Historia de mi vida (1): La infancia


Testimonio de una amigo de la Asociación AMTAES que amablemente ha escrito un breve resumen de su vida. Esta es la parte dedicada a la infancia:

Me llamo Javier,  tengo 41 años y desde los 13 años convivo con la fobia social, asociada a un Trastorno de la Personalidad por conducta Evitativa (TEP) y estados depresivos recurrentes.

Desde que tengo uso de razón me recuerdo a mí mismo como un niño exageradamente tímido, retraído e inseguro. Mi madre siempre me protegía del exterior (chicos ruidosos, violentos, mal encarados, etc.). En las fotografías siempre aparezco parapetado por detrás de ella, como queriendo ocultarme del ojo curioso de la cámara y de quien se encontraba detrás de la misma.

timidezApenas me relacionaba con escasos compañeros del colegio (en los recreos y en clase, no en la calle), con mi familia, mis primos y poco más. Tampoco era muy hablador, siempre pensaba que se iban a reír de mí o que haría el ridículo con cualquier cosa que dijera u opinara. Recuerdo haber quedado una tarde con uno de mis compañeros de clase para ir a su casa a jugar. Mi madre me dijo que no llegara a casa más tarde de cierta hora. El caso es que, distraído e impresionado por la cantidad de juguetes de este amigo (en casa éramos 5 hijos y sólo tenía nómina mi padre, con lo que tampoco es que nos sobraran los “caprichos”), no me dí cuenta de la hora. Cuando llegué a casa (no se pasaría más de una hora de la acordada) mi madre estaba nerviosa, exageradamente preocupada y con mala cara. Me dijo que no lo volviera a hacer, ya que le dio por pensar que me había pasado algo malo. Ese recuerdo me marcó de por vida, me asustó verla así de preocupada, aunque por mi extrema sensibilidad, tal vez exageré esa anécdota.

Entre la timidez, la falta de amigos y el ambiente opresivo en casa y los problemas familiares varios, la vida pasaba y mi infancia, a pesar de todo, la recuerdo con agrado, fue bonita y la disfruté, sobre todo cuando íbamos al pueblo de mis padres y jugaba con mis primos y sus amigos. No me sentía tan diferente a ellos, era un niño más, incluso siempre estaba sonriente y tenía mucha vitalidad, además de ser especialmente cariñoso con toda mi familia.

timido

Llegamos al año 1987. Tengo 13 años. Mi abuela materna enferma de gravedad. Estaba muy unido a ella, todos los años me quedaba con ella en el pueblo, en verano, durante un mes entero. Eso suponía para mí algo parecido a estar en el paraíso. Además, la adoraba, ella también me quería mucho, supongo que era consciente de lo diferente que era este nietecito suyo. Pero murió en Diciembre. Fue mi primera experiencia con la muerte, un concepto que desde pequeño me intrigaba, asustaba y desconocía, todo a la vez. No sabría explicarlo, pero creo que siempre he tenido un alma de filósofo y pensador.

Supuso un duro golpe, entendí qué significaba morir: cuando íbamos al pueblo, mi abuela ya no estaba, no podía verla, hablar con ella, besarle, dejarme acariciar. Tuve sueños relacionados con mi abuela durante años. Soñaba que la veía, que hablaba con ella, que me explicaba lo que le había pasado y que siempre seguiría viéndola, estaría presente para mí, aunque no pudiera verla cada vez que iba al pueblo.

Mi rendimiento escolar, ejemplar hasta entonces, comenzó a empeorar sustancialmente. Los profesores y el director del colegio llamaron a mis padres (aunque sólo fue mi madre, como siempre) para hablar con ellos y saber el motivo de este cambio a peor. Yo apenas era capaz de hablar con los profesores, me imponían mucho respeto, incluso miedo diría, a pesar de que todos fueron excelentes profesionales y los recuerdo con aprecio.

