Contribución de un fóbico social

De los comentarios recibidos recientemente extraigo este texto enviado por sauce que he decidido elevarlo a la categoría de Contribución relevante por su claridad de ideas y valioso testimonio personal:

Yo también tengo esta fobia social, no se a qué nivel, porque en general puedo trabajar, salir, etc.. pero me cuesta muchísimo crear relaciones nuevas, hablar frente a un grupo de gente, o a cierta gente que me impone más, etc.. Llevo yendo a un psicólogo algún tiempo, y la verdad es que me hace ver muchas cosas que normalmente no veo, aunque al final la solución sólo la puedo encontrar yo.

Entre lo que me enseña el psicólogo y lo que me caliento yo el tarro, he dado con una serie de recursos, explicaciones e ideas con las que espero poder ayudar a alguien, porque no es fácil encontrar demasiada información útil si no es pagando, así estamos.

Lo primero sería lo de buscar los pensamientos negativos, esto es mejor entenderlo primero. Cualquier sensación, emoción, etc. como el miedo o la vergüenza, van por fuerza precedidos de un pensamiento. Lo que ocurre es que en ocasiones este pensamiento lo hemos interiorizado tanto que ha pasado a nuestro subconsciente, ocurre automáticamente ante cierto tipo de situaciones, y no podemos controlarlo porque ni siquiera lo percibimos. Lo que hay que intentar es ir modificando estos pensamientos que nos hacen sufrir, por otros más realistas y positivos. El ejercicio que se puede hacer, por lo tanto, sería: una vez «a salvo» de estas situaciones podemos intentar buscar estos pensamientos (por escrito) preguntándonos cosas como ¿de qué he tenido tanto miedo? o ¿por qué no he sido capaz de hacer.. (lo que sea)?, y buscar respuestas como «de que se rieran de mi», «de no caerle bien», «de contar algo gracioso y que no se ria nadie», etc.etc.etc. pero siempre buscando respuestas lo más concretas posible, no quedarse en el «de lo que piensen de mi». Luego podemos hacernos una pregunta enormemente útil, ¿qué es lo peor que me puede pasar si.. hablo, participo, cuento un chiste, etc..? lo que nos de miedo en particular a cada uno, e intentar no ser autodestructivos con la pregunta. Por ejemplo: que no tenga gracia y se cree una situación incómoda, o que se me note la timidez y sientan lástima de mi, ¿y luego? «se olvidará lo sucedido con el tiempo», «cuando la gente me conozca más verá que aunque soy tímido tengo muchas cosas buenas». Aunque no encontrásemos una respuesta positiva y las consecuencias nos parezcan horribles, siempre quedará algo que también es importantísimo para superar esta fobia: «habré comprobado que no me he muerto, y que he tenido el valor de hacer esto que para otros será fácil, pero para mí es un gran esfuerzo y lo he hecho, con un par..»

También viene bien observar lo que hemos sentido, en plan diario, escribirlo aunque no lleguemos a ninguna conclusión, para descargarse un poco, ya que es difícil encontrar a alguien que entienda el problema. Yo consigo organizar mucho mejor mis pensamientos por escrito, y se pueden descubrir muchas cosas acerca de uno mismo.

Analizar los logros y los fallos, y lo suyo es conseguir hacerlo cada día, cosa que yo no consigo ni a la de tres, aun sabiendo lo mucho que me ayuda. Sobre todo nos sirven para ir conociendo nuestro miedo en particular (de cada uno) nuestras debilidades, aceptarlas y seguir trabajando con ellas, nuestros mecanismos de defensa, etc.. lo primero es conocer el problema. Al hacerlo, es importante también no culparse por que nos hayamos comportado de una forma que no nos gusta, son mecanismos que casi siempre se crean de pequeños, y de los que ya no somos responsables, sino víctimas.

