Grupos de Ayuda Mutua

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Los Grupos de Ayuda Mutua se definen como pequeños grupos de personas afectadas, cuyos miembros se reúnen de forma voluntaria y libre, movidos por la necesidad de dar respuesta o encontrar una solución a los problemas que comparten, de afrontar y superar situaciones conflictivas y de lograr cambios personales y/o sociales. En este tipo de grupos, no está presente ningún profesional (al menos que un grupo lo llame de forma puntual para pedirle algún tipo de orientación o información técnica). Sus componentes se ayudan los unos a los otros a través de las interacciones que, entre ellos y en el marco del grupo, se producen.

La recién creada Asociación Española de Ayuda Mutua contra Fobia Social y Trastornos de Ansiedad (AMTAES) está formada por afectados que se comprometen a prestarse apoyo, tanto de forma virtual (redes sociales), como a través de los encuentros presenciales de los GAM que se están formando en diferentes ciudades de España.

Si te interesa formar parte de esta Asociación infórmate entrando aquí:
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El Concepto de Grupo de Ayuda Mutua

«Sólo lo sabes si lo has pasado» Esta frase, que muchas veces es recibida con recelo por el profesional de la salud que se cree el depositario de un saber exclusivo, resume algunos de los fundamentos principales de los grupos de ayuda mutua (GAM)

Aquí transcribo algunos de los comentarios más interesantes del antropólogo Josep Canals (Escuela Universitaria de Trabajo Social de Barcelona/Instituto Catalán de Antropología) en su trabajo titulado “Los Grupos de Apoyo Mutuo: una presentación actual de la reciprocidad”.

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Para ser genuinamente un GAM y no otra forma de grupo es necesario que se estructure sobre la función de apoyo mutuo, definida a partir del cumplimiento de las reglas de la reciprocidad horizontal, simétrica y generalizada. En este mundo, que crece considerablemente, aparecen terminologías que aplican los términos apoyo mutuo a actuaciones que propiamente no lo son. Aunque todos estos dispositivos basados en la asociación voluntaria hacen un papel interesante y necesario en el campo de la salud, considero importante clarificar las tipologías asociativas, porque esto facilitará saber qué se puede esperar de cada tipo de grupo y qué diferentes implicaciones tienen para sus miembros.

Las asociaciones de afectados alcanzan en muchos casos un tamaño que, por sí solo, ya no hace posible el funcionamiento propio de un GAM, que por imperativos funcionales debe ser un grupo pequeño. En este caso, pueden existir GAM dentro de la estructura de una asociación.

Evidentemente, en su mayoría son creaciones de personas afectadas por un determinado problema y, en este sentido, podríamos hablar de formas colectivas o asociadas de autoayuda. Pero autoayuda es un concepto de contornos imprecisos. Puede aplicarse igualmente a la ayuda que el individuo se da a sí mismo, por ejemplo, y hay que diferenciarlo del concepto de ayuda mutua.

En estas asociaciones, los afectados pueden encontrar, además de apoyo emocional y social, formas de facilitación de recursos técnicos y de ayuda más económicos y más accesibles que en otros servicios o instituciones.

La acción de las asociaciones que estamos considerando favorece la visibilidad social de los sectores afectados, poco tenidos en cuenta para las políticas públicas de salud. Y esta misma acción les aporta beneficios y les permite conquistar derechos que quizás sería imposible obtener por otras vías.

El concepto ayuda mutua y la denominación GAM no pueden ser aplicados a la ligera cuando no corresponde. Una vez más, hay que insistir en el criterio de la reciprocidad horizontal, simétrica y generalizada como el elemento definidor decisivo.

La asociación refuerza a unos GAM que pueden vivir dentro de su estructura. Mientras la asociación va ocupando un espacio público, los GAM trabajan en una dimensión privada. El grupo se define a sí mismo y redefine el problema que afecta a sus componentes y su posición en el mundo, alterada por la enfermedad o el problema alrededor del cual se ha constituido el grupo. En este proceso, los individuos recomponen su relación con la enfermedad o problema que les aqueja.

