Defensa de la alegría

 

 

 

Defender la alegría como una trinchera
defenderla del escándalo y la rutina
de la miseria y los miserables
de las ausencias transitorias
y las definitivas

 

defender la alegría como un principio
defenderla del pasmo y las pesadillas
de los neutrales y de los neutrones
de las dulces infamias
y los graves diagnósticos

 

defender la alegría como una bandera
defenderla del rayo y la melancolía
de los ingenuos y de los canallas
de la retórica y los paros cardíacos
de las endemias y las academias

 

defender la alegría como un destino
defenderla del fuego y de los bomberos
de los suicidas y los homicidas
de las vacaciones y del agobio
de la obligación de estar alegres

 

defender la alegría como una certeza
defenderla del óxido y la roña
de la famosa pátina del tiempo
del relente y del oportunismo
de los proxenetas de la risa

 

defender la alegría como un derecho
defenderla de dios y del invierno
de las mayúsculas y de la muerte
de los apellidos y las lástimas
del azar
y también de la alegría.

De Mario Benedetti

 

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Relatos hiperbreves

DESPERTAR

Desperté cansado, como todos los días. Me sentía como si un tren me hubiese pasado por encima.
Abrí un ojo y no vio nada. Abrí el otro y vi las vías.

©Norberto Costa

SIEMPRE HAY UNA DISCULPA PARA SALIR A BEBER

Me compré una barra de bar porque quería dejar de salir a beber por ahí. Nada más montarla, me puse a un lado de la barra y pedí una cerveza. Fui al otro lado y pregunté: «Con alcohol o sin alcohol?» Me cambié otra vez de sitio y contesté: «Con alcohol, imbécil!» «Imbécil será usted!», me respondí. «A mí nadie me trata así», contesté, «me voy a otro bar». Al salir di un portazo. Allí quedó el otro con su mierda de negocio.

©Jesús Alonso

AL OTRO LADO

No sabía cuánto tiempo llevaba parado frente a ese escaparate. El suficiente para que sus recuerdos hubiesen pintado aquel cuadro de gente pasando detrás de él y un rostro, que no era el suyo, le mirara reflejado desde el cristal que le separaba del paisaje.

©Pedro Ramos

MENSAJES EN EL CONTESTADOR

Vivo solo. Aunque a veces, en el trabajo, marco el número
de teléfono de mi casa. Y pregunto por mí.
©José Mª Cumbreño

SUEÑO

Una vez soñé que escribía un cuento. Al despertar del sueño también desperté del cuento que ahora cuento como un sueño escrito.

©Luis Enrique Mejía Godoy

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Aprender a equivocarse

Por José Luis Martín Descalzo

Una de las virtudes-defecto más cuestionables: el perfeccionismo. Virtud, porque evidentemente, lo es el tender a hacer todas las cosas perfectas. Y es un defecto porque no suele contar con la realidad: que lo perfecto no existe en este mundo, que los fracasos son parte de toda la vida, que todo el que se mueve se equivoca alguna vez.

He conocido en mi vida muchos perfeccionistas. Son, desde luego, gente estupenda. Creen en el trabajo bien hecho, se entregan apasionadamente a hacer bien las cosas e, incluso, llegan a hacer magníficamente la mayor parte de las tareas que emprenden.

Pero son también gente un poco neurótica. Viven tensos. Se vuelven cruelmente exigentes con quienes no son como ellos. Y sufren espectacularmente cuando llega la realidad con la rebaja y ven que muchas de sus obras -a pesar de todo su interés- se quedan a mitad de camino.

Por eso me parece que una de las primeras cosas que deberían enseñarnos de niños es a equivocarnos. El error, el fallo, es parte inevitable de la condición humana. Hagamos lo que hagamos habrá siempre un coeficiente de error en nuestras obras. No se puede ser sublime a todas horas. El genio más genial pone un borrón, y hasta el buen Homero dormita de vez en cuando.

Así es como, según decía Maxwel Brand, «todo niño debería crecer con convicción de que no es una tragedia ni una catástrofe cometer un error». Por eso en las personas siempre me ha interesado más el saber cómo se reponen de los fallos que el número de fallos que cometen, ya que el arte más difícil no es el de no caerse nunca, sino el de saber levantarse y seguir el camino emprendido.

Temo por eso a la educación perfeccionista. Los niños educados para arcángeles se pegan luego unos topetazos que les dejan hundidos por largo tiempo. Y un no pequeño porcentaje de amargados de este mundo surge del clan de los educados para la perfección.

Los pedagogos dicen que por eso es preferible permitir a un niño que rompa alguna vez un plato y enseñarle luego a recoger los pedazos, porque «es mejor un plato roto que un niño roto».

Es cierto. No existen hombres que nunca hayan roto un plato. No ha nacido el genio que nunca fracase en algo. Lo que sí existe es gente que sabe sacar fuerzas de sus errores y otra gente que de sus errores sólo casa amargura y pesimismo. Y sería estupendo educar a los jóvenes en la idea de que no hay una vida sin problemas, pero lo que hay en todo hombre es capacidad para superarlos.

