intentas responder – intentando visualizar la entrada visual – pero lo que no es nada obvio en la introspección es que haya tres sistemas cerebrales diferentes a los que se acude. Uno se usa para las formas: tanto en la percepción como en la imaginación; otro para la ubicación – la percepción está aquí y la ubicación aquí [05:40]–; y el otro se usa para el color, y está aquí debajo. De modo que la misma división del cerebro –divide y vencerás–, con el color, la forma y la ubicación que se usa para la percepción, se usa también para la creación de imágenes mentales. Y resulta que las capacidades no están relacionadas unas con otras: personas que son muy buenas en la imaginación espacial, que saben como orientarse en una ciudad…. no importa lo buenos que sean en lo espacial a la hora de visualizar las caras, o los objetos: no están relacionadas; o los colores: tampoco están relacionados, son sistemas diferentes.

Punset:
Déjame que te haga una pregunta imposible. Tú mismo has mencionado todo el fantástico progreso que se ha experimentado en el conocimiento de las funciones del cerebro, y la percepción y las técnicas de neuroimagen. Si hace veinte años hubiéramos sabido lo que ahora sabemos sobre el funcionamiento del cerebro, ¿habríamos tratado las cuestiones importantes de otra manera¿ ¿Habríamos hecho algo de forma diferente, por ejemplo en el campo de la educación? ¿Si lo hubiéramos sabido habríamos hecho las cosas de una manera diferente?

Kosslyn:
Aquí hay dos temas. Uno es la palabra “conocer”. La ciencia es muy controvertida: la gente tiene ideas, pero hay que demostrarlas, y lleva mucho tiempo que sean aceptadas. O sea que hace veinte años había muchas ideas que si las estudiamos ahora eran correctas, pero en su momento no estoy seguro de que se debieran haber puesto en práctica, ya que sólo eran ideas. La plasticidad temprana es un buen ejemplo. Ahora parece que es una buena idea estimular a los bebés, el proporcionarles una estimulación temprana, pero no está claro que hace veinte años supiéramos lo suficiente para poder haber actuado, aunque podía haber sido una buena idea, pero también mala. De la misma manera, si pensamos de aquí a veinte años, entonces podremos decir que se había descubierto que el cerebro está organizado en diferentes sistemas que se utilizan para mantener, almacenar y procesar la información, y todo el razonamiento y la memoria y la percepción. ¿Por qué no os aprovechasteis de este conocimiento para ponerlo en práctica en la educación y hacerla verdaderamente eficaz para cada persona? Creo que el futuro será personalizado. En mi opinión, cuando necesitemos zapatos, pondremos el pie en una caja y por láser se tomarán las medidas y el día siguiente la fábrica te enviará un par de zapatos hechos a medida que te irán de maravilla, y con un coste no superior al de ahora. De la misma manera, en el futuro la educación de los niños estará personalizada según la forma de funcionar de cada cerebro. La información, y lo más importante es el contenido, estará presentada de una manera que resultará interesante a cada persona, y la metodología utilizada estará personalizada para que se ajuste perfectamente a la forma particular de funcionar de tu cerebro. Creo que ahora estamos descubriendo lo suficiente para poder hacerlo, pero se tardará un tiempo hasta que sea algo serio y sólido y se pueda aplicar en las escuelas. Si pudiera predecirlo, yo creo que esto es algo que está a la vuelta de la esquina.

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