Los tratamientos farmacológicos para la fobia social

La eficacia de los tratamientos farmacológicos para la fobia social ha recibido una gran atención en los últimos años (Botella, Baños & Perpiñá, 2003). Los objetivos de este tipo de tratamiento incluyen: a) Reducir los síntomas de activación autónoma; b) disminuir la ansiedad anticipatoria y las conductas evitativas; c) bloquear las crisis de pánico situacionales; y d) tratar las condiciones comórbidas (Cía, 2004). Los medicamentos más utilizados son los beta-bloqueantes adrenérgicos, las benzodiazepinas y algunos antidepresivos (Barlow, 2002; Book & Randall, 2002).

Los beta-bloqueantes adrenérgicos (atenolol, propanolol) utilizados también como antihipertensivos, se recomiendan principalmente para el tratamiento de las fobias sociales específicas, debido a que suprimen los síntomas periféricos de activación autónoma, como la aceleración cardíaca,la sudoración y la hiperventilación, aumentando la confianza del paciente para afrontar las situaciones fóbicas (Cíia, 2004; Echeburúa, 1996). Sin embargo, estos psicofármacos no parecen ser efectivos para disminuir la ansiedad anticipatoria (Scott & Heimberg, 2000).

Las benzodiazepinas (alprazolam, clonazepam, bromacepan), utilizados contra otros trastornos de ansiedad, tienen un efecto similar al de los beta-bloqueantes adrenérgicos, pero sus efectos no se mantienen después de que se ha interrumpido el tratamiento, por lo que se teme que puedan generar dependencia (Scott & Heimberg, 2000). Además, según los autores citados, pueden generar varios efectos secundarios, incluyendo sedación excesiva, dificultades de concentración, problemas sexuales (disminución de la líbido y anorgasmia), problemas de coordinación y problemas de memoria.

Los antidepresivos que se han utilizado para la fobia social son los inhibidores de la monoaminooxidasa (tranilcipromina, fenelzina) y los inhibidores selectivos de la recaptación de serotonina (fluoxetina, fluvoxamina, sertralina, paroxetina, citalopram) (Acheburúa, 1996; Scott & Heimberg, 2000).

El uso de los inhibidores de la monoaminooxidasa es limitado debido a que supone restricciones en la dieta de alimentos ricos en tiroxina y pueden conllevar a crisis de hipertensión (Cía, 2004). Además, pueden teber varios efectos secundarios, incluyendo aumento de peso, vértigos e interferencias en el sueño y la función sexual (Scott & Heimberg, 2000). Los datos ofrecidos por Liebowitz et al. (1992) señalan, por otra parte, que la fenelzina podría ser más efectiva para las personas con fobia social que el atenolol. En un estudio doble ciego (en donde ni el paciente ni el médico saben qué droga está recibiendo el primero), en el que asignaron al azar un grupo de 74 pacientes con fobia social (76% con fobia social generalizada), a un tratamiento de ocho semanas con dicho psicofármaco, con atenolol o con placebo, encontraron un mayor porcentaje de pacientes recuperados en el primer grupo (64%), que en el segundo (30%) y el tercero (23%). Adicionalmente, hallaron efectos superiores de dicho psicofármaco sobre el atenelol, 16 semanas después de iniciado el tratamiento.

Los inhibidores selectivos de la recaptación de serotonina, por su parte, han recibido una gran atención en los últimos años ya que sus efectos secundarios son escasos (Barlow, 2002) y han sido considerados, según Scott & Heimberg (2000), como agentes de primera línea para el tratamiento de la fobia social por su eficacia demostrada y tolerancia relativa. A pesar de diversos estudios a favor de su efectividad, estos productos también generan efectos secundarios indeseados, como aumento de peso, somnolencia e interferencias en el sueño y función sexual (Scott & Heimberg).

Se reafirma la necesidad de combinar la medicación, para contrarrestar los síntomas de la fobia social para el corto plazo, con la terapia cognoscitivo conductual para anular dichos síntomas a largo plazo (Fresco & Heimber, 2001). Sin embargo debido a los efectos secundarios propios de los psicofármacos y la posibilidad de recaídas una vez que se dejan de tomar, las psicoterapias empíricamente sustentadas podrían constituir una mejor alternativa para el tratamiento para la fobia social que éstos, lo cual no descarta el uso remedial de un psicofármaco con pocos efectos colaterales, para contrarrestar síntomas indeseables en casos muy serios.

