Salir de casa

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María, 33 años. ¿Es bueno que me relacione con otras personas?

Sí. Es un aspecto que debe cuidar especialmente. Muchas personas con trastorno de ansiedad tienden a recluirse en casa por temor a las crisis o a evitar los contactos sociales por miedo a aparecer como más débiles, hacer el ridículo o sentirse incómodos o inseguros en este tipo de relaciones. Las relaciones de amistad y sociales proporcionan al ser humano un importante sentimiento de compañía, aumenta la autoestima, ayuda a ampliar y relativizar nuestros puntos de vista, así como es una de las más accesibles fuentes de ayuda, tanto material como afectiva. Compartir parte de su tiempo con alguna persona de confianza no solo puede ser de gran utilidad para motivarle a salir de casa o ayudarle a enfrentar situaciones que le apuran, además es una buena manera de distraerse y le da la posibilidad de desahogarse en aquellos temas que quizá no pueda o no quiera comentar en casa.

Pero recuerde que las amistades no sólo están para ayudarle, sino que también Ud. va a poder ayudarles y acompañarles. Sentirse útil y comprobar lo importante que puede llegar a ser para los demás, así como valorar positivamente todo lo que puede llegar a hacer desinteresadamente por ellos va a ser una manera muy agradable de aumentar su autoestima y poner a prueba sus propios recursos personales.

En muchas personas el trabajo suele ser una de las fuentes de contactos sociales. Este tipo de relaciones, sin llegar a reunir todas las características de lo que entendemos como «amistades», permiten confrontar opiniones, intercambiar experiencias y puntos de vista, así como servir de apoyo mutuo en ocasiones difíciles. Sin embargo, la persona que trabaja exclusivamente en casa pasa muchas horas sola y en el caso de salir fuera mantiene únicamente contactos esporádicos y superficiales con otras personas. Estos contactos, que antes al menos se veían facilitados por el tamaño de las ciudades y la necesidad de comprar diariamente productos perecederos en pequeños comercios de barrio, cada vez son más difíciles de establecer, debido al aumento del vecindario y la proliferación de grandes superficies comerciales, más impersonales y que hacen innecesario la compra regular de pequeñas cantidades de alimentos básicos.

No dude entonces en buscar soluciones a través de grupos deportivos, educativos o culturales, donde podrá entrar en contacto con otras personas además de desarrollar otras facetas de su persona. No descuide tampoco las oportunidades para quedar en contacto con amistades que pueden nacer en la parada del autobus de sus hijos o en una «degustación». Se verá sorprendida de la diferente calidad de vida que puede llegar a tener si es capaz de salir del círculo exclusivo de las relaciones familiares y del hogar.

«Creo que muchos de nosotros percibimos la soledad como el pan de cada día. Uno quisiera simplemente que te tomaran de la mano, que te acariciaran y no te digan nada, solamente que estén allí. Pero la convivencia exige muchas cosas y entre dar y dar también se espera recibir. En mi caso no es tan malo, tengo mi pareja pero siempre tengo en mi pensamiento que tal vez de alguna otra forma dependa demasiado de él y se que no es bueno. El sabe de mi problema y me ayuda, pero es difícil que comprenda totalmente esta enfermedad.»

Extraído de la página web del Dr. Fiorio (Tucumán, Argentina)

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Día Mundial de la Salud Mental

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Salud mental es la manera como se conoce, en términos generales, el estado de equilibrio entre una persona y su entorno socio-cultural lo que garantiza su participación laboral, intelectual y de relaciones para alcanzar un bienestar y calidad de vida.

La salud mental a sido definida de múltiples formas por estudiosos de diferentes culturas. El concepto de salud mental fue descrito en primer lugar como «higiene mental» por el psiquiatra estadounidense Clifford Whittingham Beers en 1908, quien fundó el Comité Nacional de Higiene Mental en 1909 y adelantó la campaña por los derechos de los enfermos mentales. Otro psiquiatra, William Glasser, describió la «higiene mental» en su libro «Salud mental o enfermedad mental«, siguiendo el diccionario de definiciones de higiene como «prevención y mantenimiento de la salud«.

