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A tu salud
Excelente entrevista al Dr. de la Espriella sobre la Fobia Social, particularmente aclaratorios son los comentarios relacionados con la detección en etapa infantil, el diagnóstico y la psicoterapia.
El video corresponde al programa A su S@lud , de una tv local colombiana
Las tres dimensiones
Ahora que todos los medios audiovisuales se apuntan a la imagen en 3D, nosotros no podíamos ser menos. Presentamos aqui las tres dimensiones del trastorno de fobia social (adaptación del texto Fobia Social de Dr. Arturo Bados López, 2005):
DIMENSIÓN SOMÁTICA
Las reacciones corporales más comunes en la fobia social son: taquicardia/palpitaciones, temblor (voz, manos), sudoración, sonrojamiento, tensión muscular, malestar gastrointestinal (p.ej., sensación de vacío en el estómago, diarrea), boca seca, escalofríos, sensación de opresión en la cabeza o cefalea, dificultad para tragar, náuseas y urgencia urinaria. Otras respuestas mucho menos frecuentes son falta de respiración, dificultades para respirar y dolor en el pecho. La boca seca, las contracciones nerviosas y, especialmente, el rubor son reacciones mucho más frecuentes en la fobia social que en otras fobias. Los fóbicos sociales asignan a los síntomas somáticos una mayor frecuencia e intensidad que la que observan otras personas en ellos.
DIMENSIÓN COGNITIVA
Aparecen dificultades para pensar tales como imposibilidad de recordar cosas importantes, confusión, dificultad para concentrarse y dificultad para encontrar las palabras. Por otra parte, existe una tendencia a centrar la atención en sí mismo, concretamente en los síntomas somáticos y autónomos de ansiedad (especialmente los visibles), en las cogniciones y emociones negativas y en los propios errores. Además, pueden distinguirse varios temores básicos, ligados muchas veces a normas excesivamente elevadas de comportamiento:
- Temor a ser observado.
- Temor a sentir mucha ansiedad y pasarlo fatal. Temor a tener un ataque de pánico.
- Temor a no saber comportarse de un modo adecuado o competente (p.ej., miedo a decir cosas sin sentido o embarazosas, miedo a cometer errores sociales).
- Temor a manifestar síntomas de ansiedad (rubor, sudoración, temblor de manos, voz temblorosa, bloqueo, vómito, ataque de pánico) que puedan ser vistos por los demás y/o interferir con la actuación.
- Temor a la crítica y a la evaluación negativa. La persona teme ser vista como ansiosa, incompetente, rara, inferior, poco interesante, aburrida, poco atractiva o estúpida.
- Temor al rechazo, a ser dejado de lado por los demás como consecuencia de su evaluación negativa.
- Temor a que la evaluación negativa de los otros indique que uno deba tener una visión negativa de sí mismo.
Se ha dicho que el temor a no poder alcanzar las elevadas metas autoimpuestas (miedo a la autoevaluación negativa) puede ser tan importante como el miedo a la evaluación negativa por parte de los demás. De todos modos, si bien esto es cierto en algunos casos, conviene tener en cuenta que, en general, tanto la fobia social como la tmidez parecen estar más asociadas con el perfeccionismo socialmente prescrito (normas basadas en la expectativas que se cree tienen los demás y que no tienen por qué coincidir con las propias) que con el perfeccionismo personal (fijación de normas personales excesivamente elevadas y tendencia a autocriticarse cuando no se alcanzan).
Los pensamientos negativos o distorsionados reflejan también una serie de errores cognitivos típicos de los fóbicos sociales (Bados, 2001a):
- Valoración no realista de lo que se espera de uno, lo que puede favorecer las metas perfeccionistas.
- Sobrestimación del grado en que los otros le observan a uno y se dan cuenta de los síntomas externos de ansiedad.
- Subestimación de las propias capacidades y sobrestimación de la probabilidad de cometer errores importantes y fracasar.
- Expectativas no realistas sobre las respuestas de los otros a las manifestaciones de ansiedad.
- Sobrestimación de la probabilidad e intensidad de la crítica y rechazo.
- Creencia de que uno está actuando mal porque se siente mal y, en general, que los demás le perciben a uno tal como uno se percibe y se siente.
- Atención selectiva a los mensajes o reacciones negativos de los demás hacia uno y falta de atención a las reacciones positivas.
