La sociedad española cada vez más agobiada

 

Artículo de ANTONIO GONZÁLEZ publicado en Madrid el 16/03/2008

La competitividad en aumento, las cada vez más dilatadas jornadas laborales y la necesidad de gestionar una cantidad creciente de información que circula en tiempo real están haciendo crecer los trastornos de ansiedad en España, un problema que afecta al doble de mujeres que de hombres. Ésta es, al menos, la opinión de los expertos en esta patología que, según distintas estimaciones, afecta ya al 15% de la población, aunque muchas personas sufren este trastorno sin saberlo.

El director médico del Instituto Europeo de Neurociencias, Salvador Ros, que participó recientemente en Barcelona en un congreso nacional centrado en esta patología, explica que la ansiedad es un sentimiento habitual en el ser humano, sobre todo como respuesta a la incertidumbre. El trastorno aparece cuando esta reacción es demasiado intensa, frecuente o, simplemente, poco ajustada a la situación en la que se encuentra el individuo. “Se hace insoportable, enfermiza y puede llegar a causar incapacidad”, destaca este especialista. Los trastornos de ansiedad no tienen una única cara, ya que pueden englobar una docena de patologías, como la fobia social, la agorafobia o el trastorno por angustia, y presentan además síntomas fisiológicos, como sudoración, taquicardia o tensión muscular. Sin embargo, tal como explica Ros, el miedo es el síntoma nuclear.

Factores de riesgo

Esta patología, que puede aparecer también asociada a trastornos de la alimentación y consumo de drogas, se da en todas las edades, aunque los ancianos y los jóvenes son más vulnerables. Ros destaca, entre los principales factores de riesgo, los antecedentes familiares y el hecho de tener una personalidad inquieta, así como sufrir miedos excesivos durante la infancia.

En cualquier caso, el factor genético como causa de estos trastornos ha quedado reforzado este mismo mes, tras la publicación en la revista Archives of General Psychiatry de un trabajo que vincula la variación en un gen, el RGS2, con la aparición del temperamento ansioso. Uno de los autores, Jordan Smoller, del Hospital General de Massachusetts (EEUU), explica que las variaciones en el citado gen “están relacionadas con la timidez, inhibiciones del comportamiento en niños, personalidad introvertida y reactividad en las zonas del cerebro relacionadas con el miedo y la ansiedad; cada uno de estos rasgos es un factor de riesgo para sufrir desórdenes de ansiedad social”.

Uno de los problemas que existen a la hora de abordar este trastorno, que puede asociarse a otros –entre ellos, la depresión–, es el desconocimiento. “Muchas personas tienen el problema y ni siquiera saben cómo se llama”, explica el presidente de la Sociedad Española para el Estudio de la Ansiedad y el Estrés (SEAS), Antonio Cano, que también cree que esta patología está creciendo en España.

En cualquier caso, Cano lanza un mensaje optimista, ya que este tipo de trastornos “tienen solución” una vez que están debidamente identificados; y apunta posibilidades como recurrir a técnicas de relajación, con el fin de “hacer una interpretación más correcta de la realidad”.

Fuente: Público

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¿Somos como la estatua del Jardín Botánico?

Un día más me quedaré sentado
en la penumbra de un jardín, cansado,
cae la tarde y me olvidé otra vez
de tomar una determinación.

Esperando un eclipse me quedaré,
persiguiendo un enigma
al compás de las horas,
dibujando una elipse me quedaré,
entre el sol y mi corazón.

Junto al estanque me atrapó la ilusión
escuchando el lenguaje de las plantas.
He aprendido a esperar sin razón.

Soy metálico
en el Jardín Botánico,
con mi pensamiento
sigo el movimiento
de los peces en el agua.

LA ESTATUA DEL JARDÍN BOTÁNICO
(Radio Futura)

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Cultura psicológica

Una selección de audios del programa de radio La linterna: Cultura Psicológica por la psicóloga Claudia Mendieta. Ya iba siendo hora de que se hablara sobre estos temas en los medios de comunicación:

FOBIA SOCIAL

AUTOESTIMA (1)

AUTOESTIMA (2)

VALORAR LO QUE TENEMOS

CUANDO ACUDIR AL PSICÓLOGO (1)

CUANDO ACUDIR AL PSICÓLOGO (2)

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Los artículos más vistos

En estas fechas de recapitulaciones y revisiones del pasado, antes de empezar un nuevo año, que menos que traer aquí el TOP 5 de los artículos publicados en este blog, en base al número de visitas que han recibido desde que fueron publicados hasta el día de hoy. En definitiva los más populares. Aquí los tenéis, incluyendo el enlace y un gráfico que representa el número de visitas diarias que han recibido:

1. Tratamiento del miedo a hablar en público

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2. Sesenta y tres frases de autoayuda

3. Trucos para superar la timidez

4. Autoestima

5. Objetivo: Mejorar la autoestima

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El sueño del caracol

Si no conoces la historia conviene que veas este cortometraje hasta el final. Nos habla de un amor adolescente y de la importancia que tiene el saber expresar nuestros sentimientos.

Título: El Sueño del caracol
Primer trabajo en formato cine del autor y director Iván Sainz-Pardo.
Preseleccionado a los Oscars 2001.
Nominado al Deutsche Kurzfilmpreis (Equivalente a los Oscars alemanes) 2001.
Galardonado con mas de 40 premios Internacionales.

