Somos lo que pensamos

Leo en http://www.mhmujer.com unas reglas de oro para alcanzar nuestros objetivos

Por Mary Sol Olba

PENSAR EN TODO LO BUENO QUE REALMENTE SE DESEA ES EL MEJOR MÉTODO PARA ALCANZARLO

Pensar ‘en positivo’ es hoy un concepto que pertenece al lenguaje corriente. Utilizamos a menudo frases que nos recuerdan que la calidad de los pensamientos determina la calidad de la vida. Sabemos que alimentar pensamientos sombríos y autolimitadores se suele traducir en realidades oscuras y frustrantes, y a la inversa.

Somos lo que pensamos y por eso es tan importante reeducarnos a nosotros mismos para sustituir las ideas negativas grabadas en nuestra mente quién sabe cuándo, por otras impregnadas de positividad y elegidas libremente. Se trata de hacer limpieza de pensamientos y creencias que nos atascan el crecimiento interior y el derecho a vivir mejor.

Los pensamientos crean la realidad. Si esta afirmación te suena rara, fíjate en que todo lo que nos rodea fue un pensamiento en la mente de alguien antes de convertirse en algo real. Coches, ciudades, inventos, carreteras. Todo existió como pensamiento antes de ser tangible.

La energía mental es una fuerza muy poderosa. Los pensamientos atraen energías que les son afines, multiplicándose. Este proceso hace que los pensamientos marquen la pauta de lo que ha de ser creado. El impulso de las emociones los mueve y los proyecta hacia fuera, haciéndolos salir del mundo interno hacia el mundo externo. Cuanto más intensas y claras sean tus emociones, antes se creará lo que tienes en mente.

La energía sigue al pensamiento, y por eso la situación en la que enfocamos nuestra mente es la que vamos a tener. Puesto que los pensamientos moldean lo que será atraído hacia ti, es importante pensar en lo que deseas y no en lo que no deseas. Por ejemplo, la pareja perfecta no vendrá porque no te guste estar solo. Tampoco pensar una y otra vez lo difícil que es llegar a fin de mes te ayudará a aumentar tus ingresos.

LA CLAVE ESTÁ EN SABER CAMBIAR

No te sientas mal por los pensamientos negativos que puedas tener. El temor o la desazón son emociones que los hacen todavía mas poderosos.

La clave es sustituir: cambia los pensamientos que te centran en lo que no quieres por otros opuestos y en positivo.

Crea imágenes mentales de lo que quieres que entre en tu vida. Disfruta imaginándote, con todo lujo de detalles, cómo te sentirías y lo que harías si ya fuera una realidad.

La repetición es importante. Cuando conseguiste algo en el pasado, fue tras haber pensado en ello con frecuencia.

Piensa en algo que deseaste alguna vez. Recuerda los sentimientos experimentados antes y después de tenerlo. Revive la alegría que sentiste; esta energía te ayudará a conseguir lo que deseas.

Creer y crear son palabras parecidas y no es casualidad. Tu haces el molde en tu mente, luego la vida se encarga de rellenarlo.

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Saber que se puede

Un canto a la esperanza de Diego Torres

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La película

 

Título:
Amelie.

Título original: Le fabuleux destin d’Amelie
Poulain (Amélie).

Género: Comedia.

Director: Jean-Pierre Jeunet .

Actores: Audrey Tautou, Mathieu Kassovitz, Rufus, Lorella Cravotta, Serge Merlin, James Debbouze, Claire Maurier, Clotilde
Mollet, Isabelle Nanty, Dominique Pinon, Artus de Penguern, Yolande Moreau, Urbain Cancelier, Maurice Benichou.

País: Francia.

Año de producción: 2001.


Sinopsis
: Película con grandes dosis de imaginación y ternura sobre una chica una poco pueblerina que no alcanza el amor a causa de su timidez exagerada. Es que Amelie no es una chica como las demás: ha visto a su madre morir en la plaza de Notre-Dame y a su padre dedicar todo su afecto a un gnomo de jardín. De repente, a sus veintidós años, descubre su objetivo en la vida: arreglar la vida de los demás. A partir de entonces, inventa toda clase de estrategias para intervenir, sin que se den cuenta, en la existencia de varias personas de su entorno.