- Interpretaciones sesgadas y negativas de comportamientos de los demás, especialmente bajo condiciones de ambigüedad; así, percibir crítica y desaprobación donde no las hay o exagerar su grado de intensidad u ocurrencia.
- Evaluación excesivamente negativa de la propia actuación social (pero no de la de los otros), exageración de los errores y de la ansiedad y minimización de los logros propios.
- Sobrevaloración de la importancia de la crítica o evaluación negativa por parte de los demás (p.ej., creer que implica rechazo o que es debida a características negativas de uno mismo).
- Exageración de la importancia de los errores cometidos. Un error puede llegar a representar un daño a la persona como un todo.
- Atribución del fracaso a defectos personales y fallos propios sin considerar otros factores (p.ej., de la situación o de los otros). Atribución de los éxitos a factores externos.
- Asumir que las supuestas opiniones negativas de los otros sobre uno mismo son ciertas e indican las características personales que uno posee, lo que lleva a una valoración negativa de sí mismo. Un fóbico social puede creer que si los demás piensan que es raro, debe de serlo.
- Mayor recuerdo de la información negativa relacionada con sí mismo y con las reacciones de otros y menor recuerdo de la información externa neutral y positiva provenientes ambas de las experiencias sociales previas. Esto parece ser debido a la atención centrada en sí mismo durante la interacción y a la revisión detallada y sesgada que hace el fóbico de esta interacción cuando ha acabado.
DIMENSIÓN CONDUCTUAL
La evitación de las situaciones temidas es frecuente. Sin embargo, muchas veces no se evita estar en las situaciones sociales, sino participar en las mismas, ser el centro de atención o de crítica o manifestar síntomas temidos.
Ejemplos de conductas defensivas dirigidas a reducir la ansiedad y prevenir las supuestas consecuencias temidas son (Bados, 2001a):
Consumir o haber consumido alcohol o tranquilizantes; no hacer preguntas en una reunión; intentar pasar lo más desapercibido posible; no hablar, hablar poco o contestar bre-vemente; no hablar de sí mismo; evitar el contacto visual; hablar sin pausas o hacer mu-chas preguntas para evitar los silencios; pensar mucho lo que se va a decir o incluso ensayar mentalmente con gran detalle lo que se dirá; controlar continuamente lo que se ha dicho; concentrarse en la propia voz; distraerse o pensar que no se está en la situación; escapar de la situación (directamente o con pretextos o excusas) pedir disculpas para no tener que escuchar las críticas de los otros.
Si no se puede evitar una situación o escapar de ella, aparecen reacciones como silencios largos, tartamudeo, incoherencias, volumen bajo (incluso susurro), voz monótona, muecas faciales, gestos de inquietud, retorcimiento de manos, postura rígida o cerrada, encogimiento postural, expresión facial pobre, sonrisa o risa inapropiada y contenido poco interesante.
El día de la fobia social
Aportación de los psicólogos del Centro Psicológico Rayuela con sede en La Orotava, Santa Cruz de Tenerife (Tenerife, Islas Canarias) que participan en TV, radio y en conferencias y talleres organizados por el propio centro y otras instituciones académicas.
Extraído de la sección de psicología del programa “Las mañanas del día” en El Día TV.
Historia del trastorno de Fobia Social

No se tienen noticias de la aparición de la Fobia Social en el ser humano, sin embargo es posible que muchos de nuestros antepasados la hayan sufrido aún sin saberlo, desde el mismisimo Adán hasta nuestros días.
Aunque la Fobia Social o Trastorno de Ansiedad Social fue incluida dentro de la nomenclatura diagnóstica a finales del siglo pasado, se conoce la existencia de textos antiguos en los que se recogen algunos casos de personas que parecen presentar este trastorno:
- Robert Burton (1845), en su obra “La Anatomía de la Melancolía”, recoge la descripción de un paciente de Hipócrates de cuyo trastorno se indica que “es más que una timidez, suspicacia o temerosidad. No se atreve a estar con otras personas por el miedo a que va a vocalizar mal o excederse en sus gestos mientras habla, y teme que va a ser deshonrado ante los demás. Piensa que cada persona le observa”.
- Se dice que Demóstenes, el gran orador griego, caminaba por la playa con pequeñas piedras en su boca para perfeccionar su dicción y así evitar equivocarse cuando tenía que hablar en público (c.f., Greist, 1995).
