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Archivo para la Categoría "Terapia"

Técnicas peligrosas e ilegales

25 mayo, 2009 2 comentarios

Noticia de Europa Press: Expertos en salud mental denuncian la “falta de vigilancia” de las autoridades sanitarias sobre los ‘curanderos’

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El director de los Programas Nacionales de Investigación, Desarrollo e Innovación (I+D+I) en Salud Mental y Atención Primaria (AP) de la Secretaría de Estado de la Seguridad Social, Mario Araña, denunció hoy la “falta de vigilancia” de las autoridades sanitarias sobre los centros que ofertan a la población prácticas de ‘chamanismo’ y ‘curanderismo’ para “curar traumas, enfermedades mentales y otro tipo de padecimientos”, con técnicas que asegura son “ilegales, peligrosas y sin base científica alguna”.

“En estos centros, profesionales no cualificados, ni autorizados por la normativa vigente en salud, ofrecen desde variedades de hipnosis hasta regresiones o productos milagrosos para tratar fobias, depresiones y otras enfermedades, unas prácticas que pueden provocar un agravamiento del padecimiento del paciente y suponen una gran oportunidad de negocio para quien las ejerce, principalmente en épocas como las actuales, con profundas crisis y ausencia de referentes”, advirtió Araña en declaraciones a Europa Press.

Según el experto, también director de la sociedad científica Acapi-Psicondec, “cada vez son más” los centros que ofrecen este tipo de remedios y enfoques, que son practicados tanto por individuos “sin titulación científica o académica” como por verdaderos profesionales de la Medicina o Psicología, que trabajan en hospitales u otros lugares públicos y están colegiados, cuyas practicas “no son controladas desde sus respectivos colegios, contaminando y perjudicando la mejoría real de la población que sufre”.

“La Ley General de Sanidad, el resto de la normativa sanitaria y los códigos deontológico de las organizaciones profesionales, dice, taxativamente, que no puede ejercerse ninguna profesión sanitaria que no se base en datos científicos contrastados. Sin embargo, desde las administraciones y los colegios profesionales no hay control sobre esta práctica y se autorizan, y en ocasiones, hasta se promueven con cursos organizados por los propios entes colegiales, estas practicas sin prueba científica que las avale”, denunció.

EL CASO DEL ‘CHAMÁN’ DE MURCIA

En este sentido, citó el caso de una clínica de terapias de regresión a supuestas vidas pasadas que recibió la autorización de apertura por parte de la Consejería de Sanidad de la Comunidad de Murcia y que, tras ser denunciadas sus prácticas, se le ha revocado, ahora, la autorización. “Cabe felicitar a esta administración por la aceptación de su error y la celeridad de su rectificación. Supone todo un ejemplo administrativo, para el resto de las organizaciones profesionales e institucionales que están actuando con total permisividad ante situaciones semejantes”, apuntó.

La Consejería de Sanidad de la Comunidad de Murcia autorizó, el pasado 8 de enero, la apertura de una clínica privada para tratar enfermedades psicosomáticas con una técnica de hipnosis que consistía en hacer que el paciente recordara traumas de sus supuestas vidas anteriores para comprender el origen de sus problemas actuales.

No obstante, la licencia de apertura de este centro, propiedad del médico Juan José López, del Servicio de Urgencias del Hospital público Santa María del Rosell de Cartagena (Murcia), fue revocada recientemente, tras las denuncias realizadas por Araña sobre los peligros que entraña esta práctica para la salud mental de los pacientes, reconocidos por la Organización Mundial de la Salud (OMS).

“PROPAGANDA” DE CURANDEROS EN LOS MEDIOS

Por otra parte, señaló también que muchos medios de comunicación están “efectuando una propagación desenfrenada e interesada de este tipo de actuaciones con orientación sanitaria, pero sin aval científico alguno”. “Basta comprobar la secciones de publicidad de los distintos medios o revisar la programación de las televisiones locales para comprobar la abundancia esotérica de su oferta”, indicó.

Para Araña, psicólogo clínico, jurídico y forense, el problema es que la salud mental sigue siendo “la hija pobre del sistema sanitario” y cualquiera se cree “experto en problemas psicológicos, con omisión de acción por parte de las administraciones públicas y órganos colegiales del ramo”, una situación que refleja “la dejadez y desatención de la administración respecto a las necesidades de alfabetización psicológica que tiene la población, sobre todo en momentos de profunda incertidumbre social como el actual”.