Comentario: La película refleja muy bien -aunque sin dramatismos y en un tono amable- las dudas de una persona tímida y su sufrimiento, ese querer y no poder, ese intentar y no ser capaz.

 


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Psicoterapia aplicada a la fobia social

Leo en asociacionamigos.org un muy interesante resumen sobre las psicoterapias utilizadas para la fobia social

Terapia Cognitiva

Los individuos que padecen de Fobia Social tienden a considerar su propio desempeño en forma hipercrítica, suelen tener pensamientos negativos respecto a sí mismos (por ej. desvalorizarse) y se subestiman cuando interactúan con otras personas (distorsiones cognitivas) lo que los lleva a sentirse burlados, avergonzados o a sentir que “hacen el ridículo” cuando se presentan en público.

El fundamento de la Terapia Cognitiva es alentar a los individuos que padecen este trastorno a que confronten sus creencias negativas (como pensar que el fracaso o la vergüenza son inevitables en situaciones sociales) con la realidad (objetivación de su capacidad de desempeño social).

La Terapia Cognitiva Grupal (Psicoterapia Grupal) constituye el enfoque más ampliamente estudiado y validado empíricamente. El grupo “alienta” a que los pacientes enfrenten sus ansiedades sociales. Dentro de las sesiones de Terapia Grupal los pacientes son expuestos a situaciones sociales, generadoras de ansiedad, durante y tras las cuales se les enseña procedimientos de “reestructuración cognitiva”. Al paciente se le “enseña” a considerar vías alternativas de interpretación de las situaciones sociales y examinar las capacidades y evidencias reales respecto de las propias creencias.

Entrenamiento en Habilidades Sociales de afrontamiento

El entrenamiento en habilidades sociales de afrontamiento se subdivide en:

1- Entrenamiento en Habilidades Sociales:

Indicado sobre todo en casos donde el sujeto no tiene habilidades para afrontar situaciones sociales y que refuerzan las cogniciones de incompetencia personal. El terapeuta identifica las situaciones relacionadas donde el sujeto se muestra incompetente, la representa con el sujeto, y modela alternativas que va reproduciendo el paciente y le va dando feedback al respecto. Este proceso puede potenciarse si en cada paso se identifican las cogniciones asociadas a la conducta incompetente y las posibles cogniciones alternativas al ensayo de nuevas habilidades. El rol-playing, el modelado, el ensayo conductual, las técnicas cognitivas y autoinstruccionales y las tareas para casa suelen formar parte de un entrenamiento en habilidades sociales cognitivo- conductual.

2- Entrenamiento Asertivo:

Es un tipo de habilidad social indicada en casos de inhibición social (el sujeto sabe como hacerlo pero lo evita por miedo a las consecuencias) y de incompetencia social. Su finalidad última es que el sujeto exprese sus opiniones, deseos y sentimientos (positivos y negativos) de modo persistente, pero respetuoso con otros (no agresivo). A nivel cognitivo se trata de “descentrar” la dependencia del sujeto a criterios de valoración externos y autoafirmarse en los personales. Puede ser útil previo al entrenamiento asertivo, presentar las creencias que mantienen la conducta no asertiva y las creencias que apoyan los derechos personales, y revisar con el paciente sus implicaciones. Esto puede evitar que la conducta asertiva sea disonante a un valor personal (por ej. que “siempre hay que anteponer los deseos ajenos a los personales”). .

Técnicas de Relajación

Implica el aprendizaje para relajar la musculatura, primero durante situaciones basales (descanso) y posteriormente en las situaciones sociales provocadoras de ansiedad y/o angustia.

Exposición in vivo

La exposición in vivo consiste en un entrenamiento real, con aproximaciones crecientes en complejidad y duración a las situaciones sociales fobígenas, hasta lograr, con sus sucesivas repeticiones, la mayor extinción posible de la ansiedad y angustia. Esta técnica se utiliza también con éxito en el tratamiento de las Fobias Específicas (por ej. volar en avión).

Aunque estos métodos son presentados como diferentes formas terapéuticas es usual que se combinen e integren entre sí para obtener resultados positivos más efectivos y a corto plazo.

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¿Miedo a ser uno mismo?