Los conceptos de salud mental incluyen el bienestar subjetivo,la autonomía,la competitividad y potencial emocional,entre otros. Sin embargo, las precisiones de la Organización Mundial de la Salud (OMS) establecen que no existe una definición «oficial» sobre lo que es salud mental y que cualquier definición al respecto estará siempre influenciada por diferencias culturales, asunciones subjetivas, disputas entre teorías profesionales y demás.

En cambio, un punto en común en el cual coinciden los expertos es que «salud mental» y «enfermedades mentales» no son dos conceptos opuestos, es decir, la ausencia de un reconocido desorden mental no indica necesariamente que se tenga salud mental y, al revés, sufrir un determinado trastorno mental no es óbice para disfrutar de una salud mental razonablemente buena.

La observación del comportamiento de una persona en sus vida diaria es la principal manera de conocer el estado de su salud mental en aspectos como el manejo de sus temores y capacidades, sus competencias y responsabilidades, la manutención de sus propias necesidades, las maneras en las que afronta sus propias tensiones, sus relaciones interpersonales y la manera como lidera una vida independiente. Además el comportamiento que tiene una persona frente a situaciones difíciles y la superación de momentos traumáticos permiten establecer una tipología acerca de su nivel de salud mental.

El próximo día 10 de octubre, se celebrará el Día Mundial de la Salud Mental. Este acontecimiento anual, organizado por la Federación Mundial para la Salud Mental (WFMH) y respaldado por la Organización Mundial de la Salud (OMS), persigue mejorar la calidad de vida y defender los derechos de los más de 450 millones de personas que viven en el mundo con una enfermedad mental.

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En esta ocasión, la Confederación Española que agrupa a las federaciones y asociaciones de personas con enfermedad mental y a sus familiares de todo el territorio nacionalel (FEAFES) ha escogido como lema SALUD MENTAL AL ALCANCE DE TODOS. En lo que concierne a nuestro país, al menos un 15% de la población padecerá un trastorno mental a lo largo de su vida y un 3% de los adultos tiene un trastorno mental grave que dificulta intensamente su vida en aspectos básicos como las relaciones sociales, el empleo o la vivienda autónoma. Los estudios realizados han demostrado claramente que la intervención temprana no sólo contribuye a la recuperación rápida y completa de las personas con enfermedad mental sino que también lleva a la persona a una mejor integración en la sociedad. Sin embargo, menos de la mitad de personas con enfermedad mental recibe un tratamiento hoy en día.

Para prevenir y detectar pronto este tipo de problemas de salud, para asegurar la continuidad y seguimiento de los tratamientos de los adultos y los niños, es necesario que los profesionales de la Atención Primaria y pediatría estén dotados de mayores recursos humanos y materiales y estos sectores se mantengan como un servicio público.

Una interesante aportación sobre este tema es la que publica en su blog el Médico de Familia Vicente Baos Vicente con el título: La salud mental, una más de las carencias de la Sanidad española

Por su parte, los medios de comunicación pueden contribuir también muy positivamente a reducir los prejuicios y favorecer una información adecuada y justa.

Más información en:

Salud Mental

FEAFES

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¿Por qué la Fobia Social es subdiagnosticada?

Es muy grato para mi poder presentar el texto que sigue, escrito por alguien que explora el mundo de la Fobia Social buscando superar las dificultades y barreras generadas por este trastorno. Tal como indica su propio autor: «La razón central de mi interés por este artículo es compartir mi experiencia para que sea de utilidad a profesionales del área de la salud mental, en la detección y realización del diagnóstico de Fobia Social». Mis felicitaciones por tan honesta y postiva actitud. Una colaboración asi justifica por si sola la existencia de este blog.

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AUTOR: Roberto Neumann Ringeling

A pesar de ser la Fobia Social un trastorno extremadamente discapacitante, y causa de difundidos sufrimientos, mi experiencia a lo largo de los años indica que es subdiagnosticada, aún después de repetidas sesiones de terapia y de repetidas consultas a diferentes profesionales.

A continuación expongo algunas razones probables que, en retrospectiva y con la ventaja de conocer actualmente mi diagnóstico, en mi opinión, ayudarían a explicar por qué el diagnóstico de Fobia Social no se realizó en mi persona oportunamente, aún existiendo tanta información sobre este trastorno.

Síntomas clásicos de la fobia social.