El profesional, especialmente cuando se trata de un médico o un psicólogo, tiene una función diagnostica que podrá definir la situación y tomar la iniciativa, a veces por imposición, sobre lo que hay que hacer. Es él quien marca las reglas del juego. Quien define adquiere un poder considerable sobre aquello definido. En este sentido, la ausencia de profesionales dentro del grupo es una característica fundamental de un GAM genuino, pues su presencia interferiría la redefinición desde la propia experiencia que hacen sus miembros, desvalorizando la elaboración de solidaridades y la recuperación de la autoestima que los GAM pretenden. Además, la presencia del profesional, aunque crea ser muy poco directivo, es un obstáculo para la construcción de la equivalencia que hace posible la clase de reciprocidad que hemos reconocido como ayuda mutua. Cuando se nos habla de Grupos más o menos tutelados por profesionales, estamos ante grupos de apoyo, terapéuticos o otras alternativas, pero no de GAM.

El recurso de la Ayuda Mutua

Excelente texto extraído del blog del Psicólogo Carlos Espinosa

Quiero comenzar este artículo recordando lo que la Humanidad debe al ejercicio de la Ayuda Mutua (AM) entre las personas. Para empezar se puede afirmar que el progreso humano se fundamenta en la AM en el sentido más amplio. La mayor parte de los logros que han proporcionado continuidad, y a la postre historia, a los hombres se basan en la reciprocidad de favores y servicios. En una época como la actual, donde los medios virtuales para encontrar a los demás son tan abundantes, han reverdecido las actitudes de fraternidad más antiguas que se conocen.

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Es de todos conocido que, cuando hay problemas, y la vida está plagada de ellos, la práctica de la AM es un poderoso recurso que nos acerca a su solución. Poder acudir a nuestros iguales en busca de auxilio, o simplemente de encuentro, para que nos ayuden a pensar, sigue siendo una sana costumbre.

La AM proporciona una auténtica cantera de actividades y beneficios psicológicos para quien los presta. Frente a una situación problemática, cualquiera que esta sea, está la opción de enfrentarla contando con los otros o en soledad. Está claro que la fuerza que proporciona ser más que uno, va a ser decisiva en muchas ocasiones para salir airoso de las pruebas a que nos vemos sometidos. Esa es la principal divisa de la AM: hoy por mi, mañana por ti.

Recurrir a los otros como aliados, o brindar nuestra ayuda, es una de las mejores medicinas que conocemos para sentirnos mejor y más capaces. Muchas veces será necesario sobreponerse a los propios pudores y prejuicios, que nos impiden acceder a los demás. Es difícil que la demanda sincera de auxilio no valla a va a ser respondida por alguien, ya sea conocido o no. La retribución que obtiene el que ayuda es haber sido útil en el momento preciso, y constituye un poderoso acicate para la acción.

Los grupos de AM, de los que existen numerosos ejemplos, suponen la prestación de ayuda entre personas afectadas por un mismo problema. Es en el campo de la salud –enfermedades crónicas- donde tienen mayor visibilidad este tipo de grupos, aunque no solo. La práctica del mutualismo refuerza el tejido comunitario y mejora la convivencia interpersonal en todos los ámbitos.

La AM es el ejemplo que mejor muestra la sociabilidad del ser humano, de forma práctica. Si hay algo que es evidente por sí solo es que el mundo de los seres humanos lo constituye el conjunto de los otros seres humanos. De modo que practicando la AM estamos mejorando nuestra humanidad y creciendo como personas, además de ayudar a otros en esa misma dirección. Concluyo, pues, invitando a todos desde aquí a cultivar la AM para hacer de este planeta un lugar más habitable.

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Educación socioemocional en las aulas

Las habilidades emocionales han adquirido protagonismo como parte esencial en la formación y el desarrollo personal de los jóvenes y, por ello, el programa eduCaixa ha puesto en marcha un conjunto de recursos gratuitos que ayudan a introducir en las aulas los aspectos emocionales y sociales.

