Hablar solo es bueno para tu cerebro

Excelente y breve artículo de Gabriela González en Hipertextual

Conceptual image showing the same man in two different positions.

Se llama discurso privado, es algo que todos hacemos y muchos temen contar por miedo a que los llamen locos, pero hablar solo es bueno para nosotros.

La mayoría de los estudios al respecto suelen centrarse en niños pequeños, ya que hablar solos forma parte de su desarrollo normal. Los niños piensan más en voz alta que los adultos -esto seguramente no hace falta que ningún estudio nos los diga-. Cuando un niño aprende a hacer cosas, usualmente las narra en voz alta, y también se habla a sí mismo cuando tiene éxito o algo le parece muy difícil. Es quizás por esto que a muchos les parece que los niños nunca se callan.

Cuando crecemos, comenzamos a internalizar ese discurso y lo convertimos en pensamientos. Sin embargo, mantener todo dentro de nuestra cabeza y no decirlo en voz alta no es la mejor manera de aprender. Cuando hablamos con nosotros mismos nuestros procesos cognitivos mejoran significativamente. Seguramente alguna vez has encontrado que hablar solo te ayuda a recordar mejor algo, a tener más ideas, a concentrarte mejor en una tarea y hasta a convencerte de que puedes lograr algo.

Mejora tu memoria

Cuando estudiamos en voz alta tendemos a recordar mucho más. Cuando repetimos las palabras en voz alta el proceso para internalizar la información parece ser más efectivo. Algunos estudios han observado el efecto separando grupos de personas que leen en silencio y otros que leen en voz alta, y las palabras que se leyeron en alto fueron mucho mejor recordadas que las demás. Este efecto no tiene simplemente que ver con el sonido al hablar, sino que al traducir el discurso en palabras habladas tu cerebro tendrá no solo la información de escucharlas sino de producirlas, lo que hace más intenso y distintivo el recuerdo de aquello que dijiste en voz alta. Es decir, no solo vas a recordar lo que leíste, sino a ti mismo diciendo las palabras en voz alta y escuchándolas.

Mejora tu concentración

Si hablas contigo mismo y además te das instrucciones en voz alta, tu capacidad de concentración mejora y te ayuda a que evites distracciones, haciendo más sencillo el proceso de toma de decisiones cuando eres capaz de visualizar tus opciones al repetir las palabras y escucharlas. Básicamente le ofreces ayuda extra a tu cerebro.

No es de locos, es de mentes sanas

Hablar solo puede ser estigmatizante, mucha gente lo asocia con estar loco y con esquizofrénicos, en el caso de estos últimos, es solo un síntoma de muchos otros, que juntos hacen el diagnostico de una patología psiquiátrica que es tratable.

Hablar contigo mismo es excelente para mantener una mente sana, puede hacer que alivie la soledad que sientes cuando pasas días sin compartir tiempo con alguien más, y hasta puede hacerte más inteligente cuando hablas contigo mismo en voz alta de forma positiva. En especial, cuando necesitas tomar decisiones importantes.

¿Cuándo es malo Hablar solo? 

Cuando hablas contigo en voz alta para criticarte, es en ese entonces que deberías detenerte. El discurso privado negativo, como cuando gritas “¡Soy un idiota!” no es nada bueno para ti. Cuando hables solo trata de conversar contigo mismo como si fueses tu propio mejor amigo, di cosas que te ayuden a pensar que todo estará mejor, y visualiza como puedes lograr tus metas mientras lo traduces en palabras que escuches.

Decirte a ti mismo que eres estúpido es voz alta tiene un efecto tan o más negativo que cuando otra persona te lo dice. El discurso privado es poderoso y se queda clavado en tu mente, por eso es importante usarlo siempre de forma positiva. Se amable contigo mismo como serías con otros.

La Fobia Social según el DSM-5

El DSM (Manual diagnóstico y estadístico de los trastornos mentales, de la American Psychiatric Association) es una clasificación médica de trastornos y, como tal, supone un esquema cognitivo determinado históricamente que se impone sobre la información clínica y científica para aumentar su comprensibilidad y utilidad.

