Técnicas peligrosas e ilegales

Noticia de Europa Press: Expertos en salud mental denuncian la «falta de vigilancia» de las autoridades sanitarias sobre los ‘curanderos’

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El director de los Programas Nacionales de Investigación, Desarrollo e Innovación (I+D+I) en Salud Mental y Atención Primaria (AP) de la Secretaría de Estado de la Seguridad Social, Mario Araña, denunció hoy la «falta de vigilancia» de las autoridades sanitarias sobre los centros que ofertan a la población prácticas de ‘chamanismo’ y ‘curanderismo’ para «curar traumas, enfermedades mentales y otro tipo de padecimientos», con técnicas que asegura son «ilegales, peligrosas y sin base científica alguna».

«En estos centros, profesionales no cualificados, ni autorizados por la normativa vigente en salud, ofrecen desde variedades de hipnosis hasta regresiones o productos milagrosos para tratar fobias, depresiones y otras enfermedades, unas prácticas que pueden provocar un agravamiento del padecimiento del paciente y suponen una gran oportunidad de negocio para quien las ejerce, principalmente en épocas como las actuales, con profundas crisis y ausencia de referentes», advirtió Araña en declaraciones a Europa Press.

Según el experto, también director de la sociedad científica Acapi-Psicondec, «cada vez son más» los centros que ofrecen este tipo de remedios y enfoques, que son practicados tanto por individuos «sin titulación científica o académica» como por verdaderos profesionales de la Medicina o Psicología, que trabajan en hospitales u otros lugares públicos y están colegiados, cuyas practicas «no son controladas desde sus respectivos colegios, contaminando y perjudicando la mejoría real de la población que sufre».

«La Ley General de Sanidad, el resto de la normativa sanitaria y los códigos deontológico de las organizaciones profesionales, dice, taxativamente, que no puede ejercerse ninguna profesión sanitaria que no se base en datos científicos contrastados. Sin embargo, desde las administraciones y los colegios profesionales no hay control sobre esta práctica y se autorizan, y en ocasiones, hasta se promueven con cursos organizados por los propios entes colegiales, estas practicas sin prueba científica que las avale», denunció.

EL CASO DEL ‘CHAMÁN’ DE MURCIA

En este sentido, citó el caso de una clínica de terapias de regresión a supuestas vidas pasadas que recibió la autorización de apertura por parte de la Consejería de Sanidad de la Comunidad de Murcia y que, tras ser denunciadas sus prácticas, se le ha revocado, ahora, la autorización. «Cabe felicitar a esta administración por la aceptación de su error y la celeridad de su rectificación. Supone todo un ejemplo administrativo, para el resto de las organizaciones profesionales e institucionales que están actuando con total permisividad ante situaciones semejantes», apuntó.

La Consejería de Sanidad de la Comunidad de Murcia autorizó, el pasado 8 de enero, la apertura de una clínica privada para tratar enfermedades psicosomáticas con una técnica de hipnosis que consistía en hacer que el paciente recordara traumas de sus supuestas vidas anteriores para comprender el origen de sus problemas actuales.

No obstante, la licencia de apertura de este centro, propiedad del médico Juan José López, del Servicio de Urgencias del Hospital público Santa María del Rosell de Cartagena (Murcia), fue revocada recientemente, tras las denuncias realizadas por Araña sobre los peligros que entraña esta práctica para la salud mental de los pacientes, reconocidos por la Organización Mundial de la Salud (OMS).

«PROPAGANDA» DE CURANDEROS EN LOS MEDIOS

Por otra parte, señaló también que muchos medios de comunicación están «efectuando una propagación desenfrenada e interesada de este tipo de actuaciones con orientación sanitaria, pero sin aval científico alguno». «Basta comprobar la secciones de publicidad de los distintos medios o revisar la programación de las televisiones locales para comprobar la abundancia esotérica de su oferta», indicó.