Luego hay que buscar pensamientos para sustituir a los negativos, una vez, y otra y otra, hasta que en el subconsciente se plantee la posibilidad de modificar estos mecanismos con los que reaccionamos automáticamente. Cuando logremos pillarnos planteándonos la realidad según los pensamientos negativos que ya hemos detectado que utilizamos, intentar con calma pensar en otras opciones con las que interpretar la realidad, más positivas. «Si no le caigo bien no pasa nada, nadie cae bien a todo el mundo, al menos lo habré intentado», «si hago el ridículo veré que no es tan grave, no me he muerto por ello»,… Esto es muy difícil, porque en estado de ansiedad nuestra mente se nubla y no podemos pensar con claridad, muchas veces no se consigue, pero hay que seguir intentándolo, yo a veces estoy con un grupo de gente intentando recordar qué es lo que tenía que pensar para tranquilizarme, intentar luego aceptar el pensamiento e interiorizarlo, o repitiéndolo mentalmente hasta hacerlo mio, es difícil, pero muchas veces da resultado, te tranquilizas y hablas, y si alguien te da la espalda o no te toman en serio otra vez a pensar que da igual, que no lo he hecho, qe otra vez saldrá mejor, y asi. También puede ayudar pensar que no pasa nada por sentir miedo. Poco a poco se va golpeando ese planteamiento irracional de la realidad que nos hace tener tanto miedo.

Ahora va a ocurrir que habrá días que nos veamos incapaces de cambiar nada, que sintamos que no somos capaces de mejorar, que un día consigamos que de resultado y logremos tranquilizarnos y estar mejor, y al otro parezca que vamos para atrás, esto va a pasar mucho y es muy importante no hundirse, seguir intentándolo, porque no se va a arreglar de la noche a la mañana, no existe una poción mágica que nos cure ni una parte de nuestro cerebro donde resida al miedo que se pueda extraer con una cucharita, ojalá. Esto hay que currárselo. Bueno es un royo, pero mas o menos es así, de todas formas cada uno debe ir adaptándolo a su situación, buscando la manera de hacerlo que más le ayude y así.

Otra cosa que hay que hacer, todos los días, y que es posiblemente lo más importante, es enfrentarse al miedo. Todos habremos oído lo de que para vencer al miedo hay que enfrentarse a él, pero no creo que sea tan simple. Hay que saber cómo plantearse este enfrentamiento, en el caso de la fobia social, o en mi caso al menos, lo hago planteándome que me voy a enfrentar al miedo, voy a fallar, y no es tan grave. Si tienes miedo a las alturas, te subes a 20 metros y fallas, te matas. Pero si tienes miedo a no gustarle a alguien, y no le gustas, no te mueres, no se acaba el mundo, no pasa nada demasiado grave. En realidad si que pasa, que nos vamos a sentir mal, que nos vamos a sentir frustrados, pero ¿no te vas a sentir mucho peor si no eres capaz siquiera de intentarlo?¿si luego te das cuenta de que has dejado pasar la oportunidad y no has hecho nada? Es muy importante no dejar de hacer cosas, como ir a trabajar, a clase, quedar con alguien, aún sabiendo que lo vas a pasar mal, porque si vas y no sale bien, y tus miedos se hacen realidad, no pasa nada demasiado grave, puedes hacer el ridículo, que no te hable nadie, que se rían de ti, pero tú lo habrás intentado, te habrás enfrentado a tu miedo y eso luego en el fondo lo agradeces, porque habrás dado un paso para que la enfermedad mejore. aunque lo hayas pasado mal (siempre y cuando no te machaques luego con lo que ha salido mal y veas la parte buena, que has hecho algo que normalmente no te atreves). Si te quedas en casa por miedo, te sentirás luego mucho peor. Hay que hacer cosas que te den miedo porque la mayoría de las veces ocurrirá que si lo pases bien, comprobarás que tu miedo es irracional, y luego te sentirás mejor. A mi me ha pasado que e ido a un sitio que me daba pánico, me he angustiado, no he hablado con nadie, lo he pasado fatal, pero luego de vuelta a casa me he sentido liberado, como si hubiese vencido un reto, en cambio cuando me quedo en casa por culpa del miedo luego me siento fatal conmigo mismo. También me ha pasado ir a un sitio que me daba pánico, llegar y pasarlo bien, hablar con la gente, sentirme relativamente agusto y volver a casa con la autoestima mucho mejor. No hay que quedarse parado.

