Pensamientos distorsionados

Pensamientos

Hace tiempo que tenía la intención de abordar el tema de los pensamientos distorsionados, muchos de los cuales llegan a ser una losa para nuestras relaciones sociales y caracterizan muchos de los problemas de la timidez y la fobia social.

Una forma de iniciar una terapia de los trastornos de ansiedad es hacer una reflexión sobre nuestros pensamientos, nuestra forma de ver el mundo y a los que nos rodean, porque en definitiva somos lo que pensamos. Veamos cuales son las distorsiones más comunes de nuestros pensamientos para ser capaces de reconocerlas cuando de forma automática muestro cerebro nos trate de engañar.

1 Filtraje

Tipo de «Visión de túnel» (al final de un túnel se ve un pequeño recorte de la realidad, las paredes tapan el resto). Quien tiene esta distorsión sólo ve un elemento de la situación con exclusión de las otras cosas. De todo el conjunto se toma un simple detalle y todo el evento o situación queda teñida por este detalle. Cada uno tiene su propia visión de túnel. Algunos son sensibles solo a las pérdidas y no valoran también los probables beneficios de las cosas. Otros solo ven la mínima posibilidad de peligro en una situación y eso les impide disfrutar del conjunto, que puede ser agradable. Hay quienes en las personas solo buscan evidencia de injusticias y no valoran el resto. Esto no se da solo al considerar situaciones nuevas sino también al reexaminar los recuerdos. Si uno procede así al revisar su pasado puede reexperimentar selectivamente (filtrando el resto) solo las situaciones donde estuvo enojado o con angustia o depresión, saltándose los momentos donde estuvo bien

En síntesis: Se toma todo lo malo de algo y se magnifica, mientras que por otro lado se filtran las cosas buenas. Es como el que, ante una botella llena hasta la mitad, dice sistemáticamente: -«Esa botella está medio vacía»-

Mecanismos habituales de filtraje: Magnificación (aumentar mucho las cosas) y tremendización (tomarlas a la tremenda). También, sacar pensamientos fuera de contexto.

2 Pensamiento Polarizado

Con este pensamiento uno hace elecciones dicotómicas, no tiene términos medios. Las cosas son buenas o malas, maravillosas u horribles. Esto crea un mundo en blanco y negro y uno no puede ver los matices de gris. Cuando este pensamiento se aplica sobre uno mismo entonces si uno no es perfecto o brillante es que es un fracasado o un inútil.

3 Interpretación del pensamiento

Son hipótesis o ideas que uno se hace de personas o situaciones. Esto es así en la medida en que uno imagina que la gente siente y reacciona de la misma manera que uno mismo en igual situación. Por lo tanto no puede distinguir que hay personas que pueden actuar o ser diferentes a lo que uno cree y actuar guiado por esas ideas «casi» verdaderas suele ser peligroso.

4 Visión catastrófica

Es la tendencia a ver en pequeños signos una probable catástrofe. Ejemplo: Un dolor de cabeza indica ya un tumor cerebral; el pulso acelerado o el hormigueo de los brazos indica un infarto cardíaco.

5 Personalización

Es la tendencia a relacionar todo con uno mismo. Esto conduce por lo general al hábito de compararse con los demás. Por lo general, si de la comparación resulta vencedor gozará de un alivio momentáneo y si resulta perdedor se sentirá humillado. El error básico de este tipo de pensamiento es que se interpreta cada mirada, cada gesto o conversación como una pista o un dato para analizarse y valorarse a sí mismo. La persona que piensa así cree que todo lo que la gente hace o dice es alguna forma de reacción hacia ella. Vive esclava de compararse con los demás, intentando determinar quién esta mejor vestido, quien tiene mejor cuerpo, etc.

6 Falacia de control

Son distorsiones del sentido del control o del poder sobre sí mismo. Una persona puede verse a si mismo como impotente y externamente controlado, pasivo, que nada puede hacer o por el contrario como que todo lo puede, creerse responsable de todo y de tener que llevar al mundo en sus hombros. Los dos modos básicos de ver el mundo desde este estado es o sentirse víctima del destino o por el contrario, creerse responsable del sufrimiento o de la felicidad de los que le rodean.

