No sabemos lo que nos hace felices

Programa Redes de TVE del 2 de Febrero de 2005. El cerebro tiene un cierto sistema inmunológico-psicológico (término metafórico) para auto engañarnos y hacernos cambiar fácilmente la forma de ver las cosas, con el objetivo de superar las decepciones y seguir adelante. Al cerebro no le interesa la verdad sino sobrevivir.

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El psicólogo de la Universidad de Harvard, Daniel Gilbert, es entrevistado por Eduard Punset:

Eduard Punset:
Una de las cosas en la que más insistes, y eres famoso en todo el mundo por ello –y por otras cosas–, es lo que denominas el “impact byas”, es decir, el hecho de que cuando las personas intentan anticipar el afecto, el amor o la felicidad que sentirán, siempre se equivocan, siempre se hace una predicción por exceso. ¿Por qué sucede esto, o cómo?

Daniel Gilbert:
Es un aspecto interesante y sorprendente del ser humano: a menudo se comete el mismo error dos, tres y a veces hasta cuatro veces. Pero evitar este error no es tan simple como tu sugieres. Para evitar un error hay que ser consciente de que se ha cometido. Y uno de los resultados que hemos obtenido de nuestra investigación es que las personas se equivocan con lo felices que serán y también recuerdan mal lo felices que fueron. La prospección – mirar hacia delante – y la retrospección – mirar al pasado – de la gente a menudo se corresponde bastante bien, pero lo que sucede es que ninguna de las dos se corresponde con la experiencia que tuvieron. Un ejemplo es que si un mes antes de unas elecciones se pregunta a las personas cómo se sentirán si pierde su candidato después de las elecciones, la respuesta es que será terrible. Un mes después de las elecciones se les pregunta cómo se sienten en realidad y la respuesta es: bien.

Eduard Punset:
¿Es cierto que el cerebro, de alguna manera, nos vuelve a colocar en el punto de partida, para que no estemos sobreexcitados o excesivamente deprimidos? ¿Es así como funciona?

Daniel Gilbert:
Las emociones son una especie de brújula que orienta en una cierta dirección, pero una brújula que siempre marca el norte no sirve para nada. Si las emociones siempre están en “felicidad”, dejan de ser una guía útil para reaccionar ante los cambios o nuevas situaciones que nos encontremos. Por eso no se puede estar siempre en un único estado emocional, porque las emociones están hechas para fluctuar como la aguja de una brújula.

Eduard Punset:
O sea que lo están oyendo … y como todas las emociones, es transitoria, no existe la felicidad eterna. Esto es lo que dices ¿no?

Daniel Gilbert:
Pero tampoco existe la infelicidad eterna. Esto es lo importante.

Eduard Punset:
Hay otra invención vuestra: tuya y de tus colegas, que habéis puesto sobre la mesa, y es “el vacío de empatía” (empathy gap). Que pone el acento en el carácter transitorio de nuestras emociones y las diferentes formas de reaccionar. ¿A qué os referís exactamente con la noción de “vacío de empatía” (empathy gap)?.

Daniel Gilbert:
El “vacío de empatía” es la incapacidad del “yo” actual para empatizar con el “yo” futuro, de ser realmente capaces de ponernos en el lugar de la persona que vamos a ser. Todos hemos tenido esta experiencia, hacemos una gran comida familiar en vacaciones y comemos y comemos y comemos, y al final de la comida decimos: nunca más voy a comer. Y si alguien pregunta: ¿qué te gustaría desayunar mañana? Dices: mañana no tendré hambre. Tu “yo” actual ha comido tanto que no puede concebir la idea de un “yo futuro” con hambre. Tenemos datos muy fiables que demuestran que cuando las personas no tienen hambre y van a comprar al supermercado no compran lo suficiente para toda la semana, porque no pueden imaginar que después, a lo largo de la semana, volverán a tener apetito. Cuando nos encontramos en cualquier clase de estado emocional: hambre, excitación sexual, miedo, alegría, nos resulta muy difícil imaginar que nuestros “yos” futuros no se encontrarán exactamente en el mismo estado. ¿Cuántas personas conoces que apagan el cigarrillo y dicen: no fumare más, voy a ser otra persona? Esto es algo muy fácil de decir cuando el nivel de nicotina que tienes en la sangre es muy alto, porque ahora mismo es verdad que no quieres otro cigarrillo, y es muy difícil imaginar que mañana te estarás subiendo por las paredes y rebuscando en los cajones de los demás para encontrar un cigarrillo.