Si una persona acude a una consulta y comienza a explayarse sobre situaciones sociales donde experimenta gran temor o ansiedad, como por ejemplo, dar una charla, asistir a reuniones informales, asistir a fiestas, etc., y si además muestra muchos de los síntomas físicos del trastorno como palpitaciones, temblores y sudoración, entonces el cuadro de fondo está relativamente a la vista. Resulta evidente que la persona padece de un trastorno de ansiedad social y el diagnóstico de Fobia Social probablemente no tardaría mucho en realizarse.

El problema es que no muy a menudo llegan pacientes a las consultas describiendo los síntomas “clásicos” de Fobia Social, porque simplemente estos síntomas están ocultos detrás de una enredada malla de dificultades personales, difícil de descifrar incluso para el mismo profesional. Esta es una razón, a mi juicio, de por qué el diagnóstico de Fobia Social no se realiza.

Por lo tanto, cuando los síntomas de la Fobia Social son evidentes y están a la vista, el diagnóstico se realiza sin dificultades como se hace en muchas personas (menos del 20%). Sin embargo, cuando los síntomas no están tan a la vista, por razones que expongo abajo, la detección de este trastorno se dificulta enormemente, y el diagnóstico puede postergarse indefinidamente como pareciera ser el caso de mucha gente que padece este infortunio, y como fue el caso mío.

Niveles de intensidad mediana de Fobia Social

Cuando una Fobia Social está generalizada y el grado de ansiedad en situaciones de interacción social o de actuación en público es sólo de mediana intensidad, da la impresión que las dificultades pueden superarse con fuerza de voluntad y terapia adecuada, de la misma forma como lo haría cualquier persona con similares dificultades (pero que no padece del trastorno). A mi entender, esta es la razón por la cual yo asistí a innumerables sesiones de terapia, sin advertir que esto no darían el resultado deseado porque el diagnóstico de Fobia Social no se había realizado.

Específicamente, las dificultades generales de desenvolvimiento social que pueda tener una persona corriente se pueden confundir con los mismos problemas que tiene un fóbico social, excepto que las causas son totalmente diferentes. Por ejemplo, una persona corriente puede presentar cierto grado de retraimiento social debido a una autoestima baja, pero aunque en el fóbico social puede ocurrir lo mismo, el retraimiento no se debe a su autoestima negativa sino que forma parte del trastorno.

Esta es una razón por la cual el diagnóstico de Fobia Social en mi persona no se realizó. El hecho de que mi problemática fuera bastante parecida a la problemática de cualquier otra persona, confundió el juicio clínico de los terapeutas e impidió que el cuadro de fondo fuera diagnosticado. Ningún terapeuta sospechó que mi caso se trataba de una Fobia Social, seguramente debido a que los síntomas clásicos de esta fobia no estaban presentes, o al menos no eran tan evidentes.

En mi opinión, ésta es la gran causa por la cual el trastorno de Fobia Social es subdiagnosticado. La naturaleza de los síntomas del trastorno es confusa, se confunde con aflicciones de personas que no padecen el trastorno y, por lo tanto, la historia se repite en otros individuos de la misma forma como se repitió en mi persona, vale decir, a menos que un paciente llegue a una consulta describiendo síntomas obvios de fobia social, el trastorno no se diagnostica y la terapia puede continuar en forma indefinida.

El efecto amigo

En mi experiencia de haber vivido con fobia social desde los diez o doce años, he notado que a través de los años, siempre aparecen personas amigas donde existe y se genera gran interés por la amistad. En presencia de estas personas la fobia social desaparece, haciendo que la relación sea absolutamente normal (casi en forma calcada como aparece mencionado en la literatura). El por qué esta situación es así no la conozco, pero sí me doy cuenta que puede presentar una confusión para el diagnóstico de fobia social, porque lleva a pensar que el trastorno de fondo no existe (dado que en presencia de estas personas la enfermedad no se manifiesta).

En ausencia de estos amigos, cuando aparecían los malestares propios del trastorno, los consideraba como algo transitorio, ajeno a mi forma de ser, producto de las circunstancias y que con seguridad los solucionaría en un futuro cercano. Siempre pensé que mi forma de ser era “normal”, como cuando estaba en presencia de estas personas. Desgraciadamente esto ocultó por muchos años, tras una aparente normalidad, la presencia del cuadro de fondo que era Fobia Social.