7 Falacia de justicia

Esta distorsión está centrada en la aplicación de normas legales y contractuales a los caprichos de las relaciones interpersonales. El inconveniente es que dos personas raramente se ponen de acuerdo sobre lo que es justo y la justicia pretendida se refiere generalmente a si se le proporciona lo que uno espera, necesita o desea de la otra persona. Esto suele conducir a que uno quede inmovilizado en su punto de vista y sentirse siempre en guerra, con enojo creciente hacia el otro.

8 Razonamiento emocional

Creencia de que si uno siente determinadas cosas es porque son así en realidad. Si uno se siente feo es porque uno es realmente feo. Si uno se siente culpable es porque tiene que haber hecho algo mal. El problema de creerse uno que el pensamiento emocional es siempre es válido es como creerse que todo lo que dicen las propagandas de la TV es cierto.

9 Falacia del cambio

La única persona que uno puede tener la esperanza de controlar es a sí mismo. En la falacia del cambio se cree sin embargo que es más fácil cambiar a las otras personas para que se adapten a uno que modificarse uno para adaptarse al entorno. Las estrategias para cambiar a los otros incluyen echarles la culpa, exigirles, ocultarles cosas y negociar. El resultado habitual es que la otra persona se sienta atacada constantemente y no cambie en absoluto. El supuesto fundamental de este tipo de pensamientos es que la felicidad de uno depende de los actos de los demás.

10 Etiquetas globales

Etiquetar es ponerle rótulo a las personas o a las situaciones a partir de algún hecho o circunstancia. Si alguien no presta alguna cosa es etiquetada de egoísta. Si una persona se muestra poco bulliciosa en el grupo un par de veces ya queda etiquetada de aburrida. Estas ideas pueden contener algo de verdad pero lo malo de los rótulos es que ignoran toda evidencia contraria convirtiendo la visión de las cosas en algo muy rígido y rutinario.

11 Los debería

La persona con esta distorsión tiene una «lista interior» de normas rígidas y estereotipadas sobre como «deberían» comportarse o actuar tanto ella como los demás. Si se trasgreden esas normas internas se enoja mucho, o se siente muy culpable si es ella misma quien las viola. Como resultado de esto a menudo se termina adoptando la posición de estricto juez y encuentra permanentemente faltas en otros o en sí mismo. Si los demás no actúan consecuentemente a sus criterios se irrita o se pone intolerante. Supone que todos «deberían» conocer las reglas y «deberían» seguirlas.

12 Tener razón

Uno tiene que probar continuamente que su punto de vista es el correcto. Se pone siempre a la defensiva no interesando la opinión del otro sino defender su idea. Es como que uno nunca se equivoca. Las personas con este tipo de opiniones raramente cambian porque no suelen escuchar nuevas informaciones, todo lo que no encaja en lo que ya creen lo ignoran y suelen considerar que tener razón es más importante que mantener unas buenas relaciones personales.

13 Culpabilidad

La persona con esta distorsión experimenta alivio cuando encuentra quién es el culpable o responsable de alguna situación. Pero esto, a menudo implica que es el otro el que se ve forzado a convertirse en responsable de elecciones y decisiones que, en definitiva, son también responsabilidad de uno. Algunas personas, de manera preferencial, vuelcan la culpabilidad sobre ellas mismas. Así constantemente se preocupan por creerse incompetentes, estúpidas, insensibles o muy emotivas.

14 Falacia de la recompensa

La persona con esta distorsión se comporta «correctamente» en espera de una recompensa. Por lo general llega a agotarse física y mentalmente trabajando y pensando que su esfuerzo será reconocido y recompensado por quien uno estima (Dios, los hijos, el cónyuge, el jefe).

15 Sobregeneralización

Se tiende a hacer una conclusión válida para todo a partir de un solo hecho, generalmente poco relevante, ignorando cuidadosamente todo lo que pueda contradecirla. Así si uno se marea realizando un viaje en colectivo nunca realizará otro. Esto conduce a una vida cada vez más limitada porque si ocurre algo malo una vez se esperará que ocurra eso una y otra vez.

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Oxitocina: Una hormona que nos ayuda a ser más felices.

Oxitocina

Una hormona llamada “oxitocina” produce efectos en nuestro cerebro muy importantes de cara a conseguir cierta estabilidad emocional y combatir numerosos estados de ansiedad, fobias, stress, etc. Se descubrió su existencia en los años cincuenta del pasado siglo y desde entonces los psicólogos, neurólogos y psiquiatras, entre otros,  han prestado intención a sus efectos, así como a los mecanismos que estimulan su liberación en nuestro organismo.