No vale, realmente, la pena llorar por un plato roto. Se compra otro y ya está. Lo grave es cuando por un afán de perfección imposible se rompe un corazón. Porque de esto no hay repuesto en los mercados.

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La fobia social va al cine

Título: Elling.
Título original: Elling.
Género: Comedia.
Director: Petter Naess.
Actores: Per Christian Ellesfsen, Sven Nordin, Marit Pia Jacobsen, Jorgen Langhelle, Per Christensen.
País: Noruega.
Año de producción: 2001.

Sinopsis: Tras un periodo de dos años en una clínica psiquiátrica, Elling y su compañero de habitación, Kjell Bjarne, se instalan en un apartamento en Oslo que les ha concedido la asistencia social, donde tendrán que probar su independencia bajo el control de un trabajador social. Elling, afectado de ansiedad social, no podía hacer frente a las situaciones de la vida después de la muerte de su madre. Su compañero, Kjell Bjarne, es un hombre enorme que jamás ha mantenido relaciones con una mujer y vive obsesionado con esa idea. Con una enorme voluntad (sin olvidar la amenaza de ser devueltos a la clínica), los dos hombres tendrán que recorrer, con paso inseguro, caminos que les son extraños.

Comentario: La película refleja bien la inseguridad de dos personas inseguras a quienes, por ejemplo, cruzar el piso de un restaurante desde su mesa hasta el baño puede resultarles tan complicado como atravesar la Antártida. La película nos muestra la necesidad de alguien con ansiedad de aprender a sobrellevar sus miedos individuales. Y, sobre todo, nos muestra a dos personajes que aprenden a vivir una vida «normal» y a conquistar las cosas del mundo real que tanto les asusta.

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Características del trastorno psicológico

Extraído del libro «Sentirse Mejor» de J.J. RUIZ SANCHEZ (Psicólogo Clínico) y J.J. IMBERNON GONZALES (Psiquiatra).

Existen dos signos o indicadores que nos pueden avisar de la presencia de un trastorno psicológico: la presencia de emociones dolorosas (sentimientos de ansiedad, depresión o irritación crónica) y la aparición de conflictos continuados en las relaciones sociales o familiares.

El sufrimiento psicológico además puede adoptar múltiples formas (Fernández-Alvarez,1992) según la persona que lo padezca le encuentre o no sentido o explicación al malestar que padece. Existen una primera forma de padecimiento a los que las personas encuentran explicación o sentido (p.e sacrificio ante situaciones limites, una huelga de hambre..etc.) que no suelen ser catalogadas como trastornos psicológicos. Una segunda forma de padecimiento consiste en que quién los sufre no termina de explicárselo o darle sentido (por lo general se trata de trastornos afectivos de tipo depresivo o ansioso). Un tercer grupo, más problemático, son los casos donde la persona que padece el malestar sí le encuentra sentido a su sufrimiento, pero aquellos que le rodean no se lo encuentran (por lo general se trata de casos de trastornos mentales graves como las psicosis). Y por último, el cuarto grupo, se caracteriza mas bien por hacer sufrir a otros, independientemente del grado de malestar subjetivo de esa persona (se suele relacionar con trastornos graves y antisociales de la personalidad). El grupo de personas que no encuentran sentido a su malestar suele ser quienes mas solicitan la ayuda de los servicios de psiquiatría y psicología, seguidos de aquellos que aún encontrandole un sentido, éste no es validado por aquellos que le rodean.

Entre las personas que no ven sentido a su malestar emocional o a sus conflictos relacionales suele ser típico la presencia de una o varias respuestas crónicas de carácter emocional: la ansiedad, la depresión y la ira .

La ansiedad implica la preparación de la persona ante situaciones que percibe erróneamente como amenazadoras o peligrosas haciendo que ésta se prepare para defenderse o escaparse. El pensamiento y las imágenes del individuo ansioso se caracteriza por exagerar las posibilidades de peligro de un acontecimiento interno (p.ej. el que una señal de malestar indique la aparición de un infarto inminente) o de un acontecimiento externo (p.ej. la posibilidad de ser rechazado por otros). También este pensamiento suele hacer que se minusvalore la propia capacidad de hacer frente a la situación. A nivel emocional la persona se siente nerviosa, con deseos de huir de la situación vivida como peligrosa. Su conducta puede incluir la inhibición del habla, la conducta de escapar o la inquietud motora. Su cuerpo puede responder, mediado por su sistema nervioso central y autonómico, con síntomas como la sudoración, taquicardia, dificultades respiratorias, tensión motora, insomnio, etc.

El estado depresivo supone más bien una reducción del nivel de respuesta de la persona ante los acontecimientos de su vida. La persona está centrada en pensamientos e imagenes en torno a sus pérdidas, incapacidad, fracasos o indefensión. Por lo general mantiene una baja autoestima y está centrada en una visión negativa de sí misma, su vida y su futuro.Pueden aparecer también pensamientos o deseos suicidas A nivel emocional predomina el estado de ánimo depresivo, con pérdida por los intereses y actividades habituales, una dificultad para disfrutar de las actividades habituales, y a veces también sentimientos de culpa, ira o ansiedad. La conducta de estas personas se caracterizan por un abandono de sus actividades habituales o por un descenso intenso de las mismas. Trastornos como la pérdida del apetito, las alteraciones del sueño y la pérdida del interés por el sexo, también son característicos del estado depresivo.

La ira crónica consiste en un estilo de conducta centrado en la defensa y ataque directo o indirecto («disimulado» p.ej. por la ironía). Se caracteriza a nivel de pensamientos e imágenes de condena o críticas hacia el ofensor, y exigencias sobre que no debería haber actuado de una manera determinada. A nivel emocional la irritación tensa la musculatura corporal y la dispone al ataque verbal o físico, aparecen sentimientos de rencor y venganza. La conducta se dirige a atacar verbal o físicamente al supuesto ofensor. El cuerpo suele responder con una elevación del ritmo cardiaco, la tensión sanguínea aumenta, la respiración se acelera, y pueden aparecer trastornos del sueño, de la alimentación y de otras necesidades corporales, la rumiación obsesiva sobre el hecho que se exige no debería haber ocurrido, las criticas al ofensor, los planes de venganza y una especial facilidad para «saltar a la más mínima».

-LOS DOS SIGNOS DE LOS TRASTORNOS PSICOLOGICOS

1. Presencia de emociones dolorosas crónicas (ansiedad, depresión, ira).

2. Presencia de conflictos duraderos en las relaciones sociales, familiares o de pareja.

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Trastorno psicológico

Extraído del libro «Sentirse Mejor» de J.J. RUIZ SANCHEZ (Psicólogo Clínico) y J.J. IMBERNON GONZALES (Psiquiatra)

Definir que es un trastorno mental, psicológico o emocional, es un problema dificil para la psiquiatría y la psicología clínica. Esa dificultad está relacionada con los distintos criterios que se han utilizado para su definición a lo largo de la historia. Básicamente se refiere a comportamientos que se han considerado «anormales» y que han sido estudiados y clasificados por los profesionales de la psicopatologia (estudio de las causas y clasificación de los trastornos mentales).

Históricamente las causas de los trastornos psicológicos se han buscado fundamentalmente en tres modelos o tradiciones muy diferentes: el modelo sobrenatural, el modelo biológico y el modelo psicológico. El modelo sobrenatural, llamado también demonológico, parte de que los trastornos de la conducta están causados por posesión de espíritus o demonios. En este caso el sacerdote o brujo debía diagnosticarlo y expulsar el mal espíritu mediante un ritual exorcista. La idea de la posesión persiste aún en determinadas culturas primitivas y en ciertas religiones (como la católica, aunque ésta trata de distinguir entre posesión y trastorno mental). El modelo biológico se originó en la medicina griega hipocrática, y actualmente se le llama también modelo médico. Parte de la concepción de que los trastornos mentales son enfermedades que tienen una causa biológica (bioquímica, genética, física..), fundamentalmente relacionada con el sistema nervioso central o el cerebro. Es el médico especialista en psiquiatría quien lo diagnostica y trata con procedimientos médicos, donde destacan los psicofármacos.

El modelo psicológico parte de que los trastornos mentales derivan de determinadas experiencias de la persona a lo largo de su vida que se organizan en forma de estructuras mentales, aprendizajes o significados que generan conductas anormales. Sería el psicólogo clínico el encargado de su diagnóstico y tratamiento mediante la terapia psicológica (psicoterapia).

En la actualidad la mayoría de los psiquiatras y psicólogos clínicos suelen considerar que en los trastornos psicológicos o mentales están implicadas causas tanto biológicas, psicológicas como sociales (son los llamados «modelos multifactoriales», «interactivos» o «psicobiosociales»). Según se hable de qué determinado trastorno psíquico concreto, el peso de las causas biológicas, psicológicas o sociales será mayor o menor. También el tratamiento en determinados casos suele ser de tipo «interdisciplinar» requiriendo la intervención coordinada de varios profesionales (psiquiatra, psicólogo clínico, asistente social..).

Los dos sistemas de clasificación de los trastornos psicológicos más utilizados y difundidos a nivel mundial (CIE-10 y DSM-IV) definen a los trastornos mentales de la siguiente manera:

La CIE-10 (Clasificación de la Organización Mundial de la Salud de 1993) define a los «trastornos» mentales en función de la presencia de determinadas conductas anormales, lo que la persona hace o dice -criterio psicosocial- o de determinados síntomas de malestar, las señales de malestar que presenta la persona -criterio médico.

Por su parte el DSM-IV (Manual Diagnóstico y Estadístico de los Trastornos Mentales de la Asociación Americana de Psiquiatría de 1994) define el trastorno mental en función de sus componentes psicológico (funciones mentales alteradas) y conductual de un cuadro clínico y de las repercusiones biológicas y de malestar que produce. Por lo tanto se sigue observando un criterio psicológico, el comportamiento anormal, junto con otro médico, la organización en la presentación de los síntomas.

Definición de «trastorno» mental (CIE-10).- Presencia de un comportamiento o de un grupo de síntomas identificables en la práctica clínica que en la mayoría de los casos se acompañan de malestar o interfieren en la actividad del individuo.

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