Ahora bien, el que tiene fobia social tiene bajones de ánimo, y habrá veces que sucumbas al miedo y no lo hagas, no te machaques tampoco ahora, pero la próxima vez inténtalo.

El peor enemigo del fóbico social (en mi caso al menos) es uno mismo. Porque nos culpamos, nos criticamos y nos machacamos, cuando estamos mal no vemos nada bueno en nosotros, y asi no nos podemos sentir seguros. Si no nos gusta cómo somos nos va a costar mucho gustarle a nadie. Somos nuestro peor enemigo, pero al fin y al cabo, la única persona que siempre va a estar a nuestro lado, incondicionalmente, también somos nosotros mismos. Así que no nos queda otra que aceptarnos y tratarnos con algo más de cariño, perdonarnos cuando lo hagamos mal y fijarnos más en cuando lo hacemos bien, en definitiva, aceptarnos como somos y disfrutarlo como podamos.

«A ti te estoy hablando a ti, que nunca sigues mis consejos,
a ti te estoy gritando a ti, que estás metido en mi pellejo,
a ti que estás llorando ahí, al otro lado del espejo,
a ti que no te debo, más que el empujón que anoche,
me llevó a escribir esta canción»
Joaquín Sabina

«Sobreviviré
aunque la soga del tiempo me quiera matar
aunque las penas me ahoguen cada despertar
Sobreviviré, a esta vida que tengo y que es la mía»
Paco Ortega

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Tres enlaces alrededor de la fobia social

El miedo : un comentario en el blog Pensamientos y rarezas donde se recomienda el libro «Anatomía del miedo» de José Antonio Marina

El yo : jugosos pensamientos en el blog de Mi vida tímida

Los supuestos trastornos mentales : articulo de prensa en el diario digital La nieva España

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Los tratamientos farmacológicos para la fobia social

La eficacia de los tratamientos farmacológicos para la fobia social ha recibido una gran atención en los últimos años (Botella, Baños & Perpiñá, 2003). Los objetivos de este tipo de tratamiento incluyen: a) Reducir los síntomas de activación autónoma; b) disminuir la ansiedad anticipatoria y las conductas evitativas; c) bloquear las crisis de pánico situacionales; y d) tratar las condiciones comórbidas (Cía, 2004). Los medicamentos más utilizados son los beta-bloqueantes adrenérgicos, las benzodiazepinas y algunos antidepresivos (Barlow, 2002; Book & Randall, 2002).

Los beta-bloqueantes adrenérgicos (atenolol, propanolol) utilizados también como antihipertensivos, se recomiendan principalmente para el tratamiento de las fobias sociales específicas, debido a que suprimen los síntomas periféricos de activación autónoma, como la aceleración cardíaca,la sudoración y la hiperventilación, aumentando la confianza del paciente para afrontar las situaciones fóbicas (Cíia, 2004; Echeburúa, 1996). Sin embargo, estos psicofármacos no parecen ser efectivos para disminuir la ansiedad anticipatoria (Scott & Heimberg, 2000).

Las benzodiazepinas (alprazolam, clonazepam, bromacepan), utilizados contra otros trastornos de ansiedad, tienen un efecto similar al de los beta-bloqueantes adrenérgicos, pero sus efectos no se mantienen después de que se ha interrumpido el tratamiento, por lo que se teme que puedan generar dependencia (Scott & Heimberg, 2000). Además, según los autores citados, pueden generar varios efectos secundarios, incluyendo sedación excesiva, dificultades de concentración, problemas sexuales (disminución de la líbido y anorgasmia), problemas de coordinación y problemas de memoria.