Fuente: ESTADO DEL ARTE SOBRE EL TRATAMIENTO DE LA FOBIA SOCIAL. Autores: César A. Rey A.; Derly R. Aldana A.; Sujelid Hernández R. Universidad Católica de Colombia. Revista: Terapia Psicológica, 24: 191-200 (2006).

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Tratamiento cognoscitivo-conductual para la fobia social

Si muchos de los diferentes tratamientos conductuales y cognoscitivos han exhibido efectos positivos contra la fobia social, es de esperar que su combinación conduzca a efectos aún meyores. La evidencia empírica ha respaldado, en general, ese supuesto. Allem, Hunter & Donohue (1989), por ejemplo. Realizaron un meta-análisis de las técnicas de tratamiento utilizadas para el temor a hablar en público, encontrando que la combinación de reestructuración cognoscitiva, desensibilización sistemática y entrenamiento en habilidades, es más efectiva para la reducción de dicho temor, que uso separado. NO obstante, se ha encontrado que la exposición puede ser igual de efectiva que el tratamiento cognoscitivo conductual de la fobia social (Feske & Chambles, 1995; Sánchez et al., 2004).

De acuerdo con Overholser (2002)la evidencia empírica señala que el tratamiento efectivo de la fobia social, implica el uso combinado de cuatro técnicas terapéuticas:

1. El entrenamiento en habilidades sociales.
2. El entrenamiento en relajación.
3. La reestructuración cognoscitiva.
4. La exposición en vivo.

Con base en ello plantea un programa de tratamiento de cuatro etapas sucesivas:

a) El establecimiento de una profunda alianza terapérutica, que involucre la evaluación, la entrevista diagnóstica y la educación del usuario sobre los síntomas de ansiedad y su intervención.
b) La realización del entrenamiento en habilidades sociales, el entrenamiento en relajación y la reestructuración cognoscitiva.
c) La implementación de la exposición en vivo, con ejercicios en los cuales el ususario utillice cada una de las técnicas trabajadas anteriormente.
d) La enseñanza de estrategias para la prevención de recaídas, que le permitan al usuario tolerar los sentimientos negativos u las interacciones sociales desafiantes.

No obstante, todavía no es muy claro cuál es el peso relativo de cada uno de estos posibles componente de la terapia cognoscitivo-conductual de la fobia social (Rowa & Antony, 2005), si bien se cuenta con datos que indican que el entrenamiento en habilidades sociales optimiza los resultados de este tratamiento.

Los estudios de evaluación del programa desarrollado por Heimberg y sus colegas (heimberg et al., 1990; Heimberg, Salzman, Hope & Blendell, 1993), señalan que el tratamiento efectivo de corte cognoscitivo conductual para la fobia social requiere simplemente la combinación de dos técnicas terapéuticas: La reestructuración cognoscitiva y la exposición. Este programa, que se lleva a cabo de manera grupal por medio de dos terapeutas, en doce sesiones semanales de dos horas y media y en el que participan entre cinco y siete usuarios, contempla cinco fases sucesivas, a saber (Scott & Heimberg, 2000):

a) Fase educativa: en la que se enseña a los clientes la naturaleza de la ansiedad y sus manifestaciones en los tres canales de respuesta.
b) Fase de auto-monitoreo: en la cual se les enseña a rastrear dichas manifestaciones ante las situaciones ansiosas.
c) Fase de reestructuración cognoscitiva: en la que se enseña esta técnica.
d) Fase de exposición durante las sesiones: en la que se comienza con una exposición de las situaciones sociales fóbicas a través de juegos de roles realizados en las sesiones, con apoyo de los terapeutas y los otros miembros del de grupo de terapia.
e) Fase de exposición fuera de las sesiones: en la cual, con base en las habilidades que los clientes han aprendido previamente, comienzan a afrontar las situaciones sociales fóbicas en la vida real.

Fuente: ESTADO DEL ARTE SOBRE EL TRATAMIENTO DE LA FOBIA SOCIAL. Autores: César A. Rey A.; Derly R. Aldana A.; Sujelid Hernández R. Universidad Católica de Colombia. Revista: Terapia Psicológica, 24: 191-200 (2006).

