Sobre la soledad

16 abril, 2014 Deja un comentario

soledad

 

Entrevista con el Psicólogo Rafael Santandreu, autor del libro “El arte de no amargarse la vida”.

Su planteamiento es que nos preocupamos en exceso y muchas veces de forma irracional por cosas que probablemente no sucederán, o que no tienen importancia real o que sencillamente no tienen solución por más que tratemos de encontrarla.

A continuación, y abordando el tema de la soledad, nos propone una serie de técnicas cognitivas con las cuales empezar a trabajar.


 

Fuente original

Terapia cognitivo-conductual en niños con ansiedad y depresión

14 abril, 2014 Deja un comentario

Diferentes estudios realizados en las últimas décadas, vienen a reforzar la eficacia de la terapia cognitivo-conductual en el tratamiento de la ansiedad y la depresión.

La terapia cognitivo-conductual resalta la importancia e influencia que los pensamientos (cogniciones), especialmente los automáticos, tienen sobre el estado emocional de la persona y por tanto en su comportamiento. Desde este enfoque, se entiende que en gran parte de las situaciones, las personas actuamos en base a ideas preconcebidas o patrones de pensamiento interiorizados sin analizar si éstos son adecuados o no.

A través de las sesiones terapéuticas se realiza un análisis de éstos patrones de pensamiento que permita comprender cómo se han generado y su grado de validez para cada situación. De esta manera, se evita que la persona quede a merced de un pensamiento rígido y por tanto de una falta de flexibilidad en su respuesta emocional.

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En el blog de la psicóloga Yolanda Pérez Luna, leo esta interesante aportación sobre la terapia cognitivo-conductual aplicada a niños con ansiedad y depresión:

Investigadores de la Universidad de Miami (EE.UU) han desarrollado un programa de tratamiento grupal basado en la detección y el manejo de las emociones (Emotion Detectives Treatment Protocol –EDTP).

El programa consiste en un protocolo unificado de técnicas cognitivo-conductuales que incluyen:  educación de las emociones, cómo manejarlas, desarrollo de habilidades de resolución de problemas y de estrategias para evaluar las situaciones, entrenamiento de padres y activación conductual (una técnica para reducir la depresión).

Para comprobar la eficacia del EDTP, los investigadores han llevado a cabo un estudio preliminar con 22 niños de entre 7 y 12 años, diagnosticados de trastorno por ansiedad (5 de ellos con trastorno por depresión concomitante).

El programa consistió en una sesión semanal de tratamiento grupal a lo largo de 15 semanas. Paralelamente, se realizaron sesiones de entrenamiento a los padres.

Los resultados preliminares, publicados en el 2012, muestran que de los 18 niños que completaron el programa, 14 de ellos no presentaron criterios diagnósticos para el trastorno de ansiedad. De los 5 niños que además tenían un trastorno depresivo concomitante, solamente 1 siguió cumpliendo los criterios diagnósticos para este trastorno al finalizar el programa.

Estos datos ponen de manifiesto la importancia de tener en cuenta tanto la aplicación de un enfoque más amplio y generalizado a la hora de abordar los trastornos de ansiedad y depresión, como la implicación activa de los padres  a través de la psicoeducación y del entrenamiento específico para manejar los problemas que presentan sus hijos.

Asimismo, constatan la eficacia de la terapia cognitivo-conductual como tratamiento de primera elección en estos trastornos, tal y como aconseja la Guía de Práctica Clínica del National Institute for Health and Clinical Excellence –NICE-.

El estudio, que lleva por nombre The Development of a Transdiagnostic, Cognitive Behavioral Group Intervention for Childhood Anxiety Disorders and Co-Occurring Depression Symptoms, ha sido publicado en la revista científica Cognitive and Behavioral Practice.