Para Araña, psicólogo clínico, jurídico y forense, el problema es que la salud mental sigue siendo «la hija pobre del sistema sanitario» y cualquiera se cree «experto en problemas psicológicos, con omisión de acción por parte de las administraciones públicas y órganos colegiales del ramo», una situación que refleja «la dejadez y desatención de la administración respecto a las necesidades de alfabetización psicológica que tiene la población, sobre todo en momentos de profunda incertidumbre social como el actual».

Fuente: EcoDiario

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La invención de los trastornos mentales

La edición de un libro nos sirve para exponer un tema de debate de hace bastantes décadas, desde la perspectiva de profesionales y especialistas de la salud mental.

La invencion

La reseña del libro dice así: Durante las últimas décadas han aumentado tanto el número de personas aquejadas de trastornos mentales como el número de terapias farmacológicas, psicológicas y de otra índole para su tratamiento. ¿Nos encontramos ante una nueva epidemia debida a nuestro estilo de vida actual o existen otras razones que explican el aparente deterioro de nuestra salud mental? En este libro, dos investigadores y profesores universitarios, expertos en Psicofarmacología y Psicología clínica, proponen y justifican con todo rigor una provocativa, y seguramente polémica, teoría acerca de la invención de distintas categorías de trastornos mentales. La creación y propagación de éstas últimas tiene mucho que ver con los intereses comerciales de la industria farmacéutica y con la complacencia de profesionales y pacientes. Los autores han investigado a fondo la evidencia científica acerca de la naturaleza de los trastornos mentales y de sus tratamientos. La conclusión del análisis realizado pone de manifiesto que considerar los trastornos mentales como enfermedades es sencillamente una falacia. Frente al modelo rígido de «enfermedad mental», los autores proponen una visión más abierta de tipo contextual, centrada en las circunstancias personales, en la que se escucha a las personas en vez de a los fármacos.

Los pisquiatras cargan contra el libro

Los autores del libro replican

Otras fuentes de informacion sobre el tema:

Marco teórico del trastorno mental
¿Quiénes están mentalmente sanos?
Se fabrican enfermedades
¿Existe la enfermedad mental?
¿Tengo una enfermedad?

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Queda prohibido

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De Pablo Neruda

Queda prohibido llorar sin aprender,
levantarte un día sin saber qué hacer,
tener miedo a tus recuerdos.

Queda prohibido no sonreír a los problemas,
no luchar por lo que quieres,
abandonarlo todo por miedo,
no convertir en realidad tus sueños.

Queda prohibido no demostrar tu amor,
hacer que alguien pague tus dudas y mal humor.

Queda prohibido dejar a tus amigos,
no intentar comprender lo que vivieron juntos,
llamarles sólo cuando los necesitas.

Queda prohibido no ser tú ante la gente,
fingir ante las personas que no te importan,
hacerte el gracioso con tal de que te recuerden,
olvidar a toda la gente que te quiere.

Queda prohibido no hacer las cosas por ti mismo,
no creer en Dios y hacer tu destino,
tener miedo a la vida y a sus compromisos,
no vivir cada día como si fuera un último suspiro.

Queda prohibido echar a alguien de menos sin alegrarte,
olvidar sus ojos, su risa, todo
porque sus caminos han dejado de abrazarse,
olvidar su pasado y pagarlo con su presente.

Queda prohibido no intentar comprender a las personas,
pensar que sus vidas valen más que la tuya,
no saber que cada uno tiene su camino y su dicha.

Queda prohibido no crear tu historia,
dejar de dar las gracias a Dios por tu vida,
no comprender que lo que la vida te da,
también te lo quita.

Queda prohibido no buscar tu felicidad,
no vivir tu vida con una actitud positiva,
no pensar en que podemos ser mejores,
no sentir que sin ti este mundo no sería igual.

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EL PERFECCIONISTA

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A cambio de hacerlo todo bien, el perfeccionista vive en continua insatisfacción, tensión y preocupación ya que se siente juzgado y criticado tanto personalmente como por los demás, lo cual le impide lograr la felicidad que busca toda persona. Pensar con frecuencia que algo nunca es suficiente o no está lo bastante bien, así como el hecho de rendir más del cien por ciento en todo lo que se hace, son algunas señales características de alguien perfeccionista. Por lo general, el perfeccionismo se busca en muchos lados, desde que se es niño, los adultos imponen ciertos parámetros para competir con los demás, siendo cada vez mejores, dando más de lo que se puede dar y llegando siempre a la excelencia; sin embargo, algunas veces alcanzar metas demasiado elevadas y poco realistas, provoca una insatisfacción constante en la persona.