El efecto enemigo

De la misma manera como existen personas que tienen la propiedad de anular mi fobia social en presencia de ellas, existen otras personas que producen el efecto contrario: me resultan tremendamente feneradoras de fobia y me producen una gran necesidad de evitarlas. A estas personas nunca las mencioné en ninguna terapia como parte de mi problemática, porque siempre pensé que la enemistad se debía a características propias de ellas, por ejemplo que eran demasiado agresivas o poco amistosas etc., y no a una manifestación propia de la Fobia Social. Nunca se me ocurrió relacionar el miedo que desarrollaba por estas personas con algo que fuera parte de un problema mayor, porque no tenía conciencia que existiera ese problema mayor.

Estas peculiaridades de de la Fobia Social son ejemplos de cómo este trastorno conduce a la formulación de creencias equivocadas que uno construye para explicar la realidad, y contribuyen a confundir la comprensión de cómo se manifiesta este trastorno en la vida real, agregando mayor dificultad a la realización del diagnóstico.

El efecto vergüenza de los síntomas.

La naturaleza misma de la Fobia Social consiste en evitar situaciones de interacción social por temor a la humillación, a ser juzgado y evaluado negativamente por los demás. Por esta razón, resulta también vergonzoso admitir estos temores a otras personas porque se asocia con cobardía, debilidades de carácter o ineptitud social. Este temor a la humillación y a ser juzgado en situaciones de interacción social, también es vergonzoso admitirlo incluso a uno mismo, y por tanto se esconde a cualquier precio ante la propia persona y ante los demás, incluyendo situaciones de terapia donde hay profesionales que estarían dispuestos a escuchar.

Este es otro factor que dificulta el diagnóstico de Fobia Social, porque si los síntomas del trastorno no se revelan (por vergüenza), dificulta tomar conciencia de la existencia de un cuadro de fondo. Si los síntomas típicos que se requieren para realizar el diagnóstico de Fobia Social “no están presentes”, se podría concluir con justa razón que el trastorno no existe.

El efecto inconciencia del trastorno

La persona que padece de Fobia Social se da cuenta que tiene un problema grave, sabe que lo pasa mal, pero no tiene conciencia de que padece de un cuadro de fondo de trastorno social, que pudiera ser conocido y bien estudiado. Probablemente ni siquiera haya escuchado el término Fobia Social, ni de cualquier otro trastorno siquiátrico que pudiera dar luz a su problemática.

Los síntomas de esta enfermedad no son obvios de reconocer como parte de un cuadro general. Normalmente son difusos, complicados de identificar y a menudo se confunden con las dificultades propias de cualquier interacción social (excepto que son mas extremos). A menos que una persona conozca de este trastorno de ansiedad, no tiene forma de advertir que esta sea la razón de sus malestares. Personalmente, yo pasé años tratando de descubrir y descifrar la causa de mis problemas sin éxito, incluso después de haber estudiado cuatro años de Psicología y de haber atendido a numerosas consultas profesionales (finalmente el diagnóstico se realizó, gracias en parte a circunstancias fortuitas).

Con los años de vivir con Fobia Social, sin advertir que se padece esta enfermedad, las personas se acostumbran a ella, desarrollan estrategias y organizan sus vidas alrededor de los síntomas (hasta donde es posible). Cuando acuden a las consultas por ayuda, lo hacen por problemas puntuales y son tratados por esos problemas sin que nunca nadie sospeche de nada fuera de lo ordinario, o más allá de la problemática inmediata.

El efecto caos e impredecibilidad

A diferencia de la mayoría de las fobias comunes, como por ejemplo fobia a las jeringas o fobia a la altura, donde el comportamiento pareciera seguir un patrón determinado y predecible, el comportamiento de la Fobia Social es más bien caótico e impredecible. En la Fobia Social generalizada, la intensidad de la ansiedad en diferentes situaciones de interacción social o de actuaciones en público, nunca es la misma. La misma situación, una reunión familiar, por ejemplo, puede la mayoría de la veces ser una experiencia extremadamente fóbica, y en otras ocasiones puede incluso ser agradable. Todas las situaciones sociales producen diferentes grados de ansiedad y el grado de intensidad fóbica a una misma situación puede ser distinto en diferentes ocasiones dependiendo de otros factores situacionales. Lo mismo ocurre con las personas: existen personas que me producen mucha ansiedad y otras que me producen el efecto contrario, y también existen otras personas que no me producen ningún efecto, ni a favor ni en contra.

