Grupos de Ayuda Mutua

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Los Grupos de Ayuda Mutua se definen como pequeños grupos de personas afectadas, cuyos miembros se reúnen de forma voluntaria y libre, movidos por la necesidad de dar respuesta o encontrar una solución a los problemas que comparten, de afrontar y superar situaciones conflictivas y de lograr cambios personales y/o sociales. En este tipo de grupos, no está presente ningún profesional (al menos que un grupo lo llame de forma puntual para pedirle algún tipo de orientación o información técnica). Sus componentes se ayudan los unos a los otros a través de las interacciones que, entre ellos y en el marco del grupo, se producen.

La recién creada Asociación Española de Ayuda Mutua contra Fobia Social y Trastornos de Ansiedad (AMTAES) está formada por afectados que se comprometen a prestarse apoyo, tanto de forma virtual (redes sociales), como a través de los encuentros presenciales de los GAM que se están formando en diferentes ciudades de España.

Si te interesa formar parte de esta Asociación infórmate entrando aquí:
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La mala psicología

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Traigo a debate el siguiente texto extraído de la sección de Ciencia, dedicado a las pseudociencias, del famoso portal Hipertextual, con el estoy plenamente de acuerdo. No obstante, esto no significa que algunas de las terapias psicológicas que se citan puedan resultar eficaces en determinadas ocasiones y personas. Me gustaría conocer vuestra opinión.

Una de las áreas en las que más peligro existe de precipitarnos en la pseudociencia sin que nos percatemos de ello es la psicología, debido sobre todo a la necesidad que tenemos de autoconocimiento. A continuación tenéis los ejemplos más representativos.

  • Psicoanálisis: Sigmund Freud, padre de la disciplina en el convulso siglo XIX, no elaboró sus teorías usando una metodología científica, sino su intuición. Por ello, es imposible comprobar la certeza de las hipótesis psicoanalíticas ni contrastar la eficacia de los tratamientos experimentalmente: Karl Popper dijo que son infalsables. Y por su parte, Carl Jung, el conocido discípulo de Freud, usaba la astrología para determinar la personalidad. Además, se ha descubierto que la tasa de remisión espontánea de un problema mental coincide con la de la supuesta eficacia de las terapias psicoanalíticas; y lo que ahora sabemos es que, por ejemplo, la influencia de la personalidad de una madre no tiene relación alguna con la homosexualidad de sus hijos, como defiende el psicoanálisis, que, pese a que disfrutó de mucha predicación durante décadas e incluso hoy en Argentina y en Francia aún goza de ella, los estudios actuales de psicología lo han relegado sencillamente a la historia por su innegable importancia cultural.
  • Grafología y grafopsicología: la primera propone que es posible conocer la personalidad de alguien analizando los rasgos de su escritura; la segunda, que la reeducación gráfica puede servir como terapia y cambiar la conducta de cualquiera. Pero, no solo estas afirmaciones no han sido demostradas, sino que incluso los estudios más recientes han expuesto su falibilidad a pesar de que, como la astrología, se asientan sobre el efecto Forer o Barnum: uno se siente identificado por descripciones generales o vagas aplicables a mucha gente. Eso sí, no confundáis la grafología, demasiado presente en los departamentos de recursos humanos, con la labor de los peritos calígrafos, que únicamente se dedican a precisar si alguien es el autor de un escrito.
  • Parapsicología: el amplio campo en el que se integra todo lo atribuible a la percepción extrasensorial y la manipulación física realizada con la mente de vivos o muertos, centrado en el estudio de fenómenos inexplicables y en cuyas conclusiones, habiendo sido bien examinadas, se ha encontrado falta de rigor experimental y sesgos de fe. La telepatía, la psicoquinesis, los viajes astrales, el espiritismo y otros fenómenos sin verificación forman parte de la parapsicología.
  • Dianética: se trata de una terapia para la curación de enfermedades mentales inventada por Ronald Hubbard, el fundador de la secta de la Cienciología, y que consiste en el relato reiterado e hipnótico de las supuestas percepciones de cuando uno ha estado inconsciente o ha sufrido dolor físico, llegando a un momento en que se terminan de descargar estos considerados registros de la memoria y se da por acabado el tratamiento. Sus fundamentos, además de las propias ideas de Hubbard, son la reencarnación y la telepatía, y no están acreditados.
  • Psicología transpersonal: es el misticismo oriental como terapia psicológica; toma aspectos espirituales del budismo, del hinduismo, del legado psicoanalítico de Jung e incluso de la parapsicología, y consigue una mezcla de religión, ocultismo y filosofía que es muy difícil de aceptar científicamente. “El despertar de la conciencia” es su mantra.
  • Autoayuda y coaching: la sistematización del pensamiento positivo y de la fuerza de voluntad como infalibilidad y garantía de éxito y, por lo tanto, de la responsabilidad propia y completa de todos los males que a uno le sobrevienen, sin considerar la organización y el contexto en que nos desenvolvemos con sus desigualdades, la influencia de los otros y los sucesos inesperados, que mezcla la concepción protestante del fracaso con cierta benevolencia e ideas New Age. Los libros de autoayuda (de Coelho, Chopra, Riso, Dyer, Canfield, Byrne, etcétera) y los entrenadores y animadores (coaches) establecidos en el mundo empresarial predican estas ideas y proponen métodos y terapias apoyados en ellas. Su simplicidad y sus contradicciones con la psicología compleja y acreditada inhabilitan la autoayuda así formulada y el coaching como una forma científica y verdaderamente útil de usar la mente en nuestro provecho. No obstante, se están empezando a desarrollar modelos de coaching psicológico que, si logran desprenderse del pensamiento positivo tal como lo emplean los que sus iniciadores llaman “pseudocoaches”, quizá consigan pasar los estándares científicos. Se trata algo todavía incipiente, en cualquier caso; y sólo la ciencia humilde nos dirá a dónde puede llegar.