Leo en asociacionamigos.org la siguiente revisión sobre las fobias realizada por el periodista J. Aranda:

Las fobias y los trastornos de ansiedad: graves obstáculos para la comunicación social.

Las personas pueden ser más o menos introvertidas. Pero cuando la timidez erosiona la confianza en uno mismo, bloquea, paraliza y condiciona el comportamiento humano, cuando impide la comunicación con los demás, es posible que nos hallemos bajo la sombra de una fobia social. El miedo es una palabra clave en ambos casos, pues se trata del elemento que niega a la persona la posibilidad de expresar aquello que siente o piensa. Conocer a alguien nuevo, hablar por teléfono, relaciones de grupo, son todas situaciones que la persona tímida intenta por todos los medios evitar. La razón podría ser la inseguridad, el miedo a ser uno mismo, o un sentimiento de inferioridad en las posibilidades personales.

Las fobias, según la OMS, afectan al 7% de la población mundial.

Hoy en día, saboreando todavía el recién estrenado siglo XXI, enfermedades como la depresión, el estrés, las crisis de pánico, las fobias, o los trastornos de ansiedad están muy presentes. Se revelan como la preocupación principal de una sociedad caracterizada por estilos de vida poco saludables, donde prima la filosofía de obtener éxito a cualquier precio, en la que el individuo está constantemente desbordado, pierde el control y tiende al individualismo salvaje.

Ese tipo de sociedad, sumida en las prisas y la incomunicación, ha de recurrir en ocasiones a la consulta de un especialista cuando la enfermedad ya está instaurada en el paciente. Sin embargo, desde el punto de vista de los psiquiatras la estrategia a seguir es la prevención.

El poco encanto de la timidez

Imagínese la situación. Está a punto de hablar ante un auditorio que rebosa, todo está preparado para su intervención y comienza a sentir que se pone rojo, la voz se le quiebra, su corazón late a una velocidad descontrolada, le sudan las manos y parece que su estómago se le pone “al revés”.

En una sociedad en la que prima la filosofía de obtener éxito a cualquier precio, el estrés, la ansiedad, o las fobias, se revelan como importantes preocupaciones.

El origen de la timidez, según los especialistas, se encuentra en un sentimiento o complejo de inseguridad. Es definida en la “Guía práctica de psicología” como “un estado emocional que se produce en ciertos tipos de personalidad y que se acompaña de síntomas vegetativos; rubor, taquicardia, ansiedad, sudoración…”.

A veces, muy estrechamente ligados con la timidez, caminan otros dos conceptos, la introversión, la vergüenza, o el miedo al ridículo. Mientras que la primera es una manera de encerrarse en uno mismo, una particular manera de disfrutar en solitario de todo aquello que rodea a la persona; en la segunda ya interviene el aprendizaje, y principalmente hace acto de presencia cuando el individuo cree poder cometer una acción reprobable o ridícula.

En la actualidad, según los estudios más recientes, cerca de un 40% de las personas se autodefinen tímidas, o afirman haber padecido timidez en algún momento de sus vidas.

Así, la timidez no es precisamente una característica con encanto, y todas sus consecuencias son negativas; afectan a la estabilidad psicológica, la satisfacción personal, y las relaciones con el entorno.

La ansiedad, ¿Miedo a ser uno mismo?

El temor de cometer un error, a ser juzgado, el alejamiento de ciertas situaciones sociales…son cosas que pueden indicar el padecimineto de una fobia. Cuando la timidez se convierte en enfermedad: la fobia social.

En el momento en que la inseguridad da paso al miedo irracional, ya no es posible hablar de timidez, entonces entra en escena la fobia. Definida simplemente como el miedo intenso y persistente hacia un objeto, persona o tipo de situación.

Su consecuencia inmediata, la de cualquier tipo de fobia, es la limitación que supone para el individuo que la padece, así como una acusada disminución de su calidad de vida. Además, la fobia suele llevar de la mano una ansiedad desproporcionada con las situaciones reales, estas personas son conscientes de su miedo irracional.

Por lo general, en las fobias no tienen porqué existir antecedentes familiares de enfermedad mental o de la misma fobia. Las fobias, según los especialistas, aparecen debido a la confrontación real con el objeto o a la situación concreta a la que se teme.