En los humanos, dicen los investigadores, la oxitocina se libera con un simple abrazo, una caricia, un beso o mirando a los ojos de un ser querido. También forma parte del ciclo de respuesta sexual y aumenta con el consumo de dulces y chocolate.

La oxitocina se produce en la glándula pituitaria y su secreción está regulada por células del hipotálamo cuyo impulso nervioso se propaga por el axón hasta las terminales nerviosas pituitarias.

La presencia de la hormona en la sangre desencadena en el cerebro, concretamente en la amígdala cerebral, una serie de reacciones que favorecen y refuerzan determinados comportamientos en las personas. Así, por ejemplo, los estudios más recientes indican que la hormona potencia las relaciones sociales, y podría estar involucrada en la formación de de confianza y generosidad entre personas.

Recientemente se han establecido relaciones entre la desaparición o disminución de efectos de la fobia social debida al aumento de los niveles de oxitocina. “Estudios previos muestran que administrando oxitocina por vía nasal a individuos sanos se reduce la activación de circuitos cerebrales vinculados al miedo, aumenta el contacto visual con otras personas y se incrementa la confianza y la generosidad”, explica el psiquiatra de la Universidad de California Kai MacDonald. Por eso, MacDonald sugiere que esta hormona podría ayudar a tratar ciertos trastornos psiquiátricos que afectan al comportamiento social, como la esquizofrenia, el autismo, la ansiedad o la fobia social.

Un estudio de 1998 encontró niveles significativamente menores de oxitocina en plasma sanguíneo de niños autistas. Un estudio de 2003 encontró un descenso del espectro de conductas repetitivas autistas cuando se administraba oxitocina intravenosa. Un estudio de 2007 reportó que la oxitocina ayudaba a adultos autistas a retener la habilidad de evaluar el significado emotivo de la entonación al hablar.

Científicos de la Universidad de Zurich, Suiza, hicieron un experimento donde pudieron observar que con la hormona preparada en forma de spray nasal puede un ser humano recuperar o aumentar la confianza en los extraños, de igual forma podría servir este spray como un tratamiento para los trastornos como la fobia social y el autismo. El doctor Thomas Baumgartner del equipo de investigación suizo mencionó: “Encontramos que la oxitocina tiene un efecto muy específico en las situaciones sociales y al parecer disminuye nuestros temores. Una falta de oxitocina es por lo menos una de las causas del miedo que se experimenta con las fobias sociales. Una persona tiene fobia social muchas veces por el miedo de ser humillada o avergonzada ante los demás”.

Resumen del artículo publicado por José Manuel Ruiz Gutiérrez en Ventana de la Ciencia

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Imposible gustar a todo el mundo

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Estupendo arctículo de GASPAR HERNÁNDEZ, del cual extraigo algunos párrafos:

Arthur Schopenhauer ya habló de “la triste esclavitud de estar sometidos a la opinión ajena”. Según el filósofo, una persona inteligente debe moderar en lo posible el sentimiento relacionado con la vanidad, o con la opinión que tienen los demás sobre nosotros: “Resulta casi inexplicable cuánta alegría sienten las personas siempre que perciben señales de la opinión favorable de otros que halaga de alguna manera su vanidad; y, a la inversa, es sorprendente hasta qué extremo las personas se sienten ofendidas por cualquier degradación o menosprecio”. Schopenhauer estaba a favor de relativizar tanto los elogios como las críticas. Pero no es fácil.

Es imposible gustar a todo el mundo. En la infancia, la sociedad corta las alas de algunos de nuestros impulsos naturales –sorber la sopa, ensuciarnos la ropa, dormirnos en los restaurantes– porque a nuestro entorno le preocupa la imagen que estaremos dando o, más allá todavía, la imagen que estarán proyectando ellos como entorno. Y gustamos a todo el mundo, pero a medida que pasan los años, la verdad desagradable asoma: es imposible gustar a todo el mundo. El psicólogo y escritor Wayne W. Dyer sostiene que un 50% de la gente con la que nos topamos es susceptible de no estar de acuerdo con nuestras opiniones. Según Dyer, cuando alguien no está de acuerdo con nosotros, o nos critica, no nos tendríamos que sentir heridos; deberíamos pensar que, simplemente, hemos topado con un miembro de ese club del 50% que piensa de manera diferente.