Los antidepresivos que se han utilizado para la fobia social son los inhibidores de la monoaminooxidasa (tranilcipromina, fenelzina) y los inhibidores selectivos de la recaptación de serotonina (fluoxetina, fluvoxamina, sertralina, paroxetina, citalopram) (Acheburúa, 1996; Scott & Heimberg, 2000).

El uso de los inhibidores de la monoaminooxidasa es limitado debido a que supone restricciones en la dieta de alimentos ricos en tiroxina y pueden conllevar a crisis de hipertensión (Cía, 2004). Además, pueden teber varios efectos secundarios, incluyendo aumento de peso, vértigos e interferencias en el sueño y la función sexual (Scott & Heimberg, 2000). Los datos ofrecidos por Liebowitz et al. (1992) señalan, por otra parte, que la fenelzina podría ser más efectiva para las personas con fobia social que el atenolol. En un estudio doble ciego (en donde ni el paciente ni el médico saben qué droga está recibiendo el primero), en el que asignaron al azar un grupo de 74 pacientes con fobia social (76% con fobia social generalizada), a un tratamiento de ocho semanas con dicho psicofármaco, con atenolol o con placebo, encontraron un mayor porcentaje de pacientes recuperados en el primer grupo (64%), que en el segundo (30%) y el tercero (23%). Adicionalmente, hallaron efectos superiores de dicho psicofármaco sobre el atenelol, 16 semanas después de iniciado el tratamiento.

Los inhibidores selectivos de la recaptación de serotonina, por su parte, han recibido una gran atención en los últimos años ya que sus efectos secundarios son escasos (Barlow, 2002) y han sido considerados, según Scott & Heimberg (2000), como agentes de primera línea para el tratamiento de la fobia social por su eficacia demostrada y tolerancia relativa. A pesar de diversos estudios a favor de su efectividad, estos productos también generan efectos secundarios indeseados, como aumento de peso, somnolencia e interferencias en el sueño y función sexual (Scott & Heimberg).

Se reafirma la necesidad de combinar la medicación, para contrarrestar los síntomas de la fobia social para el corto plazo, con la terapia cognoscitivo conductual para anular dichos síntomas a largo plazo (Fresco & Heimber, 2001). Sin embargo debido a los efectos secundarios propios de los psicofármacos y la posibilidad de recaídas una vez que se dejan de tomar, las psicoterapias empíricamente sustentadas podrían constituir una mejor alternativa para el tratamiento para la fobia social que éstos, lo cual no descarta el uso remedial de un psicofármaco con pocos efectos colaterales, para contrarrestar síntomas indeseables en casos muy serios.

Fuente: ESTADO DEL ARTE SOBRE EL TRATAMIENTO DE LA FOBIA SOCIAL. Autores: César A. Rey A.; Derly R. Aldana A.; Sujelid Hernández R. Universidad Católica de Colombia. Revista: Terapia Psicológica, 24: 191-200 (2006).

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Tratamiento cognoscitivo-conductual para la fobia social

Si muchos de los diferentes tratamientos conductuales y cognoscitivos han exhibido efectos positivos contra la fobia social, es de esperar que su combinación conduzca a efectos aún meyores. La evidencia empírica ha respaldado, en general, ese supuesto. Allem, Hunter & Donohue (1989), por ejemplo. Realizaron un meta-análisis de las técnicas de tratamiento utilizadas para el temor a hablar en público, encontrando que la combinación de reestructuración cognoscitiva, desensibilización sistemática y entrenamiento en habilidades, es más efectiva para la reducción de dicho temor, que uso separado. NO obstante, se ha encontrado que la exposición puede ser igual de efectiva que el tratamiento cognoscitivo conductual de la fobia social (Feske & Chambles, 1995; Sánchez et al., 2004).

De acuerdo con Overholser (2002)la evidencia empírica señala que el tratamiento efectivo de la fobia social, implica el uso combinado de cuatro técnicas terapéuticas:

1. El entrenamiento en habilidades sociales.
2. El entrenamiento en relajación.
3. La reestructuración cognoscitiva.
4. La exposición en vivo.