Fuente: EcoDiario

El efecto placebo

1 marzo, 2009 1 comentario

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Los expertos le llaman “efecto placebo” al fenómeno por el cual una sustancia inerte (digamos, una píldora de azúcar) parece tener propiedades curativas cuando se administra como si fuese un medicamento. Pero no tiene por qué ser una píldora, puede ser también una inyección de suero salino o una cirugía en la que no se extirpa nada.

¿Por qué algo que no tiene principio activo puede tener un efecto tan convincente? Nuevas investigaciones en torno a este intrigante fenómeno parecen minimizar cualquier simplificación y se encaminan a demostrar cómo una mejor comprensión de la neurobiología y la psicología del “efecto placebo” podría tener profundas implicaciones en la práctica médica.

Las compañías farmacéuticas llevan años tratando de entender el “efecto placebo”, el cual les dificulta demostrar por qué fármacos, cuyo desarrollo ha costado millones de dólares, a veces no son mejores que una píldora de azúcar para tratar un problema de salud.


Mecanismos de acción

Hace unas semanas, la Revista de Neurociencia publicó un estudio científico que vincula la actividad de un gen, el TPH2, con una mayor probabilidad de que se presente el efecto placebo en el tratamiento de la disfunción psicológica conocida como “fobia social”, que identifica el pánico irrefrenable que sienten algunas personas a hablar en público.

“En este caso podemos decir que el efecto placebo es claro y significativo; es decir, para las personas con ese gen, una píldora de azúcar es suficiente para tranquilizar su fobia”, asegura un experto.

“Hay que recordar que no existe sólo un efecto placebo, sino muchos”, dice Fabrizio Benedetti, de la Universidad de Turín, una autoridad mundial en esta materia.

“El placebo prototípico es la pastilla de azúcar sin ningún principio activo, que se utiliza en los ensayos clínicos para comparar la eficacia de un fármaco. Pero hay otros placebos; por ejemplo, cuando alguien va al médico y después de hablar con él se siente mejor, o cuando recibe un diagnóstico negativo y el paciente comienza a sentirse peor.

El efecto placebo parece estar especialmente relacionado con enfermedades asociadas a los circuitos cerebrales vinculados al dolor, a los problemas mentales, a los procesos inflamatorios y a las patologías del sistema inmune, como la artritis y las alergias.

“Si se trata de dolor, encontramos a muchos pacientes que responden al placebo; pero si se trata de un cáncer, el efecto placebo es práct icamente nulo”, señala Benedetti.

“Y a medio camino están condiciones como las inflamaciones del intestino, en las que el 40 por ciento de las personas a las que se les suministra un placebo declaran sentir mejoría”.

“Pensamos en el placebo como un efecto puramente psicológico, pero las nuevas investigaciones muestran que, en realidad, el placebo utiliza los mismos canales neurológicos que los fármacos a los que imita, y que realmente desata una serie de efectos bioquímicos que son no sólo demostrables, sino que se pueden medir, como es el caso de la liberación de endorfinas, neurotransmisores que calman el dolor”.

En 2004, el profesor Benedetti demostró que el placebo propicia la liberación de dopamina en enfermos con Parkinson. Los pacientes del estudio respondían igual a una solución salina que al fármaco con el que eran tratados contra la enfermedad.

“Se ha podido demostrar que tanto el fármaco como el placebo evocan actividades similares en el cerebro, implican las mismas estructuras y desencadenan la liberación de los mismos neurotransmisores.

“Esto nos indica el porqué de la mejoría que experimentan los pacientes. En este caso, la explicación de que la persona sienta menor dolor después de tomar el placebo se debe a que su cerebro está produciendo endorfinas y tiene realmente menor percepción del dolor”, dice Benedetti.

Sugestión y ensayos clínicos

La gran paradoja del efecto placebo es que aun cuando tomemos un medicamento que realmente funciona, necesitamos estar conscientes de que lo estamos tomando para que sea realmente efectivo.

En otras palabras, si no somos conscientes de que estamos tomando un fármaco, éste no tiene el mismo efecto. Es decir, el efecto del medicamento se produce en cierta medida porque esperamos que funcione, de modo que si la misma dosis se aplica a personas que por una determinada razón no tienen la misma expectativa de curación, el efecto no es igual. O sea que la creencia de que “va a funcionar”, forma parte del proceso de curación.