El uso de los criterios del DSM tiene la clara virtud de crear un lenguaje común con el que los clínicos puedan transmitirse unos a otros los diagnósticos de los trastornos. Sin embargo, debe observarse que estos criterios diagnósticos y sus relaciones dentro de la clasificación, se basan en los conocimientos actuales y podrían tener que modificarse al aportar las futuras investigaciones nuevos datos, tanto dentro de cada conjunto de trastornos propuestos como entre ellos.

DSM-5

A continuación hemos extraído de la última edición del DSM (DSM-5, 2014) la parte dedicada a la Fobia Social

TRASTORNO DE ANSIEDAD SOCIAL (FOBIA SOCIAL)

Criterios Diagnósticos

A. Miedo o ansiedad intensa en una o más situaciones sociales en las que el individuo está expuesto al posible examen por parte de otras personas. Algunos ejemplos son las interacciones sociales (p. ej., mantener una conversación, reunirse con personas extrañas), ser observado (p. ej.,comiendo o bebiendo) y actuar delante de otras personas (p. ej., dar una charla).

B. El individuo tiene miedo de actuar de cierta manera o de mostrar síntomas de ansiedad que se valoren negativamente (es decir, que lo humillen o avergüencen; que se traduzca en rechazo o que ofenda a otras personas).

C. Las situaciones sociales casi siempre provocan miedo o ansiedad. Nota: En los niños, el miedo o la ansiedad se puede expresar con llanto, rabietas, quedarse paralizados, aferrarse, encogerse o el fracaso de hablar en situaciones sociales.

D. Las situaciones sociales se evitan o resisten con miedo o ansiedad intensa.

E.  El miedo o la ansiedad son desproporcionados a la amenaza real planteada por la situación social y al contexto sociocultural.

F. El miedo, la ansiedad o la evitación es persistente, y dura típicamente seis o más meses.

G. El miedo, la ansiedad o la evitación causa malestar clínicamente significativo o deterioro en lo social, laboral u otras áreas importantes del funcionamiento.

H. El miedo, la ansiedad o la evitación no se puede atribuir a los efectos fisiológicos de una sustancia (p. ej., una droga, un medicamento) ni a otra afección médica.

I. El miedo, la ansiedad o la evitación no se explica mejor por los síntomas de otro trastorno mental, como el trastorno de pánico, el trastorno dismórfico corporal o un trastorno del espectro del autismo.

J. Si existe otra afección médica (p. ej., enfermedad de Parkinson, obesidad, desfiguración debida a quemaduras o lesiones) el miedo, la ansiedad o la evitación está claramente no relacionada o es excesiva.

Características diagnósticas

La característica esencial del trastorno de ansiedad social es un marcado o intenso miedo o ansiedad a las situaciones sociales en las que el individuo puede ser analizado por los demás. En los niños, el miedo o la ansiedad se debe producir en las reuniones con los individuos de su misma edad y no sólo durante las interacciones con los adultos (Criterio A).

Cuando se expone a este tipo de situaciones sociales, el individuo teme ser evaluado negativamente. El sujeto teme ser juzgado como ansioso, débil, loco, estúpido, aburrido, intimidante, sucio o desagradable. Ej individuo con fobia social teme actuar o mostrarse de una determinada manera, o manifestar síntomas de ansiedad que serán evaluados negativamente por los demás, como rubor,-temblores, sudoración, trabarse con las palabras, o no poder mantener la mirada (Criterio B).

Algunas personas tienen miedo a ofender a los demás y, en consecuencia, a ser rechazados. El miedo a ofender a los demás -por ejemplo, por una mirada o al mostrar síntomas de ansiedad- puede ser el miedo predominante en los individuos de culturas de fuerte orientación colectivista. Una persona con miedo al temblor de manos puede evitar beber, comer, escribir o señalar en público; una persona con miedo a la sudoración puede evitar dar la mano o comer alimentos picantes; y una persona con miedo a sonrojarse puede evitar actuar en público, las luces brillantes o la discusión de temas íntimos. Algunas personas temen y evitan orinar en los baños públicos cuando están presentes otras personas (esto es, paruresis o “síndrome de la vejiga tímida”).