Un reciente estudio ha mostrado que en las personas con fobias se produce un aumento del riego sanguíneo, y de la actividad metabólica en el lado derecho del cerebro.

Los psiquiatras reconocen tres tipos de fobias:

Las fobias simples, dirigida hacia objetos y situaciones específicas, como por ejemplo a ciertos animales; arañas, serpientes…, a espacios cerrados o las alturas. En el caso de las fobias simples, las personas que la padecen, son capaces de evitar el objeto o la situación temida evitando, así, la ansiedad. Pueden no interferir con la vida normal del sujeto, siempre y cuando pueda evitarse el desencadenante. Por ejemplo, el miedo a volar condiciona menos la vida diaria de un taxista que de un ejecutivo.

La agorafobia, miedo a espacios públicos cerrados, como el metro o centros comerciales. Normalmente en el agorafóbico, los miedos tienen su origen en un episodio aislado, denominado por los especialistas como crisis de pánico. La persona se siente repetidamente enferma, sin que exista una causa aparente. Los síntomas suelen ser; sensación de ahogo, malestar u opresión en el pecho, mareos, palpitaciones. El enfermo de agorafobia cree perder el control absolutamente de todo, puede llegar incluso, a identificar todos estos síntomas como el presagio de una muerte inminente. El paciente empieza a evitar los lugares en los que cree que puede repetirse esta crisis de pánico, y siente ansiedad anticipatorio con solo pensar que la crisis podría volver a darse. Poco a poco va aumentando el círculo de lugares a evitar, y la vida del enfermo de agorafobia se va resintiendo.

Y las conocidas con el nombre de “fobias sociales“, como el miedo de sentirse ridículo o sentir vergüenza en público.

El sentido del ridículo, la incomunicación social

El temor de cometer un error, a ser juzgado por los demás, una preocupación exagerada cuando va a conocer a una nueva persona, o alejarse de determinadas situaciones sociales, son todo ese tipo de cosas que a veces, con demasiada facilidad, se tienden a asumir como parte de la personalidad del individuo. Sin embargo, todo este tipo de cosas son las que pueden estar indicando que la persona es víctima de una fobia social.

Están caracterizadas principalmente por un temor continuo e incontrolable a enfrentarse a determinadas situaciones cotidianas. La persona que padece una fobia social es una persona que debido a su timidez ha aprendido a la perfección toda una serie de técnicas para huir de esas situaciones que le producen ansiedad y angustia, llegando a casos tan radicales como es el que consiste en someterse a si mismo a un aislamiento enfermizo y cruel.

Estos enfermos, sujetos con un profundo sufrimiento, llegan a saber disimular ante familiares y amigos su problema. Un problema que comienza a dar señales de vida a partir de la niñez y la preadolescencia. Casi siempre, según los especialistas, a partir de los 10 años, etapa marcada por el inicio de las relaciones sociales complejas.

En cuanto al tratamiento de las fobias, especialmente de las fobias sociales, desde el punto de vista farmacológico, existen medicamentos que sólo sirven apara aliviar los síntomas de forma transitoria. También está demostrada la eficacia de la psicoterapia. En ambos casos, con la aplicación de estos dos tipos de tratamiento se pretende vencer los comportamientos de evitación fóbicos establecidos.

Habitualmente se trata de atacar a la fobia desde distintos puntos, como; (1) componente educativo, (2) reto de pensamientos, (3) exposición, y (4) ensayos de conducta en sesión. ¿En qué consiste cada uno?

-(1) Consiste en la presentación de las líneas generales de la terapia, así como en la explicación de los conceptos fundamentales que un enfermo de FS ha de conocer para hacer frente y vencer su enfermedad. Se suele dividir en cinco módulos, en forma de manuales de autoayuda, son considerados de uso imprescindible y esencial para las personas con algún tipo de fobia.

-(2) En esta fase el terapeuta trata de enseñar al paciente cuáles son los pensamientos “erróneos”. Enseña cómo identificar, desafiar y combatirlos. Ya que en ocasiones a causa de interpretaciones erróneas, tendemos a experimentar una grave sensación de malestar. A través de esta técnica de “reto de pensamientos”, se llega a actuar como un científico, probar hasta que punto estamos acertados o equivocados en nuestra interpretación de una determinada situación.