Una de las principales aplicaciones del placebo es su utilización controlada en ensayos clínicos. Los participantes se dividen en dos grupos, a uno de ellos se le da el fármaco cuya eficacia se pretende evaluar, y al otro, una píldora sin principio activo. Si se constata que la mejoría ha sido mayor en el grupo que recibió el principio activo, se habrá demostrado la eficacia del fármaco.

Para evitar los posibles efectos de la sugestión, la investigación se sujeta a lo que se conoce como “estudio doble ciego”. Un procedimiento al azar en el que ni los pacientes que participan en el experimento ni los investigadores que intervienen saben qué toma cada uno de los participantes en el estudio.

Sin embargo, se ha demostrado que incluso utilizando este método, en teoría seguro, algunos fármacos que no son efectivos pueden dar mejores resultados que el placebo. Y a la inversa, hay casos de medicinas de efectividad demostrada que no han superado al placebo.

“Nunca podemos estar completamente seguros del efecto de un fármaco, ya que el simple acto de administrarlo activa una compleja cascada de sucesos bioquímicos en el cerebro”, dice Benedetti.

“Sabemos a ciencia cierta que el placebo puede oscurecer los resultados de sustancias que han demostrado previamente ser efectivas. Cualquier medicamento que esté en proceso de ser validado puede interferir con los mecanismos del placebo llevándonos a una interpretación errónea’, explica Benedetti.

Por eso él y otros colegas proponen la utilización de experimentos alternativos, en los que el paciente además de desconocer si está recibiendo un placebo o un fármaco, desconoce cuándo se produce esta administración, o incluso que se elimine todo aquello que lleve al paciente a creer que está tomando una cosa cuando en realidad se le administra la contraria, para así poder estudiar mejor los efectos contradictorios del placebo.

“Una alternativa sería, por ejemplo, dar dos pastillas al paciente, una verde y otra amarilla, sin decirle cuál es cuál, y pedirle que tome la que prefiera, siempre que no sean las dos a la vez. Después podríamos estudiar, no lo que el paciente nos dice, sino su comportamiento, ver qué pastilla toma más como indicio de su efectividad. La cuestión de fondo en estos tratamientos alternativos es la ética, ya que probablemente no van a ser aceptados por los organismos reguladores”, explica Benedetti.

La ética

Así llegamos al punto espinoso de la cuestión. ¿Es ético decirle a alguien que está tomando un fármaco cuando en realidad está recibiendo un placebo? Sin duda, no lo es, y por ello a las personas que participan en experimentos clínicos se les avisa de que pueden estar tomando el fármaco o el placebo y que ni ellos ni los médicos saben qué toma cada uno.

¿Es ético que haya pacientes a quienes su médico recete sólo un placebo? Según una encuesta publicada recientemente por la Revista Médica Británica, más de la mitad de los médicos estadounidenses suministran placebos a sus pacientes.

“En cuestiones de placebo se ha demostrado que cuanto más vistoso y costoso sea el tratamiento, el valor simbólico que el paciente asigna al mismo es también mayor. Por ejemplo, se ha observado que las píldoras rojas consiguen un mejor efecto placebo que las amarillas, que un placebo es más efectivo si se inyecta, y que el efecto es aún más impresionante si el placebo consiste en ingresar al paciente a un quirófano (en este último caso el paciente se anestesia y se le practica una incisión. Nada más).

Diversos experimentos han demostrado que si a una persona se le administra un fármaco que funciona y en un determinado momento se le sustituye por un placebo, el paciente experimenta la misma respuesta.

Esto nos hace ver el inmenso potencial de la función terapéutica del placebo. Por ejemplo, usarlo en enfermedades crónicas para las que no existe tratamiento, o cambiarle a ciertos pacientes los fármacos que tienen fuertes efectos secundarios.

©El País, SL. Todos los derechos reservados

Borrar el sonrojo

20 agosto, 2008 100 comentarios

Aunque tradicionalmente se asocia a la buena salud, los coloretes, el rubor, el sonrojo, cuando viene acompañado de episodios de ansiedad, de casos de timidez extrema, puede llegar a ser un problema. El denominado popularmente rubor facial, blushing en la literatura anglosajona, no es más que una reacción orgánica que hace enrojecer determinadas partes del cuerpo, en especial las mejillas.