Personas que no me producían ningún grado de ansiedad pueden de pronto volverse tremendamente generadoras de fobia si algo ocurre en la relación y viceversa. Incluso una misma persona puede producir diferentes grados de ansiedad, dependiendo de las características de la situación en la que se encuentren interactuando. Además, para complicar aún más la situación, si las condiciones de vida en un período de tiempo determinado son favorables, como tener un nuevo empleo o una nueva relación de pareja, el nivel general de ansiedad social puede disminuir, y si las condiciones se tornan adversas o desfavorables, como haber sido recientemente despedido del trabajo, el nivel general de la ansiedad social puede aumentar.

Toda esta situación enredada y compleja de comprender acerca del comportamiento de la Fobia Social, como se expone arriba, ayuda a graficar lo difícil que es para la persona, y para el mismo terapeuta, identificar patrones claros y evidentes de comportamiento que revelen la existencia de un problema de fondo. Si fuera simple y predecible a primera vista, a mí me hubieran realizado el diagnóstico treinta años atrás. Esta es otra razón por la cual, a mi juicio, el diagnóstico de Fobia Social tan a menudo no se realiza.

Error de diagnóstico por patologías asociadas

Posteriormente, después de muchos años de vivir en forma inadvertida con Fobia Social, cuando los pacientes acuden a las consultas por otros trastornos mentales asociados que los obliga a consultar, la situación se vuelve más confusa aún, porque los síntomas de la nueva patología se pueden confundir con los síntomas del cuadro de fondo. Por ejemplo la depresión, que por su naturaleza produce una tendencia al retraimiento se puede confundir con el aislamiento social que es propio de la Fobia Social. Y éste además podría ser el caso para otros trastornos como el alcoholismo y la drogadicción, que por sus características pueden también generar dificultad para integrarse socialmente, muy similar a como se da en el Trastorno de Fobia Social.

Personalmente, a lo largo de los años, yo también fui tratado en varias oportunidades por depresión, en ocasiones por depresión profunda, sin que el diagnóstico de Fobia Social me fuera realizado. Incluso, también fui tratado por otras patologías que en su momento pudieran haber sido reales, pero que de haber tenido el diagnóstico correcto la situación hubiera sido diferente.

Por lo tanto, cuando las personas acuden a la consultas para tratarse por trastornos agregados, el diagnóstico de Fobia Social se torna progresivamente más difícil realizarlo, porque se esconde aún más con los síntomas de las nuevas patologías. Si, por las razones que hasta el momento he mencionado, el diagnóstico de Fobia Social ya es difícil de realizar, en presencia de nuevos trastornos se vuelve aún mucho más.

Importancia del diagnóstico

Es posible que el diagnóstico no sea el final de todos los males para un fóbico social, pero es el principio obligado para el inicio de terapias adecuadas. No estoy en condiciones de enseñar ni de dar consejos acerca de los tratamientos a seguir, una vez conocido el diagnóstico, pero sí puedo dar a conocer porqué fue importante para mí y de qué forma me ayudó.

Específicamente, conocer el diagnóstico me permitió relacionar en forma directa los efectos perjudiciales de la Fobia Social con cada una de mis aflicciones y de este modo pude explicar la causa real en cada situación. Esto permitió, a su vez, desligarme de responsabilidades personales y de pensamientos de culpabilidad respecto a carencias en mi vida. El resultado casi instantáneo de este proceso fue un mejoramiento radical de mi autoestima. Finamente, entendí que mis problemas no se debían a supuestas irresponsabilidades, inmadurez o falta de motivación por surgir, sino derechamente a los efectos perjudiciales e inevitables de la Fobia Social.

Otro beneficio de conocer el diagnostico fue permitirme terminar finalmente con la búsqueda por descubrir la causa de mis malestares, y aceptar que este trastorno de ansiedad está para quedarse y que lo más inteligente es aprender a vivir con él.