Las situaciones sociales casi siempre provocan miedo o ansiedad (Criterio C). Por lo tanto, un individuo que se pone ansioso sólo de vez en cuando en situaciones sociales no será diagnosticado de trastorno de ansiedad social. Sin embargo, el grado y el tipo del miedo y de ansiedad pueden variar en las diferentes ocasiones (p. ej., ansiedad anticipatoria, crisis de pánico). La ansiedad anticipatoria a veces puede ocurrir mucho antes al prever situaciones futuras (p. ej., preocupación diaria a lo largo de las semanas anteriores a asistir a un evento social, repitiendo el discurso durante los días de antelación).

En los niños, el miedo o la ansiedad puede expresarse a través de conductas de llanto, rabietas, inmovilidad, aferramiento, encogimiento o incapacidad de hablar en situaciones sociales. Por otra parte, si la situación social se soporta, es a costa de una intensa ansiedad y malestar (Criterio D).

La evitación puede ser generalizada (p. ej., rechazo a ir a fiestas, a la escuela) o sutil (p. ej., preparar demasiadas veces el texto de un discurso, desviar la atención a los demás para limitar el contacto visual.

El miedo o la ansiedad son desproporcionados al riesgo real que plantea la situación de ser evaluado negativamente y para las consecuencias de dicha evaluación negativa (Criterio E). A veces no se puede juzgar la ansiedad como excesiva, ya que está relacionada con un peligro real (p. ej., sí es intimidado o atormentado por terceros). Sin embargo, las personas con trastorno de ansiedad social tienden a menudo a sobrestimar las consecuencias negativas de las situaciones sociales y, por lo tanto es el clínico el que debería decidir si la actitud es desproporcionada o no. Al realizar este juicio debería tener en cuenta el contexto sociocultural del individuo. Por ejemplo, en ciertas culturas podría considerar socialmente apropiado un comportamiento que los demás podrían identificar como de ansiedad social (p. ej., se podría ver como una señal de respeto).

La duración de la perturbación es típicamente de al menos 6 meses (Criterio F). Este límite de duración ayuda a distinguir la enfermedad de los miedos sociales transitorios que son comunes en la sociedad; especialmente entre los niños. Sin embargo, el criterio de duración se debería utilizar como una guía general, permitiendo un cierto grado de flexibilidad.

El miedo, la ansiedad y la evitación deben interferir significativamente con la rutina normal de la persona, la ocupación o el funcionamiento académico o las actividades, las relaciones sociales, o debe causar un malestar clínicamente significativo o deterioro en las áreas sociales, ocupacionales o importantes por otros motivos para el sujeto (Criterio G). Por ejemplo, la persona que teme hablar en público no será diagnosticada de fobia social si su trabajo o su actividad no le exigen la pronunciación habitual de discursos y no se siente especialmente preocupada por ese tema. Los temores a que ciertas situaciones sociales resulten embarazosas son frecuentes, pero el grado di malestar o el deterioro general que suelen provocar no suelen ser lo suficientemente intensos como para permitir diagnosticar con seguridad una fobia social. Sin embargo, si el individuo evita o elude el trabajé o la educación que realmente desea debido a los síntomas de ansiedad social, se cumple el Criterio G.

Características asociadas que apoyan el diagnóstico

Los individuos con trastorno de ansiedad social pueden ser inadecuadamente asertivos o excesivamente sumisos, o, con menor frecuencia, ejercer un gran control sobre las conversaciones. Pueden mostrar posturas corporales excesivamente rígidas o un contacto ocular inadecuado, o hablar con una voz demasiado suave. Estos individuos pueden ser tímidos o retraídos y pueden ser poco abiertos en las conversaciones o hablar poco acerca de sí mismos. Pueden buscar empleo en puestos de trabajo que no requieran entablar contactos sociales. Estas personas pueden vivir en la casa familiar durante más tiempo. Los varones pueden demorarse a la hora de casarse y crear una familia, mientras que las mujeres con deseos de trabajar fuera de casa pueden acabar viviendo como amas de casa y madres. Es común la automedicación con sustancias (p. ej., beber antes de asistir a una fiesta). La ansiedad social entre los adultos mayores también puede incluir la exacerbación de los síntomas de enfermedades médicas, tales como aumento del temblor o taquicardia. El rubor es una respuesta física característica del trastorno de ansiedad social.