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Un mayor autocontrol, la capacidad de afrontar situaciones adversas y la resolución de problemas son algunos de los beneficios de la educación socioemocional, según los responsables de este programa de la Obra Social “laCaixa”, que afirman que “trabajar las emociones en la escuela ayuda a estar mejor con uno mismo, a la prevención del consumo de drogas e incluso de conductas violentas”.

Elaborados a partir de las indicaciones y los materiales de profesionales que han valorado las necesidades de los profesores y escuelas, estos recursos están dirigidos principalmente a escolares de tercero a sexto de Primaria, aunque también son aplicables a partir de los 7 años e incluso para alumnos de primero de Secundaria.

Son materiales que sirven “para desarrollar las cualidades y valores personales” y “ayudan a introducir los aspectos emocionales y sociales en el currículo de los alumnos para contribuir a su desarrollo integral y al éxito académico”, han explicado.

Distintos estudios sociológicos realizados en Estados Unidos muestran que los universitarios con las habilidades emocionales más desarrolladas presentan menos problemas físicos y una menor ansiedad social y depresión. Además, se ha constatado que la capacidad de experimentar con claridad sentimientos y emociones o de reparar estados de ánimo negativos influye sobre la salud mental y el equilibrio psicológico de los estudiantes y sobre el rendimiento académico final.

Los cursos influyen sobre la salud mental y el equilibrio psicológico de los estudiantes  “Son actividades muy sencillas y amenas para los niños, que tratan bloques como la identidad, la convivencia y la responsabilidad”, de manera que “con ellos se puede trabajar la empatía, aprenden a conocerse, a saber cómo les ven los demás o a expresar sus sentimientos y emociones”.

El programa incluye un kit una guía didáctica -que se ofrece en préstamo durante un mes- y otra parte digital de materiales que “exploran el autoconocimiento, la convivencia, la interiorización y relajación”, a los que se han añadido cuentos que tratan distintos aspectos de la educación socioemocional.

Los recursos digitales se pueden consultar online o bien descargar. La necesidad y utilidad de este tipo de contenidos se constata en su demanda pues, de los 157 recursos relacionados con distintas áreas sociales en eduCaixa, el más visitado por los usuarios en 2014 fue precisamente el de “Emociones y sentimientos”, con cerca de 10.000 visitas, el doble de accesos que el segundo más popular, denominado Cualidades personales.

=== > ENLACE A LOS RECURSOS GRATUITOS

 

Fuente original: http://www.20minutos.es/noticia/2456744/0/educacion-socioemocional/aula-exito/estudiante/

La mala psicología

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Traigo a debate el siguiente texto extraído de la sección de Ciencia, dedicado a las pseudociencias, del famoso portal Hipertextual, con el estoy plenamente de acuerdo. No obstante, esto no significa que algunas de las terapias psicológicas que se citan puedan resultar eficaces en determinadas ocasiones y personas. Me gustaría conocer vuestra opinión.

Una de las áreas en las que más peligro existe de precipitarnos en la pseudociencia sin que nos percatemos de ello es la psicología, debido sobre todo a la necesidad que tenemos de autoconocimiento. A continuación tenéis los ejemplos más representativos.