- Una de las pocas revisiones históricas publicadas sobre Fobia Social, la realizada por Pélissolo y Lépine (1995), recuerda como autores como Casper en 1846 (c.f. Pélissolo y Lépine, 1995) o Pitres y Regis (1897) habían descrito casos de angustia social en pacientes con “ereutofobia”.
- La evitación excesiva del contacto ocular, alteración que puede aparecer en sujetos con Fobia Social, fue descrita por Beard en 1879, citado por Marks (1987), como una forma de temor mórbido que se acompaña de la desviación de los ojos e inclinación de la cabeza hacia abajo. Beard añadía que cuando en algunos casos sostenía entre sus manos la cabeza del paciente para enfrentar sus caras, incluso entonces involuntariamente desviaba sus ojos.
Sin embargo, no es hasta principios del siglo XX, en Europa, cuando Janet (1903) acuñó el término phobie des situations sociales con el objeto de describir a los sujetos que temían hablar en público, tocar el piano o escribir mientras les observaban.
Hartemberg en 1910 ( reeditado en 1921) describió diversas formas de ansiedad social bajo el término genérico de “timidez”.
Posteriormente, según Pélissolo y Lépine (1995), tras un período de relativo silencio sobre el tema, aparecen descripciones puntuales en la literatura alemana (Kontaktneurosen) e inglesa (social neurosis), así como algunas aportaciones del japonés Morita en los años 30.
La distinción y descripción de la Fobia Social como forma diferenciada de otros trastornos de ansiedad fue propuesta por primera vez, también en Europa, por Marks y Gelder (1966). Estos autores diferenciaron cuatro tipos de fobias: fobia a los animales, fobia específica, agorafobia y Fobia Social , entendida esta última como “un miedo ante situaciones sociales, expresado por timidez, miedo a ruborizarse en público, a comer en restaurantes, a encontrarse con hombres o mujeres, a ir a fiestas o bailes, o bien a temblar cuando se es el centro de atención ”.
Pese a que se conocían datos que sugerían la existencia de este trastorno a principios de siglo pasado y posteriormente se argumentó su diferenciación con respecto a otros tipos de fobias, las primeras ediciones del Manual Diagnóstico y Estadístico de Trastornos Mentales (DSM-I y DSM-II; American Psychiatric Association, 1952, 1968) agrupaban todas las fobias en una sola categoría, siguiendo los postulados psicoanalistas.
Posteriormente, Nichols (1974) concretó todavía más la delimitación de la Fobia Social indicando que lo que la caracterizaba era la excesiva sensibilidad a la desaprobación, la crítica, una baja auto-evaluación, unas reglas rígidas acerca de cómo comportarse, ansiedad anticipatoria, una sensibilidad elevada ante el hecho de ser observado o evaluado por parte de los demás así como una interpretación desmesurada hacia el feedback sensorial relacionado con situaciones que pueden resultar embarazosas (es decir, prestar especial atención a los estímulos sociales potencialmente amenazantes).
A pesar de esto, la Fobia Social no se reconoce oficialmente como una entidad diagnóstica hasta la tercera edición del DSM (DSM-III; APA, 1980). En esta edición la Fobia Social era considerada como un miedo excesivo e irracional a la observación o al escrutinio por parte de los demás en situaciones sociales específicas tales como hablar en público, escribir o usar aseos públicos.
De acuerdo con los criterios del DSM-III, los sujetos que cumplían los criterios requeridos para el diagnóstico de la FS no podían presentar además un diagnóstico de trastorno de personalidad por evitación (TPE), el cual era descrito como hipersensibilidad ante un posible rechazo, retraimiento social a pesar de existir un deseo de ser aceptado, reticencia a iniciar relaciones sociales a menos que se tengan garantías de ser aceptado y baja autoestima. Así, el aspecto característico del TPE en el DSM-III era más el miedo a las relaciones interpersonales que el miedo a la humillación o a sentirse avergonzado en situaciones sociales específicas. En el DSM-III, para el diagnóstico de la Fobia Social no se contemplaba el deterioro en el funcionamiento sociolaboral, mientras que el TPE debía causar “incapacitación significativa en el funcionamiento social o laboral”. Además, se indicaba que no se debía establecer el diagnóstico de Fobia Social si la ansiedad se podía explicar mejor por la presencia de un TPE. Sin embargo, en una aparente contradicción, en el apartado de TPE se mencionaba que la FS podía ser diagnosticada como una complicación del TPE si los miedos a situaciones sociales específicas estaban presentes en el contexto de una ansiedad interpersonal más general o extendida.
