La existencia de las redes sociales y su uso cotidiano es ya un hecho incuestionable que tiene indicios de ir en continuo aumento hasta incorporarse en la vida  de nuestra sociedad como un elemento indispensable.

Es interesante considerar la influencia que pueden tener las redes sociales en las personas con fobia social, al ser éste un trastorno que implica una percepción errónea de la realidad, déficit en habilidades sociales y miedo a las relaciones cara a cara.

En un artículo de prensa firmado por FANNY D. ARIAS CH. encontramos esta aportación de opiniones de algunos especialistas consultados:

El doctor Gustavo Bustamante, director general de la Fundación Fobia Club, en Argentina, dice -en un escrito publicado en entremujeres.com- que con el auge de las redes sociales, algunas personas que sufren este problema las utilizan para expresarse y aprovechan la identidad velada que les da la web.  Bustamante subraya que las redes sociales pueden generar un espacio positivo para los que padecen fobia social, ya que les dan la posibilidad de conversar e interactuar más frecuentemente con otras personas.

En Panamá, según una encuesta de Unimer, hecha en noviembre de 2010, aproximadamente 1 de cada 5 adultos ha ingresado a redes sociales y de ellos el 21% cree que estos espacios de internet les permiten decir cosas que no diría frente a otros.

A través de las redes sociales la persona con fobia social podría empezar por lo menos una interacción, aunque sea virtual, con otra persona y lo que la haría sentir un poco más segura a la hora de iniciar o seguir conversaciones con personas desconocidas, considera el psicólogo Nefthaly Montenegro. Sin embargo, a su vez anota que esta vía lo que hace también es que la persona tenga una barrera, o sea, esta es una solución temporal a su problema, pues al final no enfrenta situaciones reales de estar en contacto “cara a cara” con otras personas y eso es lo que busca en el tratamiento psicológico.

En términos terapéuticos para la fobia social es necesaria la exposición real, junto a la reestructuración de las ideas disfuncionales sobre sí mismo, aclara Ricardo Turner, psicólogo de la Clínica Psicológica de la Universidad de Panamá. “Las redes sociales proveen un espacio aislado en el cual la exposición es poca, por no decir nula”, sostiene.

Es decir, Facebook, Twiter, entre otras redes, son espacios virtuales que sirven para el contacto y podrían ofrecer alguna ayuda como apoyo, información, tips y demás, incluso podría ser un escenario de ensayo, pero la ayuda verdadera vendría con la exposición real, explica.

Por su parte, la psicóloga Lil Marieta Cheng señala que en entrevistas a personas que padecen esta fobia, manifiestan que a menudo cuando mediante las redes sociales  logran contactar a alguien para verse en persona, no llegan al lugar o no entran por temor a enfrentarse con el otro. Luego, abandonan el sistema para no encontrarse nuevamente con ellos en la web, cuenta.

Por otro lado, las redes sociales podrían generar un espacio positivo para los que tienen fobia social, pues por lo menos la persona está iniciando una interacción con personas desconocidas y le permitirá poner en práctica habilidades de comunicación a nivel escrito, resalta Montenegro. Y en contra, advierte, está que la persona debido al temor puede quedar estancada en esta dinámica de las redes sociales sin poder cumplir el principal objetivo del tratamiento psicológico que es que la persona logre la interacción directa a nivel social, permitiéndole desarrollarse a nivel personal, laboral y otros. “O sea que la persona pueda ser funcional en todos o la mayoría de los aspectos de su vida”.

En fin, Marieta Cheng deja claro que dependiendo de la afectación de cada individuo, las redes sociales pueden ayudar a relacionarse, aun cuando es recomendable el tratamiento con algún especialista para establecer terapias que permitan pasar de este sistema de comunicación a uno real y cotidiano, y así lograr disminuir la ansiedad provocada por esta condición. Si el individuo afectado por esta fobia no es tratado, se corre el riesgo de que se circunscriba, únicamente, a este tipo de relación virtual. Poner una pantalla entre él y las otras personas lo protege en cierta forma, pero no contribuye a enfrentar el problema en sí, concluye.

En definitiva, los recursos tecnológicos pueden favorecer las relaciones vinculares de aquellas personas con dificultades para comunicarse cara a cara. Sin embargo, constituyen sólo una herramienta más para enfrentar el problema.

Fuente: Prensa.com