Con base en ello plantea un programa de tratamiento de cuatro etapas sucesivas:

a) El establecimiento de una profunda alianza terapérutica, que involucre la evaluación, la entrevista diagnóstica y la educación del usuario sobre los síntomas de ansiedad y su intervención.
b) La realización del entrenamiento en habilidades sociales, el entrenamiento en relajación y la reestructuración cognoscitiva.
c) La implementación de la exposición en vivo, con ejercicios en los cuales el ususario utillice cada una de las técnicas trabajadas anteriormente.
d) La enseñanza de estrategias para la prevención de recaídas, que le permitan al usuario tolerar los sentimientos negativos u las interacciones sociales desafiantes.

No obstante, todavía no es muy claro cuál es el peso relativo de cada uno de estos posibles componente de la terapia cognoscitivo-conductual de la fobia social (Rowa & Antony, 2005), si bien se cuenta con datos que indican que el entrenamiento en habilidades sociales optimiza los resultados de este tratamiento.

Los estudios de evaluación del programa desarrollado por Heimberg y sus colegas (heimberg et al., 1990; Heimberg, Salzman, Hope & Blendell, 1993), señalan que el tratamiento efectivo de corte cognoscitivo conductual para la fobia social requiere simplemente la combinación de dos técnicas terapéuticas: La reestructuración cognoscitiva y la exposición. Este programa, que se lleva a cabo de manera grupal por medio de dos terapeutas, en doce sesiones semanales de dos horas y media y en el que participan entre cinco y siete usuarios, contempla cinco fases sucesivas, a saber (Scott & Heimberg, 2000):

a) Fase educativa: en la que se enseña a los clientes la naturaleza de la ansiedad y sus manifestaciones en los tres canales de respuesta.
b) Fase de auto-monitoreo: en la cual se les enseña a rastrear dichas manifestaciones ante las situaciones ansiosas.
c) Fase de reestructuración cognoscitiva: en la que se enseña esta técnica.
d) Fase de exposición durante las sesiones: en la que se comienza con una exposición de las situaciones sociales fóbicas a través de juegos de roles realizados en las sesiones, con apoyo de los terapeutas y los otros miembros del de grupo de terapia.
e) Fase de exposición fuera de las sesiones: en la cual, con base en las habilidades que los clientes han aprendido previamente, comienzan a afrontar las situaciones sociales fóbicas en la vida real.

Fuente: ESTADO DEL ARTE SOBRE EL TRATAMIENTO DE LA FOBIA SOCIAL. Autores: César A. Rey A.; Derly R. Aldana A.; Sujelid Hernández R. Universidad Católica de Colombia. Revista: Terapia Psicológica, 24: 191-200 (2006).

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Tratamientos cognoscitivos para la fobia social

Los tratamientos utilizados para el trastorno de ansiedad social son las terapias conductuales y cognoscitivas, los tratamientos cognoscitivo-conductuales y los farmaológicos (Cottraux, 2005; Overholser, 2002; Rowa & Antony, 2005; Scott & Heimberg, 2000). Nos centraremos aquí en el estado actual de los tratamientos cognoscitivos.

El uso de la terapia cognoscitiva para la fobia social ha mostrado una gran acogida en los últimos años, debido a los resultados de los estudios sobre los sesgos cognoscitivos propios de las personas con dicho trastorno. Las dos terapias cognoscitivas utilizadas para la fobia social son la reestructuración cognoscitiva y el entrenamiento en focos atencionales.

En la reestructuración cognoscitiva que se implementa con las personas con fobia social (Fresco & Heimberg, 2001) se busca que el usuario: a) Identifique los pensamientos negativos que vienen a su mente antes o durante las situaciones sociales fóbicas; b) evalúe la exactitud de dichos pensamientos sometiéndolos a verificación por medio de la información objetiva de la que dispone o la resultante de «experimento» planeados previamente por el terapeuta; y c) derive pensamientos alternativos racionales que le ayuden a neutralizar los efectos de los pensamientos mencionados.