Eduard Punset:
Creo que has sugerido, en esto de la predicción excesiva, equivocada, es que hay una especie de sistema psicológico inmunológico– ya sé que es una metáfora – que te prepara para lo mejor y lo peor. ¿Es cierto esto? ¿Has identificado este sistema inmunológico?

Daniel Gilbert:
Sí, todo el mundo que ha tratado el tema de la felicidad desde Aristóteles ha subrayado el hecho de que los seres humanos quieren ser felices y lo intentan, pero cuando no lo consiguen encuentran una manera alternativa de crear la felicidad. Esta observación sobre los humanos no es nada nuevo, somos increíblemente capaces de cambiar nuestro punto de vista sobre el mundo para que nos haga sentir mejor respecto al mundo en el que nos encontramos. Hay pocas personas que sean conscientes de hacerlo, muy pocos se dan cuenta de cuándo están modificando los hechos, alterando la realidad, para sentirse mejor; es como si tuviéramos un talento invisible, un escudo invisible, un sistema inmunológico psicológico que nos protege de “los golpes y dardos de la malévola fortuna”, como decía Shakespeare, pero los psicólogos sí somos conscientes de que existe y que éste es en parte uno de los motivos por los que cometemos errores al predecir nuestras propias reacciones emocionales. Creemos que nos enfrentamos al futuro sin contar con un aliado, y sin embargo todos tenemos en nuestro cerebro a un aliado, un amigo, un ayudante, que en caso de que algo negativo nos suceda en el futuro nos ayudará a sobrellevarlo.

Eduard Punset:
Parece ser, que si te afecta un desastre, o algo serio como romperte la pierna, los mecanismos de recuperación de la felicidad se activan, pero no se activan cuando esta frustración proviene de cosas triviales, como dejarse los platos sucios en la mesa.

Daniel Gilbert:
Cuando experimentamos traumas verdaderos, que en realidad nos afectan, nos hieren, afectan nuestra autoestima o ponen en peligro la felicidad, es cuando se activa el sistema inmunológico psicológico; por ejemplo un divorcio, la muerte de los padres, la pérdida del trabajo… estos son sucesos muy importantes en la vida, y en cuanto suceden el sistema inmunológico psicológico se activa y ayuda a la persona a encontrar de nuevo la felicidad. Los traumas pequeños, lo que podemos denominar “contrariedades”, no tienen suficiente poder para activar el sistema inmunológico psicológico, o sea que aunque nos hacen sentirnos un poco mal, seguimos sintiéndonos un poco mal. Quizá una forma mejor de explicar esto es que la gente no racionaliza los traumas muy pequeños, pero si me abandona mi mujer yo diré: “nunca fue la mujer para mi y soy más feliz sin ella…”

Eduard Punset:
El mecanismo comienza a funcionar…

Daniel Gilbert:
Uno mismo fabrica nuevas historias que hacen que cambie la forma en que percibimos el mundo y la forma de sentirse. Cuando se rompe un cordón del zapato no se dice “estoy mejor sin el cordón”, lo que se dice es “caramba, necesito cordones nuevos porque llevo todo el día perdiendo el zapato”. Hemos demostrado que estas pequeñas contrariedades pueden causar más preocupación a largo plazo que los problemas importantes. Una buena analogía es una enfermedad física: si te rompes una pierna haces algo para que se arregle, este es un problema mayor: se va al hospital, donde la enyesan, y después de 6 meses la pierna vuelve a estar bien. Pero si tenemos un problema de rodilla, porque nos hacemos mayores, éste no es suficientemente importante como para ir al médico. No duele mucho pero dolerá para siempre porque no se hace nada para resolverlo. Ésta es exactamente la misma lógica que la metáfora del sistema inmunológico psicológico: si el trauma no es suficientemente importante el sistema inmunológico psicológico no se activa y no hace nada por curar el trauma.

Eduard Punset:
Ahora una pregunta básica, que seguro que la audiencia está esperando: es sobre la riqueza. La búsqueda de la riqueza, el dinero, para asegurar la felicidad.