Fuente:  Psicoluna blog

Categorías:Ansiedad, Ciencia, psicoterapia

No basta con hablar las cosas para que todo cambie

6 abril, 2014 4 comentarios

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Me pareció muy interesante este articulo de Vicente Prieto en la sección “Alma, corazón y vida” de El Confidencial, titulado “La terapia exitosa: ¿basta con hablar las cosas para que todo cambie?”:

Cuando una persona valora que no tiene recursos personales para enfrentarse a las situaciones que le preocupan, cuando percibe que el problema le desborda, nota síntomas de ansiedad, no sabe qué hacer ante determinadas situaciones, cuando siente dificultades en la comunicación con otras personas, cuando siente que su estado emocional no lo controla o tiene dificultades para relacionarse y no es suficiente el apoyo cotidiano de las personas allegadas, es un buen momento para plantearse acudir a la consulta de un psicólogo.

El psicólogo estudia el comportamiento humano y la interacción entre la persona y su entorno. Realiza la evaluación de los trastornos psicológicos y realiza intervenciones psicológicas para resolverlos. Recoge información relevante del problema, establece un plan de evaluación, realiza un diagnóstico y elabora un plan de intervención para que la persona resuelva el problema.

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Ninguna terapia puede resolver nuestros problemas si no nos implicamos en ella. Puede proporcionarnos las claves necesarias para que aprendamos a comprender y asimilar todo lo que nos ocurre. El factor de éxito más importante de una terapia radica en la implicación que demuestre la persona que ha recurrido a ella. No existen soluciones mágicas. Para lograr cambios hace falta esforzarse para estar activo y cumplir los objetivos terapéuticos. El psicólogo, a diferencia de otros profesionales, no sólo habla con el paciente y ya está, sino que diseña un plan de trabajo en el que se modifican los contextos en los que se relaciona habitualmente, se trabaja con las familias en muchos casos para que refuercen determinados comportamientos e ignoren otros del paciente, trabaja con variables motivacionales intrínsecas y externas para que el paciente realice las tareas y, como consecuencia, los cambios de conductas problemáticas.

Inicia entrenamientos en habilidades y competencias que el paciente necesita tener adquiridos para adaptarse mejor a las situaciones cotidianas. Le enseña a gestionar sus emociones, a enfrentarse a sus miedos, a pensar de otra manera, a ser una persona proactiva para conseguir aquello que es importante para normalizar su vida, para disminuir la resistencia a los cambios, a prevenir situaciones de riesgo para no tener recaídas, en definitiva, a hacerle partícipe del diseño de los objetivos para estar bien y cómo cumplirlos.

Es muy importante la relación terapéutica entre el psicólogo y el paciente, basado en el respeto a la persona, en la honestidad y en la sinceridad. Explicar qué es lo que está pasando y cómo lo vamos a intentar resolver, educarle en el problema. Dar información permanentemente del proceso de la intervención, en qué punto estamos para que el paciente sepa lo que tiene que hacer y de esta manera mostrarse más motivado en la realización de las tareas. Esto facilita la adherencia al tratamiento y se disminuye por tanto el abandono terapéutico.

El psicólogo debería hacer más trabajo con el paciente en los escenarios reales que en los despachos, en general las personas tienen más problemas fuera que dentro de los despachos. Cambiar la forma de interactuar con el entorno para que el paciente se adapte mejor facilitaría su calidad de vida y su salud, ese sería el principal objetivo y no imitar el modelo médico caracterizado en que posiblemente te dé alguna instrucción y seguramente un fármaco, pero que se va a despreocupar del paciente hasta varias semanas o meses después, hasta la siguiente cita. “No coma grasa, realice ejercicio físico, tómese esta pastilla y le haremos un análisis en seis meses”, y lo dicen como si su palabra fuera lo suficiente para que el paciente cumpla sus instrucciones. Todos sabemos que no.

Zona de encuentro

29 marzo, 2014 Deja un comentario

Desde este fin de semana nuestra NUEVA sala de chat te ofrece un lugar para intercambiar ideas, contrastar opiniones,  ayudar a resolver dudas, proponer soluciones, conocer amigos.