Prevalencia

En Estados Unidos, la prevalencia estimada anual del trastorno de ansiedad social es de aproximadamente el 7 %. En gran parte del mundo se observan cifras menores de prevalencia estimada anual utilizando el mismo instrumento diagnóstico, agrupándose en torno al 0,5 -2,0 %; la prevalencia media en Europa es del 2,3 %. Las tasas de prevalencia anual en los niños y los adolescentes son comparables a las de los adultos. La tasa de prevalencia disminuye con la edad. La prevalencia anual para los adultos mayores varía del 2 al 5 %.

Desarrollo y curso

La edad de inicio del trastorno de ansiedad social en Estados Unidos es de 13 años, y el 75 % de los individuos tiene una edad de inicio entre los 8 y 15 años. En estudios de Estados Unidos y Europa se observa que el trastorno a veces emerge a partir de una historia de inhibición social o de timidez en la infancia. El inicio de la fobia social puede seguir bruscamente a una experiencia estresante o humillante (p. ej., ser intimidado, vómitos durante un discurso público), o puede surgir de forma lenta e insidiosa. Una primera aparición en la edad adulta es relativamente rara y es más probable que ocurra después de un evento estresante o humillante, o después de cambios vitales que requieren nuevos roles sociales (p. ej., casarse con alguien de una clase social diferente, obtener un ascenso de trabajo). La fobia social puede disminuir cuando el individuo, que siente temor por las citas con las chicas, logra casarse, y puede volver a aparecer con toda su intensidad tras el divorcio. Entre las personas que acuden a consulta, el trastorno tiende a ser particularmente persistente. Los adolescentes manifiestan un patrón más amplio de miedo y evitación, incluidas las citas amorosas, en comparación con los niños más pequeños. Los adultos mayores expresan niveles de ansiedad social más bajos pero en una amplia gama.de situaciones, mientras que los adultos más jóvenes expresan mayores niveles de ansiedad social en situaciones específicas.

Aproximadamente el 30 % de las personas con trastorno de ansiedad social experimenta remisión de los síntomas en 1 año, y en tomo al 50 % experimenta remisión en unos pocos años. Para aproximadamente el 60 % de las personas que no recibe un tratamiento específico para la fobia social, el curso va a ser de varios años o más.

Factores de riesgo y pronóstico

Temperamentales. Los rasgos subyacentes que predisponen a las personas al trastorno de ansiedad social son la inhibición del comportamiento y el miedo a la evaluación negativa.

Ambientales. No se evidencia un papel causal del maltrato infantil u otro factor de adversidad psicosocial de aparición temprana en el desarrollo del trastorno de ansiedad social. Sin embargo, él maltrato infantil y la adversidad son factores de riesgo para el trastorno de ansiedad social.

Genéticos y fisiológicos. Los rasgos que predisponen a la ansiedad social, tales como la inhibición conductual, están altamente influenciados genéticamente. La influencia genética está sujeta a la interacción gen-ambiente; así, los niños con alta inhibición conductual son más susceptibles a las influencias ambientales, como el modelado de la ansiedad social por los padres. Además, el trastorno de ansiedad social es hereditario. Los familiares de primer grado tienen de dos a seis veces más posibilidades de tener trastorno de ansiedad social, y esta predisposición supone una interacción entre trastornos genéticos específicos (p. ej., el miedo a una evaluación negativa) e inespecíficos (p. ej., el neuroticismo).

Consecuencias funcionales de la fobia social

El trastorno de ansiedad social se asocia con tasas elevadas de abandono escolar y con alteraciones del bienestar, el empleo, la productividad laboral, el nivel socioeconómico y la calidad de vida.

El trastorno de ansiedad social también se asocia con estar solo, soltero o divorciado y con no tener  hijos, sobre todo entre los varones.

El trastorno de ansiedad social también impide actividades de ocio.

A pesar de la magnitud de la angustia y del deterioro social asociado, en las sociedades occidentales la mitad de los individuos con este trastorno no busca tratamiento y tiende a hacerlo sólo después dé 15-20 años de experimentar síntomas.