ASPECTOS NEGATIVOS DEL PERFECCIONISMO

– A nivel patológico, el perfeccionismo puede hacer que la persona no pueda empezar alguna tarea o trabajo por desconocer el modo ‘correcto’ de hacerlo.

– El desprecio por uno mismo termina disminuyendo la autoestima y basando su felicidad en la aprobación y reconocimiento de otras personas sólo por sus logros y no por su valor como persona.

– En el ámbito laboral, el perfeccionismo a menudo viene acompañado de baja productividad, dado que se pierde tiempo y energía en los detalles irrelevantes de las tareas o actividades diarias.

– Los perfeccionistas, debido a que se exigen demasiado a sí mismos, esperan lo mismo de las otras personas y esto provoca alejamiento y carencia de vida social.

RADIOGRAFÍA DE UN PERFECCIONISTA

–  Temor al fracaso. Los perfeccionistas asocian el fracaso con una falta de valor personal y constantemente piensan que si fallan en algo no valen para nada. Al estar demasiado centrados en tratar de evitar cometer errores, pierden oportunidades de crecer y aprender.

– Miedo a la desaprobación de los demás. Creen que si dejan que los demás vean sus defectos o fallos, los rechazarán. Intentar ser perfecto es un modo de protegerse de las críticas, el rechazo o la desaprobación de los demás.

– Pensamiento radical. Se van de un extremo a otro sin tener en cuenta los términos medios, de modo que si no hacen las cosas perfectas, consideran que no sirven para nada o se sienten incapaces de seguir adelante.

– Reglas demasiado rígidas. Los perfeccionistas están llenos de reglas rígidas que les dicen cómo deberían vivir sus vidas, además están dominados por el miedo al rechazo y las opiniones de los demás.

– Establecimiento de metas inalcanzables. Tienden a imponerse este tipo de objetivos pero luego fracasan al intentar alcanzarlas debido a que son imposibles de conseguir. Esto hace que se culpen y se critiquen a sí mismos, lo cual puede dar lugar a baja autoestima, depresión y ansiedad.

– Autocontrol distorsionado. Cualquier acción que realizan debe estar controlada de forma voluntaria, por lo que no son capaces de actuar de manera espontánea; tratan también de controlar sus propios deseos y emociones.

– Trastornos alimenticios. Son uno de los signos asociados a la actitud perfeccionistas, así como las crisis de ansiedad, depresión y estrés.

EL PERFECCIONISMO EN LAS RELACIONES

– Los perfeccionistas tienden a anticipar o a temer el rechazo y la desaprobación de los demás.

– Reaccionan de un modo exagerado a las críticas y, al hacer esto, frustran a los demás y los alejan de ellos, ya que se muestran siempre a la defensiva.

– Con frecuencia tienden a exigir a los demás unos estándares tan altos como se exigen a sí mismos, de manera que pueden resultar poco tolerantes y demasiado críticos con los demás.

– En sus relaciones con otras personas también intentan ser perfectos en todo momento, dicen siempre lo correcto, actúan de forma apropiada, nunca quedan mal, no cometen errores y sus conversaciones son perfectas.

– Sienten casi siempre una gran ansiedad, pues cuanto más se exija una persona a sí misma, más probabilidades tendrá de fracasar y mayor será su miedo al fracaso, esto puede dar lugar a problemas de ansiedad social o fobia social.

– Los perfeccionistas intentan evitar que los demás vean sus errores para no ser criticados y rechazados, por eso se cierran en sí mismos sin darse cuenta que el hecho de mostrarse sociables con otras personas hace que sean percibidos como más cercanos y más humanos.

– Tienden a tener conflictos o problemas en sus relaciones con los demás, ya que sólo muestran un lado de ellos mismos haciendo que se rodeen de personas superficiales e insatisfechas.

