La técnica de la relajación muscular profunda es debida a Edmond Jacobson, un médico de Chicago que describió esta técnica en su libro titulado «Relajación Progresiva». Esta técnica está basada en la premisa de que las respuestas del organismo a la ansiedad provocan pensamientos y actos que comportan tensión muscular. La relajación muscular profunda reduce la tensión fisiológica y es incompatible con la ansiedad: El hábito de responder de una forma anula el hábito de responder de la otra.
Con esta técnica se han conseguido excelentes resultados en el tratamiento de la tensión muscular, la ansiedad, el insomnio, la depresión, la fatiga y otras dolencias.
RESPIRACIÓN CONTROLADA
La respiración controlada es un procedimiento que ayuda a reducir la activación fisiológica y, por tanto, a afrontar la ansiedad. La técnica consiste en aprender a respirar de un modo lento: 8 ó 12 respiraciones por minuto (normalmente respiramos entre 12 y 16 veces por minuto), no demasiado profundo y empleando el diafragma en vez de respirar sólo con el pecho.
Es aconsejable empezarla a aplicar antes de afrontar la situación conflictiva, al notar los primeros síntomas de ansiedad. Mientras aplica la respiración controlada puede ser beneficioso que repase el nivel de tensión de los diferentes grupos musculares (especialmente de los que usted tiene habitualmente más tensos) y que intente reducir la tensión de los mismos.
“Sufro con todos aquellos que tienen miedo. Yo misma sufro de eso. Se dice que la mayor parte de los trastornos de ansiedad se curan rápida y fácilmente. ¿Por qué entonces no hemos sido sanados? ¿Será porque en el mundo nada es sano? ¿Por qué debemos ser curados precisamente nosotros?
Una terapia exige grandes esfuerzos, y muchos de nosotros estamos cansados de asumir tales esfuerzos. Muchos, entre los cuales me encuentro, hemos tratado con diversos medios de vencer este miedo. A menudo me invade una rabia inexplicable, contra mí misma, especialmente contra mí misma; esto es lo autodestructivo del miedo: no se puede ir en contra de sí mismo. Hay tantas cosas que no pueden ser sobrepasadas, tal vez no se debería ni siquiera intentarlo, pero el miedo es como un permanente paseo hacia la nada, hacia un precipicio. La rabia de nunca terminar de caer pero al mismo tiempo tampoco de salir, a pesar de no haber estado dentro, se vuelve contra uno mismo, contra la propia incapacidad. Tal incapacidad nos enfrenta con aquello que tememos.
Nuestra pérdida de la capacidad de defendernos es inentendible para alguien que no haya atravesado por eso. Inentendible para alguien que desconozca esta pérdida de la defensa, esta pasividad impuesta y abarcativa.
Es como si uno fuera un animal y el miedo se nos sentara en el lomo: uno no se lo puede sacudir de encima, ni siquiera se puede tratar, pues sólo el intento implicará el uso de tanta fuerza de la cual no se dispone. Uno tiembla, se estremece, es desesperante cuando se es derrotado por el miedo y este no quiere ceder.
Pero también se es feliz cuando se es vencido por el miedo –y he aquí la otra cara del miedo–, pues nos protege de tener que confrontar con un mundo que pretendería imponernos sus reglas. El mundo no nos impuso ninguna regla. Tal vez debamos por eso vivir con ese miedo, no obstante éste sea un gran sufrimiento. ¿Será tal vez el miedo nuestra única defensa a contraponer a un mundo brutal y horroroso?
Nos dañamos a nosotros mismos con esta retirada del mundo, vemos muy poco de lo ajeno, esta ajenidad a la cual no podemos participar, pero no dañamos a nadie. Esto es ya mucho. Nuestro único enemigo es nada menos que el todo, y además nosotros mismos somos un plus que se suma a nuestro miedo, pero no derrotamos a nadie, pues nuestro miedo no se deja vencer. Se sienta sobre nosotros y es plano: no se lo puede uno sacudir de encima.”