Daniel Gilbert:
Hay dos respuestas muy populares muy extendidas a la pregunta de si con el dinero se puede comprar la felicidad. Las respuestas son: sí y no. Los líderes espirituales dicen que no, y la gente que crea productos y los anuncia por la televisión dice que sí. Y resulta que las dos están equivocadas porque son muy simples. El dinero sí compra la felicidad: cuando te permite pasar de la pobreza a un estatus de clase media. El dinero no compra la felicidad: cuando te permite pasar de la clase media a la clase media alta. Un vaso de vino te hace sentir muy bien, dos te hace sentir maravilloso, pero 100 vasos de vino no te hacen sentir 100 veces mejor, te hacen sentir peor. Es decir que una de las maldiciones de la riqueza es que decepciona, ya que no proporciona lo que se esperaba. Las relaciones sociales en todo el mundo son uno de los mejores índices de predicción de la felicidad humana…

Eduard Punset:
¿Mejor que la riqueza?

Daniel Gilbert:
Mucho mejor, hay una correlación muy clara y fuerte. Una actitud inteligente sería intentar maximizar la felicidad utilizando la riqueza que se tiene para aumentar el tiempo disponible para las relaciones sociales. Hay pocas personas, en mi país al menos, que se paren en los $50.000 y digan: voy a trabajar media jornada y el resto del día lo pasaré con mi familia.

Eduard Punset:
Probablemente, si tenemos en cuenta tus investigaciones sobre la relación del dinero con la felicidad, lo que intentamos asimilar como política de la izquierda — aumentar los niveles de ingresos de los más pobres — es una política mejor que las de centro o derecha, que intentan aumentar los ingresos de todos. ¿Explica esto por qué es una menos popular que la otra?

Daniel Gilbert:
Gracias a Dios no soy un científico político, porque son todavía menos felices que los parasitólogos… pero el caso es que si una persona tuviera el control de la distribución de la riqueza de toda una población, y el único objetivo fuera maximizar la felicidad en esa población, se debería frenar a la gente cuando ha ganado el máximo necesario para ser feliz . Si hay $100.000 en el mundo y hay dos personas, se creará más felicidad si a cada uno se le da 50.000 que si se le da 90.000 a uno y 10.000 al otro.

Eduard Punset:
En algún sitio has dicho que “la sociedad quiere que consumamos, no que seamos felices, y las personas quieren ser felices”. ¿Cómo podemos desenvolvernos en esta paradoja, o contradicción?

Daniel Gilbert:
Hay muy pocas personas que piensen que sea responsabilidad suya individual mantener viva la economía. Las personas creen que su responsabilidad consiste en maximizar su propia felicidad. A la economía –y pensamos en ella como si fuera alguien que nos mira desde arriba– no le preocupa si los consumidores son felices, lo que le preocupa es que los consumidores consuman. La manera en que confluyen estos dos intereses consiste en que las sociedades convencen a las personas de que el consumo les traerá la felicidad. De esta manera las personas siguen consumiendo, en busca de felicidad, y la economía de la sociedad sigue adelante porque los consumidores van consumiendo. Se puede pensar en esto como una mentira, porque sabemos a partir de los datos que tenemos, que el consumo sin límites no proporciona la felicidad.

Eduard Punset:
Daniel, dices que otra de las cosas de las que aparentemente no nos damos cuenta es que tener más posibilidades de elección no significa ser más feliz. ¿Qué quieres decir con esto?

Daniel Gilbert:
Te puedo poner un ejemplo de un experimento, porque esto es muy fácil de demostrar de forma experimental. A un grupo de estudiantes, que estaban haciendo un curso en fotografía, les explicamos cómo hacer y revelar las fotos. Al final del curso tenían dos fotografías maravillosas, en blanco y negro de 8 x 10, de las que estaban muy orgullosos. Les dijimos que ellos se podían quedar una y que nosotros nos quedaríamos la otra. A la mitad de los estudiantes se les dijo que si cambiaban en cualquier momento de opinión y querían cambiar la foto no pasaba nada, y a la otra mitad se le dijo que una vez que habían tomado una decisión ésta era irrevocable. Hicimos un seguimiento de los estudiantes, de lo satisfechos que estaban con la foto que habían elegido, y no había ninguna duda en los resultados: los que no tenían opción a cambiarla estaban más contentos. Los que tuvieron la posibilidad de cambiarla vivían en un estado de duda: hice la elección correcta, quizá me equivoqué. Pero lo más interesante es que en nuestros experimentos, cuándo se le pregunta a las personas “¿en cuál de estas dos condiciones anteriores te gustaría estar?” siempre escogen “el poder elegir”. Es decir que esto es muy importante: sabemos que una de las dos situaciones hace a la gente más feliz que la otra, y sin embargo siempre escogemos la que no nos hace feliz.