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Tratamientos cognoscitivos para la fobia social

Los tratamientos utilizados para el trastorno de ansiedad social son las terapias conductuales y cognoscitivas, los tratamientos cognoscitivo-conductuales y los farmaológicos (Cottraux, 2005; Overholser, 2002; Rowa & Antony, 2005; Scott & Heimberg, 2000). Nos centraremos aquí en el estado actual de los tratamientos cognoscitivos.

El uso de la terapia cognoscitiva para la fobia social ha mostrado una gran acogida en los últimos años, debido a los resultados de los estudios sobre los sesgos cognoscitivos propios de las personas con dicho trastorno. Las dos terapias cognoscitivas utilizadas para la fobia social son la reestructuración cognoscitiva y el entrenamiento en focos atencionales.

En la reestructuración cognoscitiva que se implementa con las personas con fobia social (Fresco & Heimberg, 2001) se busca que el usuario: a) Identifique los pensamientos negativos que vienen a su mente antes o durante las situaciones sociales fóbicas; b) evalúe la exactitud de dichos pensamientos sometiéndolos a verificación por medio de la información objetiva de la que dispone o la resultante de «experimento» planeados previamente por el terapeuta; y c) derive pensamientos alternativos racionales que le ayuden a neutralizar los efectos de los pensamientos mencionados.

Adicionalmente, en la reestructuración cognoscitiva se ayuda al usuario a que comprenda e impacto de sus pensamientos sobre sus reacciones emocionales y conductuales y a que considere dichos pensamientos como hipótesis que se puede discutir y someter a prueba. Para ello, además de los experimentos mencionado previamente, el terapeuta cuestiona verbalmente las cogniciones inadecuadas del usuario mediante preguntas e información correctiva y le ayuda a definir sus pensamientos en términos específicos y concretos (Cía, 2004).

Según Fresco & Heimber (2001) y Overholser (2002), la utilización efectiva de esta técnica requiere la realización de ejercicios de exposición en vivo ante la situación social fóbica. De hecho, un meta-análisis realizado por Sánchez, Rosa & Olivares (2004) con 35 estudios europeos sobre el tratamiento psicológico de la fobia social, mostró que la reestructuración cognoscitiva por sí sola no era recomendada para el tratamiento de este trastorno. En cambio, hallaron que los tratamientos psicológicos más efectivos eran la exposición sola, la exposición con reestructuración cognoscitiva, la exposición con reestructuración cognoscitiva y entrenamiento en relajación, así como también el entrenamiento en habilidades sociales con reestructuración cognoscitiva.

El entrenamiento en focos atencionales o de concentración se basa en la evidencia que indica que las personas con fobia social tienden a enfocar la atención en sí mismas cuando afrontan las situaciones sociales fóbicas, lo cual se ha interpretado como una forma de evitación activa de los estímulos sociales amenazantes (Wells & Papageorgiou, 1998; Woody & Rodríguez, 2000). En este tratamiento se empieza por enseñarle al usuario que se fija en un estímulo neutral para que, progresivamente, vaya atendiendo a los estímulos que causan la ansiedad. Específicamente se le pide que se dé cuenta de cómo centra su atención en sí mismo; luego, que preste atención a estímulos externos no amenazantes y, por último, que atienda a los estímulos amnazantes y generadores de ansiedad. El tratamiento comienza realizándose en el consultorio de terapeuta para que después el cliente aplique en el ambiente real las habilidades enseñadas (Mulkens, Bögels & de Jong, 1999, citados por Rowa & Antony, 2005). Según Rowa & Antony (2005), esta alternativa de tratamiento se ha llevado a cabo con personas con fobia social que temen ruborizarse, con resultados similares al tratamiento con exposición.

Fuente: ESTADO DEL ARTE SOBRE EL TRATAMIENTO DE LA FOBIA SOCIAL. Autores: César A. Rey A.; Derly R. Aldana A.; Sujelid Hernández R. Universidad Católica de Colombia. Revista: Terapia Psicológica, 24: 191-200 (2006).

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Tratamientos conductuales para la fobia social

Los tratamientos utilizados para el trastorno de ansiedad social son las terapias conductuales y cognoscitivas, los tratamientos cognoscitivo-conductuales y los farmaológicos (Cottraux, 2005; Overholser, 2002; Rowa & Antony, 2005; Scott & Heimberg, 2000). Nos centraremos aquí en el estado actual de los tratamientos conductuales.