Texto escrito por Elfriede Jelinek, autora teatral, novelista y ensayista austriaca, Premio Nobel de Literatura 2004. No asistió a la ceremonia de entrega de su premio debido a su fobia social.
Extraigo aquí las que a mi parecer son las reflexiones más interesantes que hace Eduard Punset acerca del desarrollo personal en una reciente aportación de su blog:
El crecimiento paulatino del tamaño del cerebro del feto en una época –hace dos millones de años– en que el homínido se empieza a poner de pie fue, desde un punto de vista energético, un avance fabuloso, pero, desde un punto de vista fisiológico, acarreó un estrechamiento de la pelvis.
La contradicción de un cerebro cada vez mayor y una pelvis cada vez más estrecha sólo tenía una solución: que el feto naciera prematuro. Y es lo que ocurre, nacemos prematuros. Un ser prematuro es un ser absolutamente indefenso.
Resulta que una de las primeras cosas que hemos descubierto en la irrupción de la ciencia en los procesos emocionales es que casi todo se decide desde que el bebé está en el vientre de la madre y hasta que tiene cuatro o cinco años. Cuando digo casi todo, se deciden dos cosas que hemos aprendido a identificar y que son fundamentales en la vida de cualquier persona.
– Una es un cierto sentimiento de seguridad en uno mismo que permite lidiar con el enemigo más atroz que tenemos los homínidos: el vecino, el otro homínido. No hay desafío mayor en la vida que el del otro homínido. Los grandes especialistas neurólogos de la inteligencia explican claramente que la inteligencia es un subproducto de la relación social. Lo que nos hace inteligentes es el contacto con los demás, es el tener que intuir lo que está pensando o cavilando el cerebro del que tengo enfrente; no sea que me quiera ayudar y no sepa cómo, no sea que me quiera manipular y lo sepa demasiado bien. Necesitamos una cierta autoestima para poder, en su día, irrumpir en el resto del mundo, el de los mayores.
– La segunda cosa importantísima que hemos descubierto en los bebés es la curiosidad, que no hay que perder nunca. La curiosidad para lidiar adecuadamente en lo que todos estamos empeñados, aunque no lo queramos admitir, que es conseguir el amor del resto del mundo.
O sea que uno de los descubrimientos esenciales en esta reflexión es la importancia del entorno afectivo que perdura desde la concepción hasta, más o menos, los cinco años.
Canciones para mis sesiones diarias de musicoterapia:
RESISTIRÉ
AL OTRO LADO DEL RÍO
PASÁNDOLO BIEN
ACUARELA
HOY PUEDE SER UN GRAN DÍA
La músicoterapia es una técnica terapéutica que utiliza la música en todas sus formas con participación activa o receptiva por parte del paciente (Congreso Mundial de Musicoterapia, París, 1974).
La terapia musical dio resultados científicamente comprobados en el año de 1930, en la ciudad de Nueva York, a partir de ahí se da el siguiente concepto terapéutico: La acción de la música es una eficaz terapia que actúa sobre el sistema nervioso y en las crisis emocionales, aumentando o disminuyendo las secreciones glandulares, activando (o disminuyendo) la circulación de la sangre y, por consiguiente, regulando la tensión arterial. La música influye en nuestra mente y en nuestro organismo mediante la creación de emociones.
Cualquier pieza musical puede influir ya sea de manera negativa o positiva, tanto puede causarnos depresión, angustia, estrés, ansiedad o ira, como puede relajarnos, causarnos alegría o equilibrio psíquico. No hace falta saber de música para saber como influye cualquier pieza en nuestro organismo, basta con sentir qué tipo de emociones despierta en nosotros. Las emociones negativas liberan sustancias químicas en nuestro organismo que obstaculizan su funcionamiento, las emociones positivas liberan sustancias positivas que colaboran a su buen funcionamiento. La música actúa dentro de nosotros, de nuestra mente por medio de vibraciones naturales que participan en cualquier tipo de materia. En este caso, estas vibraciones se filtran en nuestra mente y a su vez ésta envía la orden a afectando a nuestro organismo. De esta manera la música puede curar daños como desequilibrios nerviosos, influye sobre el corazón y los pulmones, y más allá de cualquier enfermedad, también actúa positivamente sobre casos de alcoholismo, tabaquismo, drogas y hasta la prevención de suicidios.