I. COLLÍN | OVIEDO Nada de esto tendría que ser un problema hasta que cualquier circunstancia provoca el enrojecimiento y el sujeto que padece este rubor facial agudo acaba cesando toda vida social, refugiándose en sí mismo y desarrollando, en fin, una fobia social aguda.

Las mismas consecuencias puede provocar otro fenómeno igualmente asociado a situaciones de estrés, la hiperhidrosis o sudoración exagerada de alguna parte del cuerpo. Para tratar estas enfermedades en los casos en que, efectivamente, llegan a serlo, la Clínica Universitaria de Navarra acaba de crear una unidad de hiperhidrosis y rubor facial en la que han desarrollado un tratamiento multidisciplinar de estas dos patologías y que, en un 80 por ciento de los casos, logra corregirlas.

En esta unidad contemplan y atienden el rubor facial y la hiperhidrosis desde los clásicos tratamientos dermatológicos, el psicológico conductual y, también, del psiquiátrico. No obstante, en los casos más extremos ninguno de estos tratamientos logra corregir definitivamente el rubor facial. En esas situaciones especiales es en las que este equipo de médicos recomienda la cirugía con una técnica exitosa en un ochenta por ciento de casos, según explica el doctor Carlos García Franco.

Es importante detallar que no todos los pacientes pueden someterse a este tratamiento y que, en muchos casos, un tratamiento dermatológico adecuado como puede ser una inyección de toxina botulínica en la zona soluciona problemas como el sudor excesivo en manos o axilas.

Para los casos en los que es posible, necesaria y efectiva la cirugía con el propósito de eliminar el rubor facial extremo, se trata de efectuar dos incisiones a cada lado del tórax, con el objeto de seccionar la cadena simpática que controla la sudoración y el enrojecimiento de la cara. Las incisiones que se practican en el tórax son de dos centímetros como máximo. A través de ellas se introduce una ópica para localizar la cadena simpática responsable del rubor facial y, una vez localizada, se secciona a la altura del segundo ganglio simpático.

Esta intervención quirúrgica se practica en los dos lados del tórax, pero se trata de una operación relativamente sencilla, que no debería durar más de una hora. Se requiere anestesia general y un ingreso de 24 horas. Aproximadamente una semana después de la intervención, el paciente ya puede hacer una vida completamente normal. En los pacientes con rubor facial extremo, este tipo de operación se ha mostrado eficaz en un ochenta por ciento de los casos.

En lo referido a la hiperhidrosis, el éxito roza el cien por ciento de los casos, aunque los doctores dedicados a esta unidad especial explican que, en determinados casos y tras la operación, la hipersudoración se traslada a otras partes del cuerpo menos embarazosas para el paciente y, por tanto, no responsables de traumas derivados de esta patología. En ambos casos, el del rubor y la sudoración excesiva, es necesario recordar que antes de la intervención quirúrgica se practican las otras posibilidades, tanto la terapia psicológicay psiquiátrica como la puramente dermatológica en el caso de la sudoración excesiva.

Fuente original: Borrar el sonrojo – Sociedad – La Opinión de Tenerife

Los artículos más vistos

30 diciembre, 2007 2 comentarios

En estas fechas de recapitulaciones y revisiones del pasado, antes de empezar un nuevo año, que menos que traer aquí el TOP 5 de los artículos publicados en este blog, en base al número de visitas que han recibido desde que fueron publicados hasta el día de hoy. En definitiva los más populares. Aquí los tenéis, incluyendo el enlace y un gráfico que representa el número de visitas diarias que han recibido:

1. Tratamiento del miedo a hablar en público

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2. Sesenta y tres frases de autoayuda

3. Trucos para superar la timidez

4. Autoestima

5. Objetivo: Mejorar la autoestima

Los tratamientos farmacológicos para la fobia social

1 noviembre, 2007 159 comentarios

La eficacia de los tratamientos farmacológicos para la fobia social ha recibido una gran atención en los últimos años (Botella, Baños & Perpiñá, 2003). Los objetivos de este tipo de tratamiento incluyen: a) Reducir los síntomas de activación autónoma; b) disminuir la ansiedad anticipatoria y las conductas evitativas; c) bloquear las crisis de pánico situacionales; y d) tratar las condiciones comórbidas (Cía, 2004). Los medicamentos más utilizados son los beta-bloqueantes adrenérgicos, las benzodiazepinas y algunos antidepresivos (Barlow, 2002; Book & Randall, 2002).