Fobia social frente a conducta asocial o antisocial

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Resumen del artículo de JAVIER CORCHADO

“Tío, qué antisocial eres“ es algo que nos ha podido decir cualquiera en múltiples ocasiones. Son muchos los conceptos de la psicología científica que se han diseminado en el lenguaje popular. Casi siempre se usan de forma errónea para etiquetar lo que sentimos o pensamos. Términos como Bipolar, Doble Personalidad, Borderline, Autista, Depresión, Ansiedad, Nervios, Neurótico o Antisocial se aplican al hablar de nosotros mismos y de los demás, sin saber en realidad qué significan e implican.

Esta vez nos centraremos en una esas manidas etiquetas que usa, en especial la juventud: normalmente se le dice a alguien que es Antisocial o las personas se definen como antisociales, cuando quieren decir que prefieren estar solos o que en un momento determinado no quieren estar con otras personas (“¿Pablo no viene con nosotros?” “No, déjalo, es que es un poco antisocial”).

El uso habitual de la palabra no es el correcto, pero antes de explicar por qué, desgranemos qué es lo que se puede estar queriendo decir con ello en realidad, y relacionando éstas definiciones con trastornos conocidos de la psicología clínica y la psiquiatría.

  1. Es posible que se use de forma errónea antisocial para definir a una persona que siente miedo y ansiedad cuando está con otras personas, y que, por lo tanto, rechaza las situaciones sociales en las que se sienta de esta forma. Esto sería, en realidad, un caso de “Fobia social”.
  2. Quizá el uso más común de Antisocial es el que se da cuando hablamos de alguien que no muestra ningún tipo de interés en las relaciones personales o de pareja, que rehúye del contacto con otros y que prefiere vivir una existencia en solitario. Este caso se asemejaría a lo que se conoce como “Trastorno esquizoide de la personalidad”.
  3. Este es el uso correcto del término antisocial. Se debe aplicar a una persona que desprecia y viola los derechos de los demás sin sentir arrepentimiento por ello. Estaríamos hablando de lo que sería el “Trastorno antisocial de la personalidad”.

No podemos olvidar que, de forma paralela a lo “normal” y lo “patológico”, las personas tienen unos rasgos de personalidad en los que se agrupan las formas habituales en las que se comportan. Y una de las parejas de rasgos más importante a la hora de definirnos es la Extraversión en contraposición a la Introversión.

Los extravertidos son personas sociables, vitales, activos, buscan nuevas sensaciones, entusiastas, atrevidos, aceptan mejor (y buscan) los niveles de estimulación altos (ruido alta, hacer cada día algo nuevo y estimulante, etc.), se aburren con facilidad…

Los introvertidos por el contrario son personas menos sociables (prefieren pocas amistades pero intensas), más reflexivos y conservadores a la hora de elegir en qué actividades implicarse, prefieren los niveles de estimulación más bajos (cuando tienen muchos estímulos a los que atender su rendimiento disminuye y se fatigan), se aburren con menos facilidad (pues toleran mejor las tareas rutinarias), etc.

Con esto queremos decir que, probablemente, si no tienes ningún problema psicológico relacionado con las relaciones sociales, tienes un entorno que te aprecia y te sientes apreciado por éste; cuando decides quedarte en casa un sábado casa en vez de irte de fiesta con tus amigos es, simple y llanamente, porque te apetece. Vivamos más y etiquetémonos menos.

Artículo original: Psicotraductor

Atención psicológica en la Sanidad Pública

4e90b8_9-5-15En España existen 4 psicólogos por cada 100.000 habitantes, sin embargo la media europea se sitúa en 18, según datos de la Asociación Española de Neuropsiquiatría y el Proyecto Atlas de la Organización Mundial de la Salud (OMS).

De este modo, los expertos ponen sobre la mesa el problema que supone para la gente sin recursos acceder a uno de estos especialistas. De hecho, desde determinadas organizaciones profesionales exigen la inclusión de la asistencia psicológica en Atención Primaria.

Recientemente se ha puesto en marcha una campaña digital de recogida de firmas en la que se pide al Ministerio de Sanidad, Servicios Sociales e Igualdad, así como a los grupos políticos con representación en el Congreso de los Diputados que “garanticen los recursos necesarios para que todos los ciudadanos puedan disfrutar de una salud mental digna”.

En este sentido, se explica que la apuesta por la psicología en la sanidad pública “supondría una forma de ahorro a corto y medio plazo, a la vez que la atención de las enfermedades psicosomáticas en una fase temprana conlleva la prevención de enfermedades y atención sanitaria futura”. Además, añade la petición, “mejora el bienestar general de la población”.