La música posee las cualidades de una droga, positivamente hablando, ya que tiene la capacidad de estimular o reprimir funciones del organismo. Al mismo tiempo, la música dispone de un tipo de lenguaje que es imposible convertir en palabras. Es un lenguaje único que solamente se puede interpretar por medio de la energía y la vibración, si nosotros no tenemos este conocimiento en conciencia, nuestra mente y nuestro cuerpo sí, nuestro espíritu también, así que basta una pieza musical para que mente, cuerpo y espíritu actúen solos. Por eso, más allá del misticismo y la espiritualidad, se encuentra la ciencia, la cual ha adoptado a la música como una forma de curación en los tratamientos de psicoterapia moderna. Los cuatro tratamientos más utilizados en la terapéutica musical son: la audición pasiva, la audición activa, la interpretación y la labor creativa. El principal valor terapéutico de la musicoterapia reside en su influencia sobre las distintas emociones. También ejerce efectos sobre el metabolismo, la presión el pulso y el volumen sanguíneo, la energía muscular, la respiración y las secreciones internas.
La música añade ayuda a superar depresiones psíquicas, aliviar el insomnio y la tensión nerviosa y sobre todo, desvía la atención del paciente a disminuir su angustia. La música nos permite despertar el sentido de unidad, de integración social, ayudándonos a comprender y aceptar las ideas ajenas.
Pero la música es mucho más que una terapia, la música consigue lo que difícilmente se consigue por medio directo de la ciencia o las religiones, la música eleva el nivel emocional de la mente humana.
La enfermedad mental es una alteración de los procesos cognitivos y afectivos del desenvolvimiento considerado como normal con respecto al grupo social de referencia del cual proviene el individuo. Esta alteración se manifiesta en trastornos del razonamiento, del comportamiento, de la facultad de reconocer la realidad y de adaptarse a las condiciones de la vida.
Dependiendo del concepto de enfermedad que se utilice, algunos autores consideran más adecuado utilizar en el campo de la salud mental el término «trastorno mental» (que es el que utilizan los dos sistemas clasificatorios de la psicopatología más importantes en la actualidad: la CIE-10 de la Organización Mundial de la Salud y el DSM-IV-TR de la Asociación Psiquiátrica Americana). Sobre todo en aquellos casos en los que la etiología biológica no está claramente demostrada, como sucede en la mayoría de los trastornos mentales.
El concepto enfermedad mental aglutina un buen número de patologías de muy diversa índole, por lo que es muy difícil de definir de una forma unitaria y hay que hablar de cada enfermedad o trastorno de forma particular e incluso individualizada ya que cada persona puede sufrirlas con síntomas algo diferentes.
La mente no es un órgano anatómico como el corazón o el hígado; por lo tanto, no puede haber, literalmente hablando, enfermedad mental. Cuando hablamos de enfermedad mental estamos hablando en sentido figurado, como cuando alguien declara que la economía del país está enferma. Los diagnósticos psiquiátricos son etiquetas estigmatizadoras aplicadas a personas cuyas conductas molestan o ofenden a la sociedad. Si no hay enfermedad mental, tampoco puede haber hospitalización o tratamiento para ella. Desde luego, las personas pueden cambiar de comportamiento, y si el cambio va en la dirección aprobada por la sociedad es llamado cura o recuperación.
La enfermedad mental ha sido interpretada de muy variadas formas desde comienzos de la historia, de acuerdo a la época y el concepto que se tenia de salud y enfermedad. Así, en las antiguas civilizaciones se atribuía la enfermedad mental a acciones sobrenaturales (posesión demoniaca, maleficios, efectos de magia, etc.), y para controlarlas se utilizaban prácticas de las llamadas magia blanca y magia negra.