Los tratamientos conductuales que se han utilizado para la fobia social son las técnicas de contra condicionamiento, las técnicas de confrontación con el estímulo fóbico, el entrenamiento en habilidades sociales y el entrenamiento en habilidades de exposición.

Las técnicas de contra condicionamiento se basan en el supuesto de que se puede inhibir la respuesta de activación autónoma, induciéndose una respuesta incompatible -comúnmente la relajación- (Fliegel, Groeger, Künzel, Schulte & Sorgatz, 1989). En el caso de la fobia social, generalmente se utiliza el entrenamiento en relajación, prefiriéndose en este sentido la relajación muscular progresiva publicada por Jacobson en 1934, en la cual se enseña la relajación de grupos musculares mediante la discriminación entre tensión y relajación de los mismos, permitiéndole al individuo identificar cuándo se siente tensionado (Vg., en las situaciones ansiógenas y en otras situaciones cotidianas), con el fin de implementar la técnica para disminuir los niveles de activación fisiológica (Botella, Baño & Perpiña, 2003).

Las técnicas de confrontación con el estímulo fóbico, por su parte, parten de la base de que la fobia social es adquirida por condicionamiento clásico y buscan la extinción de la respuesta condicionada de temor, a través de la exposición directa o gradual a la situación fóbica por medio de la imaginación o en la realidad. Entre dichas técnicas se incluyen la inundación, la implosión y la exposición in sensu (imaginada) y en vivo (Fliegel et al., 1989), utilizándose estas dos últimas para la fobia social, especialmente la exposición en vivo (Fresco & Heimberg, 2001; Haug et al., 2002). La exposición ha mostrado ser tan efectiva como la terapia cognoscitivo conductual para el tratamiento de la fobia social.

El entrenamiento en habilidades sociales se realiza con el objetivo de suplir ciertas habilidades que le faltan a las personas con fobia social y cuyo déficit les resta confianza para afrontar las situaciones sociales fóbicas (Botella, Baños & Perpiña, 2003; Overholser, 2002). También se realiza bajo el supuesto de que los déficits en habilidades sociales mantienen la fobia al predisponer al individuo a desempeñarse negativamente durante la situación social fóbica (Fresco & Heimberg, 2001). Eche burúa (1996) considera conveniente realizar un entrenamiento en los componentes fundamentales de las habilidades sociales con las personas con fobia social, debido a que éstas por lo común evitan un buen número de situaciones sociales, lo cual puede conllevar un aislamiento social que favorece el mantenimiento de dicho trastorno. Sin embargo, los datos empíricos no son conclusivos en relación con que las personas con fobia social tengan un déficit generalizado de habilidades sociales o si, más bien, inhiben su conducta social en las situaciones sociales fóbicas por lo que se muestran socialmente inhabilidosas ante los demás (Rapee, 2000).

El entrenamiento en habilidades sociales puede variar en cuanto al número, especificidad y tipo de habilidades a entrenar, dependiendo de la situación social fóbica (Botella, Baños & Perpiña, 2003; Overholser, 2002) y comúnmente implica la utilización de una metodología de aprendizaje estructurado que incluye modelado por parte del terapeuta, ensayos de conducta, información para corregir las deficiencias, refuerzo social y práctica entre sesiones (Botella, Baños & Perpiña, 2003). El entrenamiento en habilidades sociales parece incrementar la eficacia del tratamiento cognoscitivo conductual grupal para la fobia social.

El entrenamiento en habilidades de exposición se ha utilizado para el temor de hablar en público, bajo el supuesto de que dicho temor es favorecido por un déficit en habilidades de exposición y manejo del auditorio, que redunda en un desempeño inadecuado durante la intervención grupal (Cardoña & Heredia, 1991). Tal entrenamiento se puede enfocar, según los mencionados autores, en los siguientes puntos:

1. Habilidades de expresión: Exposición de las ideas en forma clara y ordenada, manejo de volumen, velocidad de la voz, disminución del uso de muletillas, exposición de forma fluida.
2. Comportamientos no verbales: Disminución de movimientos corporales exagerados, estereotipados o rígidos, manejo de la posición corporal hacia el auditorio y del contacto visual con el mismo.
3. Habilidades de exposición y manejo del auditorio: Estrategias de organización de las temáticas presentadas y estrategias para manejar las intervenciones o preguntas del auditorio.
4. Saludo inicial y final, solicitud de preguntas, apariencia, sonoridad, saber introducir y finalizar.

