Asociación Española de Ayuda Mutua contra Fobia Social y Trastornos de Ansiedad

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Desde hace unos meses hemos puesto en marcha el proyecto de creación oficial de la Asociación Española de Ayuda Mutua contra Fobia Social y Trastornos de Ansiedad que estará constituida por afectados que se comprometen a prestarse apoyo mutuo, tanto de forma virtual por Internet (foros, chats, blogs, páginas web, redes sociales), como a través de encuentros presenciales de Grupos de Ayuda Mutua (GAM) que se irán formando en diferentes ciudades de España. De hecho ya existen algunos Grupos de este tipo pero actúan de forma dispersa.

Los GAM se definen como pequeños grupos de personas afectadas, cuyos miembros se reúnen de forma voluntaria y libre, movidos por la necesidad de dar respuesta o encontrar una solución a los problemas que comparten, de afrontar y superar situaciones conflictivas y de lograr cambios personales y/o sociales. En este tipo de grupos, no está presente ningún profesional (al menos que un grupo lo llame de forma puntual para pedirle algún tipo de orientación o información técnica). Sus componentes se ayudan los unos a los otros a través de las interacciones que, entre ellos y en el marco del grupo, se producen.

Los objetivos principales de la Asociación son dos:

1. Tener una plataforma legal que reúna a los afectados, familiares y allegados, para dar a conocer a la sociedad en su conjunto la existencia e importancia real de este tipo de trastornos, así como de la necesidad de abordar medidas para su prevención e intervención psicológica especializada.

2. Facilitar la interacción entre afectados mediante encuentros presenciales de los GAM, para darse apoyo mutuo, promover las relaciones interpersonales y resolver tareas cotidianas o problemas que se dificultan por las limitaciones que generan los trastornos de ansiedad (en breve abriremos una web específica para ir constituyendo la red Grupos de Ayuda Mutua Locales).

Pedimos a quien resida en España y esté interesado en formar parte de esta Asociación nos lo indique, rellenando el formulario.

Podéis solicitar la entrada en la recién creada Comunidad de nuestra Asociación: https://plus.google.com/u/0/communities/113145486698437858053

Más información https://www.facebook.com/groups/306882646172032/330934533766843/

 

Armas contra el lado oscuro del miedo

El estrés y la ansiedad se han convertido en el pan de cada día de este siglo XXI en pañales. La mayoría conocemos muchos casos de ansiedad por no encontrar trabajo, el miedo a perderlo o a lo que está por llegar, fobias a animales, a hablar en público… y una casi infinita lista de etcéteras. Aún así, el término clínico “fobia” es uno de los que peor se usan desde que se popularizó hace ya varias décadas. Hoy en día se han acuñado fobias para casi cualquier objeto o idea, llegando a veces a extremos esperpénticos. Es muy, pero que muy frecuente oír a alguien decir que tiene fobia a tal o cual cosa, como si de un miedo más o menos común se tratase, y sin embargo, una fobia es algo mucho más intenso.

Cuando alguien posee fobia a algo, digamos a las arañas (aracnofobia), el hecho de encontrarse una o sospechar de su presencia desencadena una respuesta simpática importante. El tronco encefálico (formado por una enorme cantidad de núcleos) y el sistema noradrenérgico decretan el estado de alarma: se empieza a sudar, el corazón se acelera, las pupilas se dilatan, náuseas, la boca se seca… Si este estado se prolonga, incluso puede llegarse a perder la consciencia o sufrir un verdadero ataque de pánico que conduzca a un fallo cardíaco.

Este sería un caso extremo, claro; ni las fobias suelen ir más allá de un miedo muy intenso que lleva a huir, ni las arañas van por ahí causando infartos en masa, por suerte para nuestro sistema sanitario. El miedo no es algo negativo, sino que puede salvarnos la vida, pero también puede amargárnosla durante muchos años. Entonces si la respuesta no es deshacernos del miedo ¿cuál es?

cambios

Reconfigurar nuestros temores

Cuando un miedo intenso o una fobia dificultan nuestra vida diaria parece claro que hay que intentar superarlo, puede que incluso pidiendo ayuda profesional. Lamentablemente, los potenciales clientes que sepan algo de estos casos sabrán que para superar sus miedos sólo tienen un camino: enfrentarse a ellos.