En cuanto a la etiología de la enfermedad mental, podemos decir que, debido a su naturaleza única y diferenciada de otras enfermedades, están determinados multifactorialmente, integrando elementos de origen biológico (genético, neurológico,…), ambiental (relacional, familiar, psicosocial,…) y psicológico (cognitivo, emocional,…), teniendo todos estos factores un peso no sólo en la presentación de la enfermedad, sino también en su fenomenología, en su desarrollo evolutivo, tratamiento, pronóstico y posibilidades de rehabilitación.
Aun cuando clásicamente se han dividido las enfermedades mentales en Trastornos Orgánicos y Trastornos Funcionales, haciendo referencia al grado de génesis fisiológica o psíquica que determine al padecimiento, la evidencia clínica demuestra que ambas esferas no son independientes entre sí y que en la patología, como en el resto del desempeño psíquico «normal», ambos factores interactúan y se correlacionan para generar el amplio espectro del comportamiento humano tal como lo conocemos.
Un grupo de informáticos y psicólogos de las universidades de Alicante (UA) y Murcia (UMU) han diseñado una plataforma informática que, a través de Internet, ayuda al diagnóstico y tratamiento de los pacientes que sufren fobia social, como un ejemplo de psicoterapia por internet.
Este programa ha sido desarrollado por Daniel Ruiz, Antonio Soriano y Verónica Brotons, del grupo de Ingeniería Bioinspirada e Informática para la Salud de la UA, y por el psicólogo de la UMU José Olivares, especialista en este tipo de trastornos de ansiedad que se manifiestan en temor persistente y acusado a situaciones y relaciones sociales.
Ruiz ha explicado a EFE que el ordenador es una herramienta «útil» para ayudar al médico especialista en la identificación y tratamiento de los enfermos porque éstos prefieren evitar la interacción con los demás y suelen apostar por Internet como «intermediario» con la sociedad.
De esta manera, una gran parte de los fóbicos sociales «se sienten cómodos» con el ordenador, como se refleja en que tiendan al uso de los «chat» como espacios anónimos que no precisan de contacto personal.
Se trata de un proyecto en el que los expertos han trabajado durante un año y cuyo resultado fue presentado en el último congreso anual de la Sociedad Española de Ingeniería Biomédica, celebrado en Cartagena, a finales de 2007.
Los ingenieros informáticos de la UA han adaptado la metodología del psicólogo a la plataforma «Moodle» docente «on line» (clases no presenciales) para este tipo de pacientes.
El resultado es un programa formado por una parte de diagnóstico y, una segunda de tratamiento, que pretenden «complementar» el trabajo que desarrolla el psicólogo desde un espacio geográfico más cercano, el propio domicilio.
Para el diagnóstico, se ha incorporado una serie de cuestionarios cuyos resultados pueden derivar en una recomendación al propio internauta para que acuda a un especialista para tratar este tipo de trastornos.
En la fase de tratamiento, la plataforma prevé grupos similares a los «chat» donde fóbicos sociales intercambien sus experiencias bajo una supervisión consentida.
Incluso, el sistema permitirá de forma automática seguir la evolución de los pacientes gracias a la información expresada en los citados «chat» a partir de determinadas palabras clave.
También se incorporarán vídeos con escenas que ayudarán a observar al paciente ante estímulos concretos que se suceden con normalidad en actos públicos.
En fases adelantadas del tratamiento, se posibilitará que, a través de una cámara web, el paciente pueda realizar una presentación pública para que sea analizada por el médico destinatario de las imágenes.
Ruiz ha explicado que el sistema no almacena información médica ni identificación personal del paciente, con lo que se cumple con la Ley de Protección de Datos, y que para entrar es necesario un acceso personalizado mediante clave o contraseña.