Eduard Punset:
¿Crees que hemos mejorado en los últimos 60.000 años? Porque por lo que dices con todos estos “impact byas” y “empathy gap” y tal, me da la impresión de que no hemos mejorado mucho en los últimos 60.000 años.

Daniel Gilbert:
Hace 50.000 años, el futuro del ser humano se extendía hasta la hora siguiente, o quizá el día siguiente, pero nadie pensaba en términos de años o décadas. Es por esto que predecir nuestra emociones futuras resulta tan difícil: es algo que nuestra especie apenas ha empezado a hacer: considerarse a sí misma extendiéndose hacia largos periodos de tiempo. Y el resultado es que intentamos llevar a cabo esta tarea tan nueva y difícil con un cerebro muy viejo, y naturalmente cometemos errores.

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Las emociones

En el programa de Redes de TVE emitido el 15 de Noviembre de 2005, se habla sobre las emociones. La ciencia nos dice que son mecanismos cerebrales seleccionados para ayudarnos a sobrevivir y que sería muy difícil explicar la evolución humana al margen de las emociones. Pero a veces no podemos controlar las emociones y eso nos causa verdaderos problemas.

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Enfermedades funcionales

Del libro «Neurología. Información para pacientes y familiares» de J. F. Martí Massó. Jefe de Servicio de Neurología del Hospital Ntra. Sra. de Aránzazu. Profesor Titular de Neurología de la Universidad del País Vasco. San Sebastián.

Los médicos dividen las enfermedades en dos grandes grupos: funcionales y orgánicas. Las primeras serían aquellas en las que no es posible detectar un órgano alterado. El modo principal de detectar anomalías en los órganos es con el estudio patológico, esto es con la inspección del órgano o con el microscopio. Sin embargo los métodos de estudio han mejorado, y en la actualidad hay que contar que disponemos de otras técnicas que nos pueden indicar que un órgano no funciona bien, debido a una alteración submicroscópica del órgano en cuestión. En resumen, esta clasificación de funcional y orgánica va a depender de los métodos de estudio que dispongamos para detectar la posible alteración orgánica.

Funcional se utiliza de forma inadecuada frecuentemente para calificar a una enfermedad de origen psíquico.

¿No tiene nada, o es nervioso?. Con cierta frecuencia los médicos tras decirle a un enfermo que no tiene nada, le indican que lo que sufre es de tipo nervioso. Probablemente pretenden minimizar la importancia de las enfermedades que no tienen un substrato orgánico conocido. Parece que las enfermedades importantes son aquellas que se conocen bien donde se encuentra la lesión, se las puede ver a través de algún método de exploración con imagen o al menos detectarla mediante un análisis de sangre o de otro tejido o fluido.

Es difícil generalizar la actitud de los médicos ante las enfermedades que globalmente podemos denominar como «funcionales». Algunos piensan que una gran mayoría de estos trastornos no constituyen auténticas enfermedades, que en realidad son síntomas simulados, que el enfermo explota para obtener algún beneficio consciente o inconsciente. Otros creen que estas enfermedades psíquicas están en relación con la personalidad previa del sujeto que lo padece. Por tanto, algunos individuos estarían «inmunizados» frente a este grupo de enfermedades. Otros médicos piensan que estas enfermedades son similares a la neumonía, de forma que cualquiera puede sufrirla.

Un grupo heterogéneo de enfermedades

Basta revisar el libro de clasificación de enfermedades mentales (por ejemplo el DSM-III-R) para comprobar que hay un gran número de enfermedades que forman parte del cuerpo de doctrina de la psiquiatría. Existe un grupo que es denominado «Trastornos mentales orgánicos». Entre ellas se incluyen las demencias, delirios, síntomas de ansiedad o trastornos del ánimo producidos por enfermedades degenerativas, tóxicas o metabólicas. En resumen se tratan de encefalopatías con patología conocida o con causa bien establecida aunque la sintomatología sea del todo superponible a otras enfermedades de causa no bien conocida.

Las diferencias entre estos trastronos son enormes. Baste recordar la que existe entre una enfermedad como la depresión mayor y la esquizofrenia. O de ambas con los trastornos por ansiedad. Conviene, por tanto, evitar la generalización.

¿Son todo este grupo de alteraciones, enfermedades cerebrales?. No hay ninguna duda de que todos los síntomas psicóticos, trastornos por estado de ánimo, trastornos por ansiedad, e incluso las quejas somáticas o ansiedad referidas a enfermedades obedecen a cambios cerebrales.