Por ello, es enormemente importante que la primera sesión de un psicólogo se destine a informar al cliente de los beneficios para su vida diaria que conllevará liberarse de ese hándicap, y el bajo número de sesiones que se suelen necesitar. Aunque pueda parecer pecar de optimista para el que carga con un miedo intenso, eliminarlos o encauzarlos en límites normales suele llevar mucho menos tiempo que la gran mayoría de intervenciones psicológicas.

Lógicamente, esto varía mucho en función del tipo de terapia que sigamos, si se apoya o no en medicación (aunque eso es más controvertido) y sobre todo, del nivel de compromiso del paciente con el tratamiento que ha iniciado. En Psicología hay tantas formas de abordar un problema como perspectivas teóricas, pero por tradición y por sus buenos resultados la que lleva años en el trono del tratamiento de fobias y ansiedad es el Tratamiento Conductual.

Exposición

Enfrentando-el-miedo

Para los conductistas, y muchos otros especialistas, el factor que mantiene ese miedo, y al cual hay que atacar para dejarlo en el pasado, no es otro que la conducta de evitación.

Cuando una persona huye de su miedo no se libra de él, como intuitivamente puede parecerle, sino que lo cronifica. Así, este adulto que cada vez que ve una barba o animal blanco empieza a sentirse muy mal y se va de la habitación entiende que está haciendo lo correcto para huir de esa molesta sensación de peligro. Pero acaba consiguiendo lo contrario: no poder evitarlo, da igual cuánto se aleje. ¿Cómo se ataja esta aparente contradicción? Su terapeuta seguramente entonará el siguiente mantra: exposición, exposición y más exposición.

Entrenamiento en relajación

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Un entrenamiento en relajación puede ayudar a atajar los signos que indican al paciente que la situación puede irse de las manos y ofrecer mayores garantías al especialista, que debe estar atento a cualquier signo de pérdida de control de la sesión (una experiencia negativa hasta con el psicólogo presente puede limitar seriamente las posibilidades terapéuticas). Con el fin de consolidar cada logro, el profesional puede optar por exponer gradualmente a la persona a la situación ansiógena, consiguiendo incluso que sea el propio cliente quien lleve la iniciativa para afrontar su miedo y síntomas ansiosos.

La fobia social

businessman standing on podium

“Imagínatelos a todos desnudos”. A a la mayoría le sonará el (y casi freudiano) consejo para que las personas que se ponen nerviosas o ansiosas hablando en público consigan relajarse y desenvolverse con mayor tranquilidad. Por desgracia, en casos de mayor gravedad, la fobia social llega a resultar muy incapacitante, dejando de limitarse a las temidas (por casi todos) charlas y exposiciones ante multitudes y englobando también a relaciones más íntimas.

Este tipo de trastorno ansioso es muy frecuente en niños y adolescentes, por lo que el uso de un coterapeuta familiar (que se encargue de ayudarle a realizar sus tareas y favorecer su adherencia al tratamiento) puede resultar muy positivo. El alto índice de abandono por parte de los aquejados por fobia social parece apoyar la utilidad de incorporar esto último. Otras recomendaciones en estos casos serían las sesiones grupales y añadir un entrenamiento en habilidades sociales, mediante el cual el cliente no sólo pierda el miedo a estar en público, sino que cuente con herramientas para no frustrarse en su relación con los demás.

¿Y que hay de la medicación?

Aunque en muchas ocasiones los médicos y psiquiatras recomienden el uso de medicación para ayudar contra fobias específicas y social lo cierto es que, de realizarse correctamente los tratamientos conductuales, éstos tardan tan poco tiempo en hacer efecto que resulta un engorro introducir prescripciones, instaurar el hábito de tomar las pastillas y planear de qué forma y a qué ritmo dejarlas. Además, numerosos estudios han puesto en duda la utilidad de tratar químicamente las fobias y trastornos de ansiedad más “simples”, poniendo el foco clínico en el tratamiento psicológico.

