¿Por qué los lotófagos no sufrían ansiedad?


He leído un trabajo del Médico Psiquiatra Sergio Aníbal Haslband sobre “Consideraciones acerca de la neurobiología de la ansiedad”, de donde extraigo algunos párrafos que creo pueden interesar.

Corre la pluma de Homero. Se detiene en el canto IX de la Odisea. Allí Ulises relata lo que le sucedió en el País de los Lotófagos. Como su nombre indica, los lotófagos son hombres que se alimentaban de “loto”, un fruto “dulce como la miel”.

Menos cautos que su jefe, algunos de los marinos los probaron y después “ya no querían llevar noticias ni volverse, antes deseaban permanecer con los lotófagos, comiendo loto, sin acordarse de volver a la patria”. Aparentemente eran pacíficos, afables y felices, libres de ansiedad.

Pero Ulises obliga a sus compañeros a abandonar el lugar y proseguir el viaje. Habrá de hacer un azaroso periplo hasta regresar a Itaca, donde aún tendrá que matar a los pretendientes que acosan a Penélope. En caso de existir una remota base real del episodio, no sabemos que puede ser el “loto”. Parece que la flora de esa comarca era algo diferente a la del Jardín del Edén. El fruto que nutría a los lotófagos les otorgaba un paraíso. El que comieron Adán y Eva les ocasionó su pérdida.

¿Por qué el prudente Ulises rechazó oferta tan tentadora a cambio de un proyecto lleno de peligros y zozobras?

Porque el “loto” da la serenidad pero también da el olvido. Los que comen el fruto del poema homérico olvidan su patria, es decir el lugar donde están sus conflictos. Y los conflictos se enfrentan con ansiedad y con miedo, con un estado de alerta para el que contamos con estructuras previas; pero mucho más con las ansiedades y los miedos aprendidos a través de la experiencia y las huellas que deja en la memoria. Quizás por eso las estructuras cerebrales implicadas en los circuitos de la ansiedad también están relacionadas con la memoria.

En el paraíso no hay ansiedad, pero tampoco hay memoria.

La ansiedad puede tornarse patológica en algún momento de la vida. Esto sucede cuando el individuo responde de una manera exagerada o inadecuada a un estímulo, o cuando la ansiedad persiste en el tiempo aunque el estímulo se haya extinguido. La ansiedad patológica puede manifestarse de diversas formas. La ansiedad crónica en estado más o menos puro constituirá el llamado Trastorno de ansiedad generalizada (TAG). Cuando aparece bajo la forma de reacciones desmedidas de miedo a distintos estímulos la llamamos fobias, que son fobias sociales si estas circunstancias se relacionan con el sentirse observado en situaciones generales o específicas de las interacciones humanas.

La ansiedad ha sido siempre uno de los temas centrales de la psiquiatría tanto desde el punto de vista de las vertientes biologistas como de las psicologistas. Con la visión integradora y no reduccionista que tiende a prevalecer actualmente, el estudio de la ansiedad es un punto privilegiado para aproximarse a vislumbrar la interfase mente-cerebro y aún mente-cerebro-cuerpo.

Estímulos eléctricos, quirúrgicos o químicos (drogas) inducen en los seres vivos las expresiones típicas de ansiedad y miedo. Y también como otras sustancias, que llamamos ansiolíticos, las mitigan. También las experiencias de la vida son estímulos o estresores que producen una acción semejante por el efecto traumático que dejan en la memoria, instaurando las diferentes ansiedades y miedos condicionados por el fenómeno de potenciación a largo plazo. La memoria asociativa activa la reacción de ansiedad o miedo ante distintas representaciones.

Pero así como existen experiencias ansiógenas, también hay experiencias ansiolíticas, que sustituyen las asociaciones que evocan el trauma por otras asociaciones más benignas (efecto de extinción). Estas experiencias pueden ser el apoyo de figuras cercanas positivas y los vínculos enriquecedores. Estos vínculos pueden darse en el modo de la buena psicoterapia, sea ésta de inspiración cognitiva, conductual o psicoanalítica.

¿Qué diferencias habrá entre los ansiolíticos del futuro y el fruto que comían los Lotófagos?

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2 respuestas a ¿Por qué los lotófagos no sufrían ansiedad?

  1. Eduardo Diaz dijo:

    Gracias por tu artículo.

    Me gusta

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