¿Pensar en positivo es la solución?


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La escritora estadounidense Barbara Ehrenreich denunciaba en 2011, en plena crisis económica mundial, “la trampa del pensamiento positivo“. La autora escribió un libro, Sonríe o muere, cuyo título ejemplificaba con el acoso psicológico sufrido por los parados en los seminarios de motivación y cursos de recolocación. El mismo año un estudio publicado en Journal Child Development demostraba que, con solo cinco años, los niños se daban cuenta de que las personas con pensamiento positivo se sentían mejor que aquellas con ideas más negativas. Conforme iban creciendo, se concienciaban de cómo las reflexiones internas podían modificar las emociones, incluso ante circunstancias objetivamente negativas, según la investigación.

La psicología positiva tiene tantos defensores como detractores, pero… ¿Cuál es la eficacia real del pensamiento positivo? ¿Puede ayudarnos a superar dificultades o nos impide ver el camino para salir de ellas?

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Miguel Ángel Rizaldos, Psicólogo Clínico

“Yo soy capaz…yo puedo…”. Ser positivo es eficaz para afrontar las dificultades. Si centro mi atención en lo que tengo en lugar de en lo que me falta, pienso positivamente. Pensar de manera optimista será el punto de arranque de un comportamiento positivo.

Pensar de un modo positivo por sí solo no nos solucionará la vida.

Pensar en positivo no es creer que todo se va a solucionar sin que hagamos nada.

Pensar de un modo positivo es movilizarse, es actuar.

Pensar en positivo es ver qué hay que hacer para solucionar los problemas o superar las adversidades.

Sería trivializar el pensamiento positivo si creo que con dificultades soy feliz, si estoy de acuerdo en que los inconvenientes se solucionan por sí solos.

Hay que actuar.

Y esto implica voluntad, lucha, superación, sacrificio… Todo esto, inicialmente, a las personas nos causa rechazo porque nos cuesta esfuerzo. Tendemos a economizar energía. Deseamos soluciones sin trabajo. Pero en la vida, la distancia entre el querer y el poder se acorta con el entrenamiento, con el esfuerzo, con la constancia. Es decir, no sólo pensando, sino también haciendo; como dirían nuestros antiguos: “Uniendo el gesto a la palabra”.

Ser optimista es ver la roca en el camino y ver las alternativas de solución disponibles: “Doy un rodeo, retiro la piedra, salto la piedra”. No me quedo instalado en la queja “tengo una piedra en el camino y no puedo hacer nada”. Por el contrario, ser optimista no significa pensar “qué feliz estoy, qué piedra tan bonita…” y que esto haga que la roca desaparezca.

Desde su concepción, el cerebro está programado para la supervivencia y, por ello, está siempre atento a lo negativo que nos pueda suceder. No describe la realidad tal y como es, sino que valora aquello que no conoce o controla como un potencial peligro, de modo que anticipa lo malo que nos puede acontecer de una manera automática para que podamos evitar ese riesgo.

Pero nos hace sufrir antes de tiempo. Martin Seligman, uno de los padres de la Psicología Positiva, nos propone: “El ser optimista supone hacer el esfuerzo para encontrar soluciones, ventajas y posibilidades en todas aquellas situaciones que se nos plantean en la vida”. Esto no es tarea fácil si no se está acostumbrado a hacerlo, se necesitará de esfuerzo y de fuerza de voluntad para llegar a manejarlo de modo natural. Hay que entrenarlo. No se aprende a montar en bicicleta sin esfuerzo y sin una caída antes.

Pensar y actuar de modo positivo nos ayuda a afrontar más eficazmente las dificultades de la vida. Por tanto, nos es rentable invertir tiempo y esfuerzo en aprender el modo de elegir posibilidades, de buscar soluciones y de indagar en los problemas que nos aparecen en nuestro día a día.

Haz el esfuerzo diario de aprender y te compensará su eficacia. Una vez aprendido, lo harás tuyo. Y, lo más importante, te sentirás mejor.

Jesús Jiménez, Psicólogo Clínico, Centro de Psicología e Introspección

Una actitud positiva, constructiva, frente a los problemas y los desafíos de la vida diaria es necesaria. Consistiría en tener motivación y confianza en que podemos entender y solucionar las dificultades, poniendo en marcha nuestras capacidades y afrontando todos los factores involucrados en el problema.

Por el contrario, el pensamiento positivo, entendido como repetirse frases positivas o convencerse con sentencias motivantes, no es realmente útil para solucionar los conflictos a largo plazo. Veamos por qué.

Simplificando, cualquier conflicto, que produce malestar, tiene una parte cognitiva (el pensamiento), una parte afectiva (emociones y sensaciones) y una parte comportamental (la acción). Si un problema se aborda en sólo una o dos de esas partes, no se resolverá satisfactoriamente y a largo plazo. Si además, la parte cognitiva, un autodiálogo negativo por ejemplo, se aborda auto-convenciéndose de lo contrario, en lugar de comprendiendo las causas del problema, entonces el fracaso está asegurado.

Para alcanzar el bienestar hay que resolver el malestar. Y para resolver el malestar hay que entender sus causas. Los pensamientos positivos pueden producir una cierta motivación, derivada del convencimiento de que el problema se resolverá por el hecho de pensar de cierta manera. Pueden, en ocasiones, frenar momentáneamente los pensamientos autodestructivos. Pero nunca resolverán por sí solos las causas del malestar (pensamientos, emociones y comportamiento negativos) ni, por tanto, los problemas que producen dicho malestar.

Otro error muy habitual de pensamiento positivo es abogar por fijarse sólo en los logros, en las cosas satisfactorias de nuestra vida, en nuestros sueños y metas, y no prestar atención a lo que nos inquieta o produce malestar.

Tener en cuenta el lado bueno de las cosas, lo que va bien o nos hace sentir bien, es muy útil, nos da fuerza para seguir adelante. Pero centrarse sólo en esto como forma de resolver el malestar, tratando de contrarrestar u olvidar lo que no va bien, los conflictos sin resolver, es claramente perjudicial. Atender a lo negativo sin lo positivo nos llevará al desánimo y al estancamiento. Pero atender a lo positivo sin lo negativo nos llevará a negar los problemas, a estar fuera de la realidad. En ambos casos acabaremos superados por las circunstancias.

A menudo llegan a nuestra consulta personas que, tras años de esfuerzos por poner en práctica métodos de pensamiento positivo, que no funcionan, han llegado a la conclusión de que el problema son ellos. Que son ellos los incapaces de llevarlo a cabo, generando autocrítica y desvaloración personal, lo cual acaba por ser un problema añadido al anterior.

Por tanto, una actitud positiva, es decir, utilizar el pensamiento de forma constructiva, razonando, comprendiendo, con curiosidad, confiando en que seremos capaces de encontrar soluciones a nuestros problemas, será muy beneficioso. Utilizar pensamientos positivos, es decir, repetir frases o convencerse de cosas, como solución de los problemas, es una forma de fantasía, de autoengaño que nos mantendrá en el malestar o lo aumentará a largo plazo.

Fuente original: Pensamienro positivo

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