Adicionalmente, en la reestructuración cognoscitiva se ayuda al usuario a que comprenda e impacto de sus pensamientos sobre sus reacciones emocionales y conductuales y a que considere dichos pensamientos como hipótesis que se puede discutir y someter a prueba. Para ello, además de los experimentos mencionado previamente, el terapeuta cuestiona verbalmente las cogniciones inadecuadas del usuario mediante preguntas e información correctiva y le ayuda a definir sus pensamientos en términos específicos y concretos (Cía, 2004).

Según Fresco & Heimber (2001) y Overholser (2002), la utilización efectiva de esta técnica requiere la realización de ejercicios de exposición en vivo ante la situación social fóbica. De hecho, un meta-análisis realizado por Sánchez, Rosa & Olivares (2004) con 35 estudios europeos sobre el tratamiento psicológico de la fobia social, mostró que la reestructuración cognoscitiva por sí sola no era recomendada para el tratamiento de este trastorno. En cambio, hallaron que los tratamientos psicológicos más efectivos eran la exposición sola, la exposición con reestructuración cognoscitiva, la exposición con reestructuración cognoscitiva y entrenamiento en relajación, así como también el entrenamiento en habilidades sociales con reestructuración cognoscitiva.

El entrenamiento en focos atencionales o de concentración se basa en la evidencia que indica que las personas con fobia social tienden a enfocar la atención en sí mismas cuando afrontan las situaciones sociales fóbicas, lo cual se ha interpretado como una forma de evitación activa de los estímulos sociales amenazantes (Wells & Papageorgiou, 1998; Woody & Rodríguez, 2000). En este tratamiento se empieza por enseñarle al usuario que se fija en un estímulo neutral para que, progresivamente, vaya atendiendo a los estímulos que causan la ansiedad. Específicamente se le pide que se dé cuenta de cómo centra su atención en sí mismo; luego, que preste atención a estímulos externos no amenazantes y, por último, que atienda a los estímulos amnazantes y generadores de ansiedad. El tratamiento comienza realizándose en el consultorio de terapeuta para que después el cliente aplique en el ambiente real las habilidades enseñadas (Mulkens, Bögels & de Jong, 1999, citados por Rowa & Antony, 2005). Según Rowa & Antony (2005), esta alternativa de tratamiento se ha llevado a cabo con personas con fobia social que temen ruborizarse, con resultados similares al tratamiento con exposición.

Fuente: ESTADO DEL ARTE SOBRE EL TRATAMIENTO DE LA FOBIA SOCIAL. Autores: César A. Rey A.; Derly R. Aldana A.; Sujelid Hernández R. Universidad Católica de Colombia. Revista: Terapia Psicológica, 24: 191-200 (2006).

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Tratamientos conductuales para la fobia social

Los tratamientos utilizados para el trastorno de ansiedad social son las terapias conductuales y cognoscitivas, los tratamientos cognoscitivo-conductuales y los farmaológicos (Cottraux, 2005; Overholser, 2002; Rowa & Antony, 2005; Scott & Heimberg, 2000). Nos centraremos aquí en el estado actual de los tratamientos conductuales.

Los tratamientos conductuales que se han utilizado para la fobia social son las técnicas de contra condicionamiento, las técnicas de confrontación con el estímulo fóbico, el entrenamiento en habilidades sociales y el entrenamiento en habilidades de exposición.

Las técnicas de contra condicionamiento se basan en el supuesto de que se puede inhibir la respuesta de activación autónoma, induciéndose una respuesta incompatible -comúnmente la relajación- (Fliegel, Groeger, Künzel, Schulte & Sorgatz, 1989). En el caso de la fobia social, generalmente se utiliza el entrenamiento en relajación, prefiriéndose en este sentido la relajación muscular progresiva publicada por Jacobson en 1934, en la cual se enseña la relajación de grupos musculares mediante la discriminación entre tensión y relajación de los mismos, permitiéndole al individuo identificar cuándo se siente tensionado (Vg., en las situaciones ansiógenas y en otras situaciones cotidianas), con el fin de implementar la técnica para disminuir los niveles de activación fisiológica (Botella, Baño & Perpiña, 2003).