Según los autores mencionados, es importante que la persona haya aprendido a manejar adecuadamente la respuesta fisiológica (por ejemplo, por medio de la relajación), antes de recibir este entrenamiento.

Fuente: ESTADO DEL ARTE SOBRE EL TRATAMIENTO DE LA FOBIA SOCIAL. Autores: César A. Rey A.; Derly R. Aldana A.; Sujelid Hernández R. Universidad Católica de Colombia. Revista: Terapia Psicológica, 24: 191-200 (2006).

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¿Como pueden los padres ayudar a sus hijos a enfrentar la timidez?

Los niños y adolescentes tímidos mantienen generalmente relaciones insuficientes con sus amigos y presentan un patrón de conducta con carencia o déficit de relaciones interpersonales. Con frecuencia evitan o rehuyen los contactos sociales. Como este es un problema que afecta poco a las personas de su entorno, el comportamiento es banalizado y acaba siendo considerado normal y, como consecuencia, no recibe la debida atención. «En el tratamiento de la timidez de niños y adolescentes es preciso también sensibilizar a la familia y a los profesores, ya que esta problemática se caracteriza por una situación de comportamiento interiorizado, que no afecta directamente al medio en donde el niño o adolescente vive. Los problemas exteriorizados – tales como impulsividad y agresividad – llaman más la atención de la familia y de los educadores, por afectar directamente a estas personas», afirma la psicóloga Adriana de Araújo, especializada en hipnoterapia educativa y que realiza asistencia clínica en casos de depresión, ansiedad, estrés, síndrome de pánico, fobias, adicciones al juego, trastornos de la alimentación, falta de concentración, trastornos de estados de ánimo, etc.

Ser habilidoso socialmente es un factor importante para el desenvolvimiento humano, por esto la timidez en la infancia y en la adolescencia debe ser investigada y tratada. Relacionarse con compañeros de la misma franja de edad es fundamental para que el joven no corra riesgos de presentar dificultades emocionales en su desarrollo. La timidez aguda, si no es tratada de forma adecuada, puede acarrear trastornos futuros para los adolescentes y sus familiares. «Las relaciones sociales adecuadas y satisfactorias son fundamentales para una vida saludable. Muchos jóvenes tímidos sufren por presentar un repertorio de habilidades sociales deficitario, factor que perjudica a su desarrollo cognitivo, pudiendo ocasionar, posteriormente, problemas afectivos y de comportamiento», explica la psicóloga.

¿Tímido para siempre?
El sentido común dice que, una vez tímido, siempre tímido … A lo largo de los últimos veinte años, sin embargo, los estudios sobre el comportamiento humano han revelado que la timidez, al contrario que el color de los ojos o de los cabellos es una característica posible de ser cambiada. Un niño retraído «no está condenado» a ser un adulto retraído. Se ha publicado en la revista americana Current Directions in Psychological Science una investigación sobre el asunto da pistas de cómo se puede ayudar a los niños a vencer la inhibición.

La clave, según los psicólogos de la Universidad de Maryland, en los Estados Unidos, está en la relación del niño con su madre. La madre tiene un papel esencial en la timidez de su hijo, según los investigadores. Ella debe estimularlo a hacer amigos y, al mismo tiempo, debe entender que la timidez, en un grado razonable, no es una enfermedad. Sólo se torna un problema cuando aisla al niño del mundo. Los niños extremadamente tímidos no se divierten y corren el riesgo de, en la adolescencia, desarrollar trastornos psiquiátricos, como ansiedad y fobia social.

Durante cinco años, los investigadores de Maryland hicieron un seguimiento a niños y niñas portadores de una mutación en el gen 5-HTT, que aumenta la tendencia a la timidez. La primera evaluación fue hecha cuando los niños tenían 2 años. Cuando fueron analizadas nuevamente, a los 7 años, los especialistas notaron que algunos continuaban retraídos y otros no. Las madres respondieron, entonces, a un cuestionario sobre cómo habían lidiado con la introversión de sus hijos durante este período. Las mujeres más solitarias y más estresadas eran las madres de los niños con mayores dificultades de socialización.