Te esperamos en la sala para saludarte.

Pincha en el botón de #fobia-social,  usa un nick propio. No es necesaria ninguna clave.

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HOY, a partir de as 22:00 horas (horario de España), trataremos sobre: PENSAMIENTOS POSITIVOS

 

 

Categorías:Fobia Social

¿Pensar en positivo es la solución?

7 marzo, 2014 Deja un comentario

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La escritora estadounidense Barbara Ehrenreich denunciaba en 2011, en plena crisis económica mundial, “la trampa del pensamiento positivo“. La autora escribió un libro, Sonríe o muere, cuyo título ejemplificaba con el acoso psicológico sufrido por los parados en los seminarios de motivación y cursos de recolocación. El mismo año un estudio publicado en Journal Child Development demostraba que, con solo cinco años, los niños se daban cuenta de que las personas con pensamiento positivo se sentían mejor que aquellas con ideas más negativas. Conforme iban creciendo, se concienciaban de cómo las reflexiones internas podían modificar las emociones, incluso ante circunstancias objetivamente negativas, según la investigación.

La psicología positiva tiene tantos defensores como detractores, pero… ¿Cuál es la eficacia real del pensamiento positivo? ¿Puede ayudarnos a superar dificultades o nos impide ver el camino para salir de ellas?

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Miguel Ángel Rizaldos, Psicólogo Clínico

“Yo soy capaz…yo puedo…”. Ser positivo es eficaz para afrontar las dificultades. Si centro mi atención en lo que tengo en lugar de en lo que me falta, pienso positivamente. Pensar de manera optimista será el punto de arranque de un comportamiento positivo.

Pensar de un modo positivo por sí solo no nos solucionará la vida.

Pensar en positivo no es creer que todo se va a solucionar sin que hagamos nada.

Pensar de un modo positivo es movilizarse, es actuar.

Pensar en positivo es ver qué hay que hacer para solucionar los problemas o superar las adversidades.

Sería trivializar el pensamiento positivo si creo que con dificultades soy feliz, si estoy de acuerdo en que los inconvenientes se solucionan por sí solos.

Hay que actuar.

Y esto implica voluntad, lucha, superación, sacrificio… Todo esto, inicialmente, a las personas nos causa rechazo porque nos cuesta esfuerzo. Tendemos a economizar energía. Deseamos soluciones sin trabajo. Pero en la vida, la distancia entre el querer y el poder se acorta con el entrenamiento, con el esfuerzo, con la constancia. Es decir, no sólo pensando, sino también haciendo; como dirían nuestros antiguos: “Uniendo el gesto a la palabra”.

Ser optimista es ver la roca en el camino y ver las alternativas de solución disponibles: “Doy un rodeo, retiro la piedra, salto la piedra”. No me quedo instalado en la queja “tengo una piedra en el camino y no puedo hacer nada”. Por el contrario, ser optimista no significa pensar “qué feliz estoy, qué piedra tan bonita…” y que esto haga que la roca desaparezca.

Desde su concepción, el cerebro está programado para la supervivencia y, por ello, está siempre atento a lo negativo que nos pueda suceder. No describe la realidad tal y como es, sino que valora aquello que no conoce o controla como un potencial peligro, de modo que anticipa lo malo que nos puede acontecer de una manera automática para que podamos evitar ese riesgo.

Pero nos hace sufrir antes de tiempo. Martin Seligman, uno de los padres de la Psicología Positiva, nos propone: “El ser optimista supone hacer el esfuerzo para encontrar soluciones, ventajas y posibilidades en todas aquellas situaciones que se nos plantean en la vida”. Esto no es tarea fácil si no se está acostumbrado a hacerlo, se necesitará de esfuerzo y de fuerza de voluntad para llegar a manejarlo de modo natural. Hay que entrenarlo. No se aprende a montar en bicicleta sin esfuerzo y sin una caída antes.