Sin embargo, esto no quiere decir que en cuestiones más complejas como un Trastorno Obsesivo Compulsivo, un Trastorno de Estrés Postraumático o un Trastorno de Ansiedad Generalizada, por poner algunos ejemplos, no se requiera un apoyo farmacológico a la terapia tradicional. De hecho, en estos casos lo ideal es un enfoque clínico más multidisciplinar, en el que el protagonista deja de ser un tratamiento puramente conductual para convertirse en uno Cognitivo-Conductual, más complejo, extenso y apoyado por otros profesionales además del psicólogo.

Extracto de un artículo publicado en  Psico Memorias por: Alfonso Muñoz, Psicólogo formado en Italia en Psicología Clínica y Jurídica. Anteriormente estudiante interno de Evaluación Psicológica, participó en una tesina sobre psicopatología en militares y una investigación en el Laboratorio de Conducta Animal, Aprendizaje, Cognición y Neurociencia de la Universidad de Sevilla sobre métodos alternativos de aprendizaje animal y su aplicación clínica.

Historias personales y ansiedad

Extracto del artículo de Gamba-Collazos, H. A. (2014). Ansiedad: Comentarios sobre las historias personales asociadas a ella. Revista Vanguardia Psicológica, 5(1), 60-67.

El autor, Héctor Alfredo Gamba-Collazos, es docente en la Universidad Manuela Beltrán, Bogotá, Colombia. Este texto es producto de un ejercicio semestral en el que los docentes del programa de psicología trabajan alrededor de temas de interés para la disciplina.

Historias personales

La valentía es una de las cualidades más apreciadas y admiradas entre los seres humanos y es en buena medida por ella que desde los grandes héroes de la historia hasta los protagonistas de los cuentos infantiles se convierten en modelos para aquellos que temen, ya sea a la oscuridad, a los animales, a las alturas, a los extraños e incluso a los conocidos.

El valor no se refiere a la falta de las reacciones provocadas por los riesgos del mundo, más bien se trata de la capacidad para identificarlas, regularlas y actuar no a pesar, sino a partir de ellas.

La activación experimentada ante la posibilidad de una amenaza es uno de los mecanismos de supervivencia de mayor valor, tanto así, que la ansiedad no es un fenómeno exclusivamente humano, es parte de repertorio fisiológico y conductual que el hombre comparte con otros animales, de forma que lo que le sucede a alguien que transita por una calle oscura y solitaria o que está a punto de presentarse frente a una gran audiencia es similar a lo experimentado por un roedor en un espacio abierto.

La ansiedad corresponde a la reacción con la que se aumenta el estado de alertan preparando al organismo para responder ante la posibilidad de que algo atente contra su integridad; la APA define el concepto de la siguiente manera: “emoción que se caracteriza por la aprensión y síntomas somáticos de tensión en que un individuo anticipa un peligro, catástrofe o desgracia inminente. El cuerpo a menudo se moviliza para enfrentar la amenaza percibida”.

No obstante, cuando a alguien le tiemblan las manos, suda y respira de manera agitada ante la posibilidad de que algo salga mal, se dice de él que es cobarde o miedoso y que tiene un problema, dejando de lado que todas las respuestas que se dan en el organismo no son un fallo del mismo, sino que por el contrario, se fueron refinando con el paso de los años, millones de ellos, permitiéndoles a los animales (humanos o no) mantenerse con vida.

Para la mayoría de especies animales las respuestas de ansiedad se dan en escenarios en los que el factor común es la posibilidad de resultar físicamente heridos o muertos, sin embargo, para los humanos ya no se trata simplemente de evitar ser devorados, el carácter social de la especie ha dado pie a destacados desarrollos, pero también a una extensa lista de variaciones de las nociones de “muerte” y “lesión”. Quien se presenta en público y falla ante quienes lo observan puede considerarse “muerto” en su institución educativa, en su trabajo o en el mundo del espectáculo cuando con su fracaso se desvanece la obtención de un título, un ascenso laboral o la fama; de manera similar, “muere” quien arruina la primera cita con una persona que le gusta o quien no logra encajar cuando se ve rodeado de desconocidos.