Fuente original: La mala psicología 

Forzosamente felices

Buscando sobre mis temas recurrentes encontré este artículo escrito por Saulo Pérez Gil (Psiquiatra) y Tais Pérez Domínguez (Psicóloga), en el que se plantean algunas consideraciones que alimentan la discusión sobre la búsqueda de la felicidad, los pensamientos positivos y la necesidad de ser felices.

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Entre las múltiples aportaciones a la vida del siglo XXI se encuentra la proliferación en las redes sociales de frases bonitas, asertivas, definitorias, acerca de cómo ser feliz. El hecho es que leemos estas frases, pensamos en su contenido unos minutos (en el mejor de los casos) y seguimos actuando como siempre. 

¿Realmente podemos aplicar a nuestra vida diaria estas afirmaciones o negaciones que leemos cada día y que alivian por un instante nuestro sufrimiento? 

¿Qué es lo que motiva el consumo excesivo de este tipo de frases? Una de las posibles explicaciones se basa en el refuerzo positivo. Es decir, leemos cotidianamente este tipo de cosas porque nos producen placer, nos producen una especie de felicidad momentánea elevando o alterando nuestro estado de ánimo. Algo parecido a lo que pasa si consumiéramos opiáceos produciéndonos una agradable sensación de bienestar.

Incluso podríamos pensar que la dopamina está detrás de este consumo irrefrenable de enunciados positivos. La dopamina es el neurotransmisor responsable de los mecanismos de refuerzo del cerebro, es decir, de la capacidad de desear algo y de repetir un comportamiento que proporciona placer.

La simple lectura de dichas frases nos proporciona un estado de bienestar  por el simple hecho de pensar que nos harían ser mejores personas o nos proporcionarían un mayor equilibrio existencial evitando preocuparnos por cosas que no merecen la pena.

¿Es bueno estar siempre feliz?

Ante un problema o conflicto la respuesta no es repetir “soy feliz”, o, pese al problema, “estoy contento”. Sin duda, lo razonable es analizar el conflicto, observar que emociones nos produce, intentar buscar soluciones si las tiene y procurar aceptar las emociones que nos produce.  Si consideramos que no son proporcionales o adecuadas a la situación, estudiar por qué esa respuesta y aceptar que la ansiedad o la tristeza o el tedio son emociones propias del ser humano, “per se” no son una enfermedad.

Las sensaciones y emociones desagradables no deben rechazarse ni cambiarlas “por decreto”, hay que sentirlas, no pensarlas.Debemos perder el miedo a las sensaciones molestas o desagradables.

Todas las emociones tienen un continuum que en los extremos puede ser patológico. Por ejemplo, una felicidad excesiva o estado de ánimo expansivo, eufórico sin relación con las circunstancias ambientales  puede ser un síntoma de un cuadro hipomaníaco o maníaco. Un estado maníaco se caracteriza por un persistente estado de alegría y optimismo y una ausencia relativa de afectos “negativos”, que suele acompañarse de una disminución de horas de sueño y una excesiva actividad física y mental. Creo que no hay gente que se considera más feliz que un paciente bipolar en fase maniaca. La felicidad no es adaptativa en todo momento.

Los llamados pensamientos positivos tratan de provocar emociones no reales ni espontáneas, emociones generadas por pensamientos enlatados, en un intento de acallar las emociones reales que el conflicto que nos acucia provoca, sin entender la causa de dicho sufrimiento.