¿Por qué tratamos de desligar del cerebro estos trastornos?. Existen tres explicaciones para comprender este error: 1. De tipo histórica, 2. La complejidad del funcionamiento cerebral y 3. El defecto de formación de los médicos en el diagnóstico y tratamiento de estas enfermedades.

Ya hemos visto que estamos ante una ciencia joven. Muchos de los conceptos arcaicos erróneos no han sido aun desterrados.

No se conoce bien de que forma cambia el cerebro cuando se altera el ánimo y se produce euforia o depresión, o de que manera los cambios cerebrales pueden modificar los gustos, sentimientos y en definitiva la conducta humana. La complejidad del funcionamiento de nuestro cerebro es tan grande, que estamos muy lejos de conocer los mecanismos por los cuales estos fenómenos tienen lugar.

En las facultades de medicina y en los hospitales la actitud que se tiene con los enfermos con trastornos «funcionales» es muy diferente a la que se tiene con los que sufren enfermedades orgánicas. En general se desprecia, o se le presta poco interés. Incluso la formación que se recibe en psiquiatría es teórica y escasa.

Ansiedad – fobias

Existen un grupo de trastornos englobados dentro de los llamados trastornos por ansiedad. Ansiedad puede considerarse sinónimo de angustia. Se define como un estado de activación del sistema nervioso que se acompaña de sentimientos como miedo o incertidumbre y de cambios corporales como palpitaciones, temblor, sudoración, etc. Esta ansiedad puede ser normal o patológica, cuando ocurre sin un estímulo que lo justifique. Hay un factor de vulnerabilidad personal a que determinadas situaciones causen ansiedad. Esta vulnerabilidad viene determinada por factores hereditarios. Entre un 2 y un 5% de la población sufre de ansiedad.

Fobia es un miedo injustificado ante una situación determinada. La agorafobia es miedo ante un espacio abierta (de «agora» que en griego significa la plaza). Los enfermos refieren mareos con sensación de inestabilidad más o menos prolongada. En realidad el enfermo no percibe el equilibrio correctamente. Se sienten inseguro, aunque la exploración del equilibrio es normal. Esta sensación de mareo, desencadena en ocasiones una crisis de pánico. Lo habitual es que el mareo ocurra preferentemente en determinados espacios abiertos: puentes, supermercados, o haciendo colas en una tienda.

Otras fobias menos incapacitantes generalmente son las claustrofobias: los pacientes temen los espacios cerrados (ascensores, autobuses, etc) o las fobias a animales (Zoofobias), fobias sociales con temor a relacionarse con los demás, etc.

Varios medicamentos tranquilizantes o antidepresivos son útiles en el tratamiento de estos trastornos. Algunas veces hay que administrarlos crónicamente. Los enfermos suelen manifestar sus quejas ante la toma crónica de psicofármacos, pero la calidad de vida puede mejorar significativamente, y en cada caso, hay que valorar las ventajas e inconvenientes de las tomas crónicas de medicamentos.

Fuente: Neurosalud

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Sobran las palabras

Carlos Augusto Alves Santana (Autlán de Navarro, Jalisco, México, 20 de julio de 1947), guitarrista mexicano de rock, latin rock y jazz-rock.Su padre fue violinista en una banda de mariachi y el joven Carlos aprendió tocar el violín, pero cambió a la guitarra cuando tenía ocho años. En 1955 su familia se mudó a Tijuana, y Santana empezó a tocar en clubes y bares en la zona turística. Se quedó en Tijuana cuando su familia se mudó de nuevo, esta vez a San Francisco, California, pero pronto la siguió.

Emociones fuertes sin necesidad de palabras en esta obra maestra en vivo: Samba pa ti

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El cromosoma 15

Un grupo de investigadores del Centro de Genética Medica y Molecular de Barcelona, España, halló que: la duplicación de un segmento del cromosoma 15 de los humanos podría ser la culpable de la susceptibilidad de algunas personas a padecer ataques de pánico, agorafobia y algunos otros trastornos psicológicos relacionados. En un artículo aparecido en agosto de 2001 en la prestigiosa revista Cell, se informa que tras estudiar a un extenso grupo de familias con historia de desórdenes por ansiedad, el equipo encabezado por la doctora Mónica Gratacós, encontró que el 90 % de los miembros de esas familias afectadas presentaban la duplicación de una pequeña región del cromosoma 15. Este desarreglo genético, conocido como DUP25 fue hallado también en el 97 % de pacientes no relacionados entre sí ni con las familias estudiadas, demostrando que la anomalía no era específica de las familias analizadas.