Los beta-bloqueantes adrenérgicos (atenolol, propanolol) utilizados también como antihipertensivos, se recomiendan principalmente para el tratamiento de las fobias sociales específicas, debido a que suprimen los síntomas periféricos de activación autónoma, como la aceleración cardíaca,la sudoración y la hiperventilación, aumentando la confianza del paciente para afrontar las situaciones fóbicas (Cíia, 2004; Echeburúa, 1996). Sin embargo, estos psicofármacos no parecen ser efectivos para disminuir la ansiedad anticipatoria (Scott & Heimberg, 2000).

Las benzodiazepinas (alprazolam, clonazepam, bromacepan), utilizados contra otros trastornos de ansiedad, tienen un efecto similar al de los beta-bloqueantes adrenérgicos, pero sus efectos no se mantienen después de que se ha interrumpido el tratamiento, por lo que se teme que puedan generar dependencia (Scott & Heimberg, 2000). Además, según los autores citados, pueden generar varios efectos secundarios, incluyendo sedación excesiva, dificultades de concentración, problemas sexuales (disminución de la líbido y anorgasmia), problemas de coordinación y problemas de memoria.

Los antidepresivos que se han utilizado para la fobia social son los inhibidores de la monoaminooxidasa (tranilcipromina, fenelzina) y los inhibidores selectivos de la recaptación de serotonina (fluoxetina, fluvoxamina, sertralina, paroxetina, citalopram) (Acheburúa, 1996; Scott & Heimberg, 2000).

El uso de los inhibidores de la monoaminooxidasa es limitado debido a que supone restricciones en la dieta de alimentos ricos en tiroxina y pueden conllevar a crisis de hipertensión (Cía, 2004). Además, pueden teber varios efectos secundarios, incluyendo aumento de peso, vértigos e interferencias en el sueño y la función sexual (Scott & Heimberg, 2000). Los datos ofrecidos por Liebowitz et al. (1992) señalan, por otra parte, que la fenelzina podría ser más efectiva para las personas con fobia social que el atenolol. En un estudio doble ciego (en donde ni el paciente ni el médico saben qué droga está recibiendo el primero), en el que asignaron al azar un grupo de 74 pacientes con fobia social (76% con fobia social generalizada), a un tratamiento de ocho semanas con dicho psicofármaco, con atenolol o con placebo, encontraron un mayor porcentaje de pacientes recuperados en el primer grupo (64%), que en el segundo (30%) y el tercero (23%). Adicionalmente, hallaron efectos superiores de dicho psicofármaco sobre el atenelol, 16 semanas después de iniciado el tratamiento.

Los inhibidores selectivos de la recaptación de serotonina, por su parte, han recibido una gran atención en los últimos años ya que sus efectos secundarios son escasos (Barlow, 2002) y han sido considerados, según Scott & Heimberg (2000), como agentes de primera línea para el tratamiento de la fobia social por su eficacia demostrada y tolerancia relativa. A pesar de diversos estudios a favor de su efectividad, estos productos también generan efectos secundarios indeseados, como aumento de peso, somnolencia e interferencias en el sueño y función sexual (Scott & Heimberg).

Se reafirma la necesidad de combinar la medicación, para contrarrestar los síntomas de la fobia social para el corto plazo, con la terapia cognoscitivo conductual para anular dichos síntomas a largo plazo (Fresco & Heimber, 2001). Sin embargo debido a los efectos secundarios propios de los psicofármacos y la posibilidad de recaídas una vez que se dejan de tomar, las psicoterapias empíricamente sustentadas podrían constituir una mejor alternativa para el tratamiento para la fobia social que éstos, lo cual no descarta el uso remedial de un psicofármaco con pocos efectos colaterales, para contrarrestar síntomas indeseables en casos muy serios.

Fuente: ESTADO DEL ARTE SOBRE EL TRATAMIENTO DE LA FOBIA SOCIAL. Autores: César A. Rey A.; Derly R. Aldana A.; Sujelid Hernández R. Universidad Católica de Colombia. Revista: Terapia Psicológica, 24: 191-200 (2006).

Categorías:Fobia Social, Terapia Etiquetas: ,
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