Hasta el momento, se han conseguido casi 200.000 firmas de apoyo a través de esta iniciativa que incide en que “no es necesario esperar a sucesos catastróficos para considerar la necesidad de asistencia psicológica inmediata”. También subraya la necesidad de valorar los acontecimientos vitales estresantes de la población y la atención de estos cuando así se demandan.

Recientemente, el Colegio de Psicólogos de la Madrid mantuvo un encuentro con los principales representantes de los partidos políticos que se presentaron a las últimas elecciones municipales y, entre otros asuntos, se valoró la necesidad de la atención psicológica en la sanidad pública.

La mala psicología

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Traigo a debate el siguiente texto extraído de la sección de Ciencia, dedicado a las pseudociencias, del famoso portal Hipertextual, con el estoy plenamente de acuerdo. No obstante, esto no significa que algunas de las terapias psicológicas que se citan puedan resultar eficaces en determinadas ocasiones y personas. Me gustaría conocer vuestra opinión.

Una de las áreas en las que más peligro existe de precipitarnos en la pseudociencia sin que nos percatemos de ello es la psicología, debido sobre todo a la necesidad que tenemos de autoconocimiento. A continuación tenéis los ejemplos más representativos.

  • Psicoanálisis: Sigmund Freud, padre de la disciplina en el convulso siglo XIX, no elaboró sus teorías usando una metodología científica, sino su intuición. Por ello, es imposible comprobar la certeza de las hipótesis psicoanalíticas ni contrastar la eficacia de los tratamientos experimentalmente: Karl Popper dijo que son infalsables. Y por su parte, Carl Jung, el conocido discípulo de Freud, usaba la astrología para determinar la personalidad. Además, se ha descubierto que la tasa de remisión espontánea de un problema mental coincide con la de la supuesta eficacia de las terapias psicoanalíticas; y lo que ahora sabemos es que, por ejemplo, la influencia de la personalidad de una madre no tiene relación alguna con la homosexualidad de sus hijos, como defiende el psicoanálisis, que, pese a que disfrutó de mucha predicación durante décadas e incluso hoy en Argentina y en Francia aún goza de ella, los estudios actuales de psicología lo han relegado sencillamente a la historia por su innegable importancia cultural.
  • Grafología y grafopsicología: la primera propone que es posible conocer la personalidad de alguien analizando los rasgos de su escritura; la segunda, que la reeducación gráfica puede servir como terapia y cambiar la conducta de cualquiera. Pero, no solo estas afirmaciones no han sido demostradas, sino que incluso los estudios más recientes han expuesto su falibilidad a pesar de que, como la astrología, se asientan sobre el efecto Forer o Barnum: uno se siente identificado por descripciones generales o vagas aplicables a mucha gente. Eso sí, no confundáis la grafología, demasiado presente en los departamentos de recursos humanos, con la labor de los peritos calígrafos, que únicamente se dedican a precisar si alguien es el autor de un escrito.
  • Parapsicología: el amplio campo en el que se integra todo lo atribuible a la percepción extrasensorial y la manipulación física realizada con la mente de vivos o muertos, centrado en el estudio de fenómenos inexplicables y en cuyas conclusiones, habiendo sido bien examinadas, se ha encontrado falta de rigor experimental y sesgos de fe. La telepatía, la psicoquinesis, los viajes astrales, el espiritismo y otros fenómenos sin verificación forman parte de la parapsicología.
  • Dianética: se trata de una terapia para la curación de enfermedades mentales inventada por Ronald Hubbard, el fundador de la secta de la Cienciología, y que consiste en el relato reiterado e hipnótico de las supuestas percepciones de cuando uno ha estado inconsciente o ha sufrido dolor físico, llegando a un momento en que se terminan de descargar estos considerados registros de la memoria y se da por acabado el tratamiento. Sus fundamentos, además de las propias ideas de Hubbard, son la reencarnación y la telepatía, y no están acreditados.
  • Psicología transpersonal: es el misticismo oriental como terapia psicológica; toma aspectos espirituales del budismo, del hinduismo, del legado psicoanalítico de Jung e incluso de la parapsicología, y consigue una mezcla de religión, ocultismo y filosofía que es muy difícil de aceptar científicamente. “El despertar de la conciencia” es su mantra.
  • Autoayuda y coaching: la sistematización del pensamiento positivo y de la fuerza de voluntad como infalibilidad y garantía de éxito y, por lo tanto, de la responsabilidad propia y completa de todos los males que a uno le sobrevienen, sin considerar la organización y el contexto en que nos desenvolvemos con sus desigualdades, la influencia de los otros y los sucesos inesperados, que mezcla la concepción protestante del fracaso con cierta benevolencia e ideas New Age. Los libros de autoayuda (de Coelho, Chopra, Riso, Dyer, Canfield, Byrne, etcétera) y los entrenadores y animadores (coaches) establecidos en el mundo empresarial predican estas ideas y proponen métodos y terapias apoyados en ellas. Su simplicidad y sus contradicciones con la psicología compleja y acreditada inhabilitan la autoayuda así formulada y el coaching como una forma científica y verdaderamente útil de usar la mente en nuestro provecho. No obstante, se están empezando a desarrollar modelos de coaching psicológico que, si logran desprenderse del pensamiento positivo tal como lo emplean los que sus iniciadores llaman “pseudocoaches”, quizá consigan pasar los estándares científicos. Se trata algo todavía incipiente, en cualquier caso; y sólo la ciencia humilde nos dirá a dónde puede llegar.