Encontrar el equilibrio. Andar tan pendientes de las opiniones ajenas, el comportamiento de búsqueda de aprobación, puede ocasionar que nos dejemos de lado a nosotros mismos. Si eso pasa, Wayne W. Dyer asegura que llegará un momento en que confundiremos la jerarquía, llegando incluso a pensar que lo que los demás opinen de nosotros es más importante que lo que nosotros mismos opinamos. El sentido común nos dice que tampoco sería higiénico vivir al margen de la visión que los demás tienen de nosotros, porque algunas críticas pueden servirnos de espejo y de trampolín para la mejora, pero lo óptimo sería encontrar el equilibrio. Para empezar el camino hacia ese equilibrio, la psicóloga Begoña Odriozola propone que nos descentremos del yo, que salgamos y conozcamos otras culturas: así entenderemos que existe la diversidad y que, en realidad, la vida tiene tantos matices como personas.

A la vez, y aunque parezca una paradoja, los expertos proponen centrarse en uno mismo: saber con claridad quiénes somos y concedernos, además, el derecho a ser imperfectos. Porque depender únicamente de las opiniones ajenas puede hacernos acabar totalmente confundidos, fluctuando en función de las críticas o los elogios. El cineasta Woody Allen nunca lee las críticas a sus películas: “Porque cuando son buenas, te envaneces, y cuando son malas, te deprimes. Antes solía leer lo que escribían sobre mí, pero dejé de hacerlo porque no hay una distracción que te sirva de menos; es absurdo leer que uno es genio de la comedia o que actúa de mala fe”.

La persona demasiado susceptible tiende a valorar la opinión de los demás por encima de la propia y suele ser muy permeable a las críticas y los elogios: personas altamente sensibles, que pueden caer en el victimismo extremo e interpretar cualquier comentario, incluso una mirada, como una ofensa. Los susceptibles suelen ser personas desconfiadas, con una autoestima baja, y eso les hace parecer enemigos del mundo, cuando en realidad son enemigos de ellos mismos. Lo más habitual es que su hipersensibilidad los aísle del mundo, que pierdan amistades y que les cueste adaptarse a cualquier empresa. Pero son ellos los que más sufren: como dijo Leonardo da Vinci, “allí donde hay más sensibilidad, es más fuerte el martirio”.

Fuente: El País

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Las mejores emociones

Antonio Damasio es profesor de la cátedra David Dornsife de neurociencia, neurología y psicología en la Universidad de Southern California donde también dirige el Instituto de Cerebro y Creatividad. En 2005, ganó el Premio Príncipe de Asturias de Investigación Científica. Es autor de libros muy aclamados como La sensación de lo que ocurre, El error de Descartes o En busca de Spinoza: neurología de la emoción y los sentimientos.

Ver tambien: Las emociones

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Técnicas peligrosas e ilegales

Noticia de Europa Press: Expertos en salud mental denuncian la «falta de vigilancia» de las autoridades sanitarias sobre los ‘curanderos’

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El director de los Programas Nacionales de Investigación, Desarrollo e Innovación (I+D+I) en Salud Mental y Atención Primaria (AP) de la Secretaría de Estado de la Seguridad Social, Mario Araña, denunció hoy la «falta de vigilancia» de las autoridades sanitarias sobre los centros que ofertan a la población prácticas de ‘chamanismo’ y ‘curanderismo’ para «curar traumas, enfermedades mentales y otro tipo de padecimientos», con técnicas que asegura son «ilegales, peligrosas y sin base científica alguna».

«En estos centros, profesionales no cualificados, ni autorizados por la normativa vigente en salud, ofrecen desde variedades de hipnosis hasta regresiones o productos milagrosos para tratar fobias, depresiones y otras enfermedades, unas prácticas que pueden provocar un agravamiento del padecimiento del paciente y suponen una gran oportunidad de negocio para quien las ejerce, principalmente en épocas como las actuales, con profundas crisis y ausencia de referentes», advirtió Araña en declaraciones a Europa Press.

Según el experto, también director de la sociedad científica Acapi-Psicondec, «cada vez son más» los centros que ofrecen este tipo de remedios y enfoques, que son practicados tanto por individuos «sin titulación científica o académica» como por verdaderos profesionales de la Medicina o Psicología, que trabajan en hospitales u otros lugares públicos y están colegiados, cuyas practicas «no son controladas desde sus respectivos colegios, contaminando y perjudicando la mejoría real de la población que sufre».