Delante de un desconocido, un niño tímido esconde el rosto, se agarra a las piernas de la madre o se esconde detrás de ellas. Como la madre es el modelo de socialización del hijo en los primeros años de vida, cabe a ella ayudarlo a enfrentar situaciones incómodas. ¿Cómo se consigue eso? «Actuando naturalmente. No se adelanta con querer que el hijo introvertido cambie, de un día para otro, al niño más popular de la escuela – probablemente él nunca lo será. Y no hay nada malo en eso. Exigir de un niño más de lo que él puede dar, aumenta su angustia y refuerza su comportamiento retraído», defiende Adriana de Araújo. La receta para ayudar a un niño a vencer la timidez es ir despacio, respetando sus límites. Poco a poco, la tendencia es a que él se suelte y haga más amigos.

El niño tímido debe aprender que los cambios son necesarios y no amenazadores. «Es importante saber que podemos ser todo aquello que deseemos ser, siempre que haya planificación, tiempo, perseverancia y capacidad de adaptación, pues nadie está condenado a vivir solo de la forma con la cual está habituado.

Causas da timidez
Exceptuando posibles factores genéticos, puede decirse que la timidez resulta de un proceso. Seguidamente se relacionan algunas razones de la aparición de la timidez:

Baja autoestima: el niño o adolescente valora, desea, quiere cosas diferentes de las que puede realizar, sin dar valor a todo lo que él posee. Atribuye al otro una importancia mayor. Deja de gobernarse a sí mismo y pasa a vivir a merced de las ideas de otros.

Vergüenza: la idea de un «defecto» es una percepción de que hay algo errado, de que alguna cosa no está correcta y que todos van a reparar, reirse u ofenderse con aquel comportamiento. Un niño avergonzado deseará olvidarse de lo que sucedió, esconderse, desaparecer y hasta incluso huir. Si pudiese volver atrás y corregir aquello que juzga equivocado, lo haría con toda seguridad. Esta forma de pensar lleva al aislamiento. Cuando el niño está solo o cerca de personas en quien confía, se siente protegido, pues no hay crítica de otros y no hay quien pueda quejarse o incluso corregirle. El mayor error no está en el fallo cometido sino en la incapacidad para corregirlo.

La crítica y la rigidez consigo mismo, el miedo a errar y el perfeccionismo: pensamientos de inadaptación, sentirse diferente, querer acertar siempre. Las personas tímidas pierden excelentes oportunidades de aprender a convivir con los demás por miedo a exponerse, cambiar ideas y experiencias. «Sólo errando se aprende…».

Agresión: la timidez pouede venir disimulada a través de comportamientos agresivos, generalmente expresados por el adolescente. Momentos de rabia o hasta incluso de indiferencia mantienen a las otras personas a distancia, evitando el contacto, que para las personas tímidas se torna terriblemente amenazador.

Fuente: Noticia original en portugués de la Agência de Notícias de Niterói e Adjacências (Río de Janeiro, Brasil), recogida en el blog Notícias e Pontos de Vista

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La nueva psicología: Los trastornos de ansiedad

La psicología fue mutando al compás de los cambios de las personas. Durante el siglo pasado eran más frecuentes los diagnósticos del estado de ánimo. Por el contrario, en esta última década, es usual diagnosticar en la mayor parte de las consultas, trastornos de ansiedad.

La inseguridad cotidiana, la presión en el ámbito laboral, las consecuencias del cambio climático, el cansancio, las guerras, las catástrofes naturales, son una constante en la vida de muchos argentinos. Actualmente vivimos expuestos a una vorágine de estrés que nos agobia y aturde, por eso cada vez hay más pacientes con trastornos de ansiedad.

Los trastornos de ansiedad son considerados el mal de este siglo, los motivos principales de su aparición son básicamente tres:

  • Genéticos: Desde el punto de vista biológico, herencia familiar de primer grado (madre o/y padre).
  • Factores del desarrollo social: Haber crecido en un medio social (cuidadores que se hacen cargo del niño) en el cual prima la ansiedad, la sobreprotección, el temor y la timidez.
  • Factores desencadenantes: Sucesos estresantes, que dan lugar a la aparición del cuadro, como ser problemas económicos, laborales, familiares, haber pasado o presenciado situaciones traumáticas en donde se puso en riesgo la integridad psicofísica de la persona o de un ser querido.