Puede decirse que existen innumerables formas de “morir”, por lo que son solo naturales las reacciones de ansiedad, aunque suelen ser vistas como un defecto, llevando a la problematización de quien las experimenta cuando el resto del mundo lo reduce a la etiqueta de “el ansioso”.

Cualquier persona ha experimentado momentos de ansiedad y sabe que en ellos se está más atento a señales de que algo amenazante se presente, si la situación corresponde a una cita es probable que el sujeto atienda a posibles gestos de desaprobación, a suspiros de aburrimiento y a tonos de voz desinteresados y eso no está mal, después de todo podría tomarse como el equivalente amoroso de la atención que alguien le prestaría a un movimiento extraño de la maleza en medio de la selva.

Entonces, si es un fenómeno común ¿en qué punto se convierte en un problema? La dificultad se da cuando se asume que la ansiedad se “padece”, pues de quien la experimenta se habla como de quien sufre un paro cardiaco, todos, incluido el sujeto mismo, se concentran en cómo hacer que el padecimiento desaparezca a la vez que se hacen campañas para prevenir la ansiedad como si se tratase de un virus que se apodera del organismo y del que sólo puede desearse su desaparición. La ansiedad se convierte así en una entidad activa mientras que el sujeto se torna pasivo, no pudiendo más que resignarse a su condición y estar a la expectativa de lo que puedan hacer por él, en muchos casos, de la medicina que le puedan recetar.

¿Pero es realmente la ansiedad un virus o trastorno que deja maniatado al sujeto? Keen (2011) resaltó que tanto para los profesionales como para las personas que sufren por la ansiedad, resulta más útil pensar en el concepto como una categoría de acción, como un “acting” y no como un “happening”, es decir, como aquello que se hace en situaciones en las que el individuo enfrenta escenarios impredecibles en los que podría ser asaltado por algún tipo de amenaza o lo que se hace cuando se sabe qué es exactamente lo que se enfrenta, pero no se tiene la certeza de que los resultados vayan a ser favorables.

Entender la ansiedad como acción evidencia que aunque ésta parte de respuestas fisiológicas no se limita a ellas, sino que se refiere a una forma de interacción, lo cual significa que involucra a un sujeto activo que también pone de su parte en lo que le sucede, por ello vale la pena echar un vistazo a lo que hace una persona que experimenta ansiedad.

Anderson, Goldin, Kurita y Gross (2008) destacaron la evaluación negativa y la evitación como dos de las características fundamentales de la ansiedad social, pero además resaltaron que estas respuestas, tanto como cualquier otra, son perfiladas por la historia personal, lo que implica que la ansiedad es un fenómeno dinámico que se construye con cada evento que es agregado a la historia de vida.

Con la historia de vida que cada uno crea sobre sí mismo, es decir, el recuento y organización de las experiencias personales, se construye una narración en la que se destacan los eventos más intensos o memorables (por la razón que sea) y en la que se conjugan las nociones sobre el mundo y sobre el sujeto mismo (exitoso, amable, nervioso, sensual, inteligente, entre otras) con las que se asumirá cada nueva situación. Cada sujeto construye una historia sobre su vida y con cada evento agrega una página adicional, cargada de antecedentes, de juicios y, en últimas, de sesgos.

En el caso de la ansiedad social las historias suelen estar cargadas de la discrepancia entre los estándares de éxito y pobres resultados personales en relación con ellos (Kurita y Gross, 2008), lo cual no quiere decir que el sujeto nunca haya tenido éxito en escenarios de interacción social o que sea incompetente o desagradable de la manera en la que él mismo lo asume, sino que sólo las experiencias dolorosas son tenidas en cuenta por él para la construcción de la biografía personal, lo cual no es extraño, pues de hecho también es común en las personas “no ansiosas”.