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La sociedad capitalista como generadora de la fobia social

Leo un interesante artículo de Jaime Richart que entre otras cosas explica el problema de la fobia social como una consecuencia de la vida competitiva en las sociedades capitalistas. Seguidamente transcribo una parte del artículo:

La identidad y esas recetas son sólo cosas de gente distinguida, de ricos, para ricos y acomoda­dos. Los demás carecemos de identidad y de ego. Dígasele a ése para quien el ahora es una rutina abomina­ble o un infierno, a ese otro al que le ha visitado la ruina fí­sica, mate­rial o moral, o a aquél que sólo se puede dedicar a sobre­vi­vir que, para soportar el pre­sente, no piense en un pasable preté­rito o en un bello sueño…

Una pedagogía entre religiosa y psicológica tendente a anularnos el presente y el yo, está a la orden del día. Se demanda constante auto­defensa y autoayuda. La sociedad capitalista pierde cohesión a pasos agigantados y promueve la individualización patológica cada vez más. El todos contra todos es lo que predomina. De aquí la bús­queda constante de la protección psicológica y moral frente a los demás pero sobre todo frente a uno mismo, pobres de nosotros, materia, ceniza, pavesas…

Llamo dolor social a esa confrontación que el humano ha de librar con sus congéneres en una sociedad especialmente competidora y primitiva en tantos aspectos aunque aparente desarrollo. Primero en ella se inocula la enfermedad del ego ilusionando al infante con so­bresalir y triunfar, pero luego hay que proporcionarle los sinapismos para la derrota de ese ego que tarde o temprano llega siempre en una u otra forma. Con prozac, con la visita del psicólogo y con la auto­ayuda obsesiva se resuelven las cosas de la perra vida en la sociedad canallesca y capitalista… Del «dolor social», que se convierte fácilmente en fobia social, natu­ralmente, se resienten unos más que otros. Todo depende del grado de sensibilidad personal de cada cual. Unos se libran de él precisa­mente no sólo no anulando el ego sino reforzándolo, pensando ex­clu­sivamente en sí mismos, obviando los avatares ajenos; los avata­res, tanto los de quienes les hace imaginar que son más felices que ellos como los que son dignos de compasión. Los otros tratan de anularlo o se les incita a suprimirlo. Así se hacen al final pasto su­culento de los tejemanejes del insaciable mercado y piezas muertas del otro mer­cado, el que ventila el tráfico laboral.

No creo en absoluto que el remedio a la infelicidad presente esté en suprimir el ego. Tampoco está en hincharlo. No se trata de olvi­darnos de nosotros pensando demasiado en los demás. Ni se trata de no pensar en los demás y sólo pensar en uno mismo. Ni creo que vivir exclusivamente el ahora a menos que sea agradable y favora­ble sea solución. La existencia es un juego administrativo que re­quiere ten­sión y elasticidad, adaptación y rebeldía. Todo dosificado. Aquí, en la dosis, radica el secreto de una vida en plenitud. General­mente mora­listas y recetistas de la felicidad o de la huida de la infe­licidad, lucen pretensiones ecuménicas o universales como si todo el mundo viviera materialmente desahogado y pudiera luchar contra el ego y atenerse sólo al ahora.

No tienen en cuenta que los humanos, en estas sociedades tan desigualitaristas, viven en dos planos completamente distintos que imprimen sentidos diferentes a la vida. No es lo mismo el indepen­diente que vive de las rentas o disfruta de una pensión, que la vida del trabajo por cuenta ajena que es como vive la inmensa mayoría. La disyuntiva: o yo o el otro tiene mal arreglo. Si elegimos el yo y te­nemos una mínima sensibilidad no será difícil que nos asalte la sen­sación de haber abusado de él, y si pensamos en el otro más que en nosotros mismos terminaremos con la impresión de que so­mos ton­tos. Hay que vivir el ahora, que, por cierto, no existe propiamente como tal porque es a duras penas sólo una sucesión permanente del ins­tante. Pero que no me anulen el pasado, la nostalgia, la año­ranza, el ensueño de la vida hermosa que raro es el humano que no ha tenido alguna vez; que no me anulen tampoco el futuro, la esperanza, la ilu­sión por un mundo mejor y por un alma, la nuestra, en constante per­fec­ción. Que no me priven de mi imaginación. Que no me atosi­guen esos autores de autoayudas. Lo tengo claro: cualquier pasado fue mejor. Y cualquier futuro es esperanza. No estoy dispuesto a re­nun­ciar ni a la nostalgia unas veces, ni a la ilusión de un mundo nuevo. Ello, aunque sólo sea por confiar en un sueño profundo y re­para­dor. El ego sobredimensionado es enemigo de los otros y hace fácil­mente insoportable el presente. Pero nada se consigue anulando el ego. Sólo poner en bandeja a los demás nuestra miseria. Lo que hemos de hacer es justamente lo contrario: robustecerlo. Robuste­cerlo con medida, pero robustecerlo; no permitiendo que sean los de­más protagonistas de nuestra existencia. La conciencia del pre­sente, por otro lado, esa consciencia de los sesenta se­gundos de que se compone el minuto, es, aun dolorosa, vida. No lo niego. Pero para so­portar mejor el presente, nada como soñar unas veces con el pa­sado y otras con un futuro ilusionante aunque jamás llegue. Los libros de autoayuda, los consejos de moralis­tas religiosos y los eticistas capitalistas, sirven para impedir la Revolución que el mundo pide a gritos, sofocados por los poderes fácticos e institucio­nales, por los medios y por la publicidad. Fuente original: El ego y la debilidad del ahora

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