Los trastornos de ansiedad son toda una especialidad en sí misma, que no cualquier psicólogo o psiquiatra está capacitado para tratar adecuadamente, dado que un correcto tratamiento, daría lugar al alta del paciente en pocos meses, pudiendo retomar sus actividades habituales. La psicología y la psiquiatría son aliadas a la hora de tratar dichos cuadros, dado que es necesario evaluar la condición de cada paciente, para decidir o no, la aplicación de pequeñas dosis de medicación, siempre con el objetivo de retirarla.

A la hora de decidir qué y con quién someterse a un tratamiento, es necesario tener en cuenta la especialidad del profesional, preguntar con qué técnicas se maneja, si proporciona o no el nombre del diagnóstico a cada paciente, cuánto tiempo estima que dura el tratamiento, etc.

En los últimos años se ha registrado un considerable aumento de pacientes que padecen los denominados trastornos de ansiedad, enfermedad que hoy se conoce con nombre y apellido. Actualmente los casos con trastornos de ansiedad van en aumento pues “como país, a partir de 2001, nos hemos visto enfrentados a situaciones de mucho estrés que son desencadenantes de los más diversos trastornos de ansiedad y eso inevitablemente hace crecer el número de enfermos.

Lo que ocurre es que no es malo sentirse ansioso, ya que todos tenemos ansiedad, porque es algo corriente y normal en los seres humanos. Sin embargo, esta ansiedad debe establecerse dentro de determinados parámetros para que sea considerada como benévola, cuando supera límites normales, la ansiedad comienza a ser un problema. Cuando la ansiedad produce un deterioro en la calidad de vida de la persona, ahí estamos frente a un trastorno que no puede ser resuelto sin ayuda externa.

Lo cierto es que se consideran a estos trastornos como una patología y sus pacientes, si bien “se recuperan”, cargan con estos toda su vida, ya que son crónicos. Sin embargo, la gente que los presenta suele no darse cuenta de tal situación. El psicólogo es el último profesional al que llega el paciente, ya que previamente hace el recorrido por todas las otras especialidades médicas. Hasta que se cansa de que todos le digan que ‘está sano y no tiene nada’, es ahí donde consulta a un terapeuta, ya sea psicólogo o psiquiatra”.

Entre los trastornos de ansiedad se encuentran: ataques de pánico; trastorno obsesivo compulsivo (TOC); fobia específica; estrés post traumático; trastorno por ansiedad generalizada y trastorno por ansiedad social. Cada uno con sus características particulares, síntomas y efectos.

El trastorno por ansiedad social, también llamado fobia social, suele desarrollarse en la adolescencia, y su rasgo distintivo es el temor a ser rechazado o criticado negativamente, por lo cual el paciente evita situaciones sociales y se aísla.

A pesar de este panorama desalentador de aumento de estos trastornos de ansiedad, los profesionales especializados ofrecen una solución a este problema. Es recomendable realizar terapias cognitivas conductuales que se caracterizan fundamentalmente porque son breves: De 6 meses a 1 año con una alta participación del paciente, con tareas para el hogar y acompañamiento del enfermo en la situación de dificultad. Se trabaja sobre los patrones de conducta que están distorsionados y que por lo tanto no son acordes a una vida saludable, como así también sobre el aspecto cognitivo, es decir, sobre las formas que adquiere el pensamiento de la persona, que en caso de ser enferma está alterado al realizar conclusiones erróneas. Dicha terapia se realiza en conjunto psicólogo-paciente, con la participación eventual de un acompañante terapéutico o co-terapeuta, por lo general alguien del círculo familiar. Lo importante es que es necesario tratarlos ya que con un trastorno de ansiedad es imposible vivir. Ninguno permite el curso normal de la vida, y la persona no puede solucionarlo sola, debe recurrir a ayuda profesional. En este tipo de tratamientos se provee las herramientas necesarias para que quien lo padezca se sienta recuperado y pueda continuar una vida saludable.

Extraído de un artículo publicado para la Agencia NOVA por la licenciada Gabriela Martínez Castro, especialista en Trastornos de Ansiedad y directora del Centro Especialista en Trastornos de Ansiedad (CEETA) en Argentina.

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