Pensar y actuar de modo positivo nos ayuda a afrontar más eficazmente las dificultades de la vida. Por tanto, nos es rentable invertir tiempo y esfuerzo en aprender el modo de elegir posibilidades, de buscar soluciones y de indagar en los problemas que nos aparecen en nuestro día a día.

Haz el esfuerzo diario de aprender y te compensará su eficacia. Una vez aprendido, lo harás tuyo. Y, lo más importante, te sentirás mejor.

Jesús Jiménez, Psicólogo Clínico, Centro de Psicología e Introspección

Una actitud positiva, constructiva, frente a los problemas y los desafíos de la vida diaria es necesaria. Consistiría en tener motivación y confianza en que podemos entender y solucionar las dificultades, poniendo en marcha nuestras capacidades y afrontando todos los factores involucrados en el problema.

Por el contrario, el pensamiento positivo, entendido como repetirse frases positivas o convencerse con sentencias motivantes, no es realmente útil para solucionar los conflictos a largo plazo. Veamos por qué.

Simplificando, cualquier conflicto, que produce malestar, tiene una parte cognitiva (el pensamiento), una parte afectiva (emociones y sensaciones) y una parte comportamental (la acción). Si un problema se aborda en sólo una o dos de esas partes, no se resolverá satisfactoriamente y a largo plazo. Si además, la parte cognitiva, un autodiálogo negativo por ejemplo, se aborda auto-convenciéndose de lo contrario, en lugar de comprendiendo las causas del problema, entonces el fracaso está asegurado.

Para alcanzar el bienestar hay que resolver el malestar. Y para resolver el malestar hay que entender sus causas. Los pensamientos positivos pueden producir una cierta motivación, derivada del convencimiento de que el problema se resolverá por el hecho de pensar de cierta manera. Pueden, en ocasiones, frenar momentáneamente los pensamientos autodestructivos. Pero nunca resolverán por sí solos las causas del malestar (pensamientos, emociones y comportamiento negativos) ni, por tanto, los problemas que producen dicho malestar.

Otro error muy habitual de pensamiento positivo es abogar por fijarse sólo en los logros, en las cosas satisfactorias de nuestra vida, en nuestros sueños y metas, y no prestar atención a lo que nos inquieta o produce malestar.

Tener en cuenta el lado bueno de las cosas, lo que va bien o nos hace sentir bien, es muy útil, nos da fuerza para seguir adelante. Pero centrarse sólo en esto como forma de resolver el malestar, tratando de contrarrestar u olvidar lo que no va bien, los conflictos sin resolver, es claramente perjudicial. Atender a lo negativo sin lo positivo nos llevará al desánimo y al estancamiento. Pero atender a lo positivo sin lo negativo nos llevará a negar los problemas, a estar fuera de la realidad. En ambos casos acabaremos superados por las circunstancias.

A menudo llegan a nuestra consulta personas que, tras años de esfuerzos por poner en práctica métodos de pensamiento positivo, que no funcionan, han llegado a la conclusión de que el problema son ellos. Que son ellos los incapaces de llevarlo a cabo, generando autocrítica y desvaloración personal, lo cual acaba por ser un problema añadido al anterior.

Por tanto, una actitud positiva, es decir, utilizar el pensamiento de forma constructiva, razonando, comprendiendo, con curiosidad, confiando en que seremos capaces de encontrar soluciones a nuestros problemas, será muy beneficioso. Utilizar pensamientos positivos, es decir, repetir frases o convencerse de cosas, como solución de los problemas, es una forma de fantasía, de autoengaño que nos mantendrá en el malestar o lo aumentará a largo plazo.

Fuente original: Pensamienro positivo

Video de presentación grupo de ayuda mutua

28 febrero, 2014 Deja un comentario
Categorías:Autoayuda, Fobia Social, Videos
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