La intervención psicológica


En la serie de notas extraídas de texto “Fobia Social” de Dr. Arturo Bados López (2005), después de definir el problema en Las tres dimensiones de la fobia social y de conocer el origen en La precuela de la fobia social, llega el momento de la intervención  psicológica:

Los objetivos

a)  Aprender a establecer metas realistas en las interacciones sociales.

b) Corregir las expectativas, interpretaciones y valoraciones negativas y, en general, los errores cognitivos que contribuyen a incrementar o mantener la ansiedad; y modificar los supuestos en los que se basan estas cogniciones negativas.

c) Aprender a concentrarse en la tarea o interacción social en vez de en las sensaciones internas y pensamientos negativos.

d) Reducir significativamente las conductas de evitación y las conductas defensivas al tiempo que se potencian las interacciones sociales pertinentes.

e) Reducir significativamente la activación autonómica y somática o habituarse a la misma cuando no se puede cambiar.

f) Reducir significativamente la ansiedad social tanto en las situaciones sociales temidas como al anticipar éstas.

g) Aprender a comportarse habilidosamente en aquellas situaciones en las que la persona presenta déficits al respecto.

h) Reducir significativamente la interferencia producida por el trastorno.

La idea no es curar totalmente al paciente, sino dotarle de unos recursos básicos que le permitan, tras haber conseguido un progreso notable en la terapia, seguir trabajando por su cuenta para incrementar y ampliar los cambios conseguidos.

El camino

Al igual que con cualquier otro trastorno, es fundamental:

a) Establecer una buena relación terapéutica, la cual puede verse interferida por los miedos sociales del paciente.

b) Acordar, a partir de los datos obtenidos en la evaluación y de las experiencias del paciente, una conceptualización del problema en la que se destaquen los elementos del mismo y los factores que contribuyen a su mantenimiento (puede ofrecerse también una breve explicación sobre el posible origen del trastorno).

c) Acordar con el paciente los objetivos específicos a conseguir.

d) Justificar y describir en general el tratamiento a seguir y su eficacia.

Se aconseja que, a no ser que las características del paciente aconsejen lo contrario, la conceptualización del problema no se presente de un modo directivo, sino que se llegue a la misma en colaboración con el paciente y apoyándose en las experiencias de éste. También es aconsejable que el modelo explicativo se vaya dibujando en una pizarra u hoja de papel para que terapeuta y paciente puedan verlo y discutirlo juntos. Una vez acordado el modelo explicativo, conviene darle al cliente una copia por escrito para que pueda consultarla cuando desee o se le pida.

Hay que vigilar para que los pacientes no mantengan metas del tratamiento poco realistas. Algunos piensan que aprenderán a sentirse siempre sin malestar al interactuar con otra gente, pero no hay tratamiento, por prolongado que sea, que pueda conseguir esto; además, un cierto grado de ansiedad social es normal e incluso deseable en muchas situaciones.

Otros creen que aprenderán reglas claras de cómo comportarse en las situaciones sociales, pero aunque el tratamiento ofrece cierta ayuda al respecto, es imposible tener en cuenta toda la diversidad de situaciones sociales; además, y más importante, muchas situaciones sociales son impredecibles y existen opiniones diversas sobre qué comportamientos son más adecuados.

Finalmente, los pacientes con miedo a sus síntomas somáticos (rubor, sudor, temblor) en situaciones sociales suelen desear la desaparición de estos síntomas, pero estos son susceptibilidades individuales con las que hay que aprender a convivir; si esto se consigue, se supone que, al reducirse el miedo, disminuirán en intensidad, frecuencia y/o duración.

Los fóbicos sociales tienden a menospreciar los logros conseguidos, más aún si son lentos o pequeños. Menospreciar el progreso es más fácil cuando las tareas que se propone el paciente son cosas que resultan fáciles para la mayoría de la gente.

Conviene avisar al paciente (y prepararlo para ello) de que la superación de la fobia social puede no producir efectos positivos inmediatos con las personas conocidas, debido a las actitudes previas de los demás hacia él. Por otra parte, la exposición y los experimentos conductuales en la reestructuración cognitiva no pueden llegar a demostrar que los juicios negativos de los otros no existan realmente, ya que la gente puede callarlos o ser más suave por educación o consideración. La única manera de trabajar esto es aprender a tolerar la evaluación negativa y a comprender que esta es compatible con la aceptación por parte de la mayoría de los otros. En otras palabras, lo importante no es tanto convencerse de que la evaluación negativa es menos probable de lo que se cree, sino aceptar que no es tan catastrófica como se piensa: los demás pueden evaluar negativamente ciertos comportamientos de uno en algún momento, pero no por eso le rechazan (aunque una minoría puede hacerlo).

En principio, y hasta que no haya más datos al respecto, no se recomienda introducir medicación junto con el tratamiento psicológico, ya que no constituye un remedio a medio/largo plazo y puede favorecer la dependencia. De todos modos, medicaciones como los betabloqueantes y benzodiacepinas pueden ser útiles como medidas temporales cuando un paciente llega al tratamiento en un momento de crisis (p.ej., tiene que dar en breve una importante charla en público).