Los cromosomas son los paquetes en los que se comprime y enrolla el material que porta la herencia de los seres vivos: los genes. Los seres humanos tenemos 46 cromosomas, 23 son heredados de la madre y 23 son el legado paterno. En el momento en que se produce la fecundación del óvulo por el espermatozoide, ocurre un fenómeno entre los cromosomas de ambos progenitores conocido como entrecruzamiento, en el cual éstos se juntan e intercambian fragmentos unos de otros. Si alguno de estos intercambios falla, puede darse el caso de duplicaciones, fragmentaciones, inversiones o pérdida de genes. Esto se conoce como aberraciones cromosómicas, una de las cuales es la que produce el fenómeno que hallaron los investigadores.La región duplicada contiene más de 60 genes, de los cuales los científicos han identificado tan solo 23. Al parecer, entre estos genes que se han duplicado hay algunos que contendrían la información para construir proteínas involucradas en el control de la comunicación y la interacción entre las neuronas.

Al ser consultado acerca de este trabajo, el doctor Silvano Zanutto, investigador del Instituto de Biología y Medicina Experimental perteneciente a la UBA-Conicet, dice que «una sensibilidad extrema del cerebro a las situaciones y factores ambientales que producen estrés podría ser consecuencia, como sospechan los investigadores españoles, de una sobreproducción de proteínas relacionadas con funciones neuronales, quizás específicamente con el sistema límbico».

Según explica el experto, esta parte del cerebro está involucrada en la formación de emociones en general, particularmente con la defensa, el escape, la ira, el miedo y otros comportamientos instintivos. Sin embargo, para Zanutto «habría que estudiar muy bien cuál es el efecto concreto que provocan estos genes duplicados para poder hablar con más fundamentos sobre lo que está pasando a nivel de la conducta de un individuo».

En una edición reciente de la revista New Scientist, la doctora Gratacòs comenta: «Se está intentando ahora encontrar exactamente cuáles de los genes del DUP25 son los causantes de estos desórdenes. Si esto se logra, sería posible producir drogas que desactiven esos genes o supriman las proteínas que ellos producen». Pero el ambiente también es muy importante, ya que una persona , aun teniendo la duplicación DUP25 puede no desarrollar ningún miedo. «En las familias afectadas por ejemplo – concluye la investigadora-, el 20% de la gente que presenta esta anomalía cromosómica, no tiene ningún desequilibrio del comportamiento».

Con esto, el científico argentino concuerda: «El desarrollo de desórdenes por ansiedad como los citados en el trabajo español, así como otros varios , está relacionado con varias partes del cerebro, no con una sola, pero aun no se sabe con exactitud qué es lo que los genera y hay que ser cauto a la hora de proponer hipótesis que creen expectativas en la gente».

Desde hace muy poco tiempo, el estudio de las funciones superiores del cerebro tales como la memoria, los recuerdos, la imaginación, la inteligencia o los comportamientos instintivos más básicos, están siendo retomados desde un nuevo punto de vista, en el cual, se intenta entender cómo se producen efectivamente estos procesos cognitivos.

Mediante la formulación de teorías y modelos de circuitos neuronales que puedan reproducir los comportamientos y datos observados, algunos grupos de investigadores en todo el mundo están tratando de desentrañar los mecanismos que dan como resultado la gama extraordinaria de respuestas que podemos realizar frente al entorno.

Este nuevo enfoque del estudio del cerebro es posible, entre otras cosas, gracias al advenimiento de técnicas de obtención de imágenes muy sofisticadas y precisas como la tomografía de emisión de protones (PET) o la resonancia magnética funcional (fMRI), las cuales permiten ver qué regiones del cerebro están activas en un momento determinado cuando se realizan las acciones que se intentan estudiar.

Por ejemplo, cuando uno trata de memorizar algo, se puede ver que se «enciende» una parte del cerebro, mientras que para hablar se activaría otra zona distinta. Gracias a estos avances, la formulación de teorías y modelos que expliquen cómo se logran dichos procesos está creciendo muy rápidamente en los grandes centros científicos del mundo.

