Forzosamente felices


Buscando sobre mis temas recurrentes encontré este artículo escrito por Saulo Pérez Gil (Psiquiatra) y Tais Pérez Domínguez (Psicóloga), en el que se plantean algunas consideraciones que alimentan la discusión sobre la búsqueda de la felicidad, los pensamientos positivos y la necesidad de ser felices.

feliz

Entre las múltiples aportaciones a la vida del siglo XXI se encuentra la proliferación en las redes sociales de frases bonitas, asertivas, definitorias, acerca de cómo ser feliz. El hecho es que leemos estas frases, pensamos en su contenido unos minutos (en el mejor de los casos) y seguimos actuando como siempre. 

¿Realmente podemos aplicar a nuestra vida diaria estas afirmaciones o negaciones que leemos cada día y que alivian por un instante nuestro sufrimiento? 

¿Qué es lo que motiva el consumo excesivo de este tipo de frases? Una de las posibles explicaciones se basa en el refuerzo positivo. Es decir, leemos cotidianamente este tipo de cosas porque nos producen placer, nos producen una especie de felicidad momentánea elevando o alterando nuestro estado de ánimo. Algo parecido a lo que pasa si consumiéramos opiáceos produciéndonos una agradable sensación de bienestar.

Incluso podríamos pensar que la dopamina está detrás de este consumo irrefrenable de enunciados positivos. La dopamina es el neurotransmisor responsable de los mecanismos de refuerzo del cerebro, es decir, de la capacidad de desear algo y de repetir un comportamiento que proporciona placer.

La simple lectura de dichas frases nos proporciona un estado de bienestar  por el simple hecho de pensar que nos harían ser mejores personas o nos proporcionarían un mayor equilibrio existencial evitando preocuparnos por cosas que no merecen la pena.

¿Es bueno estar siempre feliz?

Ante un problema o conflicto la respuesta no es repetir “soy feliz”, o, pese al problema, “estoy contento”. Sin duda, lo razonable es analizar el conflicto, observar que emociones nos produce, intentar buscar soluciones si las tiene y procurar aceptar las emociones que nos produce.  Si consideramos que no son proporcionales o adecuadas a la situación, estudiar por qué esa respuesta y aceptar que la ansiedad o la tristeza o el tedio son emociones propias del ser humano, “per se” no son una enfermedad.

Las sensaciones y emociones desagradables no deben rechazarse ni cambiarlas “por decreto”, hay que sentirlas, no pensarlas.Debemos perder el miedo a las sensaciones molestas o desagradables.

Todas las emociones tienen un continuum que en los extremos puede ser patológico. Por ejemplo, una felicidad excesiva o estado de ánimo expansivo, eufórico sin relación con las circunstancias ambientales  puede ser un síntoma de un cuadro hipomaníaco o maníaco. Un estado maníaco se caracteriza por un persistente estado de alegría y optimismo y una ausencia relativa de afectos “negativos”, que suele acompañarse de una disminución de horas de sueño y una excesiva actividad física y mental. Creo que no hay gente que se considera más feliz que un paciente bipolar en fase maniaca. La felicidad no es adaptativa en todo momento.

Los llamados pensamientos positivos tratan de provocar emociones no reales ni espontáneas, emociones generadas por pensamientos enlatados, en un intento de acallar las emociones reales que el conflicto que nos acucia provoca, sin entender la causa de dicho sufrimiento.

Los expertos en este tema se han centrado en investigar qué diferencia a las personas tristes de otras alegres en un momento determinado. Y sorprendentemente encuentran que las personas alegres son más lentas y confiadas y cometen más errores a la hora de detectar engaños potenciales. Es decir, si yo siempre estoy contenta es más probable que alguien me estafe.

La meta del siglo: ser feliz.

Parece ser que hoy en día, la meta que debemos tener todos es “perseguir la felicidad”. Pero esta búsqueda puede volverse contra ti y traerte todo lo contrario; soledad y depresión. Intenta salir un día de casa a “ser feliz” y no a pasarlo bien y probablemente conseguirás todo lo contrario.

Si la búsqueda de la felicidad está asociada a menos bienestar y satisfacción, lo mejor que podríamos hacer para ser felices es no hacer nada por ello, valorar los afectos negativos de forma positiva y aceptarlos como parte de la vida.

Lo importante es la actitud de aceptación de la realidad, sin que ello implique pasividad y resignación y no hacer valoraciones sesgadas hacia lo negativo.

La propuesta de la psicología positiva basada en la actitud tiene su valor, pero no es la respuesta adecuada para todo. Es cierto, que una actitud positiva ante la adversidad ayuda a superar los problemas pero no podemos pretender ser siempre felices.

Fuente original: Conectando neuronas

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