Conclusión general

El objetivo central de este escrito no es enseñar acerca de la Fobia Social ni realizar conclusiones generales a partir de mi experiencia particular. El objetivo es crear conciencia entre profesionales del área de la salud mental para que se interesen por desarrollar sus habilidades y conocimientos en la detección de este trastorno. Estoy seguro que si este texto llega a los profesionales en cuestión, gran parte de los objetivos ya estarían cumplidos incluyendo satisfacer mis intereses personales de aportar mi experiencia a esta causa.

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El día de la fobia social

Aportación de los psicólogos del Centro Psicológico Rayuela con sede en La Orotava, Santa Cruz de Tenerife (Tenerife, Islas Canarias) que participan en TV, radio y en conferencias y talleres organizados por el propio centro y otras instituciones académicas.

Extraído de la sección de psicología del programa «Las mañanas del día» en El Día TV.

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La mirada de los clásicos

Puede que la vida sea nada más y nada menos que el Gran Teatro del Mundo y, claro está, nosotros formaríamos parte del elenco de actores de esa multitudinaria Compañía, aunque a veces pienso que algunos somos como Seis personajes en busca de autor. De cualquier forma en nuestras manos está orientar a nuestro favor el guión, adaptación y puesta en escena de la Obra que nuestro querido y admirado Autor y Director ha decidido realizar sin consultarnos.

Estas son las reseñas y los textos íntegros de dos de las obras teatrales más importamos de la literatura universal que indagan sobre nuestra existencia. Quizás nos ayuden en algo:

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El Gran Teatro del Mundo (autosacramental alegórico escrito por Pedro Calderón de la Barca y publicado por primera vez en 1655)

El tema fundamental que articula este auto de Calderón es el de la vida humana como un teatro donde cada persona representa un papel. La imagen de la vida humana como un teatro puede rastrearse desde la antigüedad en los filósofos pitagóricos y en el Filebo de Platón. Se divulga sobre todo en la obra de los estoicos, en particular en las Epístolas morales a Lucilio de Séneca y el Enquiridion de Epícteto. En particular este último texto fue clave para la difusión de la imagen del theatrum mundi en el Renacimiento europeo. También autores cristianos, como Pablo de Tarso, Clemente de Alejandría, Agustín de Hipona la utilizaron.

La primera obra literaria española en que aparecería esta imagen sería el Crotalón un diálogo renacentista compuesto hacia 1552 ó 1553. Posteriormente, se convertiría en un lugar común frecuente en la literatura española de los Siglos de Oro, en obras como la Diana enamorada de Gaspar Gil Polo, Guzmán de Alfarache de Mateo Alemán o el Quijote de Miguel de Cervantes. Un precedente interesante de El gran teatro del mundo sería la Comedia intitulada Doleria (1572) de Pedro Hurtado de la Vera, por cuanto es la primera en que aparece Dios como autor de la obra teatral que es el mundo.

Texto íntegro on line

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Seis personajes en busca de autor (obra teatral de Luigi Pirandello estrenada en Italia en 1921 y publicada por primera vez en 1925).

Según nos comenta Marcelo Ferrando Castro , en Seis personajes en busca de autor Pirandello llega al punto culmen de su pensamiento filosófico mientras hace gala de su gran ingenio contrastando la realidad con la ficción y situando en medio al hombre.

Los personajes que participan se dividen en dos grupos: los de la comedia por hacer, donde aparecen el Padre, la Madre, la Hijastra, el Hijo y otro tanto más; y el grupo de la compañía, es decir, el Director, el Actor Primero, Primera Actriz, maquinista, Utilero, entre una cantidad más de personajes.

Cada uno de ellos presenta diferentes características y padecerán de diversas cuestiones que aún se pueden apreciar en el mundo actual. Así es como el tema principal, como dijo Radoslav Ivelic, se trata “del profundo choque entre el ser y el conocer, entre lo que el hombre conoce y lo que las cosas son en realidad. Y una de esas cosas que conoce, o trata de conocer, es su propio yo y el de los demás“. Más claro es imposible de ejemplificar.

De aquí surgen diversos motivos como pueden ser los idealismos, de que la realidad es como cada uno la ve o la hace. Otro puede ser el arte como una única realidad, es decir, vivir la vida como una ilusión y podemos agregar la verdadera naturaleza de la realidad y la ilusión.

Texto íntegro en Archivo

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El valor de los pequeños placeres

Ya os he hablado alguna vez de Amelie, mi película preferida.