Fuente original: La mala psicología 

Armas contra el lado oscuro del miedo

El estrés y la ansiedad se han convertido en el pan de cada día de este siglo XXI en pañales. La mayoría conocemos muchos casos de ansiedad por no encontrar trabajo, el miedo a perderlo o a lo que está por llegar, fobias a animales, a hablar en público… y una casi infinita lista de etcéteras. Aún así, el término clínico “fobia” es uno de los que peor se usan desde que se popularizó hace ya varias décadas. Hoy en día se han acuñado fobias para casi cualquier objeto o idea, llegando a veces a extremos esperpénticos. Es muy, pero que muy frecuente oír a alguien decir que tiene fobia a tal o cual cosa, como si de un miedo más o menos común se tratase, y sin embargo, una fobia es algo mucho más intenso.

Cuando alguien posee fobia a algo, digamos a las arañas (aracnofobia), el hecho de encontrarse una o sospechar de su presencia desencadena una respuesta simpática importante. El tronco encefálico (formado por una enorme cantidad de núcleos) y el sistema noradrenérgico decretan el estado de alarma: se empieza a sudar, el corazón se acelera, las pupilas se dilatan, náuseas, la boca se seca… Si este estado se prolonga, incluso puede llegarse a perder la consciencia o sufrir un verdadero ataque de pánico que conduzca a un fallo cardíaco.

Este sería un caso extremo, claro; ni las fobias suelen ir más allá de un miedo muy intenso que lleva a huir, ni las arañas van por ahí causando infartos en masa, por suerte para nuestro sistema sanitario. El miedo no es algo negativo, sino que puede salvarnos la vida, pero también puede amargárnosla durante muchos años. Entonces si la respuesta no es deshacernos del miedo ¿cuál es?

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Reconfigurar nuestros temores

Cuando un miedo intenso o una fobia dificultan nuestra vida diaria parece claro que hay que intentar superarlo, puede que incluso pidiendo ayuda profesional. Lamentablemente, los potenciales clientes que sepan algo de estos casos sabrán que para superar sus miedos sólo tienen un camino: enfrentarse a ellos.

Por ello, es enormemente importante que la primera sesión de un psicólogo se destine a informar al cliente de los beneficios para su vida diaria que conllevará liberarse de ese hándicap, y el bajo número de sesiones que se suelen necesitar. Aunque pueda parecer pecar de optimista para el que carga con un miedo intenso, eliminarlos o encauzarlos en límites normales suele llevar mucho menos tiempo que la gran mayoría de intervenciones psicológicas.

Lógicamente, esto varía mucho en función del tipo de terapia que sigamos, si se apoya o no en medicación (aunque eso es más controvertido) y sobre todo, del nivel de compromiso del paciente con el tratamiento que ha iniciado. En Psicología hay tantas formas de abordar un problema como perspectivas teóricas, pero por tradición y por sus buenos resultados la que lleva años en el trono del tratamiento de fobias y ansiedad es el Tratamiento Conductual.