  • Psicoanálisis: Sigmund Freud, padre de la disciplina en el convulso siglo XIX, no elaboró sus teorías usando una metodología científica, sino su intuición. Por ello, es imposible comprobar la certeza de las hipótesis psicoanalíticas ni contrastar la eficacia de los tratamientos experimentalmente: Karl Popper dijo que son infalsables. Y por su parte, Carl Jung, el conocido discípulo de Freud, usaba la astrología para determinar la personalidad. Además, se ha descubierto que la tasa de remisión espontánea de un problema mental coincide con la de la supuesta eficacia de las terapias psicoanalíticas; y lo que ahora sabemos es que, por ejemplo, la influencia de la personalidad de una madre no tiene relación alguna con la homosexualidad de sus hijos, como defiende el psicoanálisis, que, pese a que disfrutó de mucha predicación durante décadas e incluso hoy en Argentina y en Francia aún goza de ella, los estudios actuales de psicología lo han relegado sencillamente a la historia por su innegable importancia cultural.
  • Grafología y grafopsicología: la primera propone que es posible conocer la personalidad de alguien analizando los rasgos de su escritura; la segunda, que la reeducación gráfica puede servir como terapia y cambiar la conducta de cualquiera. Pero, no solo estas afirmaciones no han sido demostradas, sino que incluso los estudios más recientes han expuesto su falibilidad a pesar de que, como la astrología, se asientan sobre el efecto Forer o Barnum: uno se siente identificado por descripciones generales o vagas aplicables a mucha gente. Eso sí, no confundáis la grafología, demasiado presente en los departamentos de recursos humanos, con la labor de los peritos calígrafos, que únicamente se dedican a precisar si alguien es el autor de un escrito.
  • Parapsicología: el amplio campo en el que se integra todo lo atribuible a la percepción extrasensorial y la manipulación física realizada con la mente de vivos o muertos, centrado en el estudio de fenómenos inexplicables y en cuyas conclusiones, habiendo sido bien examinadas, se ha encontrado falta de rigor experimental y sesgos de fe. La telepatía, la psicoquinesis, los viajes astrales, el espiritismo y otros fenómenos sin verificación forman parte de la parapsicología.
  • Dianética: se trata de una terapia para la curación de enfermedades mentales inventada por Ronald Hubbard, el fundador de la secta de la Cienciología, y que consiste en el relato reiterado e hipnótico de las supuestas percepciones de cuando uno ha estado inconsciente o ha sufrido dolor físico, llegando a un momento en que se terminan de descargar estos considerados registros de la memoria y se da por acabado el tratamiento. Sus fundamentos, además de las propias ideas de Hubbard, son la reencarnación y la telepatía, y no están acreditados.
  • Psicología transpersonal: es el misticismo oriental como terapia psicológica; toma aspectos espirituales del budismo, del hinduismo, del legado psicoanalítico de Jung e incluso de la parapsicología, y consigue una mezcla de religión, ocultismo y filosofía que es muy difícil de aceptar científicamente. “El despertar de la conciencia” es su mantra.
  • Autoayuda y coaching: la sistematización del pensamiento positivo y de la fuerza de voluntad como infalibilidad y garantía de éxito y, por lo tanto, de la responsabilidad propia y completa de todos los males que a uno le sobrevienen, sin considerar la organización y el contexto en que nos desenvolvemos con sus desigualdades, la influencia de los otros y los sucesos inesperados, que mezcla la concepción protestante del fracaso con cierta benevolencia e ideas New Age. Los libros de autoayuda (de Coelho, Chopra, Riso, Dyer, Canfield, Byrne, etcétera) y los entrenadores y animadores (coaches) establecidos en el mundo empresarial predican estas ideas y proponen métodos y terapias apoyados en ellas. Su simplicidad y sus contradicciones con la psicología compleja y acreditada inhabilitan la autoayuda así formulada y el coaching como una forma científica y verdaderamente útil de usar la mente en nuestro provecho. No obstante, se están empezando a desarrollar modelos de coaching psicológico que, si logran desprenderse del pensamiento positivo tal como lo emplean los que sus iniciadores llaman “pseudocoaches”, quizá consigan pasar los estándares científicos. Se trata algo todavía incipiente, en cualquier caso; y sólo la ciencia humilde nos dirá a dónde puede llegar.

Fuente original: La mala psicología 

Forzosamente felices

Buscando sobre mis temas recurrentes encontré este artículo escrito por Saulo Pérez Gil (Psiquiatra) y Tais Pérez Domínguez (Psicóloga), en el que se plantean algunas consideraciones que alimentan la discusión sobre la búsqueda de la felicidad, los pensamientos positivos y la necesidad de ser felices.

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Entre las múltiples aportaciones a la vida del siglo XXI se encuentra la proliferación en las redes sociales de frases bonitas, asertivas, definitorias, acerca de cómo ser feliz. El hecho es que leemos estas frases, pensamos en su contenido unos minutos (en el mejor de los casos) y seguimos actuando como siempre. 