Entre todos, profesores, padres, familia, etc., lograron que superase ese golpe y bache personal, pero las secuelas permanecen desde entonces. Seguía “hablando y viendo” a mi abuela en mi “mundo de fantasía”, de manera onírica. Pero estaba claro que algo no estaba bien dentro de mí y mi vida siguió siendo de timidez, introversión, miedos, inseguridad y evitando las invitaciones de compañeros de clase y de la familia (primos, tíos).

Recuerdo que lo peor para mí de esa etapa en el colegio eran las clases de gimnasia. Me hacían sentir muy torpe, como si no supiera coordinar mis pensamientos con los movimientos que requerían realizar mis extremidades. Era como si algo estuviera “desconectado” entre mi cerebro y mis pies y manos .También en clase de plástica o manualidades salía a relucir esa misma sensación de torpeza manual. Tampoco ayudaba que, desde pequeño mis padres me dijeran lindezas tales como que era un “torpón, un “manazas”, o lo que peor me sentaba, que “había que meterme en la cabeza las cosas a cucharadas”(es decir, que parecía alelado, que no me enteraba de nada y como si fuese retrasado mental). Incluso a veces mi padre me soltaba un rotundo:”Parece que tuvieras manos de cerdo”, todo relacionado con mi torpeza manual y motora, sin que tuviese ningún tipo de problema físico, claro.

El colegio terminó (recuerdo en la fiesta de finales estar apartado del jolgorio, mirando cómo los demás bailaban, se reían, hablaban de temas que yo desconocía y me resultaban extraños, ajenos a mi ser: malos recuerdos),y se me presentaba un nuevo reto, enorme para mí en esa época: el cambio del colegio al instituto….  CONTINUARÁ

 

Esta entrada fue publicada en Fobia Social, Testimonio, Timidez y etiquetada , , . Guarda el enlace permanente.

5 respuestas a Historia de mi vida (1): La infancia

  1. Damaris dijo:

    Hola kisiera saver si hay alguna medicina para eso para superar el miedo y la timidez me dan muchos nervios al ablar con los demás o estar en una reunión o con cual kier persona k sea me pongo demasiado nerviosa me sudan las manos y me tiemblan las piernas y siento un temblor orrible en mi cabezaay

    Me gusta

  2. Pingback: Historia de mi vida (2): adolescencia y juventud | MI FOBIA SOCIAL

  3. Alejandro dijo:

    Hola Javier, mi nombre es Alejandro y soy psicólogo. No me cansaré de decir que no hay recetas mágicas para superar la fobia social, hay que ir caso por caso y fijarse en lo experiencial de da cada sujeto porque cada caso es único. Te diré que en realidad no hay miedo a los demás hay miedo a uno mismo, el enemigo está dentro.

    Me gusta

    • Javier dijo:

      Gracias por tu comentario,Alejandro.Ahora sé quién soy y cómo soy,me gusta ser así.Lo que no me gusta es el camino que está tomando la sociedad,y por eso he decidido apartarme,en la medida de lo posible,de la misma,ser un anacoreta moderno y estar con quien me guste y me quiera.Lo principal,por mi experiencia,es aprender a reconocer los puntos fuertes de nuestra personalidad y cuidar de la autoestima,no dejar que los comentarios y opiniones de la mayoría nos influencien o mermen nuestro bienestar.

      Me gusta

      • yoly dijo:

        Hola Javier:
        Hoy he podido leer el final de tu historia ” la adolescencia y Juventud”, cuanto me gustaria poder ponerme en contacto contigo, no para ayudarte ya que no se como hacerlo pero si para charlar etc., ( por e-mail)ya que se lo por lo que has pasado. Yo lo entiendo mi pequeña, ahora adolescente sufre lo mismo que tu, y he leido en tu comentario que en lo que puedas ayudarias a otras personas que lo sufren. Solo quisiera saber si todavia puedo hacer algo por mi hija.

        Me gusta

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s