Los expertos en este tema se han centrado en investigar qué diferencia a las personas tristes de otras alegres en un momento determinado. Y sorprendentemente encuentran que las personas alegres son más lentas y confiadas y cometen más errores a la hora de detectar engaños potenciales. Es decir, si yo siempre estoy contenta es más probable que alguien me estafe.

La meta del siglo: ser feliz.

Parece ser que hoy en día, la meta que debemos tener todos es “perseguir la felicidad”. Pero esta búsqueda puede volverse contra ti y traerte todo lo contrario; soledad y depresión. Intenta salir un día de casa a “ser feliz” y no a pasarlo bien y probablemente conseguirás todo lo contrario.

Si la búsqueda de la felicidad está asociada a menos bienestar y satisfacción, lo mejor que podríamos hacer para ser felices es no hacer nada por ello, valorar los afectos negativos de forma positiva y aceptarlos como parte de la vida.

Lo importante es la actitud de aceptación de la realidad, sin que ello implique pasividad y resignación y no hacer valoraciones sesgadas hacia lo negativo.

La propuesta de la psicología positiva basada en la actitud tiene su valor, pero no es la respuesta adecuada para todo. Es cierto, que una actitud positiva ante la adversidad ayuda a superar los problemas pero no podemos pretender ser siempre felices.

Fuente original: Conectando neuronas

La exposición

Extraigo de Psicomaster algunas interesantes consideraciones acerca de la técnica de la exposición como terapia para la fobia social:

Muchas personas que sufren FobiaSocial dicen haberse expuesto a diferentes situaciones sociales que temen y que dicha exposición, lejos de haberles ayudado a superar su problema de fobia social, les ha hecho empeorar.  Así pues, se frustran aún mas, pensando que lo que les sucede no tienen solución. Nos comentan que no mejoran y les explicamos la trampa en la que se encuentran.

La exposición siempre funciona, pero tenemos que exponernos al temor que tenemos para que sea eficaz. El objetivo de las exposiciones que nos comentan estas personas, generalmente es lograr no tener síntomas de ansiedad, no ponerse rojo, no temblar, que no le vean nervioso… Cuando acuden a los lugares que antes evitaban, en un intento de mejorar, comprueba que siguen con los mismos síntomas de ansiedad, esto conduce a que, frecuentemente, se desanimen hasta que finalmente dejan de exponerse, pensando que lo suyo no tiene arreglo y con bastante desesperanza.

Una buena exposición debe ir dirigida a exponerse a sus verdaderos miedos, es lo que la convierte en eficaz. Miedos cómo:  comprobar que nada sucede si le ven nervioso, miedo a la desaprobación social o a cometer determinados errores. No es una buena exposición aquélla dirigida a no tener síntomas, por eso no mejoran. Sería como si tenemos miedo a nadar en el agua y vamos a la piscina para intentar no nadar ¿a qué nos estamos enfrentando? Desde luego no a nuestro temor. Por tanto seguiremos con nuestro miedo.

Los síntomas de ansiedad se resolverán, pero esto se logra cuando las exposiciones estén adecuadamente planificadas y para ello es muy conveniente plantearlas con ayuda profesional. En la consulta psicologica se evalúan, en primer orden sus temores más profundos para luego elaborar una adecuada planificación, personalizada de las exposiciones que debe realizar que vayan dirigidas a sus auténticos temores.

En consulta psicologica, tenemos muy en cuenta que la persona tendrá dificultades para exponerse a ciertas situaciones sociales,  a priori  impredecibles, porque se siente incapaz, y hacerlo sólo empeoraría su estado de angustia y malestar y favorecería su estilo de comportamiento evitativo. Por este motivo será muy importante dotar a la previamente a la persona de habilidades que le permitan afrontar gradualmente la situación temida. Para esto y para que se sienta cada vez menos indefensa a la hora de enfrentarse a situaciones sociales, únicamente la exposición, no sería suficiente ni adecuada como método de trabajo psicológico y menos aún si está mal diseñada.

Fuente original: http://www.psicomaster.es/consulta-psicologica-me-expongo-pero-no-mejoro-mi-fobia-social/

Siempre hay una nueva oportunidad para ser más feliz

Cerezo

LAS TERTULIAS DE PRIMAVERA

Cada sábado y domingo, a partir de las 22:00 h (horario de España), trataremos un tema relacionado con la fobia social, para opinar, preguntar e intercambiar ideas.

EL TEMA DE HOY: Siempre hay una nueva oportunidad para ser más feliz

Puedes participar en la sala del chat ‪#‎fobia‬-social

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