En la Argentina, este estudio está siendo enfocado por grupos de investigadores como el del doctor Zanutto. En el laboratorio de Comportamiento animal del IbyME donde trabaja el especialista, se está tratando de descubrir las bases neurales de las conductas instintivas de los animales – el hombre entre ellos- elaborando teorías y utilizando modelos realizados con redes neuronales que, probadas luego en «robots» intentarían dar cuenta de la forma en la cual el cerebro produce las respuestas más básicas con las que se construye el comportamiento.

Es un momento de grandes avances y descubrimientos para entender cómo somos y cómo funcionamos. «En cuanto a las teorías que explican los mecanismos de funcionamiento del cerebro – concluye Zanutto -, estamos como la física en la época de Galileo, con todo por hacer, por imaginar y probar, con un inmenso y desconocido campo para conocer y descubrir, pero es necesario hacerlo de a poco, sentando las bases sobre las que se construirá algún día el conjunto de conocimientos que nos dará la idea de cómo funciona nuestra mente»

 

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Evitación social

Muchas personas recurren en ocasiones a la evitación para eliminar la ansiedad que les producen ciertas situaciones. Sin embargo, la evitación que se produce a veces en la fobia social es generalizada y se da a nivel conductual, emocional y cognitivo. Estas personas evitan prácticamente todo contacto con los demás debido a la ansiedad que sienten. Es decir, no se trata de personas solitarias que prefieren tener pocos contactos con los demás, sino que desean el afecto, amistad y aceptación de los demás pero tienen un miedo al rechazo tan profundo que impide el inicio o la profundización de las amistades. Suelen considerarse a sí mismos socialmente ineptos y ven a los demás como superiores, pensando que los rechazarían o criticarían si los conocieran. Desean acercarse a otras personas pero tienen pocas relaciones sociales, sobre todo pocas relaciones íntimas. Temen iniciar el contacto o responder a la iniciativa de otros de acercarse a ellos porque están seguros de que finalmente serán rechazados.

Los esquemas de pensamiento

Las personas con este trastorno tienen un patrón de pensamiento disfuncional que está en la base de su comportamiento evitativo. Estas creencias reflejan la impresión que tiene de sí mismo y de los demás. Es posible que de niños hayan sido criticados o rechazados por una persona importante para ellos (padre, madre hermano, compañeros). Esto los llevó a desarrollar ciertos esquemas de pensamiento sobre sí mismos, como: «Hay algo defectuoso o malo en mí», «Soy inadecuado», «No gusto a nadie», «No encajo», «Soy diferente y desagradable», y sobre los demás: «Me rechazarán, «No les importo», «No les intereso».

Sin embargo, no todas las personas que son rechazadas o criticadas por los demás desarrollan un trastorno evitativo. Para que esto suceda deben haber interpretado lo sucedido mediante ciertos supuestos y creencias, como: «Si mi madre me trata así, seguramente es porque soy una mala persona», «Si los demás me rechazan es porque soy defectuoso», «No tengo amigos porque soy ridículo», «Si ni siquiera les gusto a mis padres, es imposible que le guste a los demás».

Así pues, las personas evitativas tienden a pensar que todos reaccionarán de la misma manera que aquellos que les criticaron, pues asumen que hubo un motivo real para dichas críticas, y que eso motivo es algo inherente a ellos (algo malo o defectuoso). Por tanto, temen continuamente que los demás descubran que son defectuosos y los rechacen.

Además, tienen miedo de no poder soportar el malestar que les provoca el rechazo, lo consideran como algo terrible que puede tener para ellos consecuencias desastrosas. Esto es debido a que dichos esquemas se formaron en la infancia, época en la que existe una mayor dependencia y necesidad de los demás para sobrevivir. Este miedo los lleva a evitar las relaciones y situaciones sociales.

Interpretan el rechazo de una manera totalmente personal, como si estuviera provocado únicamente por sus carencias personales: «Me ha rechazado porque no valgo nada», «Piensa que soy idiota». Al verlo así, siente un malestar muy intenso y para evitar ese malestar, evita también las situaciones sociales. Al mismo tiempo, las interpretaciones negativas que hace acerca de los motivos de los demás, refuerzan sus creencias básicas. Es decir: «Me ha rechazado porque piensa que soy idiota; lo cual corrobora mi idea de que la gente piensa mal de mí y de que soy idiota». Así se establece un círculo de pensamientos que se alimentan a sí mismos manteniéndose en el tiempo.