Exposición

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Para los conductistas, y muchos otros especialistas, el factor que mantiene ese miedo, y al cual hay que atacar para dejarlo en el pasado, no es otro que la conducta de evitación.

Cuando una persona huye de su miedo no se libra de él, como intuitivamente puede parecerle, sino que lo cronifica. Así, este adulto que cada vez que ve una barba o animal blanco empieza a sentirse muy mal y se va de la habitación entiende que está haciendo lo correcto para huir de esa molesta sensación de peligro. Pero acaba consiguiendo lo contrario: no poder evitarlo, da igual cuánto se aleje. ¿Cómo se ataja esta aparente contradicción? Su terapeuta seguramente entonará el siguiente mantra: exposición, exposición y más exposición.

Entrenamiento en relajación

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Un entrenamiento en relajación puede ayudar a atajar los signos que indican al paciente que la situación puede irse de las manos y ofrecer mayores garantías al especialista, que debe estar atento a cualquier signo de pérdida de control de la sesión (una experiencia negativa hasta con el psicólogo presente puede limitar seriamente las posibilidades terapéuticas). Con el fin de consolidar cada logro, el profesional puede optar por exponer gradualmente a la persona a la situación ansiógena, consiguiendo incluso que sea el propio cliente quien lleve la iniciativa para afrontar su miedo y síntomas ansiosos.

La fobia social

businessman standing on podium

“Imagínatelos a todos desnudos”. A a la mayoría le sonará el (y casi freudiano) consejo para que las personas que se ponen nerviosas o ansiosas hablando en público consigan relajarse y desenvolverse con mayor tranquilidad. Por desgracia, en casos de mayor gravedad, la fobia social llega a resultar muy incapacitante, dejando de limitarse a las temidas (por casi todos) charlas y exposiciones ante multitudes y englobando también a relaciones más íntimas.

Este tipo de trastorno ansioso es muy frecuente en niños y adolescentes, por lo que el uso de un coterapeuta familiar (que se encargue de ayudarle a realizar sus tareas y favorecer su adherencia al tratamiento) puede resultar muy positivo. El alto índice de abandono por parte de los aquejados por fobia social parece apoyar la utilidad de incorporar esto último. Otras recomendaciones en estos casos serían las sesiones grupales y añadir un entrenamiento en habilidades sociales, mediante el cual el cliente no sólo pierda el miedo a estar en público, sino que cuente con herramientas para no frustrarse en su relación con los demás.

¿Y que hay de la medicación?

Aunque en muchas ocasiones los médicos y psiquiatras recomienden el uso de medicación para ayudar contra fobias específicas y social lo cierto es que, de realizarse correctamente los tratamientos conductuales, éstos tardan tan poco tiempo en hacer efecto que resulta un engorro introducir prescripciones, instaurar el hábito de tomar las pastillas y planear de qué forma y a qué ritmo dejarlas. Además, numerosos estudios han puesto en duda la utilidad de tratar químicamente las fobias y trastornos de ansiedad más “simples”, poniendo el foco clínico en el tratamiento psicológico.

Sin embargo, esto no quiere decir que en cuestiones más complejas como un Trastorno Obsesivo Compulsivo, un Trastorno de Estrés Postraumático o un Trastorno de Ansiedad Generalizada, por poner algunos ejemplos, no se requiera un apoyo farmacológico a la terapia tradicional. De hecho, en estos casos lo ideal es un enfoque clínico más multidisciplinar, en el que el protagonista deja de ser un tratamiento puramente conductual para convertirse en uno Cognitivo-Conductual, más complejo, extenso y apoyado por otros profesionales además del psicólogo.

Extracto de un artículo publicado en  Psico Memorias por: Alfonso Muñoz, Psicólogo formado en Italia en Psicología Clínica y Jurídica. Anteriormente estudiante interno de Evaluación Psicológica, participó en una tesina sobre psicopatología en militares y una investigación en el Laboratorio de Conducta Animal, Aprendizaje, Cognición y Neurociencia de la Universidad de Sevilla sobre métodos alternativos de aprendizaje animal y su aplicación clínica.