-(3) Ésta es una de las más empleadas en el tratamiento de las fobias, y también se emplea con bastante frecuencia en las FS. Consiste en la exposición gradual de las personas que padecen alguna fobia, a situaciones que temen y/o evitan. A partir de esta “provocación” se intenta que el paciente consiga vencer el miedo y la ansiedad que le produce hacer ciertas cosas. Es una desensibilización progresiva.

-(4) Como una terapia de grupo, sus miembros “ensayan” aquellas situaciones que les producen miedo. En estos ensayos participan todos los miembros del grupo, lo que supone una ocasión perfecta para la implicación de todos en el problema. En estos ensayos se trata de emular la realidad al máximo posible con el objetivo claro de que la persona pueda poner en práctica lo aprendido.

Cara a cara con el problema

En España, cerca del 10% de la población padece algún tipo de fobia, siendo las más frecuentes la fobia social y la agorafobia, según apunta la doctora Mº Gracia Lasheras, psiquiatra del USP Institut Universitari Dexeus de Barcelona.

En el origen de las fobias, los científicos también han llegado a señalar la relación con algunos factores biológicos. Así, por ejemplo, en uno de los más recientes estudios llevados a cabo sobre el tema, se ha demostrado que hay un aumento de riego sanguíneo y de la actividad metabólica de las neuronas en el lado derecho del cerebro en los pacientes con fobias.

Otra curiosidad más en el universo de las fobias, es la también reciente demostración de que dos gemelos pueden desarrollar el mismo tipo de fobias, incluso siendo educados en ambientes separados.

De una u otra manera, y partiendo de lo ya apuntado sobre el inicio de la enfermedad, de cualquier fobia, en la niñez o preadolescencia, la principal labor para vencer las fobias es la prevención. A través de la observación, se favorecerá una rápida intervención de las fobias con un tratamiento a base de terapias específicas. Dependerá del tipo de fobia y del tipo de paciente, en cada caso se aplicará un tratamiento farmacológico y una psicoterapia adecuada a ese determinado tipo de fóbico.

Es, sobre todo, muy importante para conseguir superar una fobia, permanecer muy atentos a los comportamientos típicos y propios de las personas tímidas y un tanto retraídas. Es necesario analizar si éstos se tratan de meros rasgos del carácter, o si por el contrario están indicando que la persona que los muestra es víctima de una fobia que interfiere en su comunicación con los demás, llegando a “marginarla” y arrastrándola a un universo aparte, caracterizado por el aislamiento, la ansiedad y el miedo a ser ella misma.

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Miedo a las hembras de mi especie

mantis

ADVERTENCIA: el relato que podrán leer a continuación se basa en hechos reales tomados de la vida de las mantis, si bien los nombres y circunstancias han sido modificados para salvaguardar el derecho a la intimidad de los insectos.

HISTORIA DE UN MACHO

Yo soy un macho de Mántido. Para vuestros científicos pertenezco a una especie de insecto llamada Mantis religiosa y en verdad no acabo de comprender todavía el calificativo sagrado que nos habéis adjudicado, aunque dicen que es por la postura que adoptamos en reposo, como si estuviéramos en genuflexión. La realidad es bien distinta porque yo, y todos los de mi especie, no nos inclinados ante nadie, bueno, ante casi nadie.

Ya sabéis que somos una especie depredadora de otros insectos. Para que entendáis el significado real del término os diré que la depredación se parece bastante a la alimentación de carne fresca, sólo que nosotros comemos la carne más que fresca, viva. Nos agrada sentir los movimientos agónicos de la presa y percibir el olor de su hemolinfa. Si me permitís un chiste malo, es indudable que nuestra gastronomía está mucho más viva que la vuestra.