A pesar de lo establecido por el DSM-III, Falloon, Lloyd y Harpin (1981) propusieron distinguir entre Fobia Social específica (ante una situación concreta- por ejemplo, comer en público-) y generalizada, cuando los miedos se presentaban en una gama amplia de situaciones sociales. Yendo también más allá del concepto de Fobia Social circunscrito a situaciones específicas de actuación social (hablar, comer, escribir en público), Amies, Gelder y Shaw (1983) definieron la Fobia Social como una ansiedad incontrolable que es experimentada por una persona cuando se encuentra en compañía de otras, la cual se incrementa en situaciones formales y está acompañada por el deseo de evitar la situación social.
Pese al interés por investigar estas y otras cuestiones, una revisión de la literatura existente sobre el tema llevada a cabo por Liebowitz, Gorman, Fyer y Klein (1985), hace llegar a estos autores a la conclusión de que la Fobia Social era “el trastorno de ansiedad olvidado”. De hecho el interés no empieza a ser mayoritario hasta la publicación de la tercera edición revisada del DSM-III (DSM-III-R; APA, 1987), la cual marca un punto de inflexión a partir del que se desarrolla exponencialmente el número de trabajos que han investigado sobre este tema (Norton, Cox, Asmundson y Maser, 1995).
Dado que la evidencia científica puso de manifiesto que una alta proporción de sujetos con Fobia Social temían más de una situación social (Hazen y Stein, 1995), en el DSM-III-R (APA, 1987) se introdujo el subtipo generalizado, que hacía referencia a los sujetos que mostraban ansiedad ante la mayoría de situaciones sociales, y el criterio de interferencia sociolaboral. Asimismo no sólo se permitió el diagnóstico conjunto de la Fobia Social y el TPE, sino que además se sugería. Los sujetos que no presentaban el subtipo generalizado eran incluidos dentro de la categoría Fobia Social “no generalizada”, “específica” o “discreta”.
Mientras que las anteriores versiones del DSM estaban basadas principalmente en el juicio de investigadores y de psicólogos o psiquiatras que trabajaban en el marco clínico y que habían demostrado una avalada experiencia, el equipo que se ocupó de la redacción del DSM-IV ( Task Force’s o grupo de consenso), también tuvo en cuenta los datos generados por los estudios experimentales. Sin embargo, respecto a la Fobia Social el grupo de consenso señaló varios aspectos que permanecían sin aclarar: (a) la ambigua definición de la frase “la mayoría de situaciones sociales” para describir el subtipo generalizado, (b) la validez del sistema de clasificación de los subtipos, el cual se basa en la existencia de diferencias cuantitativas (número de situaciones sociales) en vez de diferencias cualitativas (ansiedad ante situaciones de interacción social vs. ansiedad ante situaciones de actuación social), y (c) la ausencia de un subtipo intermedio (entre generalizado y específico) que pudiera ser empleado para describir a los sujetos que presentan miedo ante varias (pero no todas) las situaciones sociales.
Puesto que el grupo de consenso no logró unificar criterios respecto a tales cuestiones, se optó por mantener en el DSM-IV (APA, 1994) los criterios del DSM-III-R (APA, 1987). Con respecto al DSM-III-R, el DSM-IV prácticamente no realiza cambios. Y por último, el Texto Revisado del DSM-IV (DSM-IV-TR; APA, 2000) no ha introducido ninguna modificación.
En Europa también se emplea el sistema de Clasificación Internacional de Enfermedades (CIE) de la Organización Mundial de la Salud (OMS). Mientras que la Fobia Social fue incluida dentro de la nomenclatura diagnóstica del DSM en 1980, no es hasta 1992 cuando la C IE-10 recoge la Fobia Social como categoría diagnóstica independiente. Hasta entonces, en la CIE-9, sólo se hablaba de trastornos fóbicos.
Extraido de la Tesis Doctoral del Dr. D. José Olivares Rodríguez, titulada “Análisis de la eficacia de la Intervención en Adolescentes con Fobia Social en función de una nueva propuesta de subdivisión y operacionalización del subtipo generalizado” Departamento de Personalidad, Evaluación y Tratamientos Psicológicos, Facultad de Psicología, Universidad de Murcia (2005).





















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