La propensión a buscar indicios de lo que está mal es común cuando se hace una evaluación consciente de cualquier situación, de manera que tampoco es extraño que al calificar ensayos un profesor encuentre con rapidez los errores de sus estudiantes o que un padre encuentre características negativas en el pretendiente de su hija; algo similar ocurre con las autobiografías, en un buen número de casos las personas tienden a dar mayor énfasis a los aspectos negativos de lo que les sucede, particularmente cuando se trata de experiencias displacenteras, el riesgo está cuando la historia de vida se llena sólo de lecturas negativas.

En los casos de ansiedad social la tendencia a detectar lo negativo domina la interacción con el entorno, ya que la autobiografía se escribe desde el fracaso y el temor, de forma que el pasado es asumido como doloroso y lleno de fallas y carencias y el sujeto asume que el mundo lo ataca también en el presente y que seguramente lo seguirá haciendo en el futuro a la vez que él es y será (porque desde su perspectiva ha demostrado serlo) inútil para enfrentarlo.

En muchos casos el relato personal está marcado por altos estándares de éxito social y pobres resultados personales, o sea que el sujeto considera que debe ser aceptado por todos, que conocer a personas nuevas no debe causar inquietud o que siempre se debe decir algo apropiado o gracioso, entre otras muestras de habilidad social.

Como en el caso de los textos que no satisfacen al novelista que los redacta, siempre existe la posibilidad de reescribir lo ya escrito. Pontari y Glenn (2012) encontraron que las respuestas de inquietud asociadas a la ansiedad se reducían en personas que estaban junto a un amigo al interactuar con desconocidos, lo cual fortalece la idea de que para las personas que experimentan ansiedad la sensación de seguridad depende de factores externos, en este caso los autores señalaron que la presencia de alguien de confianza, que representaba un ambiente más seguro, se asociaba con una menor frecuencia de pensamientos centrados en la autoevaluación. Desde luego, la implicación de un resultado como éste no es que las personas que experimentan ansiedad deban acompañarse siempre para enfrentar con éxito situaciones de interacción, sino que resulta necesario cambiar el papel que el sujeto se asigna en su propio relato.

Cuando el sujeto se define a sí mismo como carente de habilidades y como incapaz de llegar a tenerlas, terminará irremediablemente relegado a ser un extra en su película.

Para cambiar esto se han desarrollado diferentes intervenciones narrativas que buscan reescribir el relato personal partiendo de la idea de que el lenguaje no sólo refleja la realidad, sino que la construye al crear categorías, hilar eventos de manera no necesariamente cronológica y al resaltar u omitir diferentes experiencias (Balbi, 2004; Tsoi, 2005).

Al respecto es importante aclarar que la idea de que el lenguaje crea realidad no quiere decir que las palabras en el aire cambien el mundo, las palabras sólo tienen sentido en tanto promuevan acción y para ello, particularmente cuando se buscan comportamientos diferentes a los habituales, se requiere una completa deconstrucción de la perspectiva que el sujeto tiene de la vida, es decir que hace falta todo un esfuerzo por descubrir, aceptar y reconstruir la historia personal, proceso que en muchos casos se da en el marco de una psicoterapia (no es obligatorio y no todos requieren del paso por un consultorio), como un ejercicio en el que se busca identificar los eventos, condiciones y personajes relevantes para el sujeto, la relación entre ellos, los significados y valores asignados a las experiencias, las emociones asociadas, los juicios atribuidos, la posibilidad de versiones alternativas de la historia y la construcción de una nueva biografía enmarcada en un contexto reinterpretado que oriente la incorporación de nuevas acciones con las que finalmente se dirá que la palabra se vuelve acto.

Hay que destacar que no debe creerse en que todo se reduce a deseos repetitivos en los que se llama a la “buena energía” a través de invocaciones de algún tipo, las “cosas buenas” no pasan sólo porque se piense en ellas. Son comunes entre la población prácticas como escribir y quemar palabras en papel o imaginarse como alguien exitoso y amado esperando que con ello sea suficiente para que todo lo deseado se haga realidad.

La idea de que las experiencias de ansiedad tienen como agente activo al sujeto resulta de valor tanto para psicólogos como para quienes se encuentran del lado de los consultantes. Para los profesionales pone de manifiesto que la ansiedad no corresponde a un virus que debe quitársele al paciente y que su abordaje debe reconocer al sujeto como constructor de su propia experiencia y no como receptor pasivo de la experticia del terapeuta.