Pues bien, Amelie es la personificación de los pequeños placeres, esos que nadie confiesa, esos en los que nadie repara, pero en los que todos caemos. ¿Quién no disfruta con la sensación de meterse en una cama recién hecha? ¿Quién no se siente bien con ropa interior nueva? ¿Quién no es feliz cuando en la radio sin esperarlo suena tu canción favorita? ¿Quién no disfruta poniendo la última pieza del puzzle? ¿Quién no se alegra cuando en un cambio nos dan por error unas monedas de más? ¿Quién no se divierte derribando botellas de cristal con piedras? ¿Quién no se siente el mejor cantante del mundo cuando sabe que nadie le escucha? ¿Quién está de mal humor cuando el médico te permite saltarte la dieta y comerte alguna golosina? ¿Quién se enfada cuando a media noche una llamada de la persona que más quieres te despierta para decirte algo bonito? ¿Quién se enfada si el jefe no viene a trabajar? ¿Quién no se distrae con una revista de cotilleos en la consulta de un médico? ¿Quién no se relaja en su rincón favorito sabiendo que nadie sabe donde está? ¿Quién no se para ante el escaparate de eso que tanto deseas y que no sabes si tendrás pero que con solo verlo ya te contentas?… Por estos y otros placeres todos tenemos nuestra parte Amelie (Leído en El Desván de Aarom)

Abrir un libro y olerlo, quitarse los tacones, dormir en sábanas recién lavadas… Todos son pequeños placeres. El psicólogo especialista en risoterapia, José Elías, ha explicado en el programa de la Cadena Ser “Hoy por Hoy” cómo es necesario detenerse, preguntarse a uno mismo qué es lo que de verdad se desea hacer y escuchar atentamente. La respuesta se convierte en una orden a acatar si lo que el objetivo es convertirse en un hedonista de lo cotidiano.

Alfonso, de Bilbao, disfruta con el último resquicio del bocadillo. «Me parece un bocado exquisito», ha dicho en antena. Pero la frustración por perderlo es inversamente proporcional al placer que le reporta. «Cuando se te cae, te entra un mal rollo en el cuerpo…», ha reconocido. La sensación con la que más disfruta Roberto es esa que lo asalta al abrir un ojo en plena madrugada y ver que aún le quedan un par de horas por dormir. María José, de Madrid, disfruta con las cosquillas de un bastoncillo en el oído. Son placeres muy simples y accesibles, sólo hace falta conocerlos.

Son pequeños placeres. Crean una sensación agradable al satisfacer algo, físico, emocional o intelectual» ha explicado el experto en risoterapia José Elías. «Es muy humano intentar buscar esas sensaciones que son placenteras», ha añadido. A veces hay que buscarlas porque se olvidan, otras veces porque ni siquiera existe tiempo a lo largo del día para detenerse y pararse a pensar qué es realmente lo que nos proporcionaría un momento placentero. «Solemos darnos cuenta de lo que nos gusta cuando lo perdemos» ha señalado Elías, que propone anticiparse y cuestionarse para encontrar esas satisfacciones en miniatura.

Mari Carmen, de Leganés, ha sabido escucharse. «La risa de mi nieta, es oírla y se te quitan todas las penas», ha comentado en antena. Otros correos electrónicos apuntaban placeres a costa de los demás o de lo demás. «Ver cómo tu pareja se levanta muy temprano mientras tú te quedas en la cama» o «conseguir rascarse ese punto inalcanzable de la espalda con el quicio de la puerta». Personas o cosas al servicio de nuestro placer.

A través del correo electrónico, Delia, ha puesto de manifiesto que los placeres también tienen género porque lo que más satisfacción le proporciona es llegar a casa y quitarse el sujetador. Eso se debe a las sensaciones, según José Elías. «A las mujeres, quizá lo que más les apriete durante el día es el sujetador, por eso es una liberación desprenderse de él». También incluye un aspecto social. Antes las bebidas alcohólicas se relacionaban con el placer masculino, cuando sería igualmente femenino.

El conductor de Hoy por Hoy, Pedro Blanco, ha tenido que corregir a una oyente. Josefina, de Mérida, ha señalado el momento de meterse en la cama tras una jornada de trabajo como el más placentero del día. «Pero eso es un gran, gran placer», le ha replicado Blanco, con el parabién de la oyente.

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