Hay que avisar a los clientes de que el progreso no será lineal. Aunque se irá avanzando, es normal que haya altibajos y contratiempos. Lo que se logró ayer, puede parecer imposible hoy y se puede perder parte de lo que se había ganado. Sin embargo, esto es inevitable y lo importante es seguir practicando, con lo que el terreno perdido se recupera con rapidez.

De cara al mantenimiento de los resultados, deben perseguirse ciertos cambios en el estilo de vida del paciente, tales como potenciar sus contactos con conocidos, ampliar su red de contactos sociales, participar en actividades que le permitan interactuar con otros (trabajo voluntario, grupos de aficiones), etc. Esto es especialmente importante en personas que carecen de un empleo estable y/o se encuentran aisladas.

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4 respuestas a La intervención psicológica

  1. sandra dijo:

    hola evan, al leer tu comentario sentí una gran tristeza, por favor lee y relee cuantas veces sea necesario este artículo, aqui estan los pasos a seguir para que superes estos temores. Sthephen king escribió: “… los monstruos y los fantasmas son reales, viven dentro de nosotros y lo peor es que a veces ellos ganan…” no estas solo… no los dejes ganar, el solo hecho de acceder a esta página de mi fobia social es un muy excelente paso , adelante!!!!!!!!!!!!!!

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  2. NOA dijo:

    Sobre la intervención psicológica… Seguramente el paso más dificil es el primero: Reunir el valor suficiente para pedir ayuda, para coger un telefono, llamar y pedir hora con un terapeuta.

    Pero me atrevo a decir que ese esfuerzo grandioso ya hace que uno se sienta mejor.
    Y lo digo por que yo hace unos dias, aunque la fobia social ya no es mi mayor problema, decidi dejar de luchar sola y di ese paso.

    Me costó horrores. En primer lugar fue un ejercicio de humildad, que cuando tienes la autoestima “de vacaciones” duele. Tardé dias en dar el paso. Tuve taquicardia. Paranoias… Pero pensé que iban a ser unos segundos de sufrimiento (lo que durase la llamada) a cambio de la esperanza de sentirme mejor.

    la primera sesión fue muy bien. Se que tengo mucho trabajo por delante, pero ya no estoy sola en esto.

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  3. Evan dijo:

    Como no tengo el valor de colocar esto en mi blog, lo ingreso aquí, a modo de comentario. Espero no ser inoportuno.

    Las 9 de la mañana.

    Me he desvelado aquí, navegando en la red. No tengo nada más qué hacer. Llevaré al menos 4 horas conectado, creo que ese es mi tiempo normal diario y mi actividad predominante. Es abrumador hacer esto, desgastarme de este modo. Ya no salgo mucho de casa, salvo para ir por despensa de vez en cuando. He encendido el calentador de agua porque pienso darme una ducha y salir por algo para comer. Ayer no comí nada y pasé buena parte del día durmiendo. Me levanté a las 8 de la noche, me conecté a Internet y charlé con mi novia a quien sólo conozco por dicho medio. ¿Patético? No para mí. No necesito mayor contacto humano que ese.

    Pero eso fue ayer. Hoy pienso salir dentro de un rato. Porque dos días sin comer ya no es algo que resista muy bien, debido a mi delgadez. Pero hay un problema. Tengo miedo a salir. Sé que es una estupidez, pero la sola idea de ser visto por los vecinos me hiela la sangre. Que mis vecinos y la gente en general me vea en mi estado actual es algo que no soporto. ¿Complejos absurdos? No tanto. Realmente no tengo buen aspecto.

    ¿Y qué pasa entonces cuando decido salir? Que inicia una batalla conmigo mismo. Con esos complejos, con esa fobia social, con mi inseguridad. Mi timidez nata es ya de por sí una carga. Pero mi mal aspecto se convierte es una tortura sicológica que siempre combato. Intento convencerme a mí mismo de lo insignificante que es todo el asunto, y me digo que los comentarios y actitudes de la gente no tienen por qué afectarme. Pero el temor y la fobia siguen ahí, y me hacen caminar de un lado a otro cuando pienso salir. Levanto la mano hacia el picaporte pero me resisto a abandonar la seguridad de mi soledad y enfrentar el mundo de la gente. La gente que vive, que se mueve, que está sincronizada con la vida, que tiene metas y lucha por ellas.

    El mundo de los vivos ya no es mi mundo. Soy un intruso ahí. Y no quiero nada de ese mundo, sólo hacerme de algo para comer hoy. Es todo.

    En este momento me encuentro en calma. Voy a disfrutar el baño y me vestiré con lo mejor que tenga. Voy a fingir normalidad, que me siento bien, que mi delgadez no me acompleja. Entonces me pondré frente al espejo para mirar mi rostro desde distintos ángulos y pensar en cómo me verá la gente. Y trataré de persuadirme de que no me veo tan mal. Entonces cogeré el dinero, avanzaré a la puerta, tomaré aire…

    y no sé si me atreva a salir.

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  4. ariel a futterer dijo:

    muy bueno , reconfortable y muy recomendado gracias

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