Las técnicas de confrontación con el estímulo fóbico, por su parte, parten de la base de que la fobia social es adquirida por condicionamiento clásico y buscan la extinción de la respuesta condicionada de temor, a través de la exposición directa o gradual a la situación fóbica por medio de la imaginación o en la realidad. Entre dichas técnicas se incluyen la inundación, la implosión y la exposición in sensu (imaginada) y en vivo (Fliegel et al., 1989), utilizándose estas dos últimas para la fobia social, especialmente la exposición en vivo (Fresco & Heimberg, 2001; Haug et al., 2002). La exposición ha mostrado ser tan efectiva como la terapia cognoscitivo conductual para el tratamiento de la fobia social.

El entrenamiento en habilidades sociales se realiza con el objetivo de suplir ciertas habilidades que le faltan a las personas con fobia social y cuyo déficit les resta confianza para afrontar las situaciones sociales fóbicas (Botella, Baños & Perpiña, 2003; Overholser, 2002). También se realiza bajo el supuesto de que los déficits en habilidades sociales mantienen la fobia al predisponer al individuo a desempeñarse negativamente durante la situación social fóbica (Fresco & Heimberg, 2001). Eche burúa (1996) considera conveniente realizar un entrenamiento en los componentes fundamentales de las habilidades sociales con las personas con fobia social, debido a que éstas por lo común evitan un buen número de situaciones sociales, lo cual puede conllevar un aislamiento social que favorece el mantenimiento de dicho trastorno. Sin embargo, los datos empíricos no son conclusivos en relación con que las personas con fobia social tengan un déficit generalizado de habilidades sociales o si, más bien, inhiben su conducta social en las situaciones sociales fóbicas por lo que se muestran socialmente inhabilidosas ante los demás (Rapee, 2000).

El entrenamiento en habilidades sociales puede variar en cuanto al número, especificidad y tipo de habilidades a entrenar, dependiendo de la situación social fóbica (Botella, Baños & Perpiña, 2003; Overholser, 2002) y comúnmente implica la utilización de una metodología de aprendizaje estructurado que incluye modelado por parte del terapeuta, ensayos de conducta, información para corregir las deficiencias, refuerzo social y práctica entre sesiones (Botella, Baños & Perpiña, 2003). El entrenamiento en habilidades sociales parece incrementar la eficacia del tratamiento cognoscitivo conductual grupal para la fobia social.

El entrenamiento en habilidades de exposición se ha utilizado para el temor de hablar en público, bajo el supuesto de que dicho temor es favorecido por un déficit en habilidades de exposición y manejo del auditorio, que redunda en un desempeño inadecuado durante la intervención grupal (Cardoña & Heredia, 1991). Tal entrenamiento se puede enfocar, según los mencionados autores, en los siguientes puntos:

1. Habilidades de expresión: Exposición de las ideas en forma clara y ordenada, manejo de volumen, velocidad de la voz, disminución del uso de muletillas, exposición de forma fluida.
2. Comportamientos no verbales: Disminución de movimientos corporales exagerados, estereotipados o rígidos, manejo de la posición corporal hacia el auditorio y del contacto visual con el mismo.
3. Habilidades de exposición y manejo del auditorio: Estrategias de organización de las temáticas presentadas y estrategias para manejar las intervenciones o preguntas del auditorio.
4. Saludo inicial y final, solicitud de preguntas, apariencia, sonoridad, saber introducir y finalizar.

Según los autores mencionados, es importante que la persona haya aprendido a manejar adecuadamente la respuesta fisiológica (por ejemplo, por medio de la relajación), antes de recibir este entrenamiento.

Fuente: ESTADO DEL ARTE SOBRE EL TRATAMIENTO DE LA FOBIA SOCIAL. Autores: César A. Rey A.; Derly R. Aldana A.; Sujelid Hernández R. Universidad Católica de Colombia. Revista: Terapia Psicológica, 24: 191-200 (2006).

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