Autocrítica

Con frecuencia piensan de sí mismos de un modo negativo y casi nunca cuestionan esos pensamientos, pues los dan por ciertos desde el principio: «Soy aburrido, «Soy inútil», «No soy atractivo», «No soy interesante», «Soy un fracasado», «Soy despreciable».

También suelen tener una serie de pensamientos negativos antes de los encuentros sociales: «No sabré qué decir», «Haré el ridículo», «No le gustaré». Estos pensamientos pueden a veces ser totalmente conscientes, mientras que otras veces la persona no tiene una completa conciencia de ellos, sino que siente principalmente el malestar que le producen y que les empuja a evitar la situación para aliviar ese malestar (ansiedad, depresión).

Reserva

Dado que piensan que no pueden gustar a nadie, tienden a ocultar su verdadera personalidad a los demás. Para hacerlo, impiden que los demás se acerquen a ellos lo bastante como para descubrir lo que creen que son en realidad: raros, inadecuados, estúpidos, etc. y piensan que «En cuanto me conozcan, se darán cuenta de que soy inferior», «Debo evitar que la gente descubra como soy de verdad».

Falta de asertividad

Cuando establecen relaciones con alguien evitan confrontaciones y no son asertivos. Tratan de resultar agradables a esa persona en todo momento, hacer lo que creen que los demás quieren y se sienten siempre al borde del rechazo: «Si hago algo que le desagrade romperá nuestra amistad», «Si cometo algún error me rechazará».

Evitación de emociones negativas

La persona evita pensar sobre temas que le causan malestar emocional. Tolera mal las emociones negativas, como la ansiedad, de modo que cuando las siente busca enseguida un modo de distraerse y no pensar en ello. Cree que si se permite sentir esas emociones negativas, se sentirá abrumado, no podrá soportar el malestar, se hundirá, no podrá funcionar, se quedará bloqueado, etc. Cuando se da cuenta de su evitación, tiende además a criticarse: «Soy un vago». No se da cuenta de que la evitación es el modo que tiene de vérselas con las emociones desagradables.

Evaluaciones negativas de las reacciones de los demás

Estas personas tienen problemas para evaluar de forma realista las reacciones de los demás, tendiendo a interpretar una reacción neutra o incluso positiva, como negativa. Pueden buscar reacciones positivas incluso en personas que no tienen ninguna importancia en sus vidas, como dependientes de comercios, y desean causar a todo el mundo una buena impresión, pues para ellos es sumamente importante que nadie piense mal de ellos. Esto es debido a su creencia de que «Si alguien piensa mal de mí, su crítica tiene que ser cierta». De este modo, temen cualquier situación en la que puedan ser evaluados por los demás, porque las reacciones negativas e incluso las neutras confirman su propia creencia de que no valen nada y no gustan a nadie. No utilizan criterios interiores para juzgarse a sí mismo, sino que se basan en lo que creen que los demás piensan de ellos (y además creen que los demás los ven de manera negativa). E incluso cuando se le presentan pruebas de que gusta a los demás o es aceptado, esta persona tiende a descartarlas o no creerlas. Más bien piensa que si alguien lo acepta es porque no lo conoce de verdad o porque ha logrado engañarle: «Cree que soy competente porque le he engañado o no me conoce de verdad». «Si me conociera más sabría lo torpe que soy».

Problemas para cambiar

Aunque tienen un gran deseo de tener relaciones estrechas con los demás y de cambiar sus vidas, no se ven capaces de hacerlo. Se sienten solos, vacíos e insatisfechos, desean conseguir un trabajo mejor, hacer amigos, tener pareja, y, por lo general, saben qué es lo que tienen que hacer para alcanzar esos objetivos, pero consideran que el precio será demasiado alto: un dolor emocional demasiado intenso como para poder soportarlo. Por este motivo, encuentran múltiples excusas para no hacer lo necesario para alcanzar sus metas: «Si lo hago me sentiré mal», «No me gustará», «Estoy cansado», Lo haré más adelante». Además, no se creen realmente capaces de alcanzar sus objetivos y anticipan el fracaso.

Es también habitual que fantaseen sobre su futuro. Piensan que no pueden alcanzar sus metas por sí mismos, pero que algún día sucederá algo que cambiará sus vidas, que las cosas mejorarán sin que tengan que hacer nada. Incluso en la terapia esperan que el terapeuta los «cure» sin hacer ellos ningún esfuerzo. Dado que se ven como personas ineficaces, esa curación tiene que llegar desde fuera.

Fuente: Portal sobre psicología y salud

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