¿Realmente podemos aplicar a nuestra vida diaria estas afirmaciones o negaciones que leemos cada día y que alivian por un instante nuestro sufrimiento? 

¿Qué es lo que motiva el consumo excesivo de este tipo de frases? Una de las posibles explicaciones se basa en el refuerzo positivo. Es decir, leemos cotidianamente este tipo de cosas porque nos producen placer, nos producen una especie de felicidad momentánea elevando o alterando nuestro estado de ánimo. Algo parecido a lo que pasa si consumiéramos opiáceos produciéndonos una agradable sensación de bienestar.

Incluso podríamos pensar que la dopamina está detrás de este consumo irrefrenable de enunciados positivos. La dopamina es el neurotransmisor responsable de los mecanismos de refuerzo del cerebro, es decir, de la capacidad de desear algo y de repetir un comportamiento que proporciona placer.

La simple lectura de dichas frases nos proporciona un estado de bienestar  por el simple hecho de pensar que nos harían ser mejores personas o nos proporcionarían un mayor equilibrio existencial evitando preocuparnos por cosas que no merecen la pena.

¿Es bueno estar siempre feliz?

Ante un problema o conflicto la respuesta no es repetir “soy feliz”, o, pese al problema, “estoy contento”. Sin duda, lo razonable es analizar el conflicto, observar que emociones nos produce, intentar buscar soluciones si las tiene y procurar aceptar las emociones que nos produce.  Si consideramos que no son proporcionales o adecuadas a la situación, estudiar por qué esa respuesta y aceptar que la ansiedad o la tristeza o el tedio son emociones propias del ser humano, “per se” no son una enfermedad.

Las sensaciones y emociones desagradables no deben rechazarse ni cambiarlas “por decreto”, hay que sentirlas, no pensarlas.Debemos perder el miedo a las sensaciones molestas o desagradables.

Todas las emociones tienen un continuum que en los extremos puede ser patológico. Por ejemplo, una felicidad excesiva o estado de ánimo expansivo, eufórico sin relación con las circunstancias ambientales  puede ser un síntoma de un cuadro hipomaníaco o maníaco. Un estado maníaco se caracteriza por un persistente estado de alegría y optimismo y una ausencia relativa de afectos “negativos”, que suele acompañarse de una disminución de horas de sueño y una excesiva actividad física y mental. Creo que no hay gente que se considera más feliz que un paciente bipolar en fase maniaca. La felicidad no es adaptativa en todo momento.

Los llamados pensamientos positivos tratan de provocar emociones no reales ni espontáneas, emociones generadas por pensamientos enlatados, en un intento de acallar las emociones reales que el conflicto que nos acucia provoca, sin entender la causa de dicho sufrimiento.

Los expertos en este tema se han centrado en investigar qué diferencia a las personas tristes de otras alegres en un momento determinado. Y sorprendentemente encuentran que las personas alegres son más lentas y confiadas y cometen más errores a la hora de detectar engaños potenciales. Es decir, si yo siempre estoy contenta es más probable que alguien me estafe.

La meta del siglo: ser feliz.

Parece ser que hoy en día, la meta que debemos tener todos es “perseguir la felicidad”. Pero esta búsqueda puede volverse contra ti y traerte todo lo contrario; soledad y depresión. Intenta salir un día de casa a “ser feliz” y no a pasarlo bien y probablemente conseguirás todo lo contrario.

Si la búsqueda de la felicidad está asociada a menos bienestar y satisfacción, lo mejor que podríamos hacer para ser felices es no hacer nada por ello, valorar los afectos negativos de forma positiva y aceptarlos como parte de la vida.

Lo importante es la actitud de aceptación de la realidad, sin que ello implique pasividad y resignación y no hacer valoraciones sesgadas hacia lo negativo.

La propuesta de la psicología positiva basada en la actitud tiene su valor, pero no es la respuesta adecuada para todo. Es cierto, que una actitud positiva ante la adversidad ayuda a superar los problemas pero no podemos pretender ser siempre felices.

Fuente original: Conectando neuronas

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