Para capturar a nuestras presas no usamos herramientas de ningún tipo. Cuando estamos lo suficientemente cerca de algún pequeño insecto, si es posible blandito y jugoso, extendemos nuestras extremidades anteriores con rapidez y lo cazamos. Mientras lo mantenemos atrapado entre nuestro fémur y tibia (ayudados por las púas que adornan estos prodigiosos apéndices), damos gracias a la diosa Naturaleza por el alimento que vamos a tomar y acto seguido clavamos nuestras fuertes mandíbulas en el cuerpo de la víctima y la vamos ingiriendo lentamente, trocito a trocito, chupándonos los palpos de vez en cuando (ummm, de pensarlo, me está entrando hambre).

Esta es una de nuestras actividades más frecuentes y que nos ocupa gran parte de la vida. Nos quedamos muy quietos entre el follaje pasando así inadvertidos, en espera de que se pongan a tiro los más despistados del lugar. Nuestros grandes ojos compuestos siempre andan buscando algún manjar.

Hasta aquí podríamos decir que no somos nada originales en el mundo animal, si bien nuestra técnica y especialización es digna de admiración.

Pero vayamos al asunto que me trae aquí. He de confesaros que yo soy un macho que le tiene miedo a las hembras. No creáis que eso es muy raro; a la mayor parte de mis amigos les ocurre lo mismo. No se trata de un miedo irracional, tiene su explicación. Os cuento.

Los machos de mi especie tenemos que andar con mucho cuidado cuando nos relacionamos con una hembra. Eso lo aprendí hace ya bastante tiempo.

Recuerdo que, siendo yo todavía inmaduro, merodeaba por una densa vegetación en busca de alguna presa que llevarme a la boca, cuando vi a una pareja de Mantis iniciar lo que más tarde supe que era el cortejo previo a la cópula. Ella, una gran y hermosa hembra, no dejaba ni un momento de mirar con sus enormes ojos a un pequeño macho que muy lentamente se acercaba a ella. Después de unos tímidos tocamientos, el macho se dispuso a copular con sumo cuidado, como temiendo hacer algo que podría lamentar para siempre.

Mi atención se centró en la pareja. Me acerqué un poco más, con sigilo para no ser descubierto y seguí observando. Pude ver cómo ambos estaban ya bien unidos, no sólo en objetivos, sino también físicamente. Pero algo sucedió en sólo una décima de segundo. No sé si fue un movimiento erróneo del macho o tal vez un capricho de la hembra, pero lo cierto es que ésta giró su cabeza bruscamente, se revolvió y con sus patas delanteras agarró fuertemente al macho que se mantenía en cópula con una gesto de asombro. Sin dar tiempo a pedir explicaciones, la mandíbulas de la hembra seccionaron de un mordisco certero el cuello de su compañero. Pude intuir una expresión placentera de la hembra en el momento de la ejecución casi ritual de su compañero.

Seguían unidos pero el macho ya no era consciente de lo que estaba pasando. La hembra prosiguió con su minuciosa y sádica labor ingiriendo la cabeza y el resto del cuerpo hasta dejar sólo unos trozos irreconocibles. Poco más tarde ella buscó un lugar resguardado en el suelo, en donde depositar una ooteca repleta de huevos que habían sido fertilizados por los espermatozoos de un macho que nunca llegaría a saber que había sido «papá».

Yo estaba asustado. No comprendía bien lo que estaba pasando. Procuré salir de allí lo antes posible, no fuera que la devoradora de machos no quedara satisfecha y buscara también a los inmaduros como yo.

Más tarde me enteré por mis amigos de mayor edad que muchas de las copulaciones en mi especie terminan de esta forma. Dicen que cuando la hembra secciona el cuello del macho se produce una descarga total de espermatozoos procedentes de las vesículas seminales, dando lugar a una abundante eyaculación que permite a la hembra (además de obtener el máximo placer) llenar su espermateca para asegurar la fertilización de todos sus ovocitos. En caso contrario la eyaculación es menos abundante pues nuestro cerebro, el de los machos, inhibe en cierta medida esta descarga. Una vez que el macho es «exprimido» de esta forma, ya sólo queda terminar de aprovecharlo, en este caso como alimento energético para la futura madre y por el bien de la especie.

Esta es la razón de mi miedo a las hembras. Creo que es justificado. Sin embargo, mi instinto me dice que debo arriesgarme, que en ellas puedo encontrar la mayor felicidad del mundo, aunque tengo muchas probabilidades de morir en el intento. Es así de duro ser macho en mi especie.

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