La invención de los trastornos mentales


La edición de un libro nos sirve para exponer un tema de debate de hace bastantes décadas, desde la perspectiva de profesionales y especialistas de la salud mental.

La invencion

La reseña del libro dice así: Durante las últimas décadas han aumentado tanto el número de personas aquejadas de trastornos mentales como el número de terapias farmacológicas, psicológicas y de otra índole para su tratamiento. ¿Nos encontramos ante una nueva epidemia debida a nuestro estilo de vida actual o existen otras razones que explican el aparente deterioro de nuestra salud mental? En este libro, dos investigadores y profesores universitarios, expertos en Psicofarmacología y Psicología clínica, proponen y justifican con todo rigor una provocativa, y seguramente polémica, teoría acerca de la invención de distintas categorías de trastornos mentales. La creación y propagación de éstas últimas tiene mucho que ver con los intereses comerciales de la industria farmacéutica y con la complacencia de profesionales y pacientes. Los autores han investigado a fondo la evidencia científica acerca de la naturaleza de los trastornos mentales y de sus tratamientos. La conclusión del análisis realizado pone de manifiesto que considerar los trastornos mentales como enfermedades es sencillamente una falacia. Frente al modelo rígido de «enfermedad mental», los autores proponen una visión más abierta de tipo contextual, centrada en las circunstancias personales, en la que se escucha a las personas en vez de a los fármacos.

Los pisquiatras cargan contra el libro

Los autores del libro replican

Otras fuentes de informacion sobre el tema:

Marco teórico del trastorno mental
¿Quiénes están mentalmente sanos?
Se fabrican enfermedades
¿Existe la enfermedad mental?
¿Tengo una enfermedad?

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2 respuestas a La invención de los trastornos mentales

  1. Erika dijo:

    Soy psicóloga, he leido este libro y me ha encantado que por fin alguien haya argumentado tan brilantemente algo candente en nuestra sociedad actual. Como profesional, respeto la necesidad de medicación en determinados casos, pero me opongo a la sobremedicación innecesaria y básicamente por inercia de problemas que tienen otras causas, otras explicaciones y, por ende, otros “tratamientos” más coherentes con el deseo profesional de que la gente “solucione” sus problemas, desarrollando las herramientas necesarias para ello, puesto que las personas, afortunadamente, estamos dotadas de inteligencia o de “intelecto”, tenemos capacidad de aprender y somos responsables de nuestra propio cambio, con ayuda profesional en los casos necesarios.
    Medicar por medicar, ignorando otras opciones mejores, no dar la suficiente y correcta información a las personas, sí es inmoral y, a mi entender, anti-ético.

    No entraremos en la cuestión de buenas y malas praxis, que eso ya sería otro interesante pero distinto debate. Todos los profesionales tenemos el deber moral de formarnos por y para aportar las herramientas necesarias a las personas (“pacientes”, “clientes” o “usuarias”). Y tanto psicólogos, como psiquiatras, como médicos de atención primaria, tenemos responsabilidades que debieran cumplirse con ciencia y raciocinio, precisamente por las implicaciones que estos problemas tienen en la vida de estas personas y en la de sus familiares. Y ello ha de dejar fuera, siendo objetivos, todo tinte de corporativismo, que, en el caso de los autores de este genial libro, queda claro (por argumentaciones lógicas) no es el motor de su publicación.

    Enhorabuena a los autores.

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  2. Anzili dijo:

    Yo he leído un poco sobre el tema. La verdad, es que creo que en un futuro, nadie estará sano mentalmente, si aumentan los posibles cientos de trastornos que existen. Creo que vamos por mal camino.

    Prefiero el termino neurosis, psicosis, o perversión, de los lacanianos. Antes que el de enfermedad mental.

    La verdad es que en mi organismo, por ejemplo, aún y presentar fuertes síntomas de ansiedad, por más que me someta a análisis, a escáneres y etc, no presenta anomalía fisiológica alguna. Dónde está la enfermedad pues?

    Aunque el nombre trastorno, sinceramente no me gusta. No me gusta hablar ni de enfermedad mental, ni de trastorno mental, se deberá buscar un nuevo nombre.

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