«La Ley General de Sanidad, el resto de la normativa sanitaria y los códigos deontológico de las organizaciones profesionales, dice, taxativamente, que no puede ejercerse ninguna profesión sanitaria que no se base en datos científicos contrastados. Sin embargo, desde las administraciones y los colegios profesionales no hay control sobre esta práctica y se autorizan, y en ocasiones, hasta se promueven con cursos organizados por los propios entes colegiales, estas practicas sin prueba científica que las avale», denunció.

EL CASO DEL ‘CHAMÁN’ DE MURCIA

En este sentido, citó el caso de una clínica de terapias de regresión a supuestas vidas pasadas que recibió la autorización de apertura por parte de la Consejería de Sanidad de la Comunidad de Murcia y que, tras ser denunciadas sus prácticas, se le ha revocado, ahora, la autorización. «Cabe felicitar a esta administración por la aceptación de su error y la celeridad de su rectificación. Supone todo un ejemplo administrativo, para el resto de las organizaciones profesionales e institucionales que están actuando con total permisividad ante situaciones semejantes», apuntó.

La Consejería de Sanidad de la Comunidad de Murcia autorizó, el pasado 8 de enero, la apertura de una clínica privada para tratar enfermedades psicosomáticas con una técnica de hipnosis que consistía en hacer que el paciente recordara traumas de sus supuestas vidas anteriores para comprender el origen de sus problemas actuales.

No obstante, la licencia de apertura de este centro, propiedad del médico Juan José López, del Servicio de Urgencias del Hospital público Santa María del Rosell de Cartagena (Murcia), fue revocada recientemente, tras las denuncias realizadas por Araña sobre los peligros que entraña esta práctica para la salud mental de los pacientes, reconocidos por la Organización Mundial de la Salud (OMS).

«PROPAGANDA» DE CURANDEROS EN LOS MEDIOS

Por otra parte, señaló también que muchos medios de comunicación están «efectuando una propagación desenfrenada e interesada de este tipo de actuaciones con orientación sanitaria, pero sin aval científico alguno». «Basta comprobar la secciones de publicidad de los distintos medios o revisar la programación de las televisiones locales para comprobar la abundancia esotérica de su oferta», indicó.

Para Araña, psicólogo clínico, jurídico y forense, el problema es que la salud mental sigue siendo «la hija pobre del sistema sanitario» y cualquiera se cree «experto en problemas psicológicos, con omisión de acción por parte de las administraciones públicas y órganos colegiales del ramo», una situación que refleja «la dejadez y desatención de la administración respecto a las necesidades de alfabetización psicológica que tiene la población, sobre todo en momentos de profunda incertidumbre social como el actual».

Fuente: EcoDiario

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La invención de los trastornos mentales

La edición de un libro nos sirve para exponer un tema de debate de hace bastantes décadas, desde la perspectiva de profesionales y especialistas de la salud mental.

La invencion

La reseña del libro dice así: Durante las últimas décadas han aumentado tanto el número de personas aquejadas de trastornos mentales como el número de terapias farmacológicas, psicológicas y de otra índole para su tratamiento. ¿Nos encontramos ante una nueva epidemia debida a nuestro estilo de vida actual o existen otras razones que explican el aparente deterioro de nuestra salud mental? En este libro, dos investigadores y profesores universitarios, expertos en Psicofarmacología y Psicología clínica, proponen y justifican con todo rigor una provocativa, y seguramente polémica, teoría acerca de la invención de distintas categorías de trastornos mentales. La creación y propagación de éstas últimas tiene mucho que ver con los intereses comerciales de la industria farmacéutica y con la complacencia de profesionales y pacientes. Los autores han investigado a fondo la evidencia científica acerca de la naturaleza de los trastornos mentales y de sus tratamientos. La conclusión del análisis realizado pone de manifiesto que considerar los trastornos mentales como enfermedades es sencillamente una falacia. Frente al modelo rígido de «enfermedad mental», los autores proponen una visión más abierta de tipo contextual, centrada en las circunstancias personales, en la que se escucha a las personas en vez de a los fármacos.

Los pisquiatras cargan contra el libro

Los autores del libro replican

Otras fuentes de informacion sobre el tema:

Marco teórico del trastorno mental
¿Quiénes están mentalmente sanos?
Se fabrican enfermedades
¿Existe la enfermedad mental?
¿Tengo una enfermedad?

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