Respecto a quien vive desde la ansiedad, la consideración es que no es suficiente con lamentarse por “ser ansioso”, sino que es necesario apropiarse de la historia personal de forma tal que cada uno se perciba como el agente de mayor poder en su propia experiencia y en ese sentido actúe en pos de sus deseos y pretensiones.

La tarea no es sencilla y requiere esfuerzo, como sucede siempre que se busca el cambio, pero es posible y relevante, incluso a nivel cultural, ya que la noción de ansiedad no sólo se queda en el caso de las personas que experimentan una fuerte tensión en situaciones como las de interacción social, sino que aparece también como un fenómeno poblacional, dehecho puede decirse que existen culturas ansiosas.

Es importante recuperar (desde el nivel individual hasta el cultural) al ser humano como protagonista de su propia historia, capaz de asumir los riesgos de forma satisfactoria no porque no se sienta alterado ante ellos (de hecho tal reacción sí sería problemática en sí misma, pues no sentir ansiedad puede llevar al sujeto a la muerte), sino porque consigue reconocer cuáles son las situaciones y condiciones que representan un peligro para él y establecer, desde una lectura reflexiva sobre sí mismo y sobre su mundo, qué posibilidades tiene ante ellas y sobre todo, que decisiones tomará al afrontarlas.

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Joe Cocker soul

La voz grave y volcánica del soul blanco se apagó ayer. Y tuvo que ser un cáncer de pulmón, el órgano que insuflaba el aire que la alimentaba, el que acabó con la vida del cantante británico Joe Cocker a los 70 años. Terminaba así una carrera que empezó entre vapores de alcohol en los años sesenta en los clubes de Sheffield, ciudad del centro de Inglaterra donde nació.

Deja para la historia su voz única y sus movimientos espasmódicos ante el micrófono, plasmados para la eternidad en su dramática interpretación de With a little help from my friends, el éxito de los Beatles, sobre un escenario de Woodstock, cuando el cantante solo tenía 25 años, recogida en la película del festival. Aquella versión, por la que le felicitaron los propios autores, supuso su primer numero uno en 1968 y reveló su gusto y acierto al reinterpretar, o más bien reinventar, composiciones ajenas. Tras conocer ayer por la tarde la noticia, Paul McCartney dijo que estará “para siempre agradecido” a Cocker por convertir aquella canción del Sgt. Pepper’s en un “himno del soul”.

De origen proletario, Joe Cocker sucumbió a todas las tentaciones de la bohemia rockera. Pero incluso cuando parecía tocar fondo era capaz de cosechar éxitos planetarios.

Una simple técnica para que te vaya mejor en tu vida

enrike45:

Excelente artículo de un estudiante de Psicología.

ATENCION: Esta entrada requiere ser leída en su totalidad… O no leerse. Su lectura incompleta puede dar lugar a interpretaciones erróneas. Si no tienes tiempo es mejor que leas otro artículo del blog.”

Originalmente publicado en Psicoteca Blog:

Post escrito por Ángel Prieto, estudiante de Psicología.

Son muchos los expertos psicólogos y psiquiatras que conocen esta técnica que voy a explicar a continuación, pero ninguno de ellos la aplican porque el beneficio es devastador, inimaginable. Estos expertos saben que cuando aplican este tipo de técnicas sus pacientes se recuperan rápido y eso, amigo mío, ¡no les conviene! Prefieren que sus pacientes sigan en consulta por meses o años, y así engordar su bolsillo. Esta técnica tiene más de 5 mil años, según expertos historiadores diversas tribus de indígenas lo aplicaban para calmar su estado de pánico cuando se encontraban con tigres o en situaciones adversas donde la serenidad cobra una importancia descomunal.

Es posible que el lector sienta cierto rechazo ante la técnica por su simplicidad, pero pronto será capaz de ponerla a prueba y ver su enorme valor. Antes de comenzar a explicar esta técnica, es necesario…

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