BIENESTAR

Aprenda a aceptarse como es.

Para evitar caer en el círculo vicioso que provoca el perfeccionismo, tome en cuenta estas recomendaciones:

– Modifique su modo de pensar y los comportamientos que alimentan el perfeccionismo, tales como tener que ganar el primer lugar o sacrificar las relaciones sociales.

– Establezca metas razonables, realistas y alcanzables, basadas en sus propias necesidades y en lo que ha logrado en el pasado; esto le facilitará el triunfo y aumentará su autoestima.

– Impóngase metas sucesivas de un modo secuencial, paso a paso. Cada vez que alcance un objetivo, establezca otro con un nivel por encima del anterior y así sucesivamente.

– En vez de exigirse un nivel de éxito del cien por ciento siempre, establezca diferentes niveles en distintas tareas. En algunos casos puede proponerse sólo un 60 por ciento de eficacia y pensar que eso es suficiente. Permítase fallar de vez en cuando y evite autocastigarse; algunas cosas se darán mejor que otras.

– Enfóquese en el proceso al realizar algo y no sólo en el resultado. Evalúe su éxito no sólo en función de lo que ha logrado, sino también en función de lo que ha disfrutado haciendo la tarea. Por ejemplo, si pasa tiempo preparando un trabajo que luego no sale bien, pero ha disfrutado haciéndolo y ha aprendido cosas nuevas, reconozca que hay un valor en el proceso de perseguir una meta, no solo en el hecho de alcanzarla.

– Si se siente ansioso, deprimido o abrumado, use esas emociones para aprender lo que tienen que decirle y preguntarle. Es importante abrirse con la gente, sobre todo, con sus seres queridos para conocer sus opiniones y consejos; recuerde que nadie nace siendo perfecto y, como todo ser humano, también tiene sentimientos.

– Afronte sus miedos y aprenda a aceptarse tal y como es. Pregúntese: ¿De qué tengo miedo? ¿es tan terrible si pasara tal cosa? ¿qué es lo peor que puede pasar? ¿qué probabilidades hay de que ocurra lo peor?, esto le permitirá enfrentar con valor todo lo que venga.

– Muchas cosas sólo se aprenden cometiendo errores. Cuando cometa un error, pregúntese: ¿Qué puedo aprender de esto? ¿cómo puedo mejorar la próxima vez para no cometer este error? ¿soluciono algo sintiéndome así?

– Evite el pensamiento radical de “todo o nada” y trate de tener en cuenta los aspectos intermedios.

 

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Psicología de bolsillo

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Cuando en 1859 Samuel Smiles publicó Self-Help! (¡Ayúdate!), abrió, probablemente sin saberlo, un universo de infinitas posibilidades. Inauguró el género de la narrativa de autoayuda contemporánea y, en cómodos fascículos, puso teóricamente al alcance de cualquiera las claves básicas del éxito y la felicidad. Sin embargo, Smiles aún se encontraba inmerso en una concepción victoriana en la que mostrar las emociones abiertamente era considerado descortés y el yo seguía siendo un desconocido. Faltaban todavía varias décadas para que se asentase el concepto de autorrealización y los libros de autoayuda se convirtiesen en el santo grial para millones de personas. Además, quedaba pendiente que la psicología se convirtiese en ciencia y, sobre todo, que Freud, Maslow y compañía entrasen en escena. Y ambas cosas, en el caso del psicoanalista, ocurrieron casi de forma paralela en el último tramo del siglo XIX. Antes de esas fechas, los trastornos mentales se habían tratado de una manera heterodoxa, en la que se entremezclaban filosofía y superstición. Pero, a partir de las aportaciones de Wilhem Wundt, fundador del primer laboratorio psicológico en 1879, surge la idea de las enfermedades mentales como enfermedades del cerebro. Es decir, con base fisiológica. Se trata de la época de Pavlov y sus perros, de los primeros titubeantes pasos del conductismo, estructuralismo, funcionalismo… de todas las teorías que determinaron el rumbo de la psicología en el siglo XX.

En busca del yo

Pero, sin duda, la revolución que marcó el futuro de la psicología se fraguó en Viena, en el diván de Sigmund Freud. El precursor del psicoanálisis ejerció una influencia determinante sobre todas las teorías posteriores, al convertir los trastornos psicológicos en enfermedades tratables y a los enfermos, en sujetos recuperables. Paralelamente, democratizó las fobias, filias y complejos… Cualquiera podía ser ahora sujeto de atención y no sólo aquellos que mostrasen una conducta anómala. En cierto sentido, normalizó las patologías, pero, a la vez, también problematizó la normalidad. Sobre todo a partir del viaje de Freud a Estados Unidos en 1909, sus teorías corrieron como la pólvora y su éxito popular propició que en el lenguaje común comenzasen a aparecer cada vez con mayor frecuencia palabras como lapsus linguae, subconsciente, líbido, ego o superyo. Se trataba de las primeras aportaciones al lenguaje terapéutico que serviría de base para la futura narrativa de autoayuda. Sin embargo, por ahora, sólo se podía hablar de una literatura de consejos, aún minoritaria, pero que preludiaba el nacimiento de la psicología popular.

El libro de bolsillo

Según cuenta la socióloga Eva Illouz en su libro Intimidades congeladas, fue en el periodo de entreguerras y tras la Segunda Guerra Mundial cuando la literatura centrada en la psique humana y cómo entenderla dio el salto definitivo a las masas. Todo gracias, fundamentalmente, a la revolución del libro de bolsillo. En 1930, el editor alemán Kurt Enoch funda Albatross. En 1935, surge en Inglaterra Penguin y, en 1939, el empresario Robert de Gral crea en Estados Unidos la editorial Pocket Books. El formato, barato y accesible, arrasó en el mercado. Los libros de bolsillo comenzaron a comercializarse en quioscos, farmacias, gasolineras o estaciones de tren acercando la cultura a las clases media y media-baja. Sobre todo en Norteamérica, uno de los géneros que mejor encajó con el nuevo formato fue la narrativa de consejos. La psicología se convirtió en una industria cultural emergente de pingües beneficios, saltó a las calles y se incorporó al saber popular. Junto a las tesis psicoanalíticas, comenzaron a difundirse masivamente otras menos deterministas.

La teoría de la autorrealización, de Abraham Maslow, fue protagonista indiscutible a partir de los cincuenta. Maslow mantenía que, según se satisfacen las necesidades básicas, los seres humanos desarrollamos necesidades y deseos cada vez más elevados hasta llegar a la autorrealización, el alcanzable estado mental ideal al que, teóricamente, se debe aspirar. La atractiva idea de que la felicidad es posible tuvo un éxito inmediato. Surgieron cientos de escritores que recogieron el testigo y propusieron vías para llegar a ese bienestar espiritual: aprender a amarse uno mismo, no juzgar si no se quiere ser juzgado, que toda culpa es mala, encontrar tu diosa interior, plantar un árbol… y cientos de consejos más, expresados como verdades pseudocientíficas lo suficientemente genéricas como para satisfacer a todos los públicos y utilizando un lenguaje pretendidamente terapéutico y neutral.

Los dorados años sesenta

Fue el comienzo de los libros de autoayuda que vivieron su mayor esplendor en los sesenta, época dorada del viaje interior. Los no realizados se convirtieron en sujetos incompletos que había que arreglar. Las emociones pasaron del ámbito privado a objetos que debían ser pensados, expresados, discutidos, debatidos, negociados e, incluso, justificados. Se expulsó el dolor psíquico de la experiencia humana gracias a la bioquímica. Ahí estaba. Era el nacimiento de un nuevo tipo de ser humano, centrado en el propio yo e integrado en un modelo emocional capitalista e individualista, que aún continúa en plena vigencia. Lo llamó Homo sentimentalis… al que cualquiera puede ponerle cara de Woody Allen.

Fuente original: Público, Sección Culturas

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El término neurosis

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El origen del término “neurosis” se encuentra a finales del siglo XVIII aunque su máximo uso se circunscribe al XIX, en plena eclosión de la especialidad psiquiátrica, siendo empleado originalmente para describir cualquier trastorno del sistema nervioso. El médico escocés William Cullen publica en 1769 su obra Synopsis nosologiae methodicae, refiriéndose con el término “neurosis” a un trastorno general del sistema nervioso, sin fiebre ni otras lesiones orgánicas demostrables, y capaz de alterar las capacidades sensitivas y motoras del individuo, mezclándose en este concepto patologías tan dispares como mareos y desmayos, el tétanos, la rabia, las crisis histéricas, la “melancolía” (posteriormente denominada depresión) o la manía. Sigmund Freud desarrolló diversos trabajos en relación con la histeria y los trastornos obsesivos, publicados entre 1892 y 1899, sentando las bases psicogénicas de lo que él denominó psiconeurosis. A partir de sus trabajos se elaboró una clasificación, ya en desuso, que distinguía varios tipos de neurosis (en función de la expresión final de los síntomas provocados por el síntoma nuclear de la angustia): Neurosis de angustia, neurosis fóbicas, neurosis obsesivo-compulsivas, neurosis depresivas, neurosis neurasténicas, neurosis de despersonalización, neurosis hipocondríacas y neurosis histéricas.

El principal interés de Freud se centró en lo que denominó “neurosis de angustia”, descrita en torno a un estado de elevada excitabilidad del paciente expresada como “espera angustiosa” sobre la que el sujeto elabora expectativas funestas de futuro basadas en simbolismos (determinado sonido significa que un familiar acaba de morir, un gesto inapropiado acarreará mala suerte…). Para Freud el paciente posee un caudal de angustia que permanentemente se va depositando en forma de miedos, fobias, ataques de angustia (taquicardia, taquipnea, sudoración…), etc

En 1909 Pierre Janet publica “Las neurosis”, obra en la que establece el concepto de “enfermedad funcional” frente al modelo anatómico-fisiológico. Desarrolla así el paradigma médico que basa el daño no en la alteración física del órgano, sino en su función. Las funciones superiores, adaptativas, provocan cuando se ven alteradas o disminuidas, un estado “neurasténico” (o de “nerviosismo”) en el que se sobreexpresan otros estados inferiores como la agitación o la histeria.

El término neurosis fue abandonado por la psicología científica y la psiquiatría. Concretamente, la O.M.S. (CIE-10) y la A.P.A. (DSM-IV-TR) han cambiado la nomenclatura internacional para referirse a estos cuadros clínicos como trastornos, entre los que se incluyen:

1. Trastornos depresivos (distimia, ciclotimia, episodios depresivos leves, moderados o graves (con o sin síntomas somáticos).

2. Trastornos de ansiedad (fobias, trastorno obsesivo-compulsivo, agorafobia, crisis de angustia, trastorno por estrés postraumático, trastorno de ansiedad generalizada).

3. Trastornos somatoformes (dismorfofobia, trastorno de conversión, hipocondría, dolor somatoforme, trastorno de somatización).

4. Trastornos disociativos (trastorno de personalidad múltiple, fuga y amnesia psicógenas, trastorno de despersonalización, trance y posesión).

5. Trastornos sexuales:

– Parafilias (exhibicionismo, fetichismo, froteurismo, pederastia, masoquismo, sadismo, travestismo, voyeurismo).
– Disfunciones sexuales (deseo inhibido, aversión al sexo, anorgasmia, impotencia, eyaculación precoz, dispareunia, vaginismo).

6. Trastornos del sueño (insomnio, hipersomnia, parasomnias, terrores nocturnos, sonambulismo, disomnia).

7. Trastornos facticios.

8. Trastornos del control de impulsos (cleptomanía, trastorno explosivo intermitente, ludopatía, piromanía, tricotilomanía).

9. Trastornos adaptativos.

10. Factores psicológicos que afectan al estado físico.

11. Trastornos de la personalidad.

12. Códigos V (simulación, problemas interpersonales, duelo patológico, problemas funcionales, rol de enfermo, etc.).

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