Leo en asociacionamigos.org la siguiente revisión sobre las fobias realizada por el periodista J. Aranda:
Las fobias y los trastornos de ansiedad: graves obstáculos para la comunicación social.
Las personas pueden ser más o menos introvertidas. Pero cuando la timidez erosiona la confianza en uno mismo, bloquea, paraliza y condiciona el comportamiento humano, cuando impide la comunicación con los demás, es posible que nos hallemos bajo la sombra de una fobia social. El miedo es una palabra clave en ambos casos, pues se trata del elemento que niega a la persona la posibilidad de expresar aquello que siente o piensa. Conocer a alguien nuevo, hablar por teléfono, relaciones de grupo, son todas situaciones que la persona tímida intenta por todos los medios evitar. La razón podría ser la inseguridad, el miedo a ser uno mismo, o un sentimiento de inferioridad en las posibilidades personales.
Las fobias, según la OMS, afectan al 7% de la población mundial.
Hoy en día, saboreando todavía el recién estrenado siglo XXI, enfermedades como la depresión, el estrés, las crisis de pánico, las fobias, o los trastornos de ansiedad están muy presentes. Se revelan como la preocupación principal de una sociedad caracterizada por estilos de vida poco saludables, donde prima la filosofía de obtener éxito a cualquier precio, en la que el individuo está constantemente desbordado, pierde el control y tiende al individualismo salvaje.
Ese tipo de sociedad, sumida en las prisas y la incomunicación, ha de recurrir en ocasiones a la consulta de un especialista cuando la enfermedad ya está instaurada en el paciente. Sin embargo, desde el punto de vista de los psiquiatras la estrategia a seguir es la prevención.
El poco encanto de la timidez
Imagínese la situación. Está a punto de hablar ante un auditorio que rebosa, todo está preparado para su intervención y comienza a sentir que se pone rojo, la voz se le quiebra, su corazón late a una velocidad descontrolada, le sudan las manos y parece que su estómago se le pone “al revés”.
En una sociedad en la que prima la filosofía de obtener éxito a cualquier precio, el estrés, la ansiedad, o las fobias, se revelan como importantes preocupaciones.
El origen de la timidez, según los especialistas, se encuentra en un sentimiento o complejo de inseguridad. Es definida en la “Guía práctica de psicología” como “un estado emocional que se produce en ciertos tipos de personalidad y que se acompaña de síntomas vegetativos; rubor, taquicardia, ansiedad, sudoración…”.
A veces, muy estrechamente ligados con la timidez, caminan otros dos conceptos, la introversión, la vergüenza, o el miedo al ridículo. Mientras que la primera es una manera de encerrarse en uno mismo, una particular manera de disfrutar en solitario de todo aquello que rodea a la persona; en la segunda ya interviene el aprendizaje, y principalmente hace acto de presencia cuando el individuo cree poder cometer una acción reprobable o ridícula.
En la actualidad, según los estudios más recientes, cerca de un 40% de las personas se autodefinen tímidas, o afirman haber padecido timidez en algún momento de sus vidas.
Así, la timidez no es precisamente una característica con encanto, y todas sus consecuencias son negativas; afectan a la estabilidad psicológica, la satisfacción personal, y las relaciones con el entorno.
La ansiedad, ¿Miedo a ser uno mismo?
El temor de cometer un error, a ser juzgado, el alejamiento de ciertas situaciones sociales…son cosas que pueden indicar el padecimineto de una fobia. Cuando la timidez se convierte en enfermedad: la fobia social.
En el momento en que la inseguridad da paso al miedo irracional, ya no es posible hablar de timidez, entonces entra en escena la fobia. Definida simplemente como el miedo intenso y persistente hacia un objeto, persona o tipo de situación.
Su consecuencia inmediata, la de cualquier tipo de fobia, es la limitación que supone para el individuo que la padece, así como una acusada disminución de su calidad de vida. Además, la fobia suele llevar de la mano una ansiedad desproporcionada con las situaciones reales, estas personas son conscientes de su miedo irracional.
Por lo general, en las fobias no tienen porqué existir antecedentes familiares de enfermedad mental o de la misma fobia. Las fobias, según los especialistas, aparecen debido a la confrontación real con el objeto o a la situación concreta a la que se teme.
Un reciente estudio ha mostrado que en las personas con fobias se produce un aumento del riego sanguíneo, y de la actividad metabólica en el lado derecho del cerebro.
Los psiquiatras reconocen tres tipos de fobias:
–Las fobias simples, dirigida hacia objetos y situaciones específicas, como por ejemplo a ciertos animales; arañas, serpientes…, a espacios cerrados o las alturas. En el caso de las fobias simples, las personas que la padecen, son capaces de evitar el objeto o la situación temida evitando, así, la ansiedad. Pueden no interferir con la vida normal del sujeto, siempre y cuando pueda evitarse el desencadenante. Por ejemplo, el miedo a volar condiciona menos la vida diaria de un taxista que de un ejecutivo.
–La agorafobia, miedo a espacios públicos cerrados, como el metro o centros comerciales. Normalmente en el agorafóbico, los miedos tienen su origen en un episodio aislado, denominado por los especialistas como crisis de pánico. La persona se siente repetidamente enferma, sin que exista una causa aparente. Los síntomas suelen ser; sensación de ahogo, malestar u opresión en el pecho, mareos, palpitaciones. El enfermo de agorafobia cree perder el control absolutamente de todo, puede llegar incluso, a identificar todos estos síntomas como el presagio de una muerte inminente. El paciente empieza a evitar los lugares en los que cree que puede repetirse esta crisis de pánico, y siente ansiedad anticipatorio con solo pensar que la crisis podría volver a darse. Poco a poco va aumentando el círculo de lugares a evitar, y la vida del enfermo de agorafobia se va resintiendo.
–Y las conocidas con el nombre de “fobias sociales“, como el miedo de sentirse ridículo o sentir vergüenza en público.
El sentido del ridículo, la incomunicación social
El temor de cometer un error, a ser juzgado por los demás, una preocupación exagerada cuando va a conocer a una nueva persona, o alejarse de determinadas situaciones sociales, son todo ese tipo de cosas que a veces, con demasiada facilidad, se tienden a asumir como parte de la personalidad del individuo. Sin embargo, todo este tipo de cosas son las que pueden estar indicando que la persona es víctima de una fobia social.
Están caracterizadas principalmente por un temor continuo e incontrolable a enfrentarse a determinadas situaciones cotidianas. La persona que padece una fobia social es una persona que debido a su timidez ha aprendido a la perfección toda una serie de técnicas para huir de esas situaciones que le producen ansiedad y angustia, llegando a casos tan radicales como es el que consiste en someterse a si mismo a un aislamiento enfermizo y cruel.
Estos enfermos, sujetos con un profundo sufrimiento, llegan a saber disimular ante familiares y amigos su problema. Un problema que comienza a dar señales de vida a partir de la niñez y la preadolescencia. Casi siempre, según los especialistas, a partir de los 10 años, etapa marcada por el inicio de las relaciones sociales complejas.
En cuanto al tratamiento de las fobias, especialmente de las fobias sociales, desde el punto de vista farmacológico, existen medicamentos que sólo sirven apara aliviar los síntomas de forma transitoria. También está demostrada la eficacia de la psicoterapia. En ambos casos, con la aplicación de estos dos tipos de tratamiento se pretende vencer los comportamientos de evitación fóbicos establecidos.
Habitualmente se trata de atacar a la fobia desde distintos puntos, como; (1) componente educativo, (2) reto de pensamientos, (3) exposición, y (4) ensayos de conducta en sesión. ¿En qué consiste cada uno?
-(1) Consiste en la presentación de las líneas generales de la terapia, así como en la explicación de los conceptos fundamentales que un enfermo de FS ha de conocer para hacer frente y vencer su enfermedad. Se suele dividir en cinco módulos, en forma de manuales de autoayuda, son considerados de uso imprescindible y esencial para las personas con algún tipo de fobia.
-(2) En esta fase el terapeuta trata de enseñar al paciente cuáles son los pensamientos “erróneos”. Enseña cómo identificar, desafiar y combatirlos. Ya que en ocasiones a causa de interpretaciones erróneas, tendemos a experimentar una grave sensación de malestar. A través de esta técnica de “reto de pensamientos”, se llega a actuar como un científico, probar hasta que punto estamos acertados o equivocados en nuestra interpretación de una determinada situación.
-(3) Ésta es una de las más empleadas en el tratamiento de las fobias, y también se emplea con bastante frecuencia en las FS. Consiste en la exposición gradual de las personas que padecen alguna fobia, a situaciones que temen y/o evitan. A partir de esta “provocación” se intenta que el paciente consiga vencer el miedo y la ansiedad que le produce hacer ciertas cosas. Es una desensibilización progresiva.
-(4) Como una terapia de grupo, sus miembros “ensayan” aquellas situaciones que les producen miedo. En estos ensayos participan todos los miembros del grupo, lo que supone una ocasión perfecta para la implicación de todos en el problema. En estos ensayos se trata de emular la realidad al máximo posible con el objetivo claro de que la persona pueda poner en práctica lo aprendido.
Cara a cara con el problema
En España, cerca del 10% de la población padece algún tipo de fobia, siendo las más frecuentes la fobia social y la agorafobia, según apunta la doctora Mº Gracia Lasheras, psiquiatra del USP Institut Universitari Dexeus de Barcelona.
En el origen de las fobias, los científicos también han llegado a señalar la relación con algunos factores biológicos. Así, por ejemplo, en uno de los más recientes estudios llevados a cabo sobre el tema, se ha demostrado que hay un aumento de riego sanguíneo y de la actividad metabólica de las neuronas en el lado derecho del cerebro en los pacientes con fobias.
Otra curiosidad más en el universo de las fobias, es la también reciente demostración de que dos gemelos pueden desarrollar el mismo tipo de fobias, incluso siendo educados en ambientes separados.
De una u otra manera, y partiendo de lo ya apuntado sobre el inicio de la enfermedad, de cualquier fobia, en la niñez o preadolescencia, la principal labor para vencer las fobias es la prevención. A través de la observación, se favorecerá una rápida intervención de las fobias con un tratamiento a base de terapias específicas. Dependerá del tipo de fobia y del tipo de paciente, en cada caso se aplicará un tratamiento farmacológico y una psicoterapia adecuada a ese determinado tipo de fóbico.
Es, sobre todo, muy importante para conseguir superar una fobia, permanecer muy atentos a los comportamientos típicos y propios de las personas tímidas y un tanto retraídas. Es necesario analizar si éstos se tratan de meros rasgos del carácter, o si por el contrario están indicando que la persona que los muestra es víctima de una fobia que interfiere en su comunicación con los demás, llegando a “marginarla” y arrastrándola a un universo aparte, caracterizado por el aislamiento, la